A pesar de todo lo que hemos aprendido y experimentado, los hombres no
dejamos de emprender guerras, cuando sabemos que es un acto completamente
irracional. Ya casi nadie tiene dudas de que una guerra hoy en día es
esencialmente devastadora, todos los que comienzan una guerra saben que van a
poner en riesgo lo más grande que tiene, la vida. Saben que van a causar
heridas y traumas a personas y naciones que van a permanecer incluso muchos
años de haber terminado. Y, sin embargo, guerras hemos tenido desde el
principio de la historia. Es sintomático que la propia historia, tanto la
sagrada como la profana, comience con el fratricidio.
Leí el otro día que siempre podemos encontrar, si queremos, un motivo
para discutir y pelearnos. Es fácil. La dificultad la encontramos en entender
por qué buscamos esas razones para empezar las discrepancias. Uno de los
motivos, aunque más bien podría decir que una combinación de codicia y
agresividad es uno de los más repetidos.
Pensemos un poco, ya Plauto en su obra Asinaria, con esa expresión de “el
hombre es un lobo para el hombre” o en latín “homo homini lupus”, ya nos quería
mostrar que la guerra y la agresión violenta desde siempre ha sido uno de los
sistemas que más se ha utilizado para la propia supervivencia, aunque en la mayoría
de las ocasiones haya tenido como resultado una ruina para una parte. Esta
frase lo que intenta resumir es la opinión de que las personas para poder
llegar a un acuerdo y respetarlo, sólo lo harán cuando se encuentren bajo la amenaza
de un poder superior, fuerte y absoluto que sea capaz de protegerlos.
Esto lo podemos comprobar sencillamente mirando a nuestra vieja Europa
y sus dos guerras mundiales o a nuestra guerra civil, que se dieron en el siglo
pasado cuando se consideraba que se vivía en una sociedad civilizada y culta. En
unos años dónde el progreso era imparable y los adelantos de la ciencia
presagiaban un futuro optimista. Y, sin embargo, curiosamente, fue ese progreso
y esa ciencia las que crearon nuevas y mortíferas armas que contribuyeron a una
destrucción sin precedentes.
Lo que estoy tratando de explicar es que la guerra y la agresión
violenta se encuentra presente en toda persona y que la cultura y la
civilización hasta ahora no han podido eliminar. Pero claro, esto esta bien
cuando quiero explicar una agresión que se realiza bajo un acto instintivo o
reflejo, pero cuando tengo que explicar esa agresión que se va repitiendo
continuamente, siglo tras siglo, sabiendo que es perjudicial no hay más remedio
que profundizar un poco más.
Podemos leer mucho sobre el tema, pero el sentido común nos dice que
una guerra no es un acto reflejo, no se trata de un instinto básico de supervivencia,
sino que se trata de una acción que aparece cuando el hombre es incapaz de dar
sentido a la situación por la que esta pasando y agrede para superar un
problema o las dificultades para conseguir un bien para el mismo o para su
sociedad.
De ahí que por ejemplo la codicia, así como la acumulación de bienes y
recursos se encuentre en el origen de muchas guerras. Podemos por lo tanto añadir,
que la economía como motor de una sociedad puede lanzar a una sociedad a una
agresión, ya sea para mejorarla o para que no se deteriore.
En fin, se pueden añadir fácilmente varios motivos más como la
ideología, el miedo y el sentido del honor para explicar el porque de las
guerras, pero esos motivos los dejaremos para otro día

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