viernes, 27 de marzo de 2026

Buenos días. ¡Guerras por ideología!

 


Si anteayer daba a la supervivencia como uno de los motivos por los cuales se producen las guerras, hoy, he encontrado otro motivo que no se queda atrás, se trata de las ideas. Son guerras que se libran en nombre de la religión, de la nación, de la raza, de la sociedad perfecta, de una identidad colectiva, siempre que se piense que toda persona que demuestre una idea o un pensamiento diferente es un mal que no queda más remedio que eliminar.

Son guerras que por lo general son mucho más crueles que las económicas ya que los conflictos por una idea política o religiosa justifican todo lo que se hace en su nombre. La base de este motivo se encuentra en que quien no sigue mi ideología es como una enfermedad que hay que curar y erradicar, por lo que merece morir, y en algunos casos se ven a esas personas como un sacrificio que es necesario para alcanzar nuestro ideal, ya que este beneficiará a toda la sociedad.

El aspecto cultural en lugares donde una ideología va cogiendo fuerza es también muy importante, la educación muchas veces se basa y ve con buenos ojos al hombre “espartano”, que demuestra su valía luchando. La literatura da muestras continuamente de guerras que son necesarias para el progreso. Incluso en épocas donde la paz parecía gozar de buena salud, hemos visto como las ideas nacionalistas mostraban su militarismo en forma de desfiles y fuerza militar.

Nuestras dos guerras mundiales se pueden considerar de esta manera, se comprobó incluso en el mundo de la ciencia. Se rechazan los descubrimientos y escritos por venir de un lugar que se considera hostil. Un ejemplo lo vimos con la teoría de la relatividad general de Einstein, que fue fuertemente rechazada en Oxford porque su autor era considerado un enemigo de Inglaterra.

En nuestros días podemos ver cómo en nombre de una ideología o del nacionalismo han sido motivos más que suficientes para empezar una guerra. Recordemos en cómo la política y la demagogia han desempeñado un papel clave en guerras de no hace mucho como la de la antigua Yugoslavia o la de Ruanda donde se envenenaron los lazos de amistad y de familia de tal manera que propiciaron una serie de venganzas y ajustes de cuentas causando innumerables muertes.

Y es que los clichés culturales son uno de los factores más poderosos en la decisión de hacer la guerra, porque recurren a la sugestión y a las emociones, que tienen fuertes vínculos con el inconsciente. Y es significativo que cuando se enfrentan al pensamiento crítico, demuestran no tener justificación.

Ejemplos los encontramos en muchos lugares de la antigua Yugoslavia, donde vivían sin problemas aparentes serbios y croatas, y que se convirtieron de un día para otro en escenarios de un odio mortal. La mayoría de las personas se conocían, fueron juntos a la escuela. Antes de empezar el conflicto, algunos trabajaban en el mismo lugar, salían de fiesta juntos y de repente empiezan a intercambiarse insultos y pasan a matarse entre ellos. Y sus motivos vistos ahora con tranquilidad nos parecen absurdos.

Lo que sorprende es la vaguedad de estos motivos cuando se repasan con tranquilidad, tal vez sea el uso que hacen de esos motivos los políticos y demagogos en beneficio propio, sea la causa de que décadas de vida pacífica en común se rompa de una manera tan rápida y cruenta.

Una consecuencia de una propaganda mal intencionada lleva a producir miedo en la gente y de ahí a provocar una guerra defensiva solamente hay un paso, pero la guerra por miedo la dejaremos para otro día.

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