Cuando hemos realizado un viaje y lo vemos reflejado en las imágenes
que hemos capturado o lo recordamos en nuestras conversaciones parece que hemos
cerrado un círculo que empezó cuando lo imaginábamos. La realidad es que lo
conocíamos mucho antes de que existiera, y entonces lo llamamos para que se
hiciera realidad. Después, lo que hacemos es comparar, comparamos el viaje ya
realizado con el que imaginamos y decidimos si es como debe ser.
El proceso que va del primer estímulo inicial cuando lo imaginamos a su
puesta en práctica es complejo y puede adoptar formas muy diferentes. Puedo tener
primero una idea y luego buscar la forma de llevarla a cabo. Pero también puede
ocurrir, como en esta ocasión con el viaje a Sicilia, que lo primero que viene
a mente es otra cosa, la oportunidad de acudir al campeonato de Europa de Media
Maratón para veteranos en Catania, y que me lleva a pensar que se podría hacer
con ella. En este caso puedo tener dudas de que recorrer Sicilia en bicicleta salga
de mí. Es la Media Maratón de Catania la que provoca el recorrer Sicilia en
bicicleta.
Sin duda lo que más caracteriza ese largo proceso al que muy bien podríamos
llamar madurar el viaje, es la toma de decisiones, tener que optar. Pasan los
días y las decisiones van creciendo en importancia: día de salida, cómo llegar,
cuándo volver, que hacer, que ver…
Y van surgiendo los dilemas, las decisiones que tome estos días están destinadas
a dejarme tranquilo. Elegir, optar, no es sencillo, pero, o me anticipo, o voy a
la aventura. O tomo ahora unas decisiones y asumo las consecuencias, o me dejo
llevar por llevar por las situaciones, y aunque me queda el consuelo de que
siempre podré echar la culpa a las circunstancias, la verdad es que no viviré
la experiencia que significa actuar con libertad.
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