Siguiendo con la última entrada, donde me
quede en la importancia que tiene nuestra experiencia para ver claramente la
realidad y no ser controlados por ninguna narrativa. Tengo que añadir que la
realidad que nos rodea se nos hace clara y transparente no en las narraciones
que nos machacan, ni en las charlas banales de la barra de bar, ni en una
reflexión abstracta, sino en la experiencia.
El primer paso por tanto para analizar la
realidad y no dejarnos guiar por las “narrativas” es la experiencia. Decía John
Henry Newman que: “Si sentimos calor o
frío, nadie nos convencerá de lo contrario insistiendo en que el termómetro
marca 15 grados. Es la mente la que razona y da su asentimiento, no un diagrama
en un trozo de papel”.
Parece evidente que la realidad se nos hará
transparente no en nuestros pensamientos sino en la experiencia, nos podrán
convencer con cantidad de datos e información que 15 grados no es ni calor ni
frío, pero lo evidente es que nosotros tenemos frío con 15 grados.
Hay que partir de la experiencia, tenemos que
comenzar por ella, sobre todo ahora que prevalece en nuestra sociedad la
desconfianza sobre la capacidad de la experiencia misma para destapar las
narrativas.
Cuando la realidad entra en contacto con
nuestra experiencia va a limpiar nuestra mirada sobre el tema, en un instante,
la imagen que uno tiene queda trastocada. ¿Cuántas veces hemos estado junto a
la persona que más queremos y la hemos sentido lejos? Nos vemos alejados de esa
persona que más ha despertado amor y pasión en nosotros. Estamos físicamente a
su lado, pero la notamos lejos porque algo se interpone entre nosotros. Imaginad
ahora que a esa persona que tanto nos encantó y que ahora sentimos tan lejos le
diera un infarto en este momento; toda distancia entre nosotros desaparecería
en un instante.
La realidad del infarto al entrar en contacto
con nuestra experiencia lo cambia todo, esto dice mucho del valor de la
experiencia.
C. S. Lewis escribió: “Lo que me gusta de la experiencia es que es algo muy honesto. Puedes
tomar un montón de caminos equivocados, pero si mantienes los ojos abiertos no
irás demasiado lejos antes de que aparezcan las señales de aviso. Puedes
haberte engañado a ti mismo, pero la experiencia no engaña. El universo
responde con la verdad cuando interrogas honestamente”.
Resulta interesante lo que dijo Lewis, vale la
pena pensarlo un poco. La experiencia nunca engaña. Y es que no tenemos poder
sobre ella. Principalmente porque no tenemos el poder de no sorprendernos.
Primero nos sorprendemos y después nos damos cuenta de que nos hemos
sorprendido.
Podemos hacerle caso o no, negando lo que es
evidente, pero la experiencia no nos engaña. Y lo sabemos, sabemos cuándo la
dejamos y miramos hacia otro lado en lugar de seguir la experiencia de lo que
hemos vivido.
Cada uno de nosotros podemos comprobar la
decisión que hemos tomado. Es igual que cuando no queremos ver los síntomas de
una enfermedad, podemos no hacerles caso, pero sin duda volverán a aparecer. Y
nosotros debemos comprobar qué pasa cuándo escondemos los síntomas que no
queremos ver. La experiencia es clara. Tenemos que decidir: ¿Es mejor un
problema con síntomas o un problema sin síntomas, que aparece cuando ya no hay
nada que hacer?
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