martes, 25 de agosto de 2026

Buenos días. ¿El poder debe tener límites?

 


Siguiendo un poco con el asunto de ayer no hay que olvidar que la libertad lleva consigo un esfuerzo. No hay que desestimar la idea de que esas formas de administrar el poder, de las que hablamos ayer, no se den porque delegamos en los demás la resolución de muchos problemas y así abandonamos nuestras responsabilidades.

Es algo así como encargar a alguien la solución de muchas cuestiones, y nosotros solo dedicarnos a obedecer sus decisiones. Y es en este punto donde resulta interesante hablar de los límites que se deben imponer al poder. ¿El poder debe tener límites? Pienso que sí.

En nuestras democracias existe una peligrosa tendencia en la que quien llega al gobierno ganando unas elecciones quiere todo el poder para él. El poder de un gobierno debe tener un límite. Las constituciones solían servir, pero ahora ya vemos que no es así. Poner un límite no tiene por qué ser negativo, se tiene que ver ese límite como algo positivo.

Para explicarlo debo recordar que cuando se termino la Segunda Guerra Mundial, en toda Europa se analizaron y se reformaron muchas constituciones, apareció la idea de la Unión Europea, el Consejo de Europa, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todo esto organizó la sociedad de una manera diferente a la que existía entonces. En aquellos años la gente estaba preocupada por lo que había sucedido durante la primera mitad del siglo, fueron dos guerras mundiales y la aparición de varios totalitarismos.

Todas esas reformas se propusieron para crear unas estructuras de poder limitadas ya que conocían el riesgo que significaba el poder en manos de una persona, se daban cuenta de que se podía convertir en un medio por el que se podía abusar de los demás.

Vemos casi todos los días lo que el poder puede conseguir no solo a los que lo sufren, sino también a quienes lo ejercen abusando de él. Hay que poner límites al poder también para protegernos a nosotros mismos, porque hay que ser conscientes de que no estamos libres de abusar de él en un momento dado. Esta es la idea con la que se escribió nuestra Constitución y las de la mayoría de las naciones europeas, y con la que se fundó Europa.

Todas esas reformas se hicieron para terminar con los poderes absolutos, para que nadie pueda tener un poder absoluto. Se pusieron límites al poder convencidos de que en un país libre y democrático no puede haber una persona con un poder absoluto. La soberanía pertenece al pueblo. ¿Qué nos esta pasando? Que se esta olvidando el motivo por el que existen esos límites al poder. Se ve la democracia solo como el método para elegir un gobierno y este dice: “he sido elegido por el pueblo, a partir de este momento yo decido cómo se hacen las cosas”.

Tenemos que seguir hablando de esos límites los próximos días.

lunes, 24 de agosto de 2026

Buenos días. Poder y autoridad

 


Me parece interesante esta mañana hablar de lo que parece una indiferencia por mi parte hacia lo que está sucediendo en nuestra sociedad. Lo que quiero expresar es que veo una distancia entre lo que sucede y yo. Cuando sucede un hecho como el ataque a Ucrania, hará más o menos cuatro años, me causa una fuerte impresión, pero han pasado los años y esa reacción de rechazo va desapareciendo. Si como compruebo ese rechazo aparece solo en mi primera impresión, hay algo que algo no funciona bien, si mi reacción ante un hecho grave solo se hace presente los primeros días en realidad no ha penetrado en mí. Es posible que se deba a mi dependencia de nuestros dirigentes. 

Es también posible que tengamos un problema con el poder que poseen nuestros gobiernos y su autoridad para tomar una serie de decisiones. Creo que es interesante que seamos capaces de distinguirlos. Se que la primera impresión es que parecen lo mismo si lo miramos desde el punto de vista de que un presidente puede tomar una decisión que afecta a todos. No obstante, si ese poder llegar a convertirse en una fuerza que pisa a la persona se convierte en un poder que no respeta la libertad de los demás. Sin embargo, la autoridad tiene en cuenta a los demás, les enseña, los hace madurar como personas.

Un poder con autoridad es aquel que busca las cosas positivas, las defiende, las hace crecer y pone todos sus medios para que puedan realizarse. No estoy diciendo que el poder sea malo en sí mismo, pero una cosa es usar el poder para que la sociedad prospere y otra diferente es que la oprima y esclavice.

Esta idea de un poder que intenta dominar todos los aspectos de la sociedad esta muy de moda, se ve cada vez más, no solo en presidentes de gobierno sino en eslabones más bajos, autonomías, ayuntamientos, sociedades, clubes… pienso que esto sucede porque al final, gusta.

¿Cómo puede ser que la gente no se rebele ante un poder cada vez más dominante? Sea en el ámbito que sea, en el trabajo, en la familia, en las relaciones personales.

En fin, puede ser por una falta de autoestima.

sábado, 22 de agosto de 2026

Buenos días. Cambio de ciclo.

 


Ya casi no tengo ninguna duda de que nos encontramos en un cambio de ciclo. Cuando era joven las cosas eran muy diferentes, no se empezaba cada dos por tres una guerra, no había presidentes capaces de declarar una guerra o de invadir un país o de provocar un cambio de gobierno en otro país o de no respetar sus propias leyes. Lo que veo cada día es una manera diferente de ejercer el poder, una forma perturbadora y desorientadora.

O sea, el sistema por el que el mundo se regía hace años y en el cual he vivido de joven da la impresión de que ha desaparecido. La pregunta ahora es: ¿debería preocuparme? ¿por qué?

Lo que sucede en el mundo y aunque parezca que este lejos tendría que comprenderlo, pues en caso contrario no voy a poder comprenderme. Si analizo mi forma de actuar veo que no dista mucho de la de las personas que toman esas decisiones y una de las pruebas es que ya casi no le doy importancia a las consecuencias de esas decisiones.

La guerra y el uso de la violencia es para mí algo que ya casi no interesa, ya no me llama la atención. Cómo me he podido habituar a estas cosas cuando son hechos gravísimos, y si ya no me afectan es porque esta nueva etapa ya me está influyendo. Decía Tucídides: “El mal no es solo de quienes lo hacen. También es de aquellos que, pudiendo evitarlo, no hacen nada por evitarlo”. Saber lo que me está sucediendo es una cuestión de realismo, pues no va a tardar el día que me afecte.

