martes, 7 de abril de 2026

¡Buenos días! El futuro definitivo.

 


Todos los días realizamos acciones que miran al futuro, lo hacemos ya casi sin darnos cuenta. Algunas veces nuestra mirada se encuentra fija en un futuro inmediato: pongo a calentar el horno para dentro de nada preparar una pizza. Otras veces miramos a un futuro que se encuentra más lejos: cuando hacemos una reserva de un hotel para nuestras vacaciones.

En alguna ocasión, ese futuro no se cumple. La reserva del hotel quedo en nada, ya que cogimos un fuerte resfriado justo el día antes. Pero, gracias a Dios, son muchas las veces que ese futuro se cumple y hemos disfrutado de esa reserva de hotel.

Lo que parece claro es que muchos de esos futuros de basan en acciones que realizamos en el presente. Y, esos actos son, muchas veces, la consecuencia de nuestras decisiones. También lo son, en buena parte, con el cruce de las acciones que realizan otros: una huelga en el transporte nos impide disfrutar de esa reserva de hotel. Si lo pensamos, nos debería de sorprender ver que el futuro se cumple tal como habíamos previsto. También, debería ser normal que nos preparásemos ante los imprevistos que sin duda van a aparecer en ese futuro y que nos obligan a cambiar todos los planes.

Nuestra vida es así, realizamos muchas acciones con la esperanza de que las cosas van a ir bien, pero con la incertidumbre de que no vamos a poder controlar todas las variables que aparecerán en los diferentes proyectos que planeemos. En ese esfuerzo que hacemos día a día por tomar buenas decisiones, mirando a un futuro que esperamos bueno, vale la pena mirar y pensar en el futuro definitivo, ese futuro que da sentido a nuestra vida: el que comenzará tras la muerte, cuando nos encontremos frente a frente con la vida eterna.

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