Hay una frase que se utiliza mucho cuando se
habla de la tolerancia y el respeto a la opinión, y que hoy es un principio
indiscutible: "no estaré de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta con
la vida tu derecho a decirlo".
La verdad es que no está mal, pero el problema
aparece cuando se abusa de los términos para defender todo lo que sea distorsionando
lo que significa el respeto y la tolerancia. Según mi
parecer hay una frase muy popular que para mi no es aceptable y que surge al abusar de esa distorsión: “todas las
opiniones son respetables”. Y es que no es verdad, no todas las opiniones son
respetables, lo que es digno de respeto es solamente el derecho a opinar.
Si ahora a mí me da por decir que a las personas
mayores de 80 años no hay que cargar con ellas y hay que eliminarlas, mi
opinión es indigna y no merece ningún respeto. Si alguien opina que hay razas
humanas que son inferiores, que son incapaces de razonar, se trata de una
opinión que tampoco merece respeto. Después de todo lo anterior, podemos decir
que, en principio, todas las generalizaciones despectivas sobre la gente son
opiniones indignas de respeto.
Si se apoya el terrorismo, la guerra o tomarse
la justicia por su mano, cosas que por cierto muchas personas defienden, ¿se
puede decir que son opiniones respetables?, pues para mí no lo son. No,
insisto: no todas las opiniones son respetables.
Con la libertad de expresión sucede algo
también llamativo. Del respeto a la libertad de expresión, se pasa a un
concepto no claro de tolerancia. Lo vemos muchas veces: cuando alguien muestra
su opinión en contra de los valores humanos, esos valores que a través de los
siglos las personas han sabido reconocer, como es el derecho a la vida, y exige
"tolerancia" a su opinión. Lo que nos exige es que toleremos lo que
es intolerable, que se tolere una opinión que es indigna de respeto. Lo que
estamos viendo continuamente es que quienes exigen respeto y tolerancia hacia
sus ideas desviadas o deshumanizadas son incapaces de ser ellos mismos
tolerantes con quienes opinan diferente.
Ejemplos tenemos muchos, nos encontramos con
movimientos y personas que cualquier punto de vista que sea diferente al que
ellos defienden, aunque esté fundado en la dignidad de la persona, es motivo no
de la tolerancia que nos exigen, sino objeto de burla, desprecio y agresión
verbal. Me refiero a aquellos cuyas opiniones son rechazadas por ser contrarias
a la moral o a los derechos humanos. No, los intolerantes no toleran a quienes
defienden lo contrario, exigen respeto y lo niegan en los hechos y en las
palabras para los demás. Pero lo peor es que intencionalmente confunden
tolerancia con aceptación: si no aceptas lo que digo, aunque vaya contra tus
principios morales, entonces eres intolerante.
Estamos sufriendo un aumento considerable de
posiciones en contra de la vida y de la moral. Es el caso de los partidarios de
eliminar a los no nacidos, es decir del abordo provocado; desean que se les
respete el poder clamar a los cuatro vientos y como sea ese supuesto derecho.
Exigen tolerancia para ellos, pero no están dispuestos a tolerar a los
defensores del derecho a la vida.
Otro ejemplo, vemos como en nuestra querida Europa
el racismo y la xenofobia están en alza. Estas posiciones ideológicas contra
razas no europeas y los nacidos en otros países y aún contra sus descendientes,
no son respetables, no pueden serlo, puesto que en sí mismas son irrespetuosas
de la dignidad del hombre. Lo mismo sucede en Estados Unidos, en el odio promovido
contra los extranjeros indocumentados, no el simple rechazo a su situación
ilegal; son opiniones vergonzosas, que nada tienen de respetable.
Los conceptos de tolerancia y respeto a la opinión
de los demás no son los únicos que son objeto de abusos. El mismo derecho a
opinar es objeto de abuso. Se puede gritar a los cuatro vientos que a los niños
se les debe enseñar que la homosexualidad "está bien", pero cuando
alguien reclama que se debe respetar la naturaleza biológica, anatómica, fisiológica
y psicológica de los dos sexos de las personas, entonces la tolerancia no
existe; al moralista no le conceden derecho a expresarlo.
No se debe ser tolerante, o falso prudente,
sobre lo que sustancialmente es intolerable; tolerar la infamia, el ataque a la
vida o a la familia no es razonable ni prudente, por someterse a una torcida
interpretación de lo que es la tolerancia. También el derecho a la réplica y la
denuncia es indiscutible. Es legítimo denunciar las opiniones indignas,
intolerables.
No se puede confundir el derecho a la libre
expresión, con el abuso de este derecho, como tampoco se puede, por ejemplo,
confundir el derecho a la educación de los hijos con el supuesto derecho a
golpearlos "porque son mis hijos". No es aceptable el sofisma de que
todas las opiniones son respetables; eso va contra el mismo concepto de lo que
es el respeto en las relaciones entre las personas.









