Recordaba ayer haber leído en la novela 1984 que escribió George Orwell
algo parecido a que un líder debe mantener a su gente en un estado de miedo
constante, haciéndole pensar que en cualquier momento puede ser atacado y así
renunciará a su libertad para vivir. Me parece adivinar algo parecido en lo que
están sintiendo los estadounidenses desde hace unos años.
Y es que el miedo es otro de los motivos por los cuales se empiezan las
guerras, así como lo puede ser también el sentido del honor, son muchos los
motivos por los cuales vemos que se pueden comenzar las guerras, de ahí lo
complicado que es evitarlas. Alguien dijo y con razón que es bastante más
sencillo hacer la guerra que la paz. Tal vez sea porque los que comienzan una
guerra vean en ella una solución fácil para solucionar sus problemas y alcanzar
unos beneficios rápidos: sin embargo, siempre resulta después imprevisible, con
enormes costos, ante todo – pero no sólo – en términos de vidas humanas. Pocas
veces se piensan en los problemas que habrá que solucionar cuando se termine.
Todo son, como ya sabéis, problemas e inconvenientes que nos
encontramos en una guerra y a pesar de ello, las guerras siguen produciéndose
con demasiada facilidad. Lo que nos viene a demostrar que la paz es más difícil
y complicada de proponer, y lo es, tal vez, porque es más respetuosa con la
verdad de las cosas, y con la verdad de nosotros mismos, ya que el problema que
causa una guerra surge primero dentro de nosotros mismos. Son muchos los
problemas que el hombre tiene y no son fáciles de resolver.
Creo que podemos ir cambiando las cosas, no será fácil sin duda, ya que
venimos de una larga tradición. Si vemos como se entiende en la antigua Grecia y
en la antigua Roma la palabra paz veremos que en nuestra cultura paz significa básicamente
ausencia de guerra.
La palabra griega para paz es, “eiréne”, que significa literalmente la
pausa entre una guerra y otra; la palabra latina “pax” significa el acuerdo de
no beligerancia temporal. Ambos términos nos dejan el mensaje de que la paz es
un estado de cosas excepcional y de corta duración y que la guerra es la norma.
Si además de todo esto vemos que resulta demasiado fácil incitar al
odio y la destrucción en las escuelas, en la política, en los libros e incluso
en lugares de oración. Nos damos cuenta de que tal vez sea una pobreza cultural
la que se encuentra en el origen de muchas decisiones que se toman en nuestra
sociedad, más atenta a los intereses partidistas que a una paz que acabe
beneficiando a todos a largo plazo.
Por todo ello, el camino de la paz, aunque deseado y apreciado como un
bien evidente, si de verdad queremos llevarlo a cabo, será necesario un gran
esfuerzo y sacrificio a todos los niveles. Por parte de todos.
En fin, demos fraternalmente la paz a todos.

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