martes, 14 de abril de 2026

¡Buenos días! La Verdad Velada.

 


Una de las conversaciones que aparecen muchas veces en nuestros cafés suele ser el tema de la Verdad. Escuche el otro día que no se encuentran plazas que tengan una estatua que este dedicada a la Verdad, a la Libertad sí que las hay. Aunque en Nápoles si que podemos encontrar una escultura de mármol de la Verdad Velada en una capilla, esculpida por Antonio Corradini, 1751.

La cuestión es que la Libertad se publicita más que la Verdad. Y es que tenemos a una parte importante de la sociedad que piensa que poseer una libertad ilimitada es fundamental para conseguir una felicidad plena y verdadera. Según estas personas, una persona no debería de aceptar ninguna regla que le venga impuesta desde fuera, sino que debe ser la misma persona quien determine libre y autónomamente lo que crea justo, verdadero y válido.

Y, lo que yo digo, si no hay una Verdad objetiva, si podemos cambiar el bien con el mal, si resulta que somos incapaces de conseguir la Verdad o ésta está completamente subordinada a uno mismo, entonces resultará que cada persona es su autoridad máxima, con lo que nos encontramos con que no existen reglas generales que sean universalmente válidas, por lo tanto, no es de extrañar que, al no haber un orden moral objetivo, se pueda caer en toda clase de aberraciones. Si soy yo quien decido, si depende de mí, si puedo hacer lo que quiero, entonces, lo bueno o lo malo, lo justo o lo injusto, quién puede vivir o a quién se pueda dar muerte, porque es un ser humano de categoría inferior, será mi decisión.

Resumiendo, haré lo que crea más conveniente para mí, si tengo que utilizar la ley del más fuerte, pues lo haré, si necesito fastidiar a los demás pues que se fastidien.

Tengo pocas dudas de que existe un movimiento en apoyo del relativismo que niega la existencia de una Verdad objetiva, esto es fácil de comprobar actualmente en España, cuando no existe forma de averiguar quien dice la Verdad, cuando se utiliza la mentira como recurso político, y lo que lo hace especialmente doloroso y dañino es cuando son los medios de comunicación social los que se unen a esta forma de actuar.

Qué sabemos sobre la Verdad: sabemos que no debemos falsear la verdad en nuestras relaciones. Se nos dice que: “La virtud de la veracidad da justamente al prójimo lo que le es debido; observa un justo medio entre lo que debe ser expresado y el secreto que debe ser guardado: implica la honradez y la discreción” Y es que decir una mentira es faltar a nuestro deber de fidelidad. O sea, yo no miento cuando no digo la verdad a quien me hace una pregunta indiscreta sobre algo que no tiene derecho a saber. Pero debo tener en cuenta que con la mentira puedo cometer graves faltas, como son el perjurio, el falso testimonio y la calumnia.

Como sé ve, hay que pensar un momento antes de decir alguna que otra verdad ya que debemos evitar estropear la reputación de las personas con mis juicios temerarios, ya que es muy complicado después arreglar esas reputaciones, lo que nos debe llevar a ser prudentes en el momento de hablar. Una cosa es conocer la Verdad y otra como propagarla.

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