lunes, 26 de enero de 2026

Crecimiento y desarrollo.

 


Tenemos la costumbre de pensar que el crecimiento económico nos va a llevar a desarrollarnos como personas y como sociedad, pero no es así de simple. No debemos emparejar el desarrollo de la persona con el crecimiento económico.

Sin embargo, es el crecimiento económico el indicador que utilizan la mayoría de los países, da la impresión de que, si la renta per cápita es más alta, vamos a estar mejor y por ello este dato aparece como un indicador de que la sociedad en la que vivimos está progresando.

Pero esto no tiene porque ser así. Estar mejor no siempre equivale a tener más. Es más, cuando se tienen unas rentas muy altas, las esclavitudes que imponen esas riquezas llegan a provocar en estas personas un empeoramiento de su vida en vez de mejorarla.

Otra cosa para tener en cuenta es que el crecimiento continuo es imposible, sobre todo porque no es indefinido. Es muy difícil creer que la producción mundial va a seguir creciendo todos los años pues los recursos naturales no son infinitos.

Puede suceder que tengamos un elevado crecimiento económico, lo que no supone que todos tengamos más y por eso tenemos que ir más allá del crecimiento para buscar formas de desarrollos económicos que sean factibles a largo plazo, y que además mejoren realmente a todas las personas.

Es complicado, ya que todo a nuestro alrededor nos habla de economía: el tiempo es oro y no lo queremos malgastar. La teoría nos la sabemos: el dinero no da la felicidad. Y, aun así, a veces simplificamos nuestra vida a términos de beneficios, en quién y cómo invierto mi tiempo está condicionado por el aporte que obtengo y no por el bienestar que produzco.

Pero ¿y si invertimos el orden? ¿Y si ponemos a las personas en primer lugar? Que no se trata de negar la herramienta de cálculo para saber cómo se encuentra nuestra sociedad económicamente, que nos puede servir y mucho, sino de poner primero la gente.

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