lunes, 24 de marzo de 2025

¡Buenos días, corredores! 24/03/2025

     ¡Buenos días, corredores!

¡Disfrutad corriendo! 


Hoy es día para recordar el Campeonato del Mundo de Atletismo bajo techo 2025, disputado en Nankín (República Popular de China), pero sabiendo nuestra afición al atletismo sería repetir e insistir en lo que todos ya sabemos, pues lo hemos visto por televisión, así que voy a ser breve y solo dire las medallas que hemos conseguido. Han sido tres de bronce, Ana Peleteiro, Fátima Diame y Josué Canales, y aunque a los que son poco aficionados al atletismo le pueden parecer pocas en mí opinión ha sido un éxito y es que amigos míos; ¡es un mundial!

En nuestros campeonatos particulares, han sido dos veces en las que los dorsaleros han subido a al podio, una mujer y un hombre, una corredora y un corredor, a saber, Linda Blanco y José Giménez, la ¡ENHORABUENA! Y ¡MUCHAS GRACIAS!

¿Por qué nos alegra cuando gana “uno de los nuestros”?

Estamos en una época en las que las identidades nacionales están tan politizadas que alegrarte de un triunfo de un corredor nuestro hace que casi con seguridad haya quien te tache de chauvinista. Se me ocurre pensar en por qué me alegra que subamos a un podio.

Una mirada escéptica diría que todo esto es absurdo y que peco con ello de chauvinismo rancio. U objetaría que casi siempre el triunfo es suyo, de los que ganan, no de un club. Que los beneficios del premio son para ellos. Que, al fin y al cabo, ¿por qué voy a sentirlo como propio? ¿Qué gana un club con el éxito de uno de los suyos?

Hay argumentos que permitirían justificar que a veces “todos ganamos”. Sin embargo, creo que el sentimiento de pertenencia es el más característico. El pertenecer a un club, a un grupo de corredores, a un pueblo, a una gente. Necesitamos sentirnos parte de algo, de un grupo, de una colectividad, de una historia. Y la competitividad, cuando es sana y no se convierte en obsesión, que también ocurre, es parte de esa identidad colectiva que también necesitamos.

Lo trágico de esta época que nos toca vivir es que esto se haya convertido en problema, en lugar de en juego. Que las identidades se construyan por demolición más que por suma, por exclusión del diferente más que por sensación de comunidad. Ojalá podamos sentir que, por pertenecer a un grupo, a un club, una comunidad, una sociedad, un pueblo, no perdemos. Ojalá dejemos de odiarnos en nombre de las etiquetas. Y ojalá nos sigamos emocionando con deportividad y sin acritud, por los logros de los nuestros.

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