Si miro la prensa veo que tenemos mucho populismo, no me refiero al
populismo que tiene como objetivo acercarse al pueblo sino al populismo político
que busca el apoyo popular dividiendo a la sociedad en dos bandos incompatibles,
no se trata de una ideología, sino más bien de una estrategia que ofrece
soluciones simples a problemas complicados, apoyándose en las emociones y los sentimientos
de las personas.
Al tratarse de una estrategia la podemos encontrar en cualquier opción
política. Tanto en grupos de izquierda como de derecha, auspiciado por
progresistas, por nacionalistas y por conservadores, bajo causas aparentemente
nobles y justas, y en otros casos canalizando hastío, sed de venganza y
malestar crónico. Presente en todos los lugares, incluso en nuestras tertulias
y en nuestras sobremesas junto a un café.
Esta forma de actuar que divide y polariza, no solo se ha quedado en la
política, sino que cada vez más está entrando en nuestra vida y por desgracia nos
está llevando a elegir soluciones fáciles a problemas que no lo son. Está
penetrando en nuestra forma de ser no porque los políticos lo utilizan en demasía,
sino por nuestra pobreza de pensamiento que nos impide comprender la realidad
que nos rodea en toda su complejidad.
Si lo anterior puede ser verdad, la pregunta es necesaria: ¿el
populismo está realmente presente en nosotros? Es decir, hacernos la pregunta
de cómo este fenómeno, que tiene una fuerte relación con la verdad, está
influyendo en nuestra vida. Dicho de otra manera: ¿hay sospechas de populismo
en nuestras decisiones? ¿Estoy a salvo de este fenómeno?
Preguntas, todas ellas, que se merecen un poco de reflexión y que voy a
tener que pensar mis respuestas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario