jueves, 12 de diciembre de 2019

Jueves 12 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Hoy en la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe el sol nos saldrá a las 08:10 horas y nos acompañará hasta las 17:39, y vamos a tener un viento que molestara cuando salgamos a disfrutar de nuestro pueblo y del ambiente que se respira, siempre, en el día de “mercado”.
Esta mañana me he levantado con una extraña sensación. En estas fechas nos reunimos con personas a las que no solemos ver durante mucho tiempo y hablamos sobre lo que les ha sucedido y les está sucediendo, intercambiamos innumerables detalles sobre la vida, y con frecuencia todo este cambio de información puede crearnos más distancia que cercanía. Las palabras que nos decimos son importantes para unirnos, pero el exceso de palabras puede alejarnos.
No hay por qué contar todos los acontecimientos, ni compartir todas las ideas, cada vez me convenzo más que escuchar y permanecer en silencio con los amigos es tan importante como hablar con ellos. Puede suceder que un silencio afectuoso puede llenarnos de una intimidad mayor que muchas palabras afectuosas.
Vivimos en un mundo en el que las palabras apenas tienen valor. Las palabras lo llenan todo, las vemos y las escuchamos constantemente y por eso muchas veces ya no les prestamos atención. Es verdad que nos comunicamos más, que nos relacionamos con mucha más gente, la tecnología nos lo permite, pero las palabras han perdido valor, y las necesitamos.
Necesitamos palabras que nos informen, que nos digan lo que tenemos qué hacer y cómo hacerlo, adónde ir y cómo llegar.
No es de extrañar, por tanto, que las palabras de muchas de esas reuniones navideñas, como ya las hemos oído antes y las hemos escuchado tantas veces, no nos impresionen. A menudo les prestamos muy poca atención, porque se han convertido en algo demasiado conocido. No esperamos que nos sorprendan o nos afecten, y las escuchamos como si se tratara de “la misma historia” de siempre.
Las palabras, incluidas las mías, han perdido su poder. Su multiplicación sin limites ha hecho que perdamos la confianza en ellas y que nos repitamos con frecuencia: ¡Palabras solo palabras…!
La mayoría de nuestros problemas comunicativos no se encuentran en cómo hablamos, sino de cómo escuchamos, de nuestra incapacidad para crear silencio. De esta dificultad para escuchar surgen muchos de los problemas de estas reuniones.
Tal vez, sea una buena estrategia escuchar en silencio, pero un silencio activo, para que el otro hable sintiendo lo que dice como una parte de sí mismo, que sienta que no está sujeto a ningún juicio crítico. Escuchar en silencio es una oportunidad para que el otro se sienta entendido y no orientado o guiado, para que sea capaz de asumir las responsabilidades de todo lo que dice y asuma que sus palabras tienen poder.
Ese silencio de acompañamiento se mira muchas veces con recelo y se somete a muchas críticas pues nos encontramos en una sociedad que defiende lo ruidoso y no entiende el silencio que surge del asombro, que nos permite celebrar y participar de tantas cosas maravillosas que nos encontramos todos los días.
Me refiero a ese silencio que nos permite descubrir la majestuosidad de un árbol, la elegancia de un ave o la reconfortante calidez de un abrazo. Es ese silencio que es pariente de esa soledad necesaria para sentir asombro, un silencio que no es aislamiento, un silencio que nos une y que no separa.
Cuando vivimos una experiencia estética y la contemplación gozosa y desinteresada de lo bello, lo trágico, lo sublime, lo grotesco, lo cursi o lo dramático, nos sumimos en un silencio, íntima e indescriptiblemente festivo.
En fin, hablemos y comuniquémonos pero guardemos un poco de silencio y escuchemos.

Feliz Día.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Miércoles 11 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton).  

