Uno de los detalles que nos pueden indicar por donde se encuentra
nuestra posición sobre si somos o no populistas la podemos encontrar en averiguar
si vemos diferencias entre los pobres. Aunque nos pueda resultar
desconcertante, todos los populismos se preocupan por la pobreza, así como en
el sufrimiento de algún colectivo. Siendo esto bueno, la dificultad aparece
cuando nos damos cuenta de que estamos centrando nuestra atención en un solo
colectivo por encima de otros, justamente en ese colectivo que utilizamos como
nuestra bandera.
Así que, esta manera de actuar nos puede ayudar a comprender uno de los
pilares del populismo, que no es otro que su visión parcial de la verdad, algo
que por supuesto nos puede ocurrir a todos. Pero, la diferencia se encuentra en
pensar que ahí está toda la verdad, cuando en realidad solo hay una parte, ignorando
todo lo que se salga de ahí. Desde este punto de vista, no es difícil caer en
actuaciones que utilizan ciertos colectivos para reafirmar identidades.
En nuestro caso, esta dinámica la podemos encontrar en el modo de ver
la moral. Puede ser que corramos el peligro de poner nuestra atención sólo en
la moral social o solo en la moral de la persona. O sea, plantear una necesaria
defensa de la vida y olvidarnos, por otra parte, de lo que esto significa con
respecto a la acogida de refugiados o a la desigualdad social, por ejemplo. En
sentido contrario, también podemos poner toda nuestra atención en la
imprescindible justicia social, en el problema ecológico o en un sinfín de
problemas sociales, y olvidaros de la moral de la persona y la exigencia de la
defensa de la vida en todas sus etapas.
Evidentemente, cada personalidad y cada generación, como es normal,
según su sensibilidad pondrá su atención en aspectos diferentes, algo que es muy
necesario. Sin embargo, nuestra posición requiere aspirar a tener un punto de
vista lo más amplio posible sobre los problemas que arruinan el mundo y al
conjunto de la humanidad, y no utilizar los padecimientos de unos pocos para
hacer una bandera de ellos.
Resumiendo, tenemos que recordad que en este mundo todo está conectado,
que necesitamos estar pendientes de la complejidad de la realidad. Defender la
dignidad humana es un buen punto de unión entre la moral social y la moral de la
persona. Los intereses partidistas, por el contrario, no lo son nunca.







