miércoles, 24 de junio de 2026

Camino del Cid. Día 9.

     Día tranquilo, incluso cuando circulaba por la carretera nacional ya que tiene poco trafico, lastima que superase los 500 metros positivos y el calor que he soportado.



Ante estos días de calor intenso lo que estoy haciendo es concentrar las horas de bicicleta en un solo bloque, o sea, que lo realizo de una pasada, sin parar a descansar. De ahí que las siete de la mañana ya este con la bicicleta para llegar a destino antes del mediodía. 

El recorrido de hoy: https://strava.app.link/JcBKL5vqe4b

Se dice que: “ A quien madruga, Dios ayuda”, aunque en realidad Dios nos ayuda de cualquier manera, lo que supongo es que al madrugar tengo más tiempo para ayudar y que me ayude. En este caso en particular, la frase me viene a la cabeza porque me sirve para escapar lo máximo que pueda del sol.

Hace días que voy de castillo en castillo, en Berlanga de Duero, Medinaceli y Monreal del Campo he podido ver impresionantes castillos que recuerdan su importante pasado. Ciudades que con seguridad tuvieron mucha importancia política y que hoy solo son museos, todo su pasado ha quedado reducido a un bien cultural.

No parece que haya dudas de que los tiempos han cambiado para estas ciudades y regiones, lo que me recuerda lo que San Agustín de Hipona escribió en el siglo V: «Dicen que los tiempos son malos, difíciles. Vivamos bien y los tiempos se volverán buenos. ¡Nosotros somos los tiempos! ¡Los tiempos son lo que somos nosotros!».

Una mirada retrospectiva a nuestra historia nos muestra su dimensión moral. Todos los acontecimientos que han transformado estas ciudades son fruto del libre obrar de las personas. Detrás de cada hecho hay decisiones de personas de carne y hueso. Estoy siguiendo en parte el Camino del Cid y veo que hay actos heroicos que engrandecen a sus protagonistas y a su tiempo. Y hay actos viles, que los envilecen.

No podemos considerar el tiempo humano -pasado, presente y futuro- y la historia como un pasar de los años, ni tampoco podemos considerar que la persona es un engranaje más dentro de esos eventos causados por la naturaleza de las cosas y donde se carece de verdadera libertad.

La comprensión moral del tiempo y de la historia nos ayudaría a evitar ver los acontecimientos históricos de una forma donde unos son buenos y otros malos, donde todo sucede por causas de enfrentamientos entre ideas y donde todo parece estar determinado. Y es que en el fondo de toda la historia se encuentra el misterio del hombre. Al final el tiempo pasado ni es bueno ni es malo por ser pasados, ni por ser otros los que vivieron en ellos. Y el presente no es bueno ni malo por ser presente, ni porque nosotros seamos los que vivimos en él. No siempre “todo tiempo pasado fue mejor”. Y no tiene sentido la expresión: “¡Cómo es posible que en pleno siglo XXI ocurran estas cosas¡” Cuando nos referimos a nuestras guerras actuales. Si el hombre de hoy no es moralmente bueno, pueden ocurrir cosas aún peores a las ya acaecidas.

La historia es una realidad moral del hombre. En nuestra realidad histórica concreta, marcada de hecho por una moral más que cuestionable, nada es tan malo que no pueda tener algo positivo, ni nada es tan bueno que no tenga algún fallo.

Del mismo modo que miro y juzgo lo que sucedía en tiempos del Cid, he de hacerlo con lo que sucede ahora mismo. Nuestra historia actual será mejor si como personas somos mejores. Cambiemos nosotros y cambiará nuestro entorno y nuestra sociedad.

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