domingo, 29 de marzo de 2026

¡Buenos días! Demos la paz.

 


Recordaba ayer haber leído en la novela 1984 que escribió George Orwell algo parecido a que un líder debe mantener a su gente en un estado de miedo constante, haciéndole pensar que en cualquier momento puede ser atacado y así renunciará a su libertad para vivir. Me parece adivinar algo parecido en lo que están sintiendo los estadounidenses desde hace unos años.

Y es que el miedo es otro de los motivos por los cuales se empiezan las guerras, así como lo puede ser también el sentido del honor, son muchos los motivos por los cuales vemos que se pueden comenzar las guerras, de ahí lo complicado que es evitarlas. Alguien dijo y con razón que es bastante más sencillo hacer la guerra que la paz. Tal vez sea porque los que comienzan una guerra vean en ella una solución fácil para solucionar sus problemas y alcanzar unos beneficios rápidos: sin embargo, siempre resulta después imprevisible, con enormes costos, ante todo – pero no sólo – en términos de vidas humanas. Pocas veces se piensan en los problemas que habrá que solucionar cuando se termine.

Todo son, como ya sabéis, problemas e inconvenientes que nos encontramos en una guerra y a pesar de ello, las guerras siguen produciéndose con demasiada facilidad. Lo que nos viene a demostrar que la paz es más difícil y complicada de proponer, y lo es, tal vez, porque es más respetuosa con la verdad de las cosas, y con la verdad de nosotros mismos, ya que el problema que causa una guerra surge primero dentro de nosotros mismos. Son muchos los problemas que el hombre tiene y no son fáciles de resolver.

Creo que podemos ir cambiando las cosas, no será fácil sin duda, ya que venimos de una larga tradición. Si vemos como se entiende en la antigua Grecia y en la antigua Roma la palabra paz veremos que en nuestra cultura paz significa básicamente ausencia de guerra.

La palabra griega para paz es, “eiréne”, que significa literalmente la pausa entre una guerra y otra; la palabra latina “pax” significa el acuerdo de no beligerancia temporal. Ambos términos nos dejan el mensaje de que la paz es un estado de cosas excepcional y de corta duración y que la guerra es la norma.

Si además de todo esto vemos que resulta demasiado fácil incitar al odio y la destrucción en las escuelas, en la política, en los libros e incluso en lugares de oración. Nos damos cuenta de que tal vez sea una pobreza cultural la que se encuentra en el origen de muchas decisiones que se toman en nuestra sociedad, más atenta a los intereses partidistas que a una paz que acabe beneficiando a todos a largo plazo.

Por todo ello, el camino de la paz, aunque deseado y apreciado como un bien evidente, si de verdad queremos llevarlo a cabo, será necesario un gran esfuerzo y sacrificio a todos los niveles. Por parte de todos.

En fin, demos fraternalmente la paz a todos.

No hay comentarios: