martes, 19 de mayo de 2026

¡Buenos días! La memoria y el olvido.

 


Recordar lo que yo sé y vivo es un aspecto interesante de la vida. Sé que la memoria se debilita con la edad y la dificultad para recordar es uno de los problemas a los que me voy a tener que enfrentar. La pregunta que me surge estos días no es otra que la de: ¿Es siempre malo olvidar?

Por supuesto que si perdiera la memoria no sería nada bueno, pero a veces no solemos pensar en la importancia del olvido para nuestra salud mental. La cuestión es que la memoria y el olvido no son procesos que se oponen, el olvido no lo considero como un defecto en sí mismo de la memoria, más bien lo veo como una necesidad que nos sienta bien.

Pensándolo, me doy cuenta de que un recuerdo no es una simple anotación que tengo en mi cabeza como si fuera una cita en la agenda. Para que un recuerdo se convierta en algo “mío”, necesita del paso del tiempo para después sacarlo de la memoria y traerlo al presente. Sin ese distanciamiento, perdería la consciencia del paso del tiempo.

Lo normal es que mi memoria vuelva a reconstruir y narrar lo que me sucedió ya que no se trata de una simple anotación de lo que me sucedió. Lo que hago es describir la impresión que sentí en ese momento y además expresarlo, lo que lo convierte, me atrevería a decir, en un acto artístico.

Si observo ahora mis recuerdos de mi último viaje a Sicilia veo que mi memoria ha sido selectiva y afectiva, ha moldeado lo que paso y además le ha dado color, ha resaltado algunas cosas y ha dejado otras. Y es que olvidar es, pues, la condición para recordar, el olvido y el recuerdo son indispensables para conocer como fue mi viaje. Es simple: para poner algo en primer plano hay que dejar otra cosa en segundo plano; ver algo implica no ver otra cosa.  

El motivo por el que suelo hacer alguna foto, ahora con el móvil, es intentar atrapar ese momento, de guardar ese instante que suele ser maravilloso para recordarlo después, y compartirlo con todo detalle. Me gusta, ya de vuelta, que esa imagen me lleve allá de nuevo. Sin querer, esa imagen ya no es algo que se encuentra en el móvil, porque vuelve a ser el Etna o el templo de la Concordia, que vuelven a tocar mi sensibilidad y a regalárseme otra vez. Una foto puede contar muchas cosas; reflejar alegría, amor o ilusión, ya que inevitablemente la cara de uno se ilumina con ellas, yo diría que una foto podría reflejarlo prácticamente todo, y que casi todo podría quedar dicho en forma de foto. Sin embargo, encuentro que dentro de mí también hay muchas cosas que decir y con muchos matices.

Y es que en un viaje hay momentos donde ninguna foto me habla de ellos porque nunca encontré el momento adecuado para hacerla o no era el momento de sacar el móvil. A pesar de mi mala memoria existen recuerdos que se van a mantener vivos mucho tiempo, como si no pasase el tiempo. Puede que, si tuviera una foto de ellos, los hubiese medio olvidado confiado en que tenía dónde mirarlos una vez más; como no es así, he de llevarlos siempre intactos, conmigo.

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