Recordar lo que yo sé y vivo es un aspecto
interesante de la vida. Sé que la memoria se debilita con la edad y la
dificultad para recordar es uno de los problemas a los que me voy a tener que
enfrentar. La pregunta que me surge estos días no es otra que la de: ¿Es
siempre malo olvidar?
Por supuesto que si perdiera la memoria no
sería nada bueno, pero a veces no solemos pensar en la importancia del olvido
para nuestra salud mental. La cuestión es que la memoria y el olvido no son
procesos que se oponen, el olvido no lo considero como un defecto en sí mismo
de la memoria, más bien lo veo como una necesidad que nos sienta bien.
Pensándolo, me doy cuenta de que un recuerdo
no es una simple anotación que tengo en mi cabeza como si fuera una cita en la
agenda. Para que un recuerdo se convierta en algo “mío”, necesita del paso del
tiempo para después sacarlo de la memoria y traerlo al presente. Sin ese
distanciamiento, perdería la consciencia del paso del tiempo.
Lo normal es que mi memoria vuelva a
reconstruir y narrar lo que me sucedió ya que no se trata de una simple
anotación de lo que me sucedió. Lo que hago es describir la impresión que sentí
en ese momento y además expresarlo, lo que lo convierte, me atrevería a decir,
en un acto artístico.
Si observo ahora mis recuerdos de mi último
viaje a Sicilia veo que mi memoria ha sido selectiva y afectiva, ha moldeado lo
que paso y además le ha dado color, ha resaltado algunas cosas y ha dejado otras.
Y es que olvidar es, pues, la condición para recordar, el olvido y el recuerdo
son indispensables para conocer como fue mi viaje. Es simple: para poner algo
en primer plano hay que dejar otra cosa en segundo plano; ver algo implica no
ver otra cosa.
El motivo por el que suelo hacer alguna foto,
ahora con el móvil, es intentar atrapar ese momento, de guardar ese instante
que suele ser maravilloso para recordarlo después, y compartirlo con todo
detalle. Me gusta, ya de vuelta, que esa imagen me lleve allá de nuevo. Sin
querer, esa imagen ya no es algo que se encuentra en el móvil, porque vuelve a
ser el Etna o el templo de la Concordia, que vuelven a tocar mi sensibilidad y
a regalárseme otra vez. Una foto puede contar muchas cosas; reflejar
alegría, amor o ilusión, ya que inevitablemente la cara de uno se ilumina con
ellas, yo diría que una foto podría reflejarlo prácticamente todo, y que casi
todo podría quedar dicho en forma de foto. Sin embargo, encuentro que dentro de
mí también hay muchas cosas que decir y con muchos matices.
Y es que en un viaje hay momentos donde ninguna
foto me habla de ellos porque nunca encontré el momento adecuado para hacerla o
no era el momento de sacar el móvil. A pesar de mi mala memoria existen recuerdos
que se van a mantener vivos mucho tiempo, como si no pasase el tiempo. Puede que,
si tuviera una foto de ellos, los hubiese medio olvidado confiado en que tenía
dónde mirarlos una vez más; como no es así, he de llevarlos siempre intactos,
conmigo.

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