En una sociedad como la nuestra donde se alaba el control, la dureza e imponer las cosas, cuando se le llama a alguien “débil”, lo primero que nos viene a la cabeza es que se le está menospreciando y es posible que lo podamos interpretar como un insulto.
Sin embargo, desde mi humilde punto de vista, si se llama “débil” a una persona cuando pone por delante el amor a las personas, esa posible debilidad adquiere un concepto diferente. La debilidad que se puede mostrar cuando se elige no aplastar, sino que se elige abrazar o cuando esa supuesta debilidad aparece al responder a la violencia con misericordia, eso es una señal de uno de los más grandes signos de amor.
Si observamos la debilidad desde ese punto de vista, entonces veremos que no se trata de no tener fuerza, sino tenerla y elegir no utilizarla para destruir. Se trata de tener la posibilidad de imponerse y se elige servir. Se trata de defender la verdad sin necesidad de aplastar a los demás.
Sin embargo, somos débiles y limitados, ya que tropezamos muchas veces, nos equivocamos, nos dan miedo nuestros temores, tenemos nuestros miedos, nuestras depresiones y tristezas. Caemos y en muchas ocasiones no deseamos levantarnos sino más bien quedarnos tranquilamente en el triste consuelo de la autocompasión, o quedarnos dormidos en la dura cama de la huida.
¿Qué hacer entonces? Tal vez nuestra mayor debilidad se encuentre en no saber qué hacer con ella o, es más desesperar. Si somos conscientes de que todos podemos tener esas debilidades ¿Por qué no aprovecharnos? Es por lo tanto ese “todos somos débiles” la ocasión para ver el camino a seguir. Sí, mi debilidad puede ser un lugar donde encontrarme con los demás: es saber de mis debilidades lo que lleva a perdonar, lo que me ayuda a comprender a otros. Pero eso no se hace automáticamente. Se necesita antes un trabajo para ver donde se encuentran nuestros límites y recorrer un largo camino que estará lleno de sudores, ampollas y heridas.
Compartir esa debilidad nuestra es también algo que nos hace fuertes. El tener la experiencia de un tropiezo y tomar la decisión de comunicárselo a algún amigo puede ser el motivo de un encuentro maravilloso, un encuentro de debilidades que puede ser capaz de mover montañas.

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