Con motivo de la ola de calor por la que estamos pasando rectifique mi ruta hacia Pego y abandone el paso por Brónchales y Albarracin para bajar en línea recta hacia la costa. Así que hoy he bajado de la meseta hacia Navajas. Día de muchos kilómetros y mucho desnivel positivo a pesar de descender muchos metros.
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De alguna manera puedo decir que ya estoy en
casa, el recorrido hacia Pego es como recorrer mi piso, lo he hecho muchas
veces.
Durante un viaje nos sorprendemos muchas veces,
nos encontramos con situaciones y lugares que nos resultan extraordinarios como
un atardecer especialmente intenso. Podríamos también sorprendernos por hechos
sencillos y cotidianos: por el despertarse cada mañana dentro de la tienda y
sentir como esclarece la mañana.
Lo que se repite cada día aparece como algo
que tiene que ser así, cuando en realidad no tenemos ninguna garantía de que
mañana sentiremos como amanece mientras nos despertamos en la tienda de
campaña.
Los dos días que me quedan para llegar a casa
pueden haberse convertido en rutinarios, cuando en realidad siempre tienen algo
de nuevo, en sus matices (el sol de hoy no es igual que el sol del año pasado
al pasar por aquí), y en mi manera de ver las cosas, pues yo también cambio
continuamente. Por eso, los dos días que tengo por delante tienen algo de
encanto, de frescura, de gusto, de belleza, de sorpresa.

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