lunes, 13 de julio de 2026

Camino del Cid. Día 14.

 


Ultimo día del Camino del Cid, he llegado a casa sin ningún problema y según lo que tenía previsto.

En realidad, como dije hace días recorte el viaje por culpa del calor ya que había etapas que tenía que pedalear por la tarde y se esperaba mucho calor, pero como he dicho todo muy bien.

He regresado, y traigo conmigo el recuerdo de muchos momentos de felicidad, y es que uno de los objetivos de estos viajes es la felicidad, ser felices. No se tiene la obligación de hacer más kilómetros, ni de visitar una ciudad, ni de admirar un paisaje, si eso no nos hace más felices.

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domingo, 12 de julio de 2026

Camino del Cid. Día 13.

     He cruzado Valencia. Cruzar las grandes capitales siempre representa un problema para los ciclo-viajeros, sobre todo cuando son de paso y no las vamos a visitar.

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En mi caso sucede que no estoy acostumbrado a circular por la ciudad ni tampoco por los carriles para bicicletas, que si bien ayudan a que las bicicletas circulen más seguras a mí me producen estrés, al tener que estar pendiente de unas señales y semáforos para bicicletas que me cuesta localizar. 



Esto no es una crítica, sino una falta por mi parte al no controlar bien estas situaciones. Valencia se cruza sin ningún problema, toda por carril bici.

No he vivido nunca en una gran ciudad, pero salvo la circulación y la cantidad de personas que hay en todas partes, en lo fundamental vienen a ser lo mismo que mi pueblo. Pienso que cuando viajamos y llegamos a un lugar donde vivan personas, la gente será igual a la del lugar de donde venimos, de nuestro pueblo, ya que en demasiadas ocasiones no vemos las cosas como son, las vemos como somos.

Si somos mezquinos, si no somos de confianza o si somos detestables, veremos a la gente de la ciudad a la que llegamos de igual manera. Si somos personas maravillosas, honestas y generosas, y las personas que nos rodean en nuestra casa son de igual manera, en cualquier ciudad a la que vayamos hallaremos lo mismo.

 

Camino del Cid. Día 12.

    Con motivo de la ola de calor por la que estamos pasando rectifique mi ruta hacia Pego y abandone el paso por Brónchales y Albarracin para bajar en línea recta hacia la costa. Así que hoy he bajado de la meseta hacia Navajas. Día de muchos kilómetros y mucho desnivel positivo a pesar de descender muchos metros.

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De alguna manera puedo decir que ya estoy en casa, el recorrido hacia Pego es como recorrer mi piso, lo he hecho muchas veces.



Durante un viaje nos sorprendemos muchas veces, nos encontramos con situaciones y lugares que nos resultan extraordinarios como un atardecer especialmente intenso. Podríamos también sorprendernos por hechos sencillos y cotidianos: por el despertarse cada mañana dentro de la tienda y sentir como esclarece la mañana.

Lo que se repite cada día aparece como algo que tiene que ser así, cuando en realidad no tenemos ninguna garantía de que mañana sentiremos como amanece mientras nos despertamos en la tienda de campaña.

Los dos días que me quedan para llegar a casa pueden haberse convertido en rutinarios, cuando en realidad siempre tienen algo de nuevo, en sus matices (el sol de hoy no es igual que el sol del año pasado al pasar por aquí), y en mi manera de ver las cosas, pues yo también cambio continuamente. Por eso, los dos días que tengo por delante tienen algo de encanto, de frescura, de gusto, de belleza, de sorpresa.

domingo, 5 de julio de 2026

Camino del Cid. Día 11.

 Camino del Cid. Día 11.

Un paseo en bicicleta así es como podría denominar el recorrido de hoy. Corto y con poco desnivel positivo, lo que ha permitido disfrutar de las llanuras de la meseta. 



Ha sido una buena mañana para disfrutar de la bicicleta, sin prisas, aunque con la obligación de llegar al hotel lo más pronto posible, antes de que la temperatura sea demasiado alta para seguir disfrutando de la sensación de tranquilidad que me trasmite estas inmensas llanuras.

A veces solemos pensar en el paisaje de la meseta como un páramo, un paisaje yermo, raso y desabrigado. A veces frío y desamparado. Y sin embargo existe la vegetación del páramo y muchas veces es bastante frondosa.

Por lo general en un viaje en bicicleta, más concretamente en un ciclo-viaje se va a un ritmo tranquilo, sin prisas y sin embargo es importante de vez en cuando hacer una pausa. No me refiero en esta ocasión a parar unos días a recobrar fuerzas sino a tomarnos un día con menos kilómetros e ir más tranquilo. Hacer una pausa en nuestro ritmo diario, levantar el pie del acelerador, pero sin parar.

En estos días puedo comprobar que en estas tierras el tiempo transcurre a una velocidad diferente o al menos es la sensación que a mi me da. Quizá por eso la gente es tan amable y servicial. Porque viven tranquilos, sin prisas, disfrutando de lo que hacen, del día a día.

Es verdad que no llevo muchos días aquí. También es cierto que yo estoy de vacaciones, y cuando uno está de vacaciones todo se ve de forma diferente. Pero también lo es que aquí se respira un ambiente especial, más pausado. Da la impresión de que se vive de forma más plena.

En la costa, al menos en el Levante, se lleva un ritmo de vida más acelerado. Da la impresión de que todo el mundo va corriendo a todas partes, sin tiempo para nada, con la lengua fuera y con la sensación de que no es posible hacer todo lo que uno quisiera. Por eso se está intentando llevar un ritmo de vida más lento, cambiando en lo posible nuestro orden de prioridades.

Es cierto que la sociedad está estructurada de tal manera que es difícil salir de esa rueda de prioridades que nos creamos artificialmente. El sistema no ayuda. Pero, contando con eso, hay cosas que todos podemos ir incorporando a nuestra forma de vida, una serie de hábitos que mejorarían sensiblemente nuestra existencia.

Establecer cuales son las prioridades que son importantes y cuáles son las urgentes aprendiendo a diferenciarlas es un buen sistema. Esto que me urge tanto y que me está quitando la tranquilidad, ¿es verdaderamente importante? ¿O hay cosas más valiosas que estoy dejando de lado?

En fin, aprovechar estos días más relajados para vivir el día más plenamente.

Este es el recorrido: https://strava.app.link/PhbgbXunw4b

miércoles, 24 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 10.

     No ha estado mal el día de hoy. Buena carretera con un buen asfalto y un arcén más que suficiente para sentirse seguro. Incluso el desnivel a estado por debajo de esos 500 metros positivos, lastima el calor que tengo que soportar sobre todo después de las 11 de la mañana, lo que me obliga a salir rápido y no detenerme mucho. Llegar antes del mediodía no es una obligación, es una necesidad.



Mi recorrido de hoy: https://strava.app.link/1tdi604Ge4b

Esto me crea un poco de estrés ya que existe una hora en la que debo concluir el recorrido. No se trata de un estrés preocupante, creo. Aunque el estrés parece haberse convertido en una situación normal para muchas personas. Son muchos lo motivos por los que las personas viven tan estresadas: estamos constantemente bombardeados con noticias y mensajes, lo que nos impide desconectar. Parece que hayamos nacido con un móvil en la mano que nos absorbe todos los minutos disponibles. La presión en el trabajo, la necesidad de ganar dinero para las nuevas necesidades que nos vamos creando. La constante comparación con los demás a los que siempre debemos superar. La falta de descanso, en fin, muchos son los motivos por los que estamos estresados.

Un poco de calma en esta ola de calor me vendría muy bien. Las prisas, el estrés y los agobios se me reducirían mucho.

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Camino del Cid. Día 9.

     Día tranquilo, incluso cuando circulaba por la carretera nacional ya que tiene poco trafico, lastima que superase los 500 metros positivos y el calor que he soportado.



Ante estos días de calor intenso lo que estoy haciendo es concentrar las horas de bicicleta en un solo bloque, o sea, que lo realizo de una pasada, sin parar a descansar. De ahí que las siete de la mañana ya este con la bicicleta para llegar a destino antes del mediodía. 

El recorrido de hoy: https://strava.app.link/JcBKL5vqe4b

Se dice que: “ A quien madruga, Dios ayuda”, aunque en realidad Dios nos ayuda de cualquier manera, lo que supongo es que al madrugar tengo más tiempo para ayudar y que me ayude. En este caso en particular, la frase me viene a la cabeza porque me sirve para escapar lo máximo que pueda del sol.

Hace días que voy de castillo en castillo, en Berlanga de Duero, Medinaceli y Monreal del Campo he podido ver impresionantes castillos que recuerdan su importante pasado. Ciudades que con seguridad tuvieron mucha importancia política y que hoy solo son museos, todo su pasado ha quedado reducido a un bien cultural.

No parece que haya dudas de que los tiempos han cambiado para estas ciudades y regiones, lo que me recuerda lo que San Agustín de Hipona escribió en el siglo V: «Dicen que los tiempos son malos, difíciles. Vivamos bien y los tiempos se volverán buenos. ¡Nosotros somos los tiempos! ¡Los tiempos son lo que somos nosotros!».

Una mirada retrospectiva a nuestra historia nos muestra su dimensión moral. Todos los acontecimientos que han transformado estas ciudades son fruto del libre obrar de las personas. Detrás de cada hecho hay decisiones de personas de carne y hueso. Estoy siguiendo en parte el Camino del Cid y veo que hay actos heroicos que engrandecen a sus protagonistas y a su tiempo. Y hay actos viles, que los envilecen.

No podemos considerar el tiempo humano -pasado, presente y futuro- y la historia como un pasar de los años, ni tampoco podemos considerar que la persona es un engranaje más dentro de esos eventos causados por la naturaleza de las cosas y donde se carece de verdadera libertad.

La comprensión moral del tiempo y de la historia nos ayudaría a evitar ver los acontecimientos históricos de una forma donde unos son buenos y otros malos, donde todo sucede por causas de enfrentamientos entre ideas y donde todo parece estar determinado. Y es que en el fondo de toda la historia se encuentra el misterio del hombre. Al final el tiempo pasado ni es bueno ni es malo por ser pasados, ni por ser otros los que vivieron en ellos. Y el presente no es bueno ni malo por ser presente, ni porque nosotros seamos los que vivimos en él. No siempre “todo tiempo pasado fue mejor”. Y no tiene sentido la expresión: “¡Cómo es posible que en pleno siglo XXI ocurran estas cosas¡” Cuando nos referimos a nuestras guerras actuales. Si el hombre de hoy no es moralmente bueno, pueden ocurrir cosas aún peores a las ya acaecidas.

La historia es una realidad moral del hombre. En nuestra realidad histórica concreta, marcada de hecho por una moral más que cuestionable, nada es tan malo que no pueda tener algo positivo, ni nada es tan bueno que no tenga algún fallo.

Del mismo modo que miro y juzgo lo que sucedía en tiempos del Cid, he de hacerlo con lo que sucede ahora mismo. Nuestra historia actual será mejor si como personas somos mejores. Cambiemos nosotros y cambiará nuestro entorno y nuestra sociedad.

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lunes, 22 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 8.

 

        Hoy he vuelto a superar los 500 metros positivos, lo que unido a los pronósticos de un fuerte calor a partir del medio día me ha obligado a empezar más temprano y a ir con más cuidado con los esfuerzos. 

        Uno de los cuidados en los que he tenido que poner más atención ha sido en del control del agua y los lugares donde abastecerse. Me ha salido bien. En un territorio donde vive muy poca gente es muy importante controlar antes de empezar a pedalear saber donde se encuentran las fuentes y los bares. 





        Durante todas las horas que estuve solo me crucé con un par de coches y un bar, los pueblos son demasiado pequeños para tener bares, aunque que tienen fuentes. 

        Deshabitado, deshabitada es así como creo que se encuentra esta región, no se la concentración de habitantes, pero debe ser muy baja. 

        Al pasar por todas estas carreteras vacías me viene a la mente el fenómeno de la emigración, que creo que ha afectado a muchos de los habitantes de esta región, personas que han abandonado sus casas por unas nuevas oportunidades de trabajo y de una vida mejor. Pienso en la despoblación de tantas aldeas, que hace décadas vieron marcharse a un número considerable de sus habitantes; pienso en las consecuencias que todo esto puede tener sobre la calidad de vida en estos territorios y el debilitamiento de sus más ricas raíces culturales y espirituales que un elemental turismo no puede sostener.  

        Por eso me gusta con un sencillo saludo, rendir un homenaje a todos con los que me cruzo en esos pueblos por haberse quedado. No servirá para mucho, lo se, pero en esta zona existen problemas que se deben de afrontar, buscar y hallar soluciones efectivas y encontrar la fuerza para aplicarlas, y decidirse con convicción a no renunciar a la vocación más noble a la que un Estado debe aspirar: hacerse cargo del bien común de su pueblo.

        El itinerario de hoy: https://strava.app.link/K70MBi1mb4b 

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sábado, 20 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 7.

        Esta mañana nada más subirme a la bicicleta y cuando solo había recorrido los primeros dos kilómetros me he dado cuenta de uno de los errores que más veces cometo. Ayer antes de llegar al camping entre a comprar en Mercadona. 
        Si bien comprobé que no había ningún problema en llegar al camping cargado con la compra, compré medio kilo de macarrones y de lentejas, tres latas de atún, un paquete de muesli, uno de gel y una barra de pan. Esta mañana en la primera rampa tras salir del camping lo hubiera devuelto si eso hubiese sido posible. 



        Es un error muy difícil de solucionar cuando entras en un supermercado, solo necesitas un poco de algunas cosas, pero compras los paquetes enteros y suerte si los encuentras de medio kilo, y es que no puedes reducir el peso enseguida, se necesitan días para que esos medios kilos se conviertan en cuatrocientos gramos. 
         En fin, son problemas que aparecen cuando viajas solo y la comida empieza a escasear.    Lo malo de hoy ha sido que la principal subida del recorrido empezaba a la salida del camping. A esto tengo que añadir que los perfiles de Garmin suelen contener muchos errores. Una subida de 2 kilómetros con un desnivel medio del 3’5% de media, como era la de la salida del camping, no parece muy complicada, pero si la subida esta concentrada en medio kilómetro la historia es muy diferente. 
        Por mucho que me prepare los recorridos siempre se me escapa algo.
        Este ha sido el recorrido de hoy:  https://strava.app.link/pkWAJMl773b 


viernes, 19 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 6.

          Cómo debía de ser hoy un recorrido más corto, lo que hice de más ayer lo he hecho de menos hoy. Por lo tanto, etapa corta, como debe de ser. 

        Sí de corto ha sido el recorrido de hoy: https://strava.app.link/PyUjO4Lm63b 

        Por otro lado, después de un día en el que las cosas no salieron como esperábamos, nos puede aparecer el miedo al fracaso: es verdad, quien hace planes puede fracasar. Ese miedo a involucrarse demasiado en las cosas, lo hemos experimentado tantas veces que tenemos la tentación de dejar siempre abierta una pequeña vía de escape, que por si acaso pueda abrirnos nuevas posibilidades. Yo planeo un viaje, voy a ese camping, elijo este recorrido, pero dejo abierta una puerta: si no me gusta, cambio y a buscar otro. Esta precariedad en los planes no hace bien: no hace bien, porque se nos oscurece la razón y no nos deja poner toda la pasión en un proyecto. 







        Nuestra sociedad y sus modelos culturales de moda, por ejemplo, la “cultura de lo provisorio” no nos brinda un clima adecuado para tener unos proyectos estables, sino que se prefiere la emoción del momento. 

        Lo mejor que podemos hacer es aceptar los límites, nuestros límites, y reconocer que yo no puedo hacer que todo salga bien. Acabaría antes riéndome de mis flaquezas, aceptando mis incapacidades, pidiendo ayuda, expresando cansancio, enfado, duda o hastío, en lugar de buscar razones para justificarlo todo. Nadie nos pide ser dioses, ni perfectos. Tan sólo se nos pide arriesgar un poco. 

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Camino del Cid. Día 5.

          Se me ha ido de las manos el día de hoy, demasiados kilómetros y demasiados metros positivos. No ha sido por mi voluntad, sino que las circunstancias así lo han querido. El camping en el que pensaba quedarme aún no había abierto. Había visto que se abría cuando lo hiciera la piscina, pero cómo iba a pensar que aún no esté abierta. 

        En fin, a buscar otro camping a 20 km, más kilómetros y más desnivel. 

        Aquí está el recorrido: https://strava.app.link/ENLW2SH953b 

        Cada día al planear el recorrido y pensar un poco en cómo nos ira el día espero acertar y que todo transcurra más o menos como lo idee. Como suele decirse, quien siembra, espera cosechar. Quien invierte, espera obtener ganancias. Quien ve una película, espera pasar un buen rato. 




        Sin embargo, en ocasiones descubrimos que el día no transcurre como habíamos previsto, sino diferente. Pero en la mayoría de las ocasiones, los resultados corresponden a lo que esperábamos, incluso superan las expectativas. Momentos así producen alegría, al constatar que las cosas salieron realmente bien.

        Como personas sabemos que todo lo que hacemos tiene una parte de indeterminación y alguna que otra sorpresa que nos explican por qué los planes no siempre se cumplen,  y por qué se producen resultados imprevistos (positivos o negativos).

        Por más que me esfuerce en planearlo todo, quitando obstáculos, emprendiendo las acciones que considero más seguras y más prudentes, basta un cambio de viento, un retraso en el tráfico o un resbalón al bajar de la bicicleta, un camping cerrado para que todo cobre un cariz sorprendente.

        No resulta fácil convivir con la indeterminación de la vida. Quisiera que todo procediese como lo tenía previsto. Pero en muchas ocasiones no puedo cambiar el mundo externo, ni tampoco la forma de pensar y de actuar de quienes están cerca o lejos.

        Por eso, la sabiduría popular y algunos grandes pensadores nos exhortan a no sufrir ante lo imprevisible ni angustiarnos ante lo indeterminado de la historia humana. 

        Pensamos, calculemos, planeemos, sí, por tomar buenas decisiones y por poner los medios más adecuados para alcanzarlas. Pero sepamos que ni los mejores planes alcanzan sus objetivos. 

        Además, nuestro corazón estará más tranquilo cuando acogemos los imprevistos para sacar bienes de los males. 

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