Entrenar siempre lo he considerado
interesante. La primera vez que me propuse correr una maratón lo primero que
hice antes de ponerme unas zapatillas y empezar a correr fue ir a comprarme un
libro sobre entrenamiento para la maratón. Para mi correr no ha sido solo una
actividad deportiva, ha sido una oportunidad para ir conociéndome, para
comprender como mi cuerpo se va transformando y para comprobar como mi mente ha
ido aprendiendo a sufrir para mejorar. Por eso, prepararme los planes de
entrenamiento y cumplirlos ha sido y es una de mis pasiones más interesantes.
Ahora llevo 25 días de entrenamiento para el
próximo maratón que correré en Valencia la primera semana de diciembre. No se
trata de un entrenamiento complicado ya que mi objetivo es simplemente estar la
suficientemente entrenado para terminarla sin sufrir demasiado, no solo ese día
sino en todo el entrenamiento.
Preparar una maratón por encima de las cuatro
horas presenta la dificultad de tener que realizar muchos kilómetros o como en
esta ocasión estar muchas horas, prestar más atención al tiempo de carrera que
a la distancia y velocidad.
Cuando hablamos de adquirir resistencia y más
para una maratón, estamos hablando de correr cuarenta y dos kilómetros y ciento
noventa y cinco metros, pero claro, no queda más remedio que añadir, nos guste
o no, otro factor, la velocidad. No se trata de la misma resistencia para un
corredor que aspira a correr en tres horas que para mi que sobrepasaré las
cuatro horas. ¿Dónde se encuentra la diferencia? Parece claro, que la
diferencia no se encuentra solo en la resistencia a la distancia, sino muy
importante es la resistencia al ritmo que vamos a querer mantener ese día.
Y esto marca mucho como va a ser el
entrenamiento.
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