Ayer cayo en mis manos una palabra que no había oído desde hace mucho tiempo: partidocracia. Solamente con ver la terminación “cracia” ya entendí su significado, a pesar de lo cual la busqué en el diccionario y me encontré con la siguiente definición: f. Situación política en la que se produce un abuso del poder de los partidos.
Y la pregunta que aparece es: ¿existe en
nuestra democracia? La respuesta no la puedo tener clara al no pertenecer a
ningún partido político y no saber desde dentro cual es en realidad su funcionamiento
y su objetivo. Sin embargo, si que me doy cuenta de que los líderes de cada partido
se han formado y han basado su estrategia para llegar a lo más alto en derribar
al enemigo político, sin tener en consideración que, por delante de sus ideas,
se encuentra la sociedad a la que pretenden servir, a la que deberían tener
como lo más principal y prioritario.
Repasando, veo algunas formas de actuar que me
llevan a pensar en que algo de partidocracia tenemos. Existen algunas consignas
que se repiten durante décadas y que me parece que son síntomas de una enfermedad
llamada partidocracia.
Tal vez la más usada sea la del cambio, buscar
un cambio sin cambiar, aunque lo único que no cambia con las décadas es el
enemigo político que se debe combatir, que no es otro que el que les quito el
poder en las anteriores elecciones. O sea, llegar al poder por el poder, y a
ser posible no dejarlo para así llevar a la sociedad a las ideas estrictas del
programa interno de cada partido.
Otra consigna muy manoseada es la del progreso,
que exhiben los que según en cada ocasión se suelen llamar progresistas o
reformistas, y que haciendo un pequeño resumen consiste básicamente en ir
destruyendo poco a poco toda la tradición filosófica y religiosa que se
mantiene desde hace siglos para reemplazarla por otras esclavitudes filosóficas
basadas en la igualdad, la libertad y la fraternidad entre los afines a cada ideología.
Otra reacción que me pone en alerta es el deseo
desmedido de poder, la voluntad de poder en los partidos políticos los puede
llevar a la partidocracia, y esto es nihilista, lo que los lleva a negar todo
principio religioso, político y social.
En estos días podemos ver a nuestro alrededor ejemplos
lo suficientemente claros para ponernos en alerta: la dictadura política de los
medios de comunicación en la corrupción política y social, la tiranía de la
degradación cultural y espiritual, debido al desprecio de los bienes morales
dados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y que
son un reflejo de la Doctrina Social de la Iglesia Católica.
En fin, es interesante que estemos alerta.