Mi transformación se ha producido poco a poco, sin darme cuenta y va reduciendo mi personalidad a la de mero espectador ante una película en una cómoda sala de cine. Sin darme cuenta me he creado una imagen de la vida que es igual a la que me muestran los telediarios y las declaraciones de los políticos. Soy ya indiferente. Se que de alguna manera todo lo que está sucediendo en el mundo, que es gravísimo, puede suceder en parte debido a mi indiferencia. Es decir, estoy dejando que todos esos acontecimientos me pasen por encima y ya ni siquiera me duelen, por la sencilla razón de que me digo que el mundo es así.

Tengo que reflexionar sobre esto, porque tengo la sensación de que mi indiferencia se basa en parte en que en mi interior creo que yo no tomaría esas decisiones ni actuaría de esa manera. O sea, esas decisiones son típicas de los que poseen el poder porque se han contagiado de la corrupción del poder. Yo no, yo son diferente. Pero permitidme que os aclare una cosa, esa corrupción del poder que pienso que no va conmigo no es diferente a mi forma de actuar en mis relaciones cotidianas. Ya se que las consecuencias no son las mismas, una decisión de un presidente de gobierno se amplifica por su carácter público. Pero cómo soy y cómo decido es igual. Ya sea cual sea su relevancia internacional o de un asunto familiar, o sea la dinámica es la misma.

La cuestión es que, si soy capaz de comportarme de una manera injusta en una decisión en mi grupo de amigos, moralmente es lo mismo que si fuera presidente de un país y tomase una decisión injusta que afectase a cientos de personas.

En fin, al final, la persona que emprende una guerra tiene la misma naturaleza que yo, tiene los mismos problemas morales. Si hay una sensación de vacío, si lo intento llenar con mis propios medios y con el poder que pueda tener, el efecto que producen mis decisiones siempre van a intentar destruir todo lo que este a mi alrededor, ya sea un país o un grupo de amigos. La actitud moral de robar un chupachup en un supermercado es la misma que robar un millón de euros en un banco.

viernes, 21 de agosto de 2026

Buenos días. Lo necesario.

 


Hay en nuestra sociedad una idea que defiende que poseer más cosas es siempre mejor que tener menos. Aceptamos esta idea cuando nos damos cuenta de que nunca tenemos suficiente, siempre queremos mejorar nuestra situación con la posesión de más cosas, queremos más de todo, de bienes, de servicios y de experiencias.

La consecuencia inmediata de esta mentalidad es que se empieza por confundir los deseos y las necesidades, teniendo como objetivo principal y final la obtención de los deseos en vez de las necesidades. A continuación, se llega a un momento en el que los deseos se transforman en necesidades y los consideramos tan importantes o más que las necesidades. Se ha perdido el concepto de suficiente porque pensamos que siempre vamos a mejorar alcanzando algo más, gozando de algo más.

Tenemos la suerte de que este proceso no es inevitable, en realidad si hacemos un esfuerzo sí que podemos tener claro lo que nos basta. En verdad, es bastante sencillo, nos basta con conseguir al menos lo suficiente que se necesita para vivir. O sea, en vez de pretender tener cada vez más recursos para alcanzar más deseos, se trata de querer tener lo que sea suficiente para llevar una vida digna y conformarse con eso.

Aunque nos pueda parecer una utopía es una opción bastante realista, simplemente porque es posible, ya que lo que pretendemos es alcanzar unas necesidades que son limitadas con unos recursos que también lo son. Y esto, si se hace bien, es lo más razonable y adecuado.

jueves, 20 de agosto de 2026

Buenos días. Pérdidas desapercibidas,

 

Si de algo te vas dando cuenta con el paso de los años es, entre otras muchas cosas, que te das cuenta de las cosas que se van perdiendo. No existe en nuestra vida una época en las que se concentren más pérdidas que en esta. Por supuesto que no todas son dramáticas ni suceden de golpe ya que muchas de ellas nos llegan poco a poco y, justamente por eso pasan desapercibidas.

A pesar de ello, esas pérdidas que no percibimos nos dejan una herida, una cicatriz que no recordamos muy bien porque está marcada en nuestra piel, las aceptamos. Admitimos que nuestro cuerpo ya no es el que era, vemos cómo se van amigos de toda la vida y así algunas otras despedidas. Sin embargo, la más profunda es asumir que algunos de nuestros sueños ya no podrán realizarse.

Darse cuenta de todas esas pérdidas no quiere decir que tengamos que vivir sin esperanza. Todo lo contrario, mirarlas es el principio para darnos cuenta de que cada etapa de nuestra vida tiene su propia peculiaridad y un objetivo que cumplir.



Ya sé que todo lo que hemos estado perdiendo con el paso de los años no tiene el mismo peso, pero todo lo perdido merece ser reconocido. Pues suele suceder que esas pérdidas que más se guardan resultan ser las que con el paso del tiempo van a tener una mayor importancia.

Resulta interesante darse cuenta de que no se trata de lamentarse por estar envejeciendo, sino en darse cuenta de que adaptarse implica despedirse de nuestra forma de ser anterior para acoger los aspectos únicos y favorables que esta nueva etapa tiene.

Y nos surge una pregunta sobre esas desapercibidas pérdidas: ¿Por qué nos duelen tanto? Tal vez la respuesta se encuentre en cómo afecta a nuestra identidad: ¿Quién soy ahora que ya estoy jubilado? Puede que también nos afecten en nuestra autonomía: ¿Qué pasa cuando necesito ayuda para hacer algo que antes hacía solo? Y también tienen una gran importancia en nuestras relaciones: Cada ser querido que se nos va cambia nuestra forma de estar en el mundo.

Esta época de nuestra vida a la que hemos llegado no es solo una etapa de despedidas, es algo mucho más positivo. Como personas nos seguimos desarrollando, nuestro cerebro no funciona peor, sino de una manera distinta; de modo que puede enfrentarse a dificultades diarias con más seguridad que cuando éramos jóvenes. 

Me doy cuenta de que ahora se me han abierto nuevas posibilidades, tengo un mejor equilibrio emocional lo que me lleva a poseer un mejor juicio, una mejor perspectiva y soy más libre. Me he despedido de muchas cosas que ahora ya quedan atrás. Sin embargo, nada de eso ha quitado un ápice al valor de mi vida.

Es posible que el desafío que se me presenta de ahora en adelante no sea huir de las despedidas y de las pérdidas, sino darme cuenta de que por mucho que cambien las cosas nunca dejamos de ser valiosos, nuestra dignidad permanece intacta.

jueves, 30 de julio de 2026

¡Buenos días! ¿Qué mensaje estoy recibiendo?

 

Al leer y escuchar algunas ruedas de prensa y unas cuantas declaraciones de nuestros políticos me preguntaba que conclusiones saco y también que me enseñan cuando veo que ignorar las leyes y mentir sale gratis. ¿Qué mensaje estoy recibiendo? 



Hacer política no es solo llenar el boletín oficial de Estado con leyes y reglamentos, es mostrar, con hechos, que esos reglamentos y leyes se respetan, que la palabra que se da y lo que se promete se cumple y que hacer trampas y mentir no se tolera.

No se puede saltar una señal de stop y exigir a los demás que se paren y miren si viene alguien. ¿Qué legitimidad tienen si lo hacen? ¿Cómo me pueden enseñar y hacerme comprender que debo pararme?

Lo mismo nos sucede con la corrupción, ¿Cómo se puede reconocer solo la corrupción del contrario? En estos casos se trata de algo más que de una cuestión económica, se trata de la pérdida de confianza en la sociedad civil y de un desgaste de la idea del bien común. Si una ley no tiene una base moral se queda en un mero documento.

La pregunta es inevitable: ¿Qué hacer? La respuesta complicada. En primer lugar, debemos ser nosotros mismos coherentes, esta es la base. Mostrar que se puede dando ejemplo. Pues las personas observan lo que les rodea y calibran cada una de las incongruencias que ven. Si somos coherentes nos emulan. Si nos ven cómo farsantes nos apartan. Las personas escuchamos también por los ojos.

Por eso es de vital importancia que si tenemos referentes que estos sean decentes. Que los políticos a los que elegimos que sientan su vocación como un servicio a la sociedad. Que esos dirigentes sepan aceptar que dar ejemplo no es un adorno para las campañas electorales, sino su primer objetivo a cumplir. Miremos bien a los políticos que hemos votado y a los que vamos a votar.

 Mientras tanto, mientras esperamos la ocasión para votar, sigamos mostrando estas ideas allá donde podamos. Con simples muestras de honestidad y coherencia. No hace falta hacer mucho ruido, es más, sin ruido. En silencio al igual que crece la decencia.  

Y, aunque pueda parecer de ingenuos, debemos recordar que un “responsable”, político o no, debe de asumir responsabilidades, sino no merece la pena.

martes, 28 de julio de 2026

¡Buenos días! Soledad y confianza.

 

He realizado algunos viajes en solitario, han sido muchos kilómetros con sus días incluso meses en los que he estado solo con mi bicicleta, y una de las preguntas que me hago de vez en cuando es: ¿Cuál es mi actitud ante la soledad?, ¿trato de evitarla o le tengo miedo?, ¿soy consciente de sus ventajas o de sus inconvenientes? Con estas preguntas estoy intentado aportar e incorporar información a lo que significa la soledad, más que defenderla. Me gusta pensar que es una buena compañía y que me ayudado en ciertos momentos de la vida. 



Una de las particularidades que veo en la soledad es que resulta ser contradictoria. Por una parte, nos hace pensar en un aislamiento físico, sin embargo, sucede que puedo estar en compañía de otras personas y encontrarme solo, y puedo estar de viaje y sentirme cerca de las personas a las que quiero. Es más, en alguna ocasión esa soledad física me ha ayudado a sentir esa cercanía con los demás.

Al haber realizado tantos viajes en solitario no puedo estar totalmente en contra ni mirarla con malos ojos al menos cuando los inconvenientes que pueden aparecer se solucionan sin demasiados problemas, es verdad que en el caso de que apareciera una grave enfermedad o un accidente grave entonces estar solo en un lugar extraño sí que podría presentar un problema, en mi caso, tengo bastante confianza en las personas que me tengan que atender o ayudar, de ahí que me encuentre tranquilo.  

La confianza es fundamental, confianza en nosotros mismos y en los demás. Debemos tener la suficiente seguridad de que las intenciones de los demás son buenas. Lo saludable es que supongamos la buena fe de todos. Y esa confianza es la que sostiene la esperanza de recibir un trato que se corresponda a lo que nos merecemos.

Si cuando viajas en solitario tienes miedo a las malas intenciones de los demás esa actitud nos llevará a ser obsesivamente precavidos, de tal manera que vamos a sufrir un verdadero martirio suponiendo que la persona que está junto a nosotros tiene malas intenciones. Y así no sé puede viajar. Tengo que añadir que un exceso de confianza nos hace pecar de ingenuos.  

El truco tal vez se encuentre en ser nosotros mismos personas dignas de confianza por nuestro comportamiento en nuestra vida y así confiaremos más en las personas.

viernes, 24 de julio de 2026

¡Buenos días! Descansar.

 

Como decía ayer, cuesta desconectar, no sabemos ya detenernos y, eso es precisamente lo que intento en cada viaje. No tengo mucha confianza en volver de un viaje convertido en otra persona, no me ha pasado nunca ni creo que pase en un futuro. Después de tantos años me conformaría durante un viaje con algo un poco más sencillo, pero con seguridad más difícil: no estar pendiente del reloj, pasear por donde este sin prisas y tranquilamente, sentarme un rato en algún lugar bonito con la única intención de permanecer allí, sin agobios y sin la necesidad de llenar el silencio pasando el dedo por la pantalla del móvil.



Tengo la impresión de que llevo demasiado tiempo sin valorar esos instantes, sin buscarlos ya que siempre tengo algo más urgente que hacer. Y quizá un viaje sea una buena oportunidad para descubrir que las conversaciones más importantes con uno mismo no suelen producirse cuando nos movemos de un sitio a otro, sino cuando, por fin, nos quedamos quietos.