Buenos Días: San Dámaso, Papa, es el encargado de ser homenajeado en este día, en que el sol saldrá a las 08:09 horas y se apartará a las 17:39 horas, en otro día que será espléndido.
Estamos en plena ronda de encuentros y negociaciones para formar gobierno, y me estoy dando cuenta del lío en que nos hemos metido; ¡Qué fácil es y qué barato sale ondear la bandera del eterno mito de la libertad!
Mi exclamación tiene como motivo que nos estamos olvidando que no todo lo que es legal es ético y mucho menos moral. Claro que intentar, viendo el panorama, incorporar la moralidad a la política, hasta ahora, ha sido una utopía tan imposible de alcanzar, como la de unir el agua y el aceite.
Empiezo a pensar que quienes concibieron la actual Ley Electoral cometieron un error al considerar como legales los pactos postelectorales, pues adultera los programas de los partidos políticos que nos presentaron para que les votasemos, por lo que vulnera claramente la voluntad popular. Creo que los que votamos sabríamos mejor a qué atenernos si los pactos se hiciesen previamente y los partidos se hubieran presentado en coalición. De este modo, no nos encontraríamos con el fraude de que en la campaña electoral nos ofrecen “liebre”, cuando lo que en realidad, lo que luego nos dan, es "gato".  
Pienso que se debería de tener en cuenta que cuando no se ha obtenido una mayoría suficiente para ejercer una acción de gobierno estable, sería mucho más honesto proceder a celebrar una segunda vuelta entre los dos partidos más votados en cada circunscripción, lo que daría lugar a poder rectificar y ejercer un segundo voto mucho más ponderado y reflexivo. Lo contrario, tengo para mí que es un flagrante fraude electoral, que posibilita someter dichos pactos a todo tipo de intereses partidistas y personales.
Lo que ha pasado con mi voto es que se ha convertido en un cheque en blanco que los partidos políticos lo están utilizando como un aval de sus ambiciones, de sus delirios, de sus sectarismos e incluso de revanchas personales. Estaría bien reformar la Ley Electoral de forma que se eviten los legales pero escandalosos cambalaches que estamos viendo para formar gobierno, y así, los deseos de los que votamos estarían más claros, serian más respetados y no estarían desvirtuados.
No tenemos gobierno aún, y estamos viendo como en las negociaciones los partidos más extremistas, los que están claramente en contra de lo que les ha permitido presentarse a las elecciones, son los que están poniendo las reglas de juego para empezar la legislatura, y para una democracia esto es profundamente preocupante.
Las elecciones son procesos lo suficientemente comprometidos y delicados como para no jugar con fantasías, sino por el contrario, hacernos meditar sobre el problema que tuvimos en nuestro reciente pasado, que cada vez se parece más al de hoy y que esperemos no sea también el de mañana.
Feliz Día.

