jueves, 16 de abril de 2026

¡Buenos días! ¿Una democracia con IA?

 


Pensaba en la tarde de ayer: ¿Qué pasaría con la democracia si una parte de las decisiones que se deben tomar después de una deliberación pasan a estar automatizadas por sistemas algorítmicos?

Hasta ahora la tecnología la estamos mirando como algo apartado de la política, solamente se usa para fines muy definidos. Sin embargo, con la fuerte irrupción de la inteligencia artificial, esos fines se pueden ampliar. Si repasamos lo que hacen los algoritmos veremos que no se usan solo para cumplir órdenes, sino que en unos determinados entornos es posible que puedan tomar decisiones, clasificando, precediendo y haciendo recomendaciones. De hecho, ya eligen qué opciones vas a ver primero, qué ideas se vuelven invisibles y que riesgos son aceptables. Lo que están haciendo de momento no es sustituir la decisión humana, sino que rediseñan la situación para que podamos decidir con más sentido.

Pero dar un paso adelante y permitir que los algoritmos tomen decisiones es muy sencillo. Esa mutación si se llega a dar en la política nos plantea un serio problema y es que no debemos olvidar que la democracia moderna se apoya en la opción de atribuir decisiones y poder discutirlas públicamente. Sin embargo, ¿Cómo mantener esa idea democrática cuando los procesos de una decisión se vuelvan opacos y estadísticos? ¿Quién es responsable cuando nadie decide en un sentido estricto?

Este tipo de preguntas ya nos las hemos planteado en alguna ocasión, pero no recuerdo haberlo hecho en el contexto democrático y político. No quiero ahora meterme en los problemas del poder de una superinteligencia y alimentar ideas sobre el control total de las maquinas, lo que me interesa es pensar sobre cómo puede cambiar una decisión democrática en un espacio cada vez más automatizado.  

Todavía no sé cómo afectara a una democracia si las decisiones importantes son delegadas a sistemas informáticos que suelen ser opacos y por supuesto adaptarse a unas ideas concretas.

Para ir entendiendo el problema primero debo tener claro los dos tipos de inteligencia que tengo delante. La IA (Inteligencia Artificial) que ahora tenemos está basada en una gran capacidad de procesar datos, detectar patrones y optimizar funciones a lo que tenemos que añadir en un buen aprendizaje automático y en un lenguaje cada día más perfecto y comprensible. Pero toda esa potencia de trabajo no equivale a tener una comprensión de los temas. Un sistema informático aprende a partir de estadísticas que va recibiendo, o sea de hechos y datos que ya han sucedido. No comprenden las situaciones y no generan sentido pues no se enfrentan a lo nuevo como tal.

En cambio, nuestra inteligencia, que no llama la atención por su eficacia en procesar datos, incluye juicio, imaginación, comprensión contextual y una capacidad para deliberar en condiciones de incertidumbre, incluso a partir de un solo caso en concreto. Nuestra inteligencia está claro que no tiene más velocidad ni es capaz de acumular tanta información, sin embargo, tiene la posibilidad de rediseñar fines, introducir desvíos y hacerse cargo de lo indeterminado que pueda surgir.  

Lo que quiero aclarar ahora no es el orden de preferencia entre una máquina y nosotros. La cuestión es otra: y es que si confundimos lo que es juicio con calculo, vamos a terminar organizando nuestra vida pública como si toda dificultad pudiera resolverse mediante la elección de lo más rentable. Y es aquí donde la política dejaría de ser una deliberación sobre fines para terminar convirtiéndose en una simple gestión de probabilidades en manos de algoritmos. La dificultad que se me presenta no es que una máquina piense demasiado, sino que seamos nosotros los que pensemos cada vez menos en términos políticos y dejemos ese trabajo a un ordenador.

La deliberación puede ser desplazada por la predicción si aceptamos una neutralidad algorítmica, cosa por otra parte muy discutible, que intentaré aclarar otro día.

No hay comentarios: