lunes, 20 de julio de 2026

¡Buenos días! Un sentido y un significado.

 

Cuando empiezo a pensar en un nuevo viaje, pienso en cuál es su motivo, su sentido. Tengo la necesidad de tener que darle, o buscarle, un sentido. Su motivo a veces lo descubro, otras veces lo hago, o lo produzco, o se me regala, pero sobre todo lo añoro. Y es que, si insisto en preguntarme por el significado de mi necesidad de viajar, es porque sospecho que mis viajes no se han agotado. 



Mi inquietud, el no sentirme satisfecho plenamente con todo lo que he conseguido me obliga a sospechar que quizá hubo un día en el que conocí otra realidad más saludable, más bella o verdadera. Si necesito insistir en viajar para buscar no sé el que, puedo llegar a tener la sensación de estar defraudado con todos viajes que he hecho y necesito continuar insistiendo, tal vez sea porque en otro tiempo fui consciente de otra realidad en la que hice el Viaje.

Si insisto en interrogarme por el significado de mis viajes es porque sospecho que no se agotan en el aquí y el ahora. Pero ¿Qué es ese motivo que añoro, que busco y que incluso a veces invento? Un motivo es dar sentido, es un rumbo, una flecha, la señal que indica una dirección y que me recuerda que todo, también este viaje, debe llevarme a otro sitio.

Si lo pienso veo que un sentido es una llamada que hace la esperanza, que me indica un camino desde donde estoy ahora hacia un futuro en el que, ojalá, me llegue algún tipo de explicación para todo lo que anhelo. Es un objetivo que me da la confianza de que en este próximo viaje habrá algo que me permita resolver el dilema de que mi vida sí que vale la pena.

Sé con seguridad que los viajes tienen que terminar, que van a tener un final. Lo que no siempre constato es que esos viajes puedan tener una finalidad. No es lo mismo, que no sea capaz de encontrar un sentido a esos viajes que renunciar a la búsqueda.

Me doy cuenta de que muchas veces confundo el sentido con el significado. No me viene mal recordar ahora que el significado de algo es, en muchas ocasiones, su propio sentido. El significado es siempre aquello que está más allá de los límites naturales, es superar lo que lleva consigo un término, su conjunto de letras. Por ejemplo, si yo leo la palabra justicia, no me quedo con ver el conjunto de letras, sino que me veo obligado a pensar en todas las cosas que son justas. También en las que no lo son. Pues la vida pocas veces es justa. De igual manera que tampoco lo es una desgracia inmerecida. Ahora se me ocurre que tal vez por eso ante las desgracias sea necesario que tengamos claro y ya hayamos encontrado un sentido a la vida.

Yo, al igual que todas las personas, entre otras muchas cosas, somos seres vivos que necesitamos saber las razones, las causas de todo lo que nos sucede, buscamos explicaciones. Por eso, no me conformo con vivir, con experimentar la felicidad o el tedio, necesito buscar siempre algún tipo de justificación. 

Si algo tengo medio claro en todo este asunto es que la vida solo puede explicarse por algo diferente de sí misma. Aun sin saber si el sentido de mi existencia lo tengo que descubrir o me lo tengo que inventar, tengo claro que mi misión va a estar fuera de mí. Explicar la vida desde la vida no me lleva a ninguna parte. El sentido de la vida parece que se encuentra en parte en aquellas cosas por las que estaría dispuesto a perderla.  

Es posible, y por eso es tan complicado, que no exista un único sentido de la vida y que a cada persona se le haya otorgado una verdad que comunicar o algo que defender y cuidar. Si la vida tiene un sentido quiere decir que es una vida con una misión. Pero tal vez, la pregunta no sea averiguar por qué hemos nacido, sino hacia quién. Y es que una misión lleva consigo un envío, y todo envío implica un destino. Y ese destino, en la mayoría de las ocasiones, no es más que tener a alguien a quien amar por encima de nosotros mismos.

Al final resulta que es todo muy sencillo y las preguntas: ¿Qué sentido tiene la vida? Y ¿Para qué está el hombre en este mundo? Son fáciles de responder: Estamos en el mundo, ¡Porque alguien nos ama! Y estamos vivos para amar y ser amados. 

Entonces el sentido y el significado de mis viajes debe de ser algo más frívolo.

 

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