martes, 10 de diciembre de 2019

Martes 10 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Otro buen día por delante, con buen tiempo y con un sol que desde las 08:09 horas hasta las 17:39 horas se encargara de hacernos más llevadero estas jornadas donde el frío debería de ser el dueño y señor, pero hoy en la festividad de santa Eulalia y santa Julia, no lo va ha ser.
En estos días que se nos acercan voy a tener que prepararme para  los Reyes Magos y voy a tener que realizar algunas compras para ayudar a sus Majestades a cumplir su cometido. Pensando en el trabajo que esto va a suponer me alegro de no tener que ayudarlos con buscar regalos para niños.
Me alegro por la dificultad que esta labor representaría, pues tengo la impresión que el niño de hoy en día ha perdido ese mundo mágico que representaban para mi los juguetes. Ya se, la perdida de ese mundo de ilusión es un paso que todos damos cuando se aleja de nosotros ese niño que todos llevamos dentro, pero ahora sucede con mucha más antelación.
Algo parecido es lo que ha sucedido con el mundo del circo, se ha perdido ese lugar donde el niño se sorprendía con la magia de los ilusionistas, reía a carcajadas con las parodias de los payasos, se asombraba con las evoluciones de los trapecistas o se asombraba con las figuras de los elefantes. Si recordamos, nos daremos cuenta que el verdadero espectáculo estaba en la ilusión que se veía reflejada en los ojos de cada niño y en como aplaudían entusiasmados ante ese mundo mágico que estaban descubriendo. Ahora hay que desplazarse a la Disney para ver algo parecido.
Y, es que, el niño no tiene otra misión que la de ser niño y necesita hacer eso que nosotros denominamos “jugar”, pero que es algo tan importante y trascendente como ir descubriendo ese mundo que le rodea, tan desconocido para él.
En mi juventud no tenía casi juguetes, no los teníamos pero forzábamos a  nuestra imaginación y éramos protagonistas de nuestros juegos. Estoy convencido de que disfrutábamos mucho más que aquellos niños que poseían juguetes sofisticados y que se limitaban simplemente a contemplar lo que los mismos hacían.
O ¿Qué hacíamos los niños de los años 60? No teníamos prácticamente juguetes. En aquella época, para la mayoría, eran un lujo inalcanzable. Sin embargo, volvía a casa, cansado, sucio y sudoroso, pero feliz porque había gastado todas mis energías con nuestros juegos. Esos juegos que nos inventábamos a falta de cualquier otra cosa que pudiera servirnos.
Por aquel entonces jugábamos en cualquier parte. En la calle, en las plazas, en el patio del colegio o en los pocos parques que había.
Recuerdo que mostrábamos nuestra rapidez de reflejos jugando al pañuelo o las cuatro esquinas, corríamos desesperados para que no nos cogieran, jugando al rescate o a policías y ladrones. Y con qué entusiasmo pretendíamos todos ser nuestro jugador de futbol preferido con una pelota entre los pies en un partido improvisado en cualquier lugar. Otros modos de divertirnos eran más tranquilos, como las canicas; pretendíamos aumentar nuestra colección de cromos jugando a la taba con el hueso de las patas traseras de un cordero; queríamos ser Bahamontes, haciendo carreras con los tapones de las botellas de refrescos a los que les acoplábamos la imagen de algún ciclista de la época y les llamábamos chapas. Con las chapas y un garbanzo, dibujando en el suelo con el yeso de alguna obra, un campo de futbol, hacíamos campeonatos de liga. El antecedente del Monopoly, lo inventamos jugando a la navaja. En un trozo de tierra húmeda, con una navaja trazábamos un rectángulo y lo dividíamos por la mitad. Cada una de las dos partes resultantes pertenecía a un jugador y desde su dominio se arrojaba la navaja a la parte del contrario. Si la navaja se clavaba en la tierra, se trazaba una línea sobre el punto en el que se había hincado y esa parte de tierra se añadía a la que nos correspondía, pero de lo contrario le tocaba el turno al contrincante, dándole la oportunidad de obtener parte de nuestra propiedad.
Hoy el niño no juega, simplemente se limita a contemplar el espejismo de ese mundo irreal que le ofrecen los ingenios tecnológicos y consume su tiempo sin ser protagonista de su infancia.
Pienso que quizá, la verdadera misión del ser humano en este mundo, no es otra que la de ser niño y esas cosas que nos parecen tan fundamentales, como saber quiénes somos, de dónde venimos y cuál es la razón de nuestra existencia, preguntas que casi nadie es capaz de respondernos, quizá no sea más que una forma de jugar al escondite. Incluso pienso que aquello que hagamos jugando, no lo haremos nunca.

Feliz Día.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Lunes 9 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Empezamos este lunes con la salida del sol a las 08:08 horas y que llegará casi a su fin a las 17:39 horas cuando el sol nos abandone, en un día en que meteorológicamente va a ser bueno y en el que podremos celebrar la festividad de san Julian.
Esta semana empiezo con la costumbre de las cenas o comidas de empresa, y aunque ya no tengo “empresa” continuare asistiendo a ellas. Empiezo mañana. Ayer, discutía en el café de media tarde si la Navidad ha dejado de ser una fiesta religiosa, y se ha convertido en un espectáculo consumista, con unas dosis de humanitarismo de baja calidad que es muy del agrado de nuestra sociedad.
Pero, esta mañana me he levantado con la impresión que el debate de ayer escondía otro mucho más profundo, que es el debate sobre la clase de felicidad que se busca. Ahora, hoy en día, da la impresión que se persigue la felicidad como si fuera un revulsivo que actúa sobre nuestro ánimo y nos da una “sensación de bienestar”. Esta claro, que esa persecución suele terminar con un fracaso o con una sensación agradable que nos resulta pasajera, que nos distraerá por unos pocos días de ese vacío que nos tortura cuando nos damos cuenta que nos falta algo esencial para vivir.
No puede haber felicidad si no sabemos ni aceptamos plenamente lo que somos; y lo que somos incluye una dimensión trascendente o si queremos la podemos llamar también una dimensión religiosa, que no podemos sacar de nosotros sin un grave deterioro de nuestra naturaleza. El hombre actual, al expulsarla de su vida, se convierte como el manco aquel, que en los días que se espera tormenta siente un dolor en el brazo que le ha sido amputado, el hombre de nuestros días siente en las fechas navideñas esa amputación que se ha infligido como un desasosiego que trata de combatir mediante fiestas y unas euforias pasajeras. Una vez extinguidos sus efectos, vuelve a sentir el dolor de la amputación, y otra vez vuelve a ensordecerlo con esos calmantes que, como la morfina, a la vez que lo alivian lo esclavizan y embrutecen.
Algunas veces, durante esos momentos de euforia, surge el recuerdo de una nostalgia, que confunde con una imagen más o menos perfecta de su infancia y que, al final, no es sino la añoranza de aquel estado en que aún no había renunciado a su necesidad de trascendencia y espiritualidad.
Cuando, ayer, debatíamos sobre si la Navidad ha perdido su aspecto religioso, en realidad, lo que debatíamos era de esa infelicidad que el hombre actual vive como una amputación y trata de paliar mediante pastillas de paracetamol.
Pues la Navidad, antes que nada, es la fiesta a través de la cual el hombre reconoce la presencia de la dimensión trascendente de su propia vida. Para los católicos, cuando Dios nace, algo bueno y nuevo nace dentro de cada persona, en su más ensimismada esencia. Al asumir como propio ese ingrediente divino, nos sentimos más completos y conformes con nosotros mismos; y de esa conformidad brota, como una fuente, la verdadera felicidad.
Al quitarle a la Navidad esa profunda y primordial significación, la Navidad se convierte en una búsqueda de farmacias donde comprar analgésicos, una búsqueda desesperada en búsqueda de una quimera. En cierto modo, somos como ese pato que una vez descabezado es capaz de correr poseído por una locura, mientras se desangra, y, aunque no lo sepa, es tan sólo un muerto que camina, pues le falta el manantial del que manaba su felicidad.

