Esta mañana me he encontrado con el tema de Vox y su crecimiento en las
últimas elecciones autonómicas en Aragón y creo que merece la pena hacer un
esfuerzo por comprender qué está sucediendo, al menos desde mi punto de vista.
Cada partido tiene sus ideales, sus proyectos y objetivos para mejorar
la sociedad, tiene por lo tanto un programa que se ha pensado y meditado para conseguirlo,
y mostrándolo se quieren obtener unos votos para poderlo hacer posible. Con
ello, lo que quiero decir es que al igual que todos los partidos políticos tienen
una base electoral que cree en lo positivo de ese programa. En este caso creo
que el aumento de votos no se debe a un aumento de personas que encuentran
bueno ese programa, al menos no en su mayoría, sino a unos votos que provienen
de personas que no encuentran solución a sus problemas en los partidos tradicionales.
Ese aumento de votos se está produciendo cuando su perfil se está
haciendo, podría decir, que más anti institucional. Por ejemplo: no acudieron a
los actos del día de la Constitución, ni lo hicieron en el desfile de la Fiesta
Nacional, tampoco pensaban acudir al funeral de Estado que se tenía que
celebrar por las víctimas de Adamuz.
Qué está sucediendo en una parte del electorado para elegir a Vox. No
pienso que buscar la solución recurriendo a la amenaza del fascismo o con
descalificar a sus votantes sea el camino.
Hay que recordar que una democracia como la española se basa en un principio simple: se le da legitimidad sin que sea necesario hacer un esfuerzo de reflexión. La legitimidad se basa en que los votos que se depositan en las urnas cuentan; en que la actividad legislativa y la actividad de los jueces, están dentro de unos márgenes que en su mayoría deben ser compartidos y que van a servir para organizar la sociedad; en que la actividad administrativa y de los diferentes niveles de gobierno sirve para que el país funcione.
Es
todo esto lo que algunos partidos políticos cuestionan. No creen en que una
alternancia pueda servir para corregir las equivocaciones de los que han
gobernado antes. Empiezan a pensar que el sistema de las mayorías no les sirve,
que las instituciones que tenemos no son ya respetables pues han llegado a la
conclusión que están controladas por partidos políticos. Esa era la base del
movimiento del 15 M, ese fue el argumento de aquel Podemos que creía poder
sustituir al PSOE y ese fue, en parte, el argumento muy suavizado de
Ciudadanos.
El aumento de votos de Vox se debe a esas personas que son en parte antisistema
y que han ido votando al partido que en cada momento mas les representa. No creo
que Vox sea el partido de los agricultores contrarios a Mercosur, o del
nacionalismo español, o de los militantes contra las teorías de género… es
simplemente el partido de los que se consideran fuera del sistema.
No tiene mucha importancia que los argumentos de Vox no tengan una base
sólida. Con agitar un poco el malestar de muchas personas les basta y por eso,
más allá de las evidencias, gana votos con su discurso antiinmigración. El
partido avanza en un espacio electoral que ha quedado vacío, en el que ni
PP ni PSOE dan razones de nada.
Muchos de los votos de Vox no se basan en su ideología. Una parte de
esos votos, en especial entre los más jóvenes, no lo son por su programa
político, sino por un deseo de hacer una protesta contra el sistema en el que
se asienta nuestra sociedad. Ese voto muestra el cansancio hacia los partidos
tradicionales, las instituciones y el marco cultural que predomina, junto con la
configuración actual de la esfera pública en España.
Como resulta que existe mucha parte del censo que piensa así, nos encontramos
con un reto democrático muy importante: los líderes de VOX se posicionan muy hábilmente
como personas ajenas a la vida política, se resisten a formar parte de gobierno.
Para entender esta situación, no hace falta recurrir a la
descalificación del voto o intentar sacar tajada electoral de su frustración.
La respuesta debe ser el análisis profundo de sus raíces. Hay una desconexión
sistémica. Muchas personas no creen ya en la alternancia entre izquierda y
derecha. Existe cada vez más la creencia de que los partidos tradicionales solo
miran por sus propios intereses, alejándose del bien común. Los nuevos votantes
de Vox se sienten excluidos culturalmente. Sienten que los medios de
comunicación y los marcos de opinión mayoritarios ignoran sus preocupaciones y
emociones, haciéndoles sentir como extraños en su propio país.
Puede suceder que ese descontento y de hecho sucede que se oriente de
una manera poco constructiva y que no tenga el criterio necesario para
comprender las limitaciones de la política, pero ignorar estas quejas o
intentar anularlas mediante la censura y la descalificación solo va hacer más
honda la brecha.