domingo, 31 de mayo de 2026

¡Buenos días! ¿Todas las opiniones son respetables?

 


Hay una frase que se utiliza mucho cuando se habla de la tolerancia y el respeto a la opinión, y que hoy es un principio indiscutible: "no estaré de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta con la vida tu derecho a decirlo".

La verdad es que no está mal, pero el problema aparece cuando se abusa de los términos para defender todo lo que sea distorsionando lo que significa el respeto y la tolerancia. Según mi parecer hay una frase muy popular que para mi no es aceptable y que surge al abusar de esa distorsión: “todas las opiniones son respetables”. Y es que no es verdad, no todas las opiniones son respetables, lo que es digno de respeto es solamente el derecho a opinar.

Si ahora a mí me da por decir que a las personas mayores de 80 años no hay que cargar con ellas y hay que eliminarlas, mi opinión es indigna y no merece ningún respeto. Si alguien opina que hay razas humanas que son inferiores, que son incapaces de razonar, se trata de una opinión que tampoco merece respeto. Después de todo lo anterior, podemos decir que, en principio, todas las generalizaciones despectivas sobre la gente son opiniones indignas de respeto.

Si se apoya el terrorismo, la guerra o tomarse la justicia por su mano, cosas que por cierto muchas personas defienden, ¿se puede decir que son opiniones respetables?, pues para mí no lo son. No, insisto: no todas las opiniones son respetables.

Con la libertad de expresión sucede algo también llamativo. Del respeto a la libertad de expresión, se pasa a un concepto no claro de tolerancia. Lo vemos muchas veces: cuando alguien muestra su opinión en contra de los valores humanos, esos valores que a través de los siglos las personas han sabido reconocer, como es el derecho a la vida, y exige "tolerancia" a su opinión. Lo que nos exige es que toleremos lo que es intolerable, que se tolere una opinión que es indigna de respeto. Lo que estamos viendo continuamente es que quienes exigen respeto y tolerancia hacia sus ideas desviadas o deshumanizadas son incapaces de ser ellos mismos tolerantes con quienes opinan diferente.

Ejemplos tenemos muchos, nos encontramos con movimientos y personas que cualquier punto de vista que sea diferente al que ellos defienden, aunque esté fundado en la dignidad de la persona, es motivo no de la tolerancia que nos exigen, sino objeto de burla, desprecio y agresión verbal. Me refiero a aquellos cuyas opiniones son rechazadas por ser contrarias a la moral o a los derechos humanos. No, los intolerantes no toleran a quienes defienden lo contrario, exigen respeto y lo niegan en los hechos y en las palabras para los demás. Pero lo peor es que intencionalmente confunden tolerancia con aceptación: si no aceptas lo que digo, aunque vaya contra tus principios morales, entonces eres intolerante.

Estamos sufriendo un aumento considerable de posiciones en contra de la vida y de la moral. Es el caso de los partidarios de eliminar a los no nacidos, es decir del abordo provocado; desean que se les respete el poder clamar a los cuatro vientos y como sea ese supuesto derecho. Exigen tolerancia para ellos, pero no están dispuestos a tolerar a los defensores del derecho a la vida.

Otro ejemplo, vemos como en nuestra querida Europa el racismo y la xenofobia están en alza. Estas posiciones ideológicas contra razas no europeas y los nacidos en otros países y aún contra sus descendientes, no son respetables, no pueden serlo, puesto que en sí mismas son irrespetuosas de la dignidad del hombre. Lo mismo sucede en Estados Unidos, en el odio promovido contra los extranjeros indocumentados, no el simple rechazo a su situación ilegal; son opiniones vergonzosas, que nada tienen de respetable.

Los conceptos de tolerancia y respeto a la opinión de los demás no son los únicos que son objeto de abusos. El mismo derecho a opinar es objeto de abuso. Se puede gritar a los cuatro vientos que a los niños se les debe enseñar que la homosexualidad "está bien", pero cuando alguien reclama que se debe respetar la naturaleza biológica, anatómica, fisiológica y psicológica de los dos sexos de las personas, entonces la tolerancia no existe; al moralista no le conceden derecho a expresarlo.

No se debe ser tolerante, o falso prudente, sobre lo que sustancialmente es intolerable; tolerar la infamia, el ataque a la vida o a la familia no es razonable ni prudente, por someterse a una torcida interpretación de lo que es la tolerancia. También el derecho a la réplica y la denuncia es indiscutible. Es legítimo denunciar las opiniones indignas, intolerables.

No se puede confundir el derecho a la libre expresión, con el abuso de este derecho, como tampoco se puede, por ejemplo, confundir el derecho a la educación de los hijos con el supuesto derecho a golpearlos "porque son mis hijos". No es aceptable el sofisma de que todas las opiniones son respetables; eso va contra el mismo concepto de lo que es el respeto en las relaciones entre las personas.

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