domingo, 25 de enero de 2026

Camino hacia la Paz.

 


No son pocos los que dicen que nos encontramos en la década con más guerras activas en el mundo, y si esto es así nos deberíamos de preguntar que hace que sea tan complicado vivir en paz.  

Si lo recapacitamos un poco nos daremos cuenta de que buscar la paz va unido a la búsqueda de la felicidad. El camino para buscar la paz comienza con la felicidad. Las personas tenemos dentro un deseo de felicidad, no de cualquier clase, sino una que sea firme y duradera, una felicidad que siempre tiene que estar con nosotros y que no se pueda perder por muchas desgracias que nos sucedan. Si deseáramos una felicidad que fuese perecedera y que tuviera fecha de caducidad, estaría unida a un temor a perderla, a perder lo que se ama y, por tanto, no se podría ser feliz, porque con miedo no se puede conseguir la felicidad.  

Ese deseo de una felicidad verdadera y duradera nos lleva a emparejar esa búsqueda con la búsqueda de la paz, sobre todo de aquella paz que tampoco no se puede perder ni alterar.

Si aceptamos que la felicidad es en parte tener todos los bienes que deseamos de una forma estable y duradera, la paz entra en estos bienes, y es que incluso los que hacen la guerra quieren la paz, aunque es verdad que a su manera.

Desde aquí, desde este punto es desde donde tenemos que comenzar. Todos quieren vivir, disfrutar y controlar la felicidad que produce la paz. Por tanto, la paz es de todos o de nadie. Si una sola persona carece de paz está comprometiendo la paz de todos.  

Resulta que las personas necesitamos vivir juntos, en sociedad, tenemos una fuerte interdependencia y sin embargo no nos ponemos de acuerdo en tener un destino común que podamos desear y perseguir juntos. Entonces, no nos queda más remedio que comenzar con darle importancia a esa búsqueda de todos hacia una felicidad que sea verdadera y duradera. Estemos todos de acuerdo o no en cual debería ser nuestro destino común debemos respetar el anhelo de cada uno por la felicidad. Este es nuestro punto en común, de contacto con todos, incluidos aquellos de se encuentran más alejados de nuestras ideas. Nuestro deseo común de felicidad es el primer paso para ir en busca de la paz.

Por lo tanto, esto puede ser la piedra angular sobre la que construir un pensamiento que sea capaz de resistir esta costumbre que tenemos de buscar conflictos y que terminan en guerras. Ningún conflicto puede hacer desaparecer el deseo de todas las personas de una felicidad auténtica; por lo tanto, ninguna guerra puede hacer desaparecer todos esos puntos de contacto entre los contendientes. Y es precisamente ese deseo común de felicidad la base para reconocer los puntos de vista mutuos y que nos van a permitir un diálogo que nos lleve a la reconciliación y al perdón.

Al alentarnos a darnos cuenta del deseo universal de felicidad vemos un camino por el que vamos a poder construir la paz. Sin embargo, este camino exige una dosis de coraje, una valentía que consiste en no tener miedo de seguir ese camino que existe detrás de la actitud solidaria con el sufrimiento ajeno, un camino que nadie parece ver. Exige menos teorías y palabras, y más presencia y gestos concretos.

Tenemos que escuchar a los demás, en especial los sufrimientos que han roto su paz, dialoguemos y pongamos nuestra caridad al servicio de sus corazones. Se necesita tiempo y paciencia para que todo esto pueda tener lugar y no es fácil en una sociedad donde la rapidez y la inmediatez lo es todo. Con los años hemos aprendido que si queremos una paz auténtica tenemos que ver claramente la realidad, la realidad de las comunidades, de los territorios, etc. y escucharla. Y darnos cuenta de que esta paz se puede conseguir cuando las diferencias y los conflictos que conllevan no se eliminan, sino que se reconocen, se asumen y se superan.

Para recorrer ese camino se necesitan personas y corazones entrenados en la atención a los demás y capaces de reconocer el bien común en nuestra sociedad. No es un camino en solitario sino en compañía que necesita del valor y la solidaridad de todos.

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