Así que, en mi próximo viaje voy a intentar descansar más la cabeza, porque empiezo a sospechar que el verdadero descanso no consiste en cambiar de lugar, sino en permitir darme un tiempo para poner un poco de orden en esa habitación interior que hace tiempo que no visito, ya que durante la mayor parte del tiempo vivo tan deprisa que apenas me queda tiempo para visitarla.

jueves, 23 de julio de 2026

¡Buenos días. Desconectar

 

Cuando empiezo un viaje uno de los objetivos que intento cumplir es desconectar de mi rutina, no solo de cambiar de lugar sino de hacer y pensar en cosas diferentes.



Confieso que se de lo que hablo porque llevo años peleándome conmigo mismo cada vez que me preparo para salir. En cada ocasión sucede más o menos lo mismo, me digo que esta vez será diferente, que no voy a mirar el móvil y todas sus aplicaciones a cada hora o en cada ocasión en la que me detenga por cualquier motivo. Los primeros días controlo bastante bien y solo me asomo a la pantalla cuando llego al camping. Después, sin saber él porqué, surge en mi interior un razonamiento que me parece bastante razonable: “míralo más a ver si surge algo verdaderamente importante”.

La complicación aparece cuando, otra vez sin darme cuenta, casi todo me empieza a aparecer realmente importante. Un e-mail que resulta interesante responder, una noticia que necesita que la comente en un grupo de WhatsApp o un mensaje que se debe responder enseguida porque si no dentro de unos días ya me da un poco de apuro contestar. Cuando han pasado los primeros diez días, si no estoy atento a reaccionar me encuentro con que sigo con la misma dependencia digital, solo que el escenario es diferente.

Según voy acumulando viajes voy llegando a la conclusión de que la solución del problema de la dependencia digital no se encuentra en irse de viaje para desconectar. El problema lo veo en que se me ha olvidado cómo se descansa realmente. Vivo tan acostumbrado a estar disponible que casi me siento culpable cuando dejo de estarlo. Contesto al WhatsApp por educación, contesto llamadas por compromiso y reviso el teléfono con una frecuencia que nada tiene que ver con la necesidad, sino más bien por costumbre. Me cuesta reconocerlo, pero he terminado por pensar que necesito estar presente constantemente, como si todo pudiera detenerse al marcharme y desaparecer por unos días.

Y, sin embargo, si al volver de un viaje largo me paro a observar, veo que la vida continúa con una normalidad absoluta. Todo lo que deje continúa funcionando, los mismos bares con sus mismos ambientes, las calles continúan llenas de personas y automóviles, el pueblo parece que no se ha dado cuenta de mi ausencia.

Y, eso, lejos de ser una mala noticia, me parece que se trata de una de las lecciones más liberadoras que recibo al volver. Y es que el mundo ya estaba en marcha antes de que yo empezara a vivir y todo da a entender que seguirá en funcionamiento cuando yo ya no este. Creo que es saludable que acepte que no soy tan imprescindible como a veces pienso.

Por eso, quizá he llegado a la conclusión de que, para descansar y desconectar, no basta solamente en cambiar de lugar y de paisaje cuando me tomo el café matutino. El cuerpo me agradece, claro está, que cambie de rutina y duerma más horas, que no mire tanto el reloj y este más relajado. Pero hay otro agotamiento mucho más escondido que no desaparece por el hecho de subirme a una bicicleta y empezar a pedalear. Es el cansancio que aparece cuando llevo tiempo, generalmente mucho tiempo, sin escucharme a mí mismo. Siempre comunicándome con los demás y apenas conmigo.

En fin, aunque ahora no me encuentre de viaje si que estoy de vacaciones, así que, por hoy ya esta bien. Mañana espero acordarme de continuar más o menos con el mismo tema.

lunes, 20 de julio de 2026

¡Buenos días! Un sentido y un significado.

 

Cuando empiezo a pensar en un nuevo viaje, pienso en cuál es su motivo, su sentido. Tengo la necesidad de tener que darle, o buscarle, un sentido. Su motivo a veces lo descubro, otras veces lo hago, o lo produzco, o se me regala, pero sobre todo lo añoro. Y es que, si insisto en preguntarme por el significado de mi necesidad de viajar, es porque sospecho que mis viajes no se han agotado. 



Mi inquietud, el no sentirme satisfecho plenamente con todo lo que he conseguido me obliga a sospechar que quizá hubo un día en el que conocí otra realidad más saludable, más bella o verdadera. Si necesito insistir en viajar para buscar no sé el que, puedo llegar a tener la sensación de estar defraudado con todos viajes que he hecho y necesito continuar insistiendo, tal vez sea porque en otro tiempo fui consciente de otra realidad en la que hice el Viaje.

Si insisto en interrogarme por el significado de mis viajes es porque sospecho que no se agotan en el aquí y el ahora. Pero ¿Qué es ese motivo que añoro, que busco y que incluso a veces invento? Un motivo es dar sentido, es un rumbo, una flecha, la señal que indica una dirección y que me recuerda que todo, también este viaje, debe llevarme a otro sitio.

Si lo pienso veo que un sentido es una llamada que hace la esperanza, que me indica un camino desde donde estoy ahora hacia un futuro en el que, ojalá, me llegue algún tipo de explicación para todo lo que anhelo. Es un objetivo que me da la confianza de que en este próximo viaje habrá algo que me permita resolver el dilema de que mi vida sí que vale la pena.

Sé con seguridad que los viajes tienen que terminar, que van a tener un final. Lo que no siempre constato es que esos viajes puedan tener una finalidad. No es lo mismo, que no sea capaz de encontrar un sentido a esos viajes que renunciar a la búsqueda.

Me doy cuenta de que muchas veces confundo el sentido con el significado. No me viene mal recordar ahora que el significado de algo es, en muchas ocasiones, su propio sentido. El significado es siempre aquello que está más allá de los límites naturales, es superar lo que lleva consigo un término, su conjunto de letras. Por ejemplo, si yo leo la palabra justicia, no me quedo con ver el conjunto de letras, sino que me veo obligado a pensar en todas las cosas que son justas. También en las que no lo son. Pues la vida pocas veces es justa. De igual manera que tampoco lo es una desgracia inmerecida. Ahora se me ocurre que tal vez por eso ante las desgracias sea necesario que tengamos claro y ya hayamos encontrado un sentido a la vida.

Yo, al igual que todas las personas, entre otras muchas cosas, somos seres vivos que necesitamos saber las razones, las causas de todo lo que nos sucede, buscamos explicaciones. Por eso, no me conformo con vivir, con experimentar la felicidad o el tedio, necesito buscar siempre algún tipo de justificación. 

Si algo tengo medio claro en todo este asunto es que la vida solo puede explicarse por algo diferente de sí misma. Aun sin saber si el sentido de mi existencia lo tengo que descubrir o me lo tengo que inventar, tengo claro que mi misión va a estar fuera de mí. Explicar la vida desde la vida no me lleva a ninguna parte. El sentido de la vida parece que se encuentra en parte en aquellas cosas por las que estaría dispuesto a perderla.  

Es posible, y por eso es tan complicado, que no exista un único sentido de la vida y que a cada persona se le haya otorgado una verdad que comunicar o algo que defender y cuidar. Si la vida tiene un sentido quiere decir que es una vida con una misión. Pero tal vez, la pregunta no sea averiguar por qué hemos nacido, sino hacia quién. Y es que una misión lleva consigo un envío, y todo envío implica un destino. Y ese destino, en la mayoría de las ocasiones, no es más que tener a alguien a quien amar por encima de nosotros mismos.

Al final resulta que es todo muy sencillo y las preguntas: ¿Qué sentido tiene la vida? Y ¿Para qué está el hombre en este mundo? Son fáciles de responder: Estamos en el mundo, ¡Porque alguien nos ama! Y estamos vivos para amar y ser amados. 

Entonces el sentido y el significado de mis viajes debe de ser algo más frívolo.

 

jueves, 16 de julio de 2026

¡Buenos días! Las despedidas.

 

Uno de los momentos más complicados en un viaje suele ser la despedida, te dejan un sabor agridulce en la boca y es que en los adioses se tiene la sensación de no saber nunca si serán para siempre, y esto hace que a veces se asemejen a duelos. Las despedidas tienen una sensación de ser definitivas. Quizá algo en nosotros sabe que esta podría ser la última vez. Y, sin embargo, antes de ponernos en marcha, rara vez comprendemos que estamos siendo felices donde estamos. 



En otra clase de viaje no lo sé cierto, pero el ciclo-viajero se da cuenta de que al irse no se deja sólo a las personas, sino que vamos a dejar atrás una forma de vivir y que se nos abre otra vida distinta, lejos de aquella que nos es cotidiana y que da la impresión de que se nos esté muriendo un poco. Se tiene la impresión de que ese yo que vivía en aquel lugar, con aquellas personas y aquellas rutinas que tanto nos gustaban, dejara de existir. Ese yo ya no está, se ha quedado atrás, ya no será el mismo durante el viaje.

¿Quiénes somos, lejos de los que nos rodean habitualmente? ¿Quién soy cuando a las 8 de la mañana no estoy en mi habitación? ¿Cuándo no me preparo el desayuno en mi cocina? Porque en ocasiones nuestro yo nos sigue a todas partes, pero a veces nuestro yo se encuentra muy apegado a esas costumbres.

Por eso viajar es rehacerse cada vez, con lo triste y con lo hermoso que esas transformaciones tienen cada vez. Aunque no todo es morriña en los viajes. En ese encontrarse en situaciones diferentes llegamos a conocernos cada vez mejor, mejoramos más que si nos quedásemos siempre en lo cotidiano. A veces uno no se conoce realmente hasta que tiene que empezar de nuevo un viaje a donde nadie le conoce.

Y, después, al final, se aprende a querer el momento que nos toca vivir, porque en lo cotidiano también podemos encontrar cosas hermosas y nuevas oportunidades si se saben ver.

martes, 14 de julio de 2026

¡Buenos días! Somos libres y tenemos libertad.

     Tengo bastante claro que el hombre es libre, y que tenemos libertad, al menos los españoles la tenemos y podemos elegir el camino que más nos guste. O sea, podemos elegir quienes vamos a ser, cómo vamos a dirigir nuestra vida, y con quienes vamos a convivir. Podemos elegir empezando desde nuestro rincón más íntimo, amigos y amistades, podemos seguir eligiendo un círculo más amplio como es en que región nos gusta vivir, lo que nos lleva a estar en esa nación y en el caso de los españoles darnos cuenta de que estamos implantados en Europa. Podemos elegir a los políticos que no van a representar. Y esto nos da una forma de ver, entender y tener una humanidad particular.



Sin embargo, también se encuentra en nuestro poder la decisión de elegir la ignorancia, ignorar que además de ser libres tenemos libertad. Podemos elegir aislarnos y no querer tomar decisiones, ser reacios a lo que es diferente, con lo que falsificamos la realidad. La cuestión es que, si hacemos esto, hemos elegido falsificarnos nosotros mismos, hemos falsificado la realidad de cada uno de nosotros. Y esto estoy seguro de que nos lleva a la inferioridad.

Lo que somos como personas es una cuestión abierta. Tenemos mucha información, disponemos de recursos, hacemos nuestra vida, la fabricamos, imaginamos lo que pretendemos ser e intentamos realizarlo más o menos bien. Y esto sirve para todos, no solo para unos cuantos, ya que tener muchos recursos no es tan importante como tener proyectos y tener la voluntad de utilizar lo que tenemos para realizarlos es lo importante, o sea, lo que seamos capaces de hacer con ellos.

Nuestra vida, lo que queremos de ella, su configuración depende ello. Delante de nosotros, de cada uno de nosotros no cesan de presentarse diferentes opciones, se nos ofrecen caminos que nos llevan a distintos lugares, tanto individualmente como colectivamente. Es necesario que decidamos adónde nos gustaría ir, lo que conlleva averiguar quiénes nos pueden llevar, quienes pueden ser nuestros conductores. Es esencial no engañarse, no emprender el viaje con una compañía que tal vez sea indeseable.

En nuestra vida hay asuntos que tienen una importancia particular, son el principio de un camino cuyo final no parece claro y es necesario anticiparlo, preverlo. De otra forma, nos exponemos a situarnos un día en un lugar inhóspito y que no lleva a ninguna parte, con una visión de la realidad reducida, sin orientación, con la idea de que no podemos ir a ninguna parte.

Si repasamos lo que nos está sucediendo en el último decenio podríamos encontrar una larga lista de previsiones de lo que nuestros políticos querían y buscaban, aunque en ocasiones vemos ahora que eran disfraces. Pero han pasado los años y se está poniendo de manifiesto lo que cada partido lleva dentro, lo que pretende, en suma, adónde nos quiere llevar.

Estudiar bien esos programas políticos de hace años tiene una ventaja: pone las cosas claras. Sabemos cuáles son los verdaderos proyectos o programas, sin disfraces; sabemos cuáles son las afinidades reales; y, sobre todo, de quién nos podemos fiar.

No se trata de una cuestión sin importancia, es nuestra realidad y sobre todo de los que van a serlo, los jóvenes y los que nacerán si los dejan, porque hay muchos que les van a poner algún problema para hacerlo. Se trata de nuestra posición en la sociedad, de la manera en que vamos a poder proyectar nuestra vida en ella. Algunas corrientes desean que poseamos una sociedad amplia y dilatada, con su rica variedad de matices y posibilidades, con diferentes formas de insertarse en ella, y por lo tanto con una pluralidad de proyectos que pueden ser atractivos y fecundos.   

Otras corrientes de opinión se inclinan más por espacios estrechos, encerrados, aislados de todo argumento, llenos de mitos que nunca han existido; y por tanto sin porvenir ni horizonte.

Otros prefieren espacios estrechos, confinados, aislados de todo contexto, llenos de ficciones que nunca han existido; y por tanto sin horizonte ni porvenir.

Tenemos que decidir cómo queremos que sea nuestra sociedad, nuestro país, nuestro pueblo, elegir entre la prosperidad y la decadencia. Esta última, que nos está amenazando la podemos sentir ya, tiene el enorme peligro de que, como consiste en una disminución de lo humano, es muy difícil salir de ella si se llega a producir y consolidar.

lunes, 13 de julio de 2026

Camino del Cid. Día 14.

 


Ultimo día del Camino del Cid, he llegado a casa sin ningún problema y según lo que tenía previsto.

En realidad, como dije hace días recorte el viaje por culpa del calor ya que había etapas que tenía que pedalear por la tarde y se esperaba mucho calor, pero como he dicho todo muy bien.

He regresado, y traigo conmigo el recuerdo de muchos momentos de felicidad, y es que uno de los objetivos de estos viajes es la felicidad, ser felices. No se tiene la obligación de hacer más kilómetros, ni de visitar una ciudad, ni de admirar un paisaje, si eso no nos hace más felices.

https://www.strava.com/activities/19096259440 

domingo, 12 de julio de 2026

Camino del Cid. Día 13.

     He cruzado Valencia. Cruzar las grandes capitales siempre representa un problema para los ciclo-viajeros, sobre todo cuando son de paso y no las vamos a visitar.

https://strava.app.link/I3UAa1onw4b

En mi caso sucede que no estoy acostumbrado a circular por la ciudad ni tampoco por los carriles para bicicletas, que si bien ayudan a que las bicicletas circulen más seguras a mí me producen estrés, al tener que estar pendiente de unas señales y semáforos para bicicletas que me cuesta localizar. 



Esto no es una crítica, sino una falta por mi parte al no controlar bien estas situaciones. Valencia se cruza sin ningún problema, toda por carril bici.

No he vivido nunca en una gran ciudad, pero salvo la circulación y la cantidad de personas que hay en todas partes, en lo fundamental vienen a ser lo mismo que mi pueblo. Pienso que cuando viajamos y llegamos a un lugar donde vivan personas, la gente será igual a la del lugar de donde venimos, de nuestro pueblo, ya que en demasiadas ocasiones no vemos las cosas como son, las vemos como somos.

Si somos mezquinos, si no somos de confianza o si somos detestables, veremos a la gente de la ciudad a la que llegamos de igual manera. Si somos personas maravillosas, honestas y generosas, y las personas que nos rodean en nuestra casa son de igual manera, en cualquier ciudad a la que vayamos hallaremos lo mismo.

 

Camino del Cid. Día 12.

    Con motivo de la ola de calor por la que estamos pasando rectifique mi ruta hacia Pego y abandone el paso por Brónchales y Albarracin para bajar en línea recta hacia la costa. Así que hoy he bajado de la meseta hacia Navajas. Día de muchos kilómetros y mucho desnivel positivo a pesar de descender muchos metros.

https://strava.app.link/R5Ao7isnw4b

De alguna manera puedo decir que ya estoy en casa, el recorrido hacia Pego es como recorrer mi piso, lo he hecho muchas veces.



Durante un viaje nos sorprendemos muchas veces, nos encontramos con situaciones y lugares que nos resultan extraordinarios como un atardecer especialmente intenso. Podríamos también sorprendernos por hechos sencillos y cotidianos: por el despertarse cada mañana dentro de la tienda y sentir como esclarece la mañana.

Lo que se repite cada día aparece como algo que tiene que ser así, cuando en realidad no tenemos ninguna garantía de que mañana sentiremos como amanece mientras nos despertamos en la tienda de campaña.

Los dos días que me quedan para llegar a casa pueden haberse convertido en rutinarios, cuando en realidad siempre tienen algo de nuevo, en sus matices (el sol de hoy no es igual que el sol del año pasado al pasar por aquí), y en mi manera de ver las cosas, pues yo también cambio continuamente. Por eso, los dos días que tengo por delante tienen algo de encanto, de frescura, de gusto, de belleza, de sorpresa.

domingo, 5 de julio de 2026

Camino del Cid. Día 11.

 Camino del Cid. Día 11.

Un paseo en bicicleta así es como podría denominar el recorrido de hoy. Corto y con poco desnivel positivo, lo que ha permitido disfrutar de las llanuras de la meseta. 



Ha sido una buena mañana para disfrutar de la bicicleta, sin prisas, aunque con la obligación de llegar al hotel lo más pronto posible, antes de que la temperatura sea demasiado alta para seguir disfrutando de la sensación de tranquilidad que me trasmite estas inmensas llanuras.

A veces solemos pensar en el paisaje de la meseta como un páramo, un paisaje yermo, raso y desabrigado. A veces frío y desamparado. Y sin embargo existe la vegetación del páramo y muchas veces es bastante frondosa.

Por lo general en un viaje en bicicleta, más concretamente en un ciclo-viaje se va a un ritmo tranquilo, sin prisas y sin embargo es importante de vez en cuando hacer una pausa. No me refiero en esta ocasión a parar unos días a recobrar fuerzas sino a tomarnos un día con menos kilómetros e ir más tranquilo. Hacer una pausa en nuestro ritmo diario, levantar el pie del acelerador, pero sin parar.

En estos días puedo comprobar que en estas tierras el tiempo transcurre a una velocidad diferente o al menos es la sensación que a mi me da. Quizá por eso la gente es tan amable y servicial. Porque viven tranquilos, sin prisas, disfrutando de lo que hacen, del día a día.

Es verdad que no llevo muchos días aquí. También es cierto que yo estoy de vacaciones, y cuando uno está de vacaciones todo se ve de forma diferente. Pero también lo es que aquí se respira un ambiente especial, más pausado. Da la impresión de que se vive de forma más plena.

En la costa, al menos en el Levante, se lleva un ritmo de vida más acelerado. Da la impresión de que todo el mundo va corriendo a todas partes, sin tiempo para nada, con la lengua fuera y con la sensación de que no es posible hacer todo lo que uno quisiera. Por eso se está intentando llevar un ritmo de vida más lento, cambiando en lo posible nuestro orden de prioridades.

Es cierto que la sociedad está estructurada de tal manera que es difícil salir de esa rueda de prioridades que nos creamos artificialmente. El sistema no ayuda. Pero, contando con eso, hay cosas que todos podemos ir incorporando a nuestra forma de vida, una serie de hábitos que mejorarían sensiblemente nuestra existencia.

Establecer cuales son las prioridades que son importantes y cuáles son las urgentes aprendiendo a diferenciarlas es un buen sistema. Esto que me urge tanto y que me está quitando la tranquilidad, ¿es verdaderamente importante? ¿O hay cosas más valiosas que estoy dejando de lado?

En fin, aprovechar estos días más relajados para vivir el día más plenamente.

Este es el recorrido: https://strava.app.link/PhbgbXunw4b

miércoles, 24 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 10.

     No ha estado mal el día de hoy. Buena carretera con un buen asfalto y un arcén más que suficiente para sentirse seguro. Incluso el desnivel a estado por debajo de esos 500 metros positivos, lastima el calor que tengo que soportar sobre todo después de las 11 de la mañana, lo que me obliga a salir rápido y no detenerme mucho. Llegar antes del mediodía no es una obligación, es una necesidad.



Mi recorrido de hoy: https://strava.app.link/1tdi604Ge4b

Esto me crea un poco de estrés ya que existe una hora en la que debo concluir el recorrido. No se trata de un estrés preocupante, creo. Aunque el estrés parece haberse convertido en una situación normal para muchas personas. Son muchos lo motivos por los que las personas viven tan estresadas: estamos constantemente bombardeados con noticias y mensajes, lo que nos impide desconectar. Parece que hayamos nacido con un móvil en la mano que nos absorbe todos los minutos disponibles. La presión en el trabajo, la necesidad de ganar dinero para las nuevas necesidades que nos vamos creando. La constante comparación con los demás a los que siempre debemos superar. La falta de descanso, en fin, muchos son los motivos por los que estamos estresados.

Un poco de calma en esta ola de calor me vendría muy bien. Las prisas, el estrés y los agobios se me reducirían mucho.

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Camino del Cid. Día 9.

     Día tranquilo, incluso cuando circulaba por la carretera nacional ya que tiene poco trafico, lastima que superase los 500 metros positivos y el calor que he soportado.



Ante estos días de calor intenso lo que estoy haciendo es concentrar las horas de bicicleta en un solo bloque, o sea, que lo realizo de una pasada, sin parar a descansar. De ahí que las siete de la mañana ya este con la bicicleta para llegar a destino antes del mediodía. 

El recorrido de hoy: https://strava.app.link/JcBKL5vqe4b

Se dice que: “ A quien madruga, Dios ayuda”, aunque en realidad Dios nos ayuda de cualquier manera, lo que supongo es que al madrugar tengo más tiempo para ayudar y que me ayude. En este caso en particular, la frase me viene a la cabeza porque me sirve para escapar lo máximo que pueda del sol.

Hace días que voy de castillo en castillo, en Berlanga de Duero, Medinaceli y Monreal del Campo he podido ver impresionantes castillos que recuerdan su importante pasado. Ciudades que con seguridad tuvieron mucha importancia política y que hoy solo son museos, todo su pasado ha quedado reducido a un bien cultural.

No parece que haya dudas de que los tiempos han cambiado para estas ciudades y regiones, lo que me recuerda lo que San Agustín de Hipona escribió en el siglo V: «Dicen que los tiempos son malos, difíciles. Vivamos bien y los tiempos se volverán buenos. ¡Nosotros somos los tiempos! ¡Los tiempos son lo que somos nosotros!».

Una mirada retrospectiva a nuestra historia nos muestra su dimensión moral. Todos los acontecimientos que han transformado estas ciudades son fruto del libre obrar de las personas. Detrás de cada hecho hay decisiones de personas de carne y hueso. Estoy siguiendo en parte el Camino del Cid y veo que hay actos heroicos que engrandecen a sus protagonistas y a su tiempo. Y hay actos viles, que los envilecen.

No podemos considerar el tiempo humano -pasado, presente y futuro- y la historia como un pasar de los años, ni tampoco podemos considerar que la persona es un engranaje más dentro de esos eventos causados por la naturaleza de las cosas y donde se carece de verdadera libertad.

La comprensión moral del tiempo y de la historia nos ayudaría a evitar ver los acontecimientos históricos de una forma donde unos son buenos y otros malos, donde todo sucede por causas de enfrentamientos entre ideas y donde todo parece estar determinado. Y es que en el fondo de toda la historia se encuentra el misterio del hombre. Al final el tiempo pasado ni es bueno ni es malo por ser pasados, ni por ser otros los que vivieron en ellos. Y el presente no es bueno ni malo por ser presente, ni porque nosotros seamos los que vivimos en él. No siempre “todo tiempo pasado fue mejor”. Y no tiene sentido la expresión: “¡Cómo es posible que en pleno siglo XXI ocurran estas cosas¡” Cuando nos referimos a nuestras guerras actuales. Si el hombre de hoy no es moralmente bueno, pueden ocurrir cosas aún peores a las ya acaecidas.

La historia es una realidad moral del hombre. En nuestra realidad histórica concreta, marcada de hecho por una moral más que cuestionable, nada es tan malo que no pueda tener algo positivo, ni nada es tan bueno que no tenga algún fallo.

Del mismo modo que miro y juzgo lo que sucedía en tiempos del Cid, he de hacerlo con lo que sucede ahora mismo. Nuestra historia actual será mejor si como personas somos mejores. Cambiemos nosotros y cambiará nuestro entorno y nuestra sociedad.

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lunes, 22 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 8.

 

        Hoy he vuelto a superar los 500 metros positivos, lo que unido a los pronósticos de un fuerte calor a partir del medio día me ha obligado a empezar más temprano y a ir con más cuidado con los esfuerzos. 

        Uno de los cuidados en los que he tenido que poner más atención ha sido en del control del agua y los lugares donde abastecerse. Me ha salido bien. En un territorio donde vive muy poca gente es muy importante controlar antes de empezar a pedalear saber donde se encuentran las fuentes y los bares. 





        Durante todas las horas que estuve solo me crucé con un par de coches y un bar, los pueblos son demasiado pequeños para tener bares, aunque que tienen fuentes. 

        Deshabitado, deshabitada es así como creo que se encuentra esta región, no se la concentración de habitantes, pero debe ser muy baja. 

        Al pasar por todas estas carreteras vacías me viene a la mente el fenómeno de la emigración, que creo que ha afectado a muchos de los habitantes de esta región, personas que han abandonado sus casas por unas nuevas oportunidades de trabajo y de una vida mejor. Pienso en la despoblación de tantas aldeas, que hace décadas vieron marcharse a un número considerable de sus habitantes; pienso en las consecuencias que todo esto puede tener sobre la calidad de vida en estos territorios y el debilitamiento de sus más ricas raíces culturales y espirituales que un elemental turismo no puede sostener.  

        Por eso me gusta con un sencillo saludo, rendir un homenaje a todos con los que me cruzo en esos pueblos por haberse quedado. No servirá para mucho, lo se, pero en esta zona existen problemas que se deben de afrontar, buscar y hallar soluciones efectivas y encontrar la fuerza para aplicarlas, y decidirse con convicción a no renunciar a la vocación más noble a la que un Estado debe aspirar: hacerse cargo del bien común de su pueblo.

        El itinerario de hoy: https://strava.app.link/K70MBi1mb4b 

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sábado, 20 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 7.

        Esta mañana nada más subirme a la bicicleta y cuando solo había recorrido los primeros dos kilómetros me he dado cuenta de uno de los errores que más veces cometo. Ayer antes de llegar al camping entre a comprar en Mercadona. 
        Si bien comprobé que no había ningún problema en llegar al camping cargado con la compra, compré medio kilo de macarrones y de lentejas, tres latas de atún, un paquete de muesli, uno de gel y una barra de pan. Esta mañana en la primera rampa tras salir del camping lo hubiera devuelto si eso hubiese sido posible. 



        Es un error muy difícil de solucionar cuando entras en un supermercado, solo necesitas un poco de algunas cosas, pero compras los paquetes enteros y suerte si los encuentras de medio kilo, y es que no puedes reducir el peso enseguida, se necesitan días para que esos medios kilos se conviertan en cuatrocientos gramos. 
         En fin, son problemas que aparecen cuando viajas solo y la comida empieza a escasear.    Lo malo de hoy ha sido que la principal subida del recorrido empezaba a la salida del camping. A esto tengo que añadir que los perfiles de Garmin suelen contener muchos errores. Una subida de 2 kilómetros con un desnivel medio del 3’5% de media, como era la de la salida del camping, no parece muy complicada, pero si la subida esta concentrada en medio kilómetro la historia es muy diferente. 
        Por mucho que me prepare los recorridos siempre se me escapa algo.
        Este ha sido el recorrido de hoy:  https://strava.app.link/pkWAJMl773b 


viernes, 19 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 6.

          Cómo debía de ser hoy un recorrido más corto, lo que hice de más ayer lo he hecho de menos hoy. Por lo tanto, etapa corta, como debe de ser. 

        Sí de corto ha sido el recorrido de hoy: https://strava.app.link/PyUjO4Lm63b 

        Por otro lado, después de un día en el que las cosas no salieron como esperábamos, nos puede aparecer el miedo al fracaso: es verdad, quien hace planes puede fracasar. Ese miedo a involucrarse demasiado en las cosas, lo hemos experimentado tantas veces que tenemos la tentación de dejar siempre abierta una pequeña vía de escape, que por si acaso pueda abrirnos nuevas posibilidades. Yo planeo un viaje, voy a ese camping, elijo este recorrido, pero dejo abierta una puerta: si no me gusta, cambio y a buscar otro. Esta precariedad en los planes no hace bien: no hace bien, porque se nos oscurece la razón y no nos deja poner toda la pasión en un proyecto. 







        Nuestra sociedad y sus modelos culturales de moda, por ejemplo, la “cultura de lo provisorio” no nos brinda un clima adecuado para tener unos proyectos estables, sino que se prefiere la emoción del momento. 

        Lo mejor que podemos hacer es aceptar los límites, nuestros límites, y reconocer que yo no puedo hacer que todo salga bien. Acabaría antes riéndome de mis flaquezas, aceptando mis incapacidades, pidiendo ayuda, expresando cansancio, enfado, duda o hastío, en lugar de buscar razones para justificarlo todo. Nadie nos pide ser dioses, ni perfectos. Tan sólo se nos pide arriesgar un poco. 

        https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=es