jueves, 5 de marzo de 2026

“No lloréis”, “¡Tú, no llores!”

 


Estamos recibiendo constantemente noticias en las que se hace hincapié en el número de muertes. La muerte es la tarifa que hay que pagar en muchos problemas que vivimos cada día. Se trata del precio de querer el poder, de la necesidad de alcanzar una ganancia, de la irresponsabilidad, de la ira, de los celos, de la violencia, del miedo, de la desesperación, y sin embargo lo es también de la búsqueda de la libertad y de la defensa de nuestros derechos. Tampoco quiero olvidarme de la muerte que tiene un carácter más familiar y normal en una enfermedad, en la vejez o causada por la casualidad de un accidente.

Incluso en todas las ocasiones en que la muerte hace su aparición sin violencia, sin ninguna injusticia, sin brutalidad, cuando no podemos reclamar por una invasión o un acto machista, incluso en el caso de que no se pueden encontrar culpables, cuando, en definitiva, da la impresión de que no hay nadie a quien culpar, incluso en estas ocasiones la muerte continúa siendo un desgarro. Algo se nos ha roto. Incluso podemos ver, como, quienes reclaman un derecho a la muerte no lo hacen en nombre de algo bueno que conseguir, sino de un mal que quieren evitar.

La pregunta que nos aparece ante estas muertes, este dolor, estas lágrimas, no sería otra que: ¿Qué reclaman? ¿Qué necesitan? Ante una muerte existe una legítima e imprescindible necesidad de justicia a la que toda sociedad civil y todo sistema democrático debe intentar dar respuesta.

Sin embargo, en el caso de que consiguiéramos terminar con las guerras en Oriente Medio, con la guerra entre Rusia y Ucrania, si parásemos las guerras que siguen cobrándose victimas en tantos lugares del mundo, si los culpables recibieran un justo castigo, ¿Sería esto suficiente para eliminar el dolor de los que han sufrido esas muertes en Ucrania, Rusia, Israel, Gaza y de todos los lugares donde unas personas matan a otras?

A esas personas que han tenido la desgracia de perder a un ser querido porque la rabia y la violencia de una persona la ha hecho apretar un botón o empuñar un cuchillo, ¿Tendrán suficiente con que se identifique a los culpables y se les aplique un justo castigo?

Ante estas personas que sufren la pérdida de sus seres queridos, ante sus lágrimas, no es de extrañar que tengamos unos momentos de compasión, y con ternura, les digamos: “No lloréis”, “¡Tú, no llores!” Por qué la vida tiene significado a pesar de las muertes sin sentido que vemos cada día. La muerte no tiene sentido, la vida sí.

No hay comentarios: