El otro día descargue un documento en PDF y al abrirlo me llamó la atención un mensaje que me informaba que, al ser un documento largo, podía ahorrar tiempo si dejaba que me hiciese un resumen. O sea, que mi ordenador me podía hacer un resumen de todo el documento, un resumen donde yo no iba a intervenir en nada; todo el trabajo hubiera sido el de una máquina que por supuesto alguna persona ya programó. Esa máquina es capaz de sustituirme así que ya no tengo que ni leer el documento, ni estudiarlo y ya no tengo que pensar mucho para sacar una conclusión sobre él. Esto tiene sus ventajas, pero también sus desventajas.
Si ese trabajo lo puede hacer mi ordenador, cuánto puede hacer un
equipo electrónico en el campo de la medicina, en las comunicaciones, en la
economía, en política, entretenimiento, etc., etc. Ya lo vemos en el GPS que nos dice con
sus indicaciones como tenemos que llegar a una dirección sin tener que andar
mirando mapas ni preguntando.
Esto tiene sus pros y sus contras. Y los tiene porque esta maravillosa
herramienta se puede utilizar para bien, pero también puede ser para fines
perversos y para que otros piensen y decidan por nosotros. Lo malo no es el
avance científico y tecnológico que esto implica, sino el uso que se haga. Nos
puede ayudar mucho y de hecho lo hace, pero también nos puede deshumanizar. Ya
no soy yo quién lee el documento y decido que es lo más interesante, sino una
máquina.
Doy por sentado que controlo la forma y la manera en que utilizó la
tecnología digital, pero estoy corriendo el riesgo de estar dejando de que
invada mis relaciones y decisiones más personales, la forma como me comunico y
mis relaciones con las personas.
El reto que se me presenta, por tanto, no es tecnológico sino como me va
a afectar en la forma con que me voy a relacionar conmigo mismo y con la
sociedad. Aceptar sin miedo, con determinación y sensatez todas las
oportunidades que nos muestra la tecnología digital y la inteligencia
artificial no quieren decir que nos tengamos que ocultar los puntos críticos,
las sombras, los peligros.
Nuestra confianza inocentemente sin crítica en la inteligencia
artificial como una amiga sabia, repartidora de toda información, archivo de
toda memoria, lugar donde buscar de todo consejo, puede desgastar aún más
nuestra capacidad de pensar de un modo ordenado y creativo, de comprender los
significados, de distinguir entre cómo es una cosa y lo que significa.
La cuestión que nos importa, sin embargo, no esta en lo que logra o
logrará hacer una máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, para
crecer en humanidad y conocimiento, con un uso inteligente de todas esas
herramientas tan poderosas que tenemos a nuestro servicio.
Las personas siempre hemos sentido la necesidad de apropiarnos del saber que han desarrollado otras personas sin el esfuerzo que conlleva toda la investigación, ni el trabajo de estudiarlo y sacar conclusiones. Sin embargo, abandonar el proceso creativo y dar a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa tirar todo lo que hemos aprendido y hemos recibido para crecer como personas. Significa escondernos y silenciar nuestra voz.
El peligro es grande. El poder que tiene la inteligencia artificial
para simular situaciones es tal que puede engañarnos creando unas realidades paralelas.
Podemos llegar a sentir que cuando nos comunicamos con la inteligencia
artificial lo estamos haciendo con una persona. Estamos inmersos en un mundo tecnológico,
donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.
¿Qué hacer? Nuestro reto no es detener el avance digital sino guiarlo,
y ser conscientes de sus diferentes efectos sobre nuestra personalidad. Tenemos
que defender cada vez que sea necesario a las personas humanas para que toda
esta tecnología pueda realmente integrase en nuestras vidas como un aliado;
para que aumente nuestra capacidad personal de hacer reflexiones críticas; para
que nos ayude a evaluar la credibilidad de los orígenes de su información y los
posibles intereses que puedan estar detrás de la selección de la información
que nos da; para que nos permita elaborar unos criterios sencillos para que nos
podamos comunicar responsablemente y de una forma más sana.
Podemos y debemos aportar cada uno nuestra contribución para que las
personas adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad
del espíritu.