Feliz Día. 

sábado, 7 de diciembre de 2019

Sábado 7 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Felicidades a los Martín, pues hoy celebramos su festividad, en un día en que he visto salir el sol a las 08:06 horas y que espero disfrutarlo hasta las 17:38.
Como todos los años por estas fechas tendría que escribir sobre nuestra Constitución, los que lo hayan leído tal vez lo recordarán, sigo teniendo la misma opinión y tal vez la volvería a transmitir de la misma forma, pues sigo teniendo el mismo reducido vocabulario que tenía hace unos años, eso tampoco a cambiado, desgraciadamente.
Así que me voy a ahorrar el tener que repetir prácticamente lo mismo, solo una aportación que no recuerdo haberla escrito; se repite muchas veces que la Constitución de 1978 trae a España la democracia y no fue así, la democracia la trae la Ley para la Reforma Política, octava Ley Fundamental del Movimiento aprobada el 18 de noviembre de 1976 por las Cortes franquistas convocando elecciones.
Pero dejemos el tema de Constitución, que tiene “tela”, viendo los actuales congresistas que tienen que defenderla y ponerla en práctica. Voy a escribir, otra vez, sobre democracia que no es lo mismo.
Después de muchas décadas de democracia en nuestro país se puede comprobar que la idea mayoritaria sobre cómo es la democracia es más o menos que en la vida política debe haber distintas opiniones (partidos, grupos de poder, ideologías, etc.) que participan y se confrontan entre sí sin que ninguna pueda ser reconocida como “mejor” o “superior” a las demás opiniones, como si todas fuesen de igual valor (al menos en principio, pues los votos “deciden” quién es el que se impone durante unos años a los demás).
Entonces, a la hora de discutir sobre política o economía, sobre religión o ética, sobre familia y vida, nadie debería pensar que tiene más razón que los demás. Cada uno entraría en el debate con una actitud de “humildad”: tengo un punto de vista, pero no puedo creer que mi propuesta sea mejor que la ofrecida por los otros. Simplemente, la ofrezco para que, a través del diálogo y del debate, al final lleguemos a un acuerdo sobre lo que sea o no sea permitido en nuestra sociedad. O, si no llegamos al acuerdo, que los votos decidan...
Si lo presento de esta forma, parecería que coincido con el presupuesto fundamental de las democracias modernas. En realidad, la cosa no es tan sencilla, porque la mayoría de las democracias suponen varios elementos irrenunciables e indiscutibles, lo cual muestra que esa forma de ver la democracia no es capaz de aplicarse en ningún sistema político.
Voy a poner un ejemplo ya muy repetido; pensemos, por ejemplo, en el racismo. Ninguna democracia (al menos por ahora) concedería libertad de expresión y espacio en las listas electorales a aquellos grupos que defienden y promueven la discriminación de algunas razas o grupos y los privilegios para otros. No porque no falten, por desgracia, personas racistas, sino porque aunque existan posiciones de ese tipo no debe permitirse nunca que puedan difundir sus ideas y sus antivalores.
Este ejemplo nos hace ver que nuestras democracias se construyen sobre valores básicos, sin los cuales pondríamos en serio peligro la convivencia y la paz social de los pueblos.
Otros valores, sin embargo, han sido puestos en discusión por un abuso en la práctica de los mecanismos democráticos. Es triste constatar, por ejemplo, que numerosos parlamentos de los “países libres” han aprobado leyes que van en contra de la dignidad de la persona y sobre el derecho a la vida. En otros lugares los parlamentos han promulgado leyes que permiten comenzar una guerra, o promover políticas económicas que empobrecen a muchos ciudadanos.
La verdadera democracia no consiste, por lo tanto, en un simple juego de poder en el que los ciudadanos votan por políticos cuyos programas muchas veces son incomprensibles y otras veces sirven sólo para contentar a poderosas minorías de la sociedad o a intelectuales bien colocados en la “opinión pública” y en el “mundo de la cultura”.
La verdadera democracia se basa en el reconocimiento de una serie de derechos mínimos, que llamamos normalmente “derechos humanos”, sin los cuales cualquier sistema político corre el riesgo de avanzar hacia la destrucción de la vida social y, lo que es peor, hacia el hambre o la muerte de miles de seres humanos inocentes.
Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia. No debemos tener miedo, por lo tanto, a defender los verdaderos valores en la vida democrática, especialmente aquellos valores que nos llevan a proteger la vida y la integridad de cualquier ser humano, desde que nace hasta que muere. Tales valores serán la mejor garantía para construir sociedades justas, porque se basarán en verdades que valen por encima del parecer de las mayorías parlamentarias o de aquellos grupos particulares llenos de poder y vacíos de principios.
Feliz Día.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Jueves 5 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Vamos a ver como transcurre este jueves en el que es fácil que algún rayo de sol podamos ver desde las 08:04 horas hasta las 17:39 horas, no estaría mal que  en la fiesta de santa Crispina la meteorología nos diera alguna alegría.
Hace meses que vemos el lío que tenemos montado con la falta de gobierno y con los esfuerzos que se están haciendo para tenerlo, vemos también que cada vez más gente se empieza a preguntar “¿qué va a pasar?”, cuando creo que ya va siendo hora de preguntarnos “¿qué vamos a hacer?”.
La consecuencia de hacernos la primera pregunta y no la segunda es la paralización de los proyectos personales que teníamos y el dejar de sentir nuestra vida como una empresa llena de ilusión. La existencia de dificultades para contestar a la segunda pregunta, que es evidente, tendría que ser un estímulo, un aliciente para buscar proyectos que nos sean atractivos.
Pero avanzar en la respuesta a la segunda pregunta, que es posible y que puede llevarnos a entusiasmarnos necesita de algunas condiciones que son difíciles de cumplir por el desaliento que estamos sufriendo, y lo estamos sufriendo por la desastrosa tendencia a prestar atención a los que solo quieren “hacer daño” y que están cautivos de sus “fijaciones”.
Es complicado ver la “luz” entre tanta “niebla”, pues se ha sustituido la “retórica” por la “propaganda” y esto es un hecho que resulta desastroso. La retórica, la buena retórica, consistía en mover a las personas mediante la palabra, y no necesitaba mentir, sino apelar con el estilo poético a los resortes profundos del ser humano. La propaganda manipula a los hombres despreciándolos mediante la mentira, la distorsión de la realidad, su ocultamiento. Y esto está tan arraigado, y el talento literario es tan escaso, que es problemático pasar del aterrador dominio de la propaganda al ámbito salvador de la buena retórica veraz e ilusiónate.  
Es necesario que la palabra justa y expresiva, capaz de hacer entender y de entusiasmar, de movilizar lo mejor de los ciudadanos este presente en nuestra sociedad.
Lo anterior, debe ser obligatorio para el político honrado. Si miramos ahora lo que esta sucediendo en España, vemos que esto se echa de menos, de una manera que a mí me parece angustiosa. Pero la solución es sencilla, no requiere más que tener presente la realidad, no falsearla, no ocultarla, no engañar -y esto necesita ante todo no engañarse-. Existe también otro requisito: saber distinguir los grados de importancia de los asuntos, los problemas, las opiniones. Todos sabemos que hay instituciones o grupos sociales que se atribuyen una importancia de que carecen. Me asombra el tiempo y la atención que se presta a minucias, que interesan sólo a unos cuantos, y con frecuencia por motivos poco estimables, mientras se pasan por alto cuestiones de verdadera importancia o se despachan con ligereza.
Se pueden hacer muchas cosas, que no tienen por qué ser fáciles, pero que son posibles, convenientes, algunas simplemente necesarias, obligadas por la realidad. Hay que pensarlas con rigor, justificarlas ante la opinión, movilizar su consentimiento y sus energías. Hay que volver a despertar el entusiasmo con que se inició la época en que estamos, no dejarlo languidecer; hay que extremar el rigor, la exigencia, no pasar por movimiento mal hecho, no obstinarse en ningún error y no renunciar al acierto, no dejarse intimidar por la jactancia o la amenaza.
El que haga esto contará con el apoyo, probablemente con el entusiasmo, de la gran mayoría de la población, que está en gran parte "cautiva" por una red bien organizada de falsificaciones y deformaciones. Se discute mucho sobre lo que necesita España; yo diría algo muy sencillo: abrir las ventanas, dejar que el aire de la verdad sustituya al viciado y confinado que se respira.
¿Qué le vamos a hacer? Tengo una manía, acaso una enfermedad a creer que, en todos los órdenes, desde los más modestos e inmediatos hasta los más elevados que la única solución es la búsqueda de la verdad.

