Cuando hablamos de la salud lo normal suele ser, como suele decirse,
que hablamos de su falta. Eso la convierte en algo siempre misterioso, ya que
no nos resulta sencillo averiguar el por qué unas personas viven con una buena
salud y otras sufren por su falta.
Ello nos puede llevar a la conclusión de que se trata de alguna clase
de suerte o de fortuna. De que unos tienen la suerte de que les tocará el
premio de la buena salud, mientras que a otros les tocó vivir rodeados de
enfermedades.
Podemos mirarlo también desde otra forma, tal vez más completa, en la
que la salud nos la encontramos como un regalo, no como una suerte que hemos
tenido, sino como un don que hemos recibido sin haber participado en ninguna
clase de sorteo, lo que, por cierto, nos debería de llenar de gratitud y de un deseo
sincero por emplearla bien.
Ver la salud de la manera anterior, puede también entenderse como tarea,
como un trabajo que nos obliga a esforzarnos para cuidarla, promoverla y, procurar
restablecerla en aquellos que no la tienen.
Si ahora yo he llegado a la conclusión de que debo tomarme la salud
como una tarea, me estoy obligando a asumir una serie de responsabilidades, ya
sea para mi o para otros. Para mi implica evitar comportamientos que me pongan
en el peligro de ponerme enfermo, y aceptar terapias que me curen si estoy
enfermo. Para con los demás implica que debo evitar acciones que puedan
contagiarlos, o provocar en ellos daños físicos, además de hacer lo que me sea
posible para que puedan curarse cuando sea posible.
Por lo tanto, si todo lo anterior lo aceptamos, vemos que la cuestión
de la salud nos interpela a todos y de muchas maneras, ya que nos lleva a tener
una sana alimentación, descansar lo necesario, cuidar nuestra higiene y como no
realizar algo de ejercicio físico.
Vemos así que la salud, recibida como don, merece ser protegida,
conservada, incluso mejorada. No siempre conservaremos la salud que
desearíamos, pero sí podremos alejarnos de ciertas enfermedades, evitar
comportamientos que nos dañen o que dañen a otros, y emprender tempestivamente
terapias que nos curen o, al menos, eviten dolores que invalidan.
En fin, si disfrutamos de buena salud, demos las gracias y aprovechémosla
para bien. Si no nos encontramos bien, o si una enfermedad nos persigue pidamos
tener paciencia y anchura de miras para ver qué cosas buenas, aunque sean pocas
y pequeñas, puede realizar en esos momentos de sufrimiento.
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