viernes, 6 de marzo de 2026

Un deseo y su realidad.

 


El entrenamiento de ayer estuvo bien, como dije hace unos días es hora de empezar a moverse para ir en busca de nuestros objetivos, que no dejan de ser nuestros deseos. La Media Maratón de Catania necesita un poco de preparación, tal vez estaría mejor entrenar más y con más empeño, tal vez, pero el cuerpo es una cosa y nuestra ilusión es otra. Nuestro deseo nos pide que lleguemos en el mejor estado de forma posible y nuestro cuerpo nos suplica que lo llevemos a la meta con el menor desgaste posible.

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Un deseo y su realidad. Tengo la seguridad de que todos tenemos algún deseo. Y, tal vez, no uno, sino muchísimos. Solamente con mirar dentro de nosotros nos daremos cuenta de que, estamos llenos de deseos. Y esta muy bien, sin embargo, ¿qué pasa si se cumplen?

Lo normal sería pensar que si mis deseos llegan a cumplirse me voy a sentir bien y feliz. Esto es lo que no cesan de prometernos, es lo que nos hacen creer cada vez que adquirimos algo que deseamos, que cumplirá nuestros deseos. Es más, podría llegar a la conclusión de que mi vida va a consistir en ir cumpliendo deseos.

Estoy seguro, pues ya me ha sucedido otras veces, que cuando se termine la Media Maratón de Catania, la vuelta en bicicleta de Sicilia y la Maratón de Valencia, rápidamente voy a empezar a buscar otros y es que tras un momento de euforia voy a estar como antes. Estos son una clase de deseos, de esos que se alían con mi imagen, mis éxitos o sea que se trata de deseos egoístas. Pero hay otros deseos, quizá menos llamativos, que no hacen ruido y sin llamar mucho la atención me dejan más tranquilo, en paz conmigo mismo y que me van llenando de felicidad.

Lo que hace interesantes estos deseos es que no soy yo el protagonista, sino que son deseos que se dirigen a otras personas, y que me obligan a salir y darme a los demás. Es verdad que no puedo controlar cómo me gustaría mis deseos ya que se me van presentando sin más. Pero lo que si que puedo hacer es ir dándome cuenta de los que son de una clase y de otra. Qué deseos me satisfacen solo a mí y cuáles los que van dirigidos a otras personas.

La cuestión es ir aprendiendo a diferenciarlos para no caer en la costumbre de solo desear los egoístas, sino que podamos cumplir también los que nos acercan a los demás. Pienso que tener esta clase de buenos deseos hacia los demás y cumplirlos es una de las cosas más auténticas que tiene el ser humano.

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