Feliz Día.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Miércoles 4 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Otro día que, a pesar que desde las 08:03 horas hasta las 17:39 el sol nos debería de alegrar el día con su luz, no lo va hacer, tal vez porque hoy vamos a celebrar la festividad de santa Barbara que algo tiene que ver con el tema de los truenos y las tormentas.
Si ayer comente de pasada lo que se celebró el 25 de noviembre, hoy voy a escribir algo sobre la Cumbre del Clima que comenzó ayer. Por supuesto que soy ecologista y, tal vez, cada día lo sea más. Lo soy desde mi infancia, no me he subido a ninguna moda, mi madre me enseño que ser un guarro y tirar la basura en cualquier lugar esta mal hecho y por lo tanto es pecado. Ya lo era antes y lo sigue siendo ahora. Estropear todo lo que nos encontramos en la naturaleza, abusar y hacer un mal uso de lo que nos encontramos en el campo eran también parte de las cosas que me enseñaron que estaban mal hechas. Estas enseñanzas que recibí, las recibí no porque mis padres se sintieran ecologistas, lo eran sin saberlo, sino porque me educaron en la creencia cristiana.
Ya se, estoy seguro que muchos se estarán extrañando, pero estoy seguro que hace mucho tiempo que no se repasan el Catecismo, ya se, estoy seguro otra vez que los no cristianos, y algunos cristianos, no se han enterado todavía que el séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Que tanto los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. Que el uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. Al menos así me lo enseñaron mis padres.
Pero bueno, ahora parece que “los tiros no van por ahí”, tenemos ya el planeta en mal estado y tenemos que hacer algo más, y tenemos que confiar en la especie humana, en nuestra inteligencia, pues somos capaces de vivir en muchos tipos de paisajes y de climas, somos capaces de buscar soluciones, de trabajar por un planeta más limpio, más verde, con animales que llamen nuestra atención y den alegría a nuestra insaciable hambre de ciencia y de belleza.
Lo he dicho antes, la preocupación por el ambiente, por la ecología, no es algo nuevo. También los antiguos soñaban con un mundo equilibrado, con ciudades bien organizadas y funcionales, con praderas verdes y árboles repletos de frutos. Pero quizá hoy más que nunca nos hemos dado cuenta de que podemos destruir en pocos minutos un bosque que ha crecido durante años o, incluso, siglos; o que somos capaces de eliminar en pocos meses algunas especies de animales o de plantas que querríamos seguir teniendo a nuestro lado.
Vale la pena invertir energías y dinero para un mundo mejor. Pero sin olvidarnos nunca del lugar privilegiado que ocupa el ser humano, de las necesidades básicas de millones de personas a los que falta comida, medicinas, cuidados básicos. Al apoyar la ecología hay que saber dar el primer lugar a los hombres y mujeres más desamparados, y saber promover un ambiente más saludable y más hermoso para todos.

Feliz Día.

martes, 3 de diciembre de 2019

Dimarts 3 de desembre del 2019.

"Una cosa morta pot anar amb la corrent, però només un ser viu pot anar en contra seua." (G. K. Chesterton). 

Bon Dia: Pareix que hui tampoc podrem veure el sol a partir de les 08:02 hores, i és més que probable que quan a les 17:39 hores se'ns escape per l'horitzó hàgem passat tot el dia de sant Francesc Xavier sense haver disfrutat de la seua llum.
Sens dubte tindrem un altre dia gris, així que aprofitare l'ocasió per a tractar, una altra vegada, una qüestió més negra que gris ja que el 25 de novembre es dediqua a la violència de gènere.
Estic segur que ja hauré escrit sobre el tema i supose que ho vaig fer, més o menys, com ho vaig a fer ara, basant-me en el tan conegut; “no cometràs actes impurs” o el que és el mateix en la luxúria. Segons ho veig, la violència de gènere apareix quan no ens oposem a les nostres males inclinacions, quan no fem res per a allunyar-nos de la luxúria.
Si busquem en el diccionari ens trobarem amb esta definició de luxúria; 1. F. Desig excessiu del plaer sexual. Que ve a coincidir amb la majoria dels motius pels quals es produïx la violència de gènere. Per això crec que tot el que siga ensenyar a les persones com controlar la luxúria és un pas avant per a frenar-la, pense que l'educació per a la sexualitat que s'esta donant no resol el problema sinó que l'agreuja. Per això m'entristix que per un costat les instàncies oficials es manifesten en contra de la violència, quan, d'altra banda, fomenten l'existència d'agressors en potència.
Tots sabem, perquè ho hem vist o perquè ho hem comprovat que l'home luxuriós és masclista, ja que considera la dona com un objecte de plaer i per tant la desprecia com persona. I és que si mirem la conducta dels luxuriosos, estan convençuts que, amb la seua forma d'actuar fan un favor a les xiques.
No crec que es puguen eliminar en la seua totalitat les agressions sexuals, la història ens diu que la luxúria, ha existit sempre, a pesar de la intensa lluita del cristianisme contra ella predicant el sext manament de la llei de Déu. Però, m'atrevisc a dir que, sense ella, la luxúria s'hauria estés molt més.
Per això, em preocupa que eixes instàncies oficials que diuen combatre la violència de gènere, no facen cap cas, inclús detesten, tot este enfocament sobre la violència de gènere. La violència de gènere ha de ser combatuda, encara que sapiem que la victòria total és impossible. Però ha de ser combatuda en la seua arrel, educand als nostres jóvens perquè controlen la seua sexualitat. Cada un de nosaltres i la societat en general, guanyarien molt si evitem que els nostres jóvens caiguen en la luxúria. I disminuirien notablement eixos casos que ens impressionen per la seua atrocitat.
Per això, com he dit abans, m'entristixen algunes declaracions contra la violència de gènere. Un aspecte més de la ineficàcia dels nostres polítics que aparenten ocupar-se dels problemes i no els resolen.

Feliç Dia.

