jueves, 9 de abril de 2026

¡Buenos días! Cuanto menos se comparte, menos se puede compartir.

         

         Me he encontrado esta mañana una frase de Aristóteles que me ha hecho pensar: “la amistad profunda requiere unidad de visión del mundo. Cuanto más vivo, más descubro cuán cierto es este principio, aunque a veces también resulte desgarrador”.

        Como vemos no pertenece a nuestra generación solamente la necesidad de buscar relaciones que estén por encima de profundas diferencias, todos deseamos amar, convivir y relacionarnos con personas, aunque sean muy diferentes a nosotros. Esto lo considero normal y bueno, en la medida en que sea posible.

        Es a partir de este punto donde resulta interesante ver la diferencia entre un cierto nivel de relación a pesar de una gran diversidad y otro nivel en el que aparece una amistad profunda. Debo, ahora, hacer hincapié en una cuestión: no se trata de que yo rechace o evite a quien tenga una visión de la vida diferente. Sin embargo, una cosa es de sentido común: cuanto menos se comparte, menos se puede compartir. 

        Veamos un poco esta cuestión, tenemos que reconocer que todas las personas compartimos el mismo grado de humanidad o sea poseemos la misma dignidad. Por lo tanto, nuestra caridad debe alcanzar a todos, pero una amistad profunda solo se puede dar a unos pocos. Más allá del respeto que hay que tener con todos, e incluso de la caridad cristiana, que va mucho más allá del respeto, también pueden existir buenas relaciones entre personas con diferentes visiones del mundo. Estas relaciones son muy importantes, a pesar de que puedan ser limitadas. Reconocer y respetar esos límites no resulta un impedimento para esas relaciones; al contrario, permite su verdadera realización. Hay un refrán interesante para esto: “nunca actúes como si tuvieras más en común de lo que realmente tienes”.  Y es que, cómo bien sabemos, la clave para cualquier relación es la verdad.

        Cuando pensamos que podemos tener una amistad profunda a pesar de tener visiones fundamentalmente diferentes del mundo, se nos aparece por una incomprensión, no tanto por lo que entendemos por amistad sino de como consideramos la vida humana misma. Si la amistad es una forma de vivir una vida juntos, entonces su calidad y características están determinadas por lo que significa vivir una vida humana.

        Ahora bien, el convencimiento y la convicción que tengamos sobre verdades fundamentales no van a ser un aspecto secundario en nuestra vida, se tratan de los fundamentos que le dan forma en todos sus aspectos. Tal vez por esta razón Sócrates en uno de sus Diálogos se pregunta: ¿Qué son lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo honorable y lo deshonroso? ¿Acaso no son estos los temas de controversia sobre los que, cuando no logramos llegar a una decisión satisfactoria, tú, yo y los demás discutimos?

        Entiendo que Sócrates no está diciendo que los amigos nunca discuten. Sino que la discusión a la se refiere es algo más profundo, algo que va a impedir un verdadero entendimiento mutuo. 

        En estos días que estamos viviendo, es necesario respetar siempre a los demás y hacer un esfuerzo para llevarnos bien. Una de nuestras vocaciones más profundas es la de dar una caridad cristiana a todos. Además, en nuestra vida nos vamos a cruzar con personas muy diferentes con las que tendremos relaciones maravillosamente significativas a la vez que desafiantes. Nada de esto cambia la naturaleza ni la exigencia única de una amistad profunda. Es más, nuestra vida puede y debe ser una especie de conjunto en armonía de diferentes clases de relaciones. 

        Darse cuenta y reconocer la verdad sobre las grandes exigencias de la amistad no solo conseguirá que estas relaciones sean más profundas, sino que a la vez enriquecerá todas las demás. 

No hay comentarios: