martes, 14 de julio de 2026

¡Buenos días! Somos libres y tenemos libertad.

     Tengo bastante claro que el hombre es libre, y que tenemos libertad, al menos los españoles la tenemos y podemos elegir el camino que más nos guste. O sea, podemos elegir quienes vamos a ser, cómo vamos a dirigir nuestra vida, y con quienes vamos a convivir. Podemos elegir empezando desde nuestro rincón más íntimo, amigos y amistades, podemos seguir eligiendo un círculo más amplio como es en que región nos gusta vivir, lo que nos lleva a estar en esa nación y en el caso de los españoles darnos cuenta de que estamos implantados en Europa. Podemos elegir a los políticos que no van a representar. Y esto nos da una forma de ver, entender y tener una humanidad particular.



Sin embargo, también se encuentra en nuestro poder la decisión de elegir la ignorancia, ignorar que además de ser libres tenemos libertad. Podemos elegir aislarnos y no querer tomar decisiones, ser reacios a lo que es diferente, con lo que falsificamos la realidad. La cuestión es que, si hacemos esto, hemos elegido falsificarnos nosotros mismos, hemos falsificado la realidad de cada uno de nosotros. Y esto estoy seguro de que nos lleva a la inferioridad.

Lo que somos como personas es una cuestión abierta. Tenemos mucha información, disponemos de recursos, hacemos nuestra vida, la fabricamos, imaginamos lo que pretendemos ser e intentamos realizarlo más o menos bien. Y esto sirve para todos, no solo para unos cuantos, ya que tener muchos recursos no es tan importante como tener proyectos y tener la voluntad de utilizar lo que tenemos para realizarlos es lo importante, o sea, lo que seamos capaces de hacer con ellos.

Nuestra vida, lo que queremos de ella, su configuración depende ello. Delante de nosotros, de cada uno de nosotros no cesan de presentarse diferentes opciones, se nos ofrecen caminos que nos llevan a distintos lugares, tanto individualmente como colectivamente. Es necesario que decidamos adónde nos gustaría ir, lo que conlleva averiguar quiénes nos pueden llevar, quienes pueden ser nuestros conductores. Es esencial no engañarse, no emprender el viaje con una compañía que tal vez sea indeseable.

En nuestra vida hay asuntos que tienen una importancia particular, son el principio de un camino cuyo final no parece claro y es necesario anticiparlo, preverlo. De otra forma, nos exponemos a situarnos un día en un lugar inhóspito y que no lleva a ninguna parte, con una visión de la realidad reducida, sin orientación, con la idea de que no podemos ir a ninguna parte.

Si repasamos lo que nos está sucediendo en el último decenio podríamos encontrar una larga lista de previsiones de lo que nuestros políticos querían y buscaban, aunque en ocasiones vemos ahora que eran disfraces. Pero han pasado los años y se está poniendo de manifiesto lo que cada partido lleva dentro, lo que pretende, en suma, adónde nos quiere llevar.

Estudiar bien esos programas políticos de hace años tiene una ventaja: pone las cosas claras. Sabemos cuáles son los verdaderos proyectos o programas, sin disfraces; sabemos cuáles son las afinidades reales; y, sobre todo, de quién nos podemos fiar.

No se trata de una cuestión sin importancia, es nuestra realidad y sobre todo de los que van a serlo, los jóvenes y los que nacerán si los dejan, porque hay muchos que les van a poner algún problema para hacerlo. Se trata de nuestra posición en la sociedad, de la manera en que vamos a poder proyectar nuestra vida en ella. Algunas corrientes desean que poseamos una sociedad amplia y dilatada, con su rica variedad de matices y posibilidades, con diferentes formas de insertarse en ella, y por lo tanto con una pluralidad de proyectos que pueden ser atractivos y fecundos.   

Otras corrientes de opinión se inclinan más por espacios estrechos, encerrados, aislados de todo argumento, llenos de mitos que nunca han existido; y por tanto sin porvenir ni horizonte.

Otros prefieren espacios estrechos, confinados, aislados de todo contexto, llenos de ficciones que nunca han existido; y por tanto sin horizonte ni porvenir.

Tenemos que decidir cómo queremos que sea nuestra sociedad, nuestro país, nuestro pueblo, elegir entre la prosperidad y la decadencia. Esta última, que nos está amenazando la podemos sentir ya, tiene el enorme peligro de que, como consiste en una disminución de lo humano, es muy difícil salir de ella si se llega a producir y consolidar.

No hay comentarios: