Hay días que al acercarse a las noticias
aparecen preguntas que se encuentran escondidas en unos privilegios que nos
pasan desapercibidos: ¿por qué yo vivo en una sociedad en paz mientras hay
personas que padecen las tragedias de una guerra? Cuando aparecen estas
preguntas, no queda más remedio que reconocer una realidad tan clara y
verdadera como necesaria: mucho de lo que tengo no es mío, tengo la suerte de
que me ha tocado.
Con esto no estoy diciendo que mi esfuerzo
personal por mejorar no ha servido para nada, lo que quiero es mirar la
situación desde otro punto de vista. Tengo que reconocer que todo lo que me he
encontrado, las oportunidades que se me han dado tienen mucho más que ver con
el lugar donde he nacido que por mis méritos personales. No puedo negarlo, si
lo hiciera estaría siendo soberbio y me equivocaría al pensar que todo lo que
tengo y he conseguido se debe solamente a mi trabajo y esfuerzo. No sería
verdad, y me serviría para llegar a la conclusión que debo pensar solo en mí y hacerlo
para buscar mejoras solo para mí. La realidad de mi situación actual tiene más que
ver con haber tenido las oportunidades para poderla alcanzar que de mis
esfuerzos por conseguirla.
Si soy consciente de que casi nada de lo que
soy es mío por derecho propio, la única salida sensata es reconocer que todo es
de todos y eso cambia por completo la visión que tenemos de los demás.

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