jueves, 27 de noviembre de 2025

Día 137, del viaje a la maratón de Valencia. Los medios no justifican el fin.

     Día 137, del viaje a la maratón de Valencia. Los medios no justifican el fin.

¡Buenos días!



Estaba pensando que existe una regla que todos tenemos admitida, al menos en nuestro entorno. Un viejo principio que aplicamos a nuestra conducta: el fin no justifica los medios. Además, para ser justo, debería de añadir otro principio, tan acertado como el anterior y mucho más simple: los medios no justifican el fin.

Digo todo lo anterior al ver que muchas personas piensan que cualquier opción política, solo por el hecho de ser reconocida como democrática, es desde ese instante admisible y lícita para un ciudadano. También veo que mucha gente considera que toda nueva normativa, con tal de que sea establecida por un procedimiento legal democrático, resulta también moralmente lícita y puede seguirse con la conciencia tranquila. Sin embargo, no creo que las cosas sean exactamente así.

Si volvemos, una vez más, sobre el concepto de la democracia veremos que se trata sobre todo de un método, un procedimiento, en el que establecemos unas reglas de juego para que nos sirvan para movernos en la vida pública que, si se siguen lealmente, nos van a producir muchos beneficios: eliminan movimientos violentos en política y garantizan que las alternativas entre varias opciones que con el tiempo pueden ir apareciendo no terminen nunca en un camino sin retorno. Sin embargo, la democracia, como medio, no justifica los fines que por ella se alcancen, porque no es una lavadora que limpia y desinfecta todo lo que toca. Un mal, como, por ejemplo, el aborto, establecido por un procedimiento democrático, no por eso deja de ser mal y para mi seguirá siendo siempre moralmente ilícito; y hay opciones políticas que una legalidad democrática puede reconocer y que son absolutamente incompatibles con mi forma de entender el país.

La democracia, en suma, no me dispensa del deber de ejercitar mi facultad de discernimiento, que es arte de distinguir entre el bien y el mal y de acertar con el camino recto.

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