jueves, 30 de julio de 2026

¡Buenos días! ¿Qué mensaje estoy recibiendo?

 

Al leer y escuchar algunas ruedas de prensa y unas cuantas declaraciones de nuestros políticos me preguntaba que conclusiones saco y también que me enseñan cuando veo que ignorar las leyes y mentir sale gratis. ¿Qué mensaje estoy recibiendo? 



Hacer política no es solo llenar el boletín oficial de Estado con leyes y reglamentos, es mostrar, con hechos, que esos reglamentos y leyes se respetan, que la palabra que se da y lo que se promete se cumple y que hacer trampas y mentir no se tolera.

No se puede saltar una señal de stop y exigir a los demás que se paren y miren si viene alguien. ¿Qué legitimidad tienen si lo hacen? ¿Cómo me pueden enseñar y hacerme comprender que debo pararme?

Lo mismo nos sucede con la corrupción, ¿Cómo se puede reconocer solo la corrupción del contrario? En estos casos se trata de algo más que de una cuestión económica, se trata de la pérdida de confianza en la sociedad civil y de un desgaste de la idea del bien común. Si una ley no tiene una base moral se queda en un mero documento.

La pregunta es inevitable: ¿Qué hacer? La respuesta complicada. En primer lugar, debemos ser nosotros mismos coherentes, esta es la base. Mostrar que se puede dando ejemplo. Pues las personas observan lo que les rodea y calibran cada una de las incongruencias que ven. Si somos coherentes nos emulan. Si nos ven cómo farsantes nos apartan. Las personas escuchamos también por los ojos.

Por eso es de vital importancia que si tenemos referentes que estos sean decentes. Que los políticos a los que elegimos que sientan su vocación como un servicio a la sociedad. Que esos dirigentes sepan aceptar que dar ejemplo no es un adorno para las campañas electorales, sino su primer objetivo a cumplir. Miremos bien a los políticos que hemos votado y a los que vamos a votar.

 Mientras tanto, mientras esperamos la ocasión para votar, sigamos mostrando estas ideas allá donde podamos. Con simples muestras de honestidad y coherencia. No hace falta hacer mucho ruido, es más, sin ruido. En silencio al igual que crece la decencia.  

Y, aunque pueda parecer de ingenuos, debemos recordar que un “responsable”, político o no, debe de asumir responsabilidades, sino no merece la pena.

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