viernes, 13 de marzo de 2026

Salud.

 


Cuando hablamos de la salud lo normal suele ser, como suele decirse, que hablamos de su falta. Eso la convierte en algo siempre misterioso, ya que no nos resulta sencillo averiguar el por qué unas personas viven con una buena salud y otras sufren por su falta.

Ello nos puede llevar a la conclusión de que se trata de alguna clase de suerte o de fortuna. De que unos tienen la suerte de que les tocará el premio de la buena salud, mientras que a otros les tocó vivir rodeados de enfermedades.

Podemos mirarlo también desde otra forma, tal vez más completa, en la que la salud nos la encontramos como un regalo, no como una suerte que hemos tenido, sino como un don que hemos recibido sin haber participado en ninguna clase de sorteo, lo que, por cierto, nos debería de llenar de gratitud y de un deseo sincero por emplearla bien.

Ver la salud de la manera anterior, puede también entenderse como tarea, como un trabajo que nos obliga a esforzarnos para cuidarla, promoverla y, procurar restablecerla en aquellos que no la tienen.

Si ahora yo he llegado a la conclusión de que debo tomarme la salud como una tarea, me estoy obligando a asumir una serie de responsabilidades, ya sea para mi o para otros. Para mi implica evitar comportamientos que me pongan en el peligro de ponerme enfermo, y aceptar terapias que me curen si estoy enfermo. Para con los demás implica que debo evitar acciones que puedan contagiarlos, o provocar en ellos daños físicos, además de hacer lo que me sea posible para que puedan curarse cuando sea posible.

Por lo tanto, si todo lo anterior lo aceptamos, vemos que la cuestión de la salud nos interpela a todos y de muchas maneras, ya que nos lleva a tener una sana alimentación, descansar lo necesario, cuidar nuestra higiene y como no realizar algo de ejercicio físico.

Vemos así que la salud, recibida como don, merece ser protegida, conservada, incluso mejorada. No siempre conservaremos la salud que desearíamos, pero sí podremos alejarnos de ciertas enfermedades, evitar comportamientos que nos dañen o que dañen a otros, y emprender tempestivamente terapias que nos curen o, al menos, eviten dolores que invalidan.

En fin, si disfrutamos de buena salud, demos las gracias y aprovechémosla para bien. Si no nos encontramos bien, o si una enfermedad nos persigue pidamos tener paciencia y anchura de miras para ver qué cosas buenas, aunque sean pocas y pequeñas, puede realizar en esos momentos de sufrimiento.

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