Cuando empiezo a pensar en un nuevo viaje, pienso en
cuál es su motivo, su sentido. Tengo la necesidad de tener que darle, o
buscarle, un sentido. Su motivo a veces lo descubro, otras veces lo hago, o lo
produzco, o se me regala, pero sobre todo lo añoro. Y es que, si insisto en
preguntarme por el significado de mi necesidad de viajar, es porque sospecho que
mis viajes no se han agotado.
Mi inquietud, el no sentirme satisfecho
plenamente con todo lo que he conseguido me obliga a sospechar que quizá hubo
un día en el que conocí otra realidad más saludable, más bella o verdadera. Si necesito
insistir en viajar para buscar no sé el que, puedo llegar a tener la sensación
de estar defraudado con todos viajes que he hecho y necesito continuar insistiendo,
tal vez sea porque en otro tiempo fui consciente de otra realidad en la que hice
el Viaje.
Si insisto en interrogarme por el significado
de mis viajes es porque sospecho que no se agotan en el aquí y el ahora. Pero
¿Qué es ese motivo que añoro, que busco y que incluso a veces invento? Un motivo
es dar sentido, es un rumbo, una flecha, la señal que indica una dirección y
que me recuerda que todo, también este viaje, debe llevarme a otro sitio.
Si lo pienso veo que un sentido es una llamada
que hace la esperanza, que me indica un camino desde donde estoy ahora hacia un
futuro en el que, ojalá, me llegue algún tipo de explicación para todo lo que anhelo.
Es un objetivo que me da la confianza de que en este próximo viaje habrá algo
que me permita resolver el dilema de que mi vida sí que vale la pena.
Sé con seguridad que los viajes tienen que
terminar, que van a tener un final. Lo que no siempre constato es que esos
viajes puedan tener una finalidad. No es lo mismo, que no sea capaz de
encontrar un sentido a esos viajes que renunciar a la búsqueda.
Me doy cuenta de que muchas veces confundo el
sentido con el significado. No me viene mal recordar ahora que el significado
de algo es, en muchas ocasiones, su propio sentido. El significado es siempre aquello
que está más allá de los límites naturales, es superar lo que lleva consigo un
término, su conjunto de letras. Por ejemplo, si yo leo la palabra justicia, no
me quedo con ver el conjunto de letras, sino que me veo obligado a pensar en
todas las cosas que son justas. También en las que no lo son. Pues la vida
pocas veces es justa. De igual manera que tampoco lo es una desgracia
inmerecida. Ahora se me ocurre que tal vez por eso ante las desgracias sea
necesario que tengamos claro y ya hayamos encontrado un sentido a la vida.
Yo, al igual que todas las personas, entre
otras muchas cosas, somos seres vivos que necesitamos saber las razones, las
causas de todo lo que nos sucede, buscamos explicaciones. Por eso, no me
conformo con vivir, con experimentar la felicidad o el tedio, necesito buscar
siempre algún tipo de justificación.
Si algo tengo medio claro en todo este asunto
es que la vida solo puede explicarse por algo diferente de sí misma. Aun sin
saber si el sentido de mi existencia lo tengo que descubrir o me lo tengo que
inventar, tengo claro que mi misión va a estar fuera de mí. Explicar la vida
desde la vida no me lleva a ninguna parte. El sentido de la vida parece que se
encuentra en parte en aquellas cosas por las que estaría dispuesto a perderla.
Es posible, y por eso es tan complicado, que
no exista un único sentido de la vida y que a cada persona se le haya otorgado
una verdad que comunicar o algo que defender y cuidar. Si la vida tiene un
sentido quiere decir que es una vida con una misión. Pero tal vez, la pregunta no
sea averiguar por qué hemos nacido, sino hacia quién. Y es que una misión lleva
consigo un envío, y todo envío implica un destino. Y ese destino, en la mayoría
de las ocasiones, no es más que tener a alguien a quien amar por encima de
nosotros mismos.
Al final resulta que es todo muy sencillo y
las preguntas: ¿Qué sentido tiene la vida? Y ¿Para qué está el hombre en este
mundo? Son fáciles de responder: Estamos en el mundo, ¡Porque alguien nos ama! Y
estamos vivos para amar y ser amados.
Entonces el sentido y el significado de mis viajes debe de ser algo más frívolo.











