Estamos recibiendo constantemente noticias en las que se hace hincapié
en el número de muertes. La muerte es la tarifa que hay que pagar en muchos
problemas que vivimos cada día. Se trata del precio de querer el poder, de la
necesidad de alcanzar una ganancia, de la irresponsabilidad, de la ira, de los
celos, de la violencia, del miedo, de la desesperación, y sin embargo lo es
también de la búsqueda de la libertad y de la defensa de nuestros derechos. Tampoco
quiero olvidarme de la muerte que tiene un carácter más familiar y normal en
una enfermedad, en la vejez o causada por la casualidad de un accidente.
Incluso en todas las ocasiones en que la muerte hace su aparición sin
violencia, sin ninguna injusticia, sin brutalidad, cuando no podemos reclamar
por una invasión o un acto machista, incluso en el caso de que no se pueden
encontrar culpables, cuando, en definitiva, da la impresión de que no hay nadie
a quien culpar, incluso en estas ocasiones la muerte continúa siendo un
desgarro. Algo se nos ha roto. Incluso podemos ver, como, quienes reclaman un
derecho a la muerte no lo hacen en nombre de algo bueno que conseguir, sino de
un mal que quieren evitar.
La pregunta que nos aparece ante estas muertes, este dolor, estas
lágrimas, no sería otra que: ¿Qué reclaman? ¿Qué necesitan? Ante una muerte
existe una legítima e imprescindible necesidad de justicia a la que toda
sociedad civil y todo sistema democrático debe intentar dar respuesta.
Sin embargo, en el caso de que consiguiéramos terminar con las guerras
en Oriente Medio, con la guerra entre Rusia y Ucrania, si parásemos las guerras
que siguen cobrándose victimas en tantos lugares del mundo, si los culpables
recibieran un justo castigo, ¿Sería esto suficiente para eliminar el dolor de los
que han sufrido esas muertes en Ucrania, Rusia, Israel, Gaza y de todos los
lugares donde unas personas matan a otras?
A esas personas que han tenido la desgracia de perder a un ser querido
porque la rabia y la violencia de una persona la ha hecho apretar un botón o
empuñar un cuchillo, ¿Tendrán suficiente con que se identifique a los culpables
y se les aplique un justo castigo?
Ante estas personas que sufren la pérdida de sus seres queridos, ante
sus lágrimas, no es de extrañar que tengamos unos momentos de compasión, y con
ternura, les digamos: “No lloréis”, “¡Tú, no llores!” Por qué la vida tiene
significado a pesar de las muertes sin sentido que vemos cada día. La muerte no
tiene sentido, la vida sí.
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