Nos suele ocurrir que en muchas ocasiones no
pensamos lo suficiente las cosas que hacemos, pero esto no quiere decir que no
tengamos pensamientos. Cada mañana cuando me despierto, lo primero que advierto
es que mis pensamientos ya están ahí, forman parte de mí, me van a acompañar
todo el día, me van a aconsejar, me van a alterar y también me van a desanimar.
Es así, creo que los controlo, aunque en realidad lo hago pocas veces, hay
ocasiones en las que soy incapaz de deshacerme de ellos y me impiden llevar un
día tranquilo.
Ciertamente, esto no me sucede desde hace poco
tiempo, me lleva sucediendo desde que era joven, un adolescente. Esa diferencia
entre ellos, entre los que me ponen triste y los que me alegran es lo que
últimamente me está preocupando más. Sobre todo, naturalmente, los tristes, los
que me quitan la energía y me impiden expresar lo mejor que puedo mostrar.
No es fácil, o al menos no lo es para mí, deshacerme
de esos pensamientos tristes, a veces ese intento es frustrante porque me tocan
partes muy sensibles y centrales de mi forma de ser. Y con el tiempo, acabo por
dejar de evitarlos y que pasen lo más rápidamente posible.
De ahí, que últimamente intente conocer esos
pensamientos y su relación con mi bienestar o en el caso contrario con mi
malestar, con la intención de que me pueda resultar útil para mantenerlos o
alejarlos según cada caso.
Me he dando cuenta de que estos intentos que
estoy realizando contra esos pensamientos, diría que obsesivos y que por tanto
malos pensamientos que me entristecen los está haciendo más fuertes y
resistentes. Por el contrario, si me limito a verlos y dejarlos tranquilos sin
juzgarlos los debilita, siguen estando presentes, pero poco a poco van
perdiendo su capacidad de influencia.
Veo que no es posible eliminarlos, en mi caso
no puedo, tal vez porque se encuentran en algún lugar antes de que pueda actuar
mi voluntad y por eso me dedico a protegerme de ellos, dejando más espacio para
los que me alegran. Con mis pensamientos alegres sucede lo mismo que con los
tristes, permanecen si los estudio, y más si los puedo convertir en acciones.
Lo que estoy haciendo últimamente es; nada más
despertarme buscar los pensamientos saludables, con el propósito de establecer
un buen estado de ánimo para el resto del día. Una cosa tengo clara, si esos
pensamientos positivos los mantengo mientras voy al lavabo, si consigo que
sigan conmigo mientras desayuno convirtiéndolos en palabras y traduciéndolos en
acciones, me duran prácticamente todo el día.
Parece claro que esos pensamientos a los que
les dedico más tiempo, repitiéndolos en mi interior, dialogando o discutiendo
con ellos, dándoles nombre y convirtiéndolos en comportamientos y acciones, son
los que más se mantienen.