Martes 3 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Parece ser que hoy tampoco vamos a poder ver el sol a partir de las 08:02 horas, y es más que probable que cuando a las 17:39 horas se nos escape por el horizonte hayamos pasado todo el día de san Francisco Javier sin haber disfrutado de su luz.
Sin duda vamos a tener otro día gris, así que aprovechare la ocasión para tratar, otra vez, una cuestión más negra que gris ya que el 25 de noviembre se dedico a la violencia de género.
Estoy seguro que ya habré escrito sobre el tema y supongo que lo hice, más o menos, como lo voy a hacer ahora, basándome en el tan conocido; “no cometerás actos impuros” o lo que es lo mismo en la lujuria. Según lo veo, la violencia de género aparece cuando no nos oponemos a nuestras malas inclinaciones, cuando no hacemos nada para alejarnos de la lujuria.
Si buscamos en el diccionario nos encontraremos con esta definición de lujuria; 1. f. Deseo excesivo del placer sexual. Que viene a coincidir con la mayoría de los motivos por los que se produce la violencia de género. Por eso creo que todo lo que sea enseñar a las personas como controlar la lujuria es un paso adelante para frenarla, pienso que la educación para la sexualidad que se esta dando no resuelve el problema sino que lo agrava. Por eso me entristece que por un lado las instancias oficiales se manifiesten en contra de la violencia, cuando, por otro lado, fomentan la existencia de agresores en potencia.
Todos sabemos, porque lo hemos visto o porque lo hemos comprobado que el hombre lujurioso es machista, puesto que considera a la mujer como un objeto de placer y por lo tanto la desprecia como persona. Y es que si miramos la conducta de los lujuriosos, están convencidos de que, con su forma de actuar hacen un favor a las chicas.
No creo que se puedan eliminar en su totalidad las agresiones sexuales, la historia nos dice que la lujuria, ha existido siempre, a pesar de la intensa lucha del Cristianismo contra ella predicando el sexto mandamiento de la ley de Dios. Pero, me atrevo a decir que, sin esa lucha, la lujuria se habría extendido mucho más.
Por eso, me preocupa que esas instancias oficiales que dicen combatir la violencia de género, no hagan ningún caso, incluso detestan, todo este enfoque sobre la violencia de género. La violencia de género debe ser combatida, aunque sepamos que la victoria total es imposible. Pero debe ser combatida en su raíz, educando a nuestros jóvenes para que controlen su sexualidad. Cada uno de nosotros y la sociedad en general, ganarían mucho si evitamos que nuestros jóvenes caigan en la lujuria. Y disminuirían notablemente esos casos que nos impresionan por su atrocidad.
Por eso, como he dicho antes, me entristecen algunas declaraciones contra la violencia de género. Un aspecto más de la ineficacia de nuestros políticos que aparentan ocuparse de los problemas y no los resuelven.

Feliz Día.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Lunes 2 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton).  

Comenzamos la primera semana del último mes del año, y lo hacemos después de “otro” intenso fin de semana en el que hemos participado en la Maratón de Valencia, y lo hemos hecho con tres minutos menos que el año pasado, todo un éxito.
Todo lo anterior nos lleva junto con la meteorología a quedarnos en casa a recuperarnos y ha disfrutar de un apacible lunes de lluvia. Un día en el que creo que el sol no nos acompañara desde las 08:01 horas hasta las 17:39, eso si, celebraremos la fiesta de santa Aurelia.
He dormido muchas horas esta noche, tal vez por eso me he levantado con una sensación extraña, una sensación como si la jornada de ayer no hubiera sido todo lo perfecta que yo pensaba, la sensación de que algo malo sucedió. No se porque pero algo me corroe y no lo puedo identificar.
Es como si no pudiera diferenciar claramente lo que estuvo bien y lo que estuvo mal, como si fueran parte “del mismo valor”, algo así como lo positivo y lo negativo. Ya se que hubieron cosas o aspectos positivos y por supuesto negativos, pero no me estoy refiriendo a eso, la sensación es que hubieron cosas buenas y cosas malas.
Ahora empiezo a verlo, no todos los aspectos negativos lo fueron, sino que alguno pudo ser una  acción mala. Todos sabemos que se puede hacer algo bueno por un buen motivo, pero en cambio no se puede hacer nada malo por un mal motivo. Cualquiera que sea el mal que se pretenda hacer, siempre y sin excepción se hará por un motivo bueno en sí. Un ejemplo; el ladrón roba para enriquecerse y para proporcionarse cosas buenas con el dinero robado, es decir, de mala manera. Por lo tanto, un hombre arruina al enemigo odiado. ¿Por qué? Para recuperar la propia estimación satisfaciendo su venganza o para disfrutar con la espantosa agonía del enemigo. Pero el vengativo quiere en definitiva proporcionarse algo «bueno» de forma depravada, infame, maligna; quiere un «bien» deformado y pervertido; pues recuperar la propia estimación o proporcionarse alegría son cosas buenas en sí. Lo que pasa en estos casos es que el camino que se sigue es malo.
Y es aquí donde esta la dificultad, el odio, el afán de venganza, cualquier tipo de acto de violencia, todos los delitos, todos, necesitan la existencia primaria (¡es decir anterior!) del Bien y todos los delitos se cometen porque el delincuente espera obtener de ellos algo bueno para sí. Por tanto, el Bien y el Mal no son iguales, no son antípodas naturales como lo positivo y lo negativo.
Cuando alguien recibe un agravio, o algo que le parece un agravio, si es persona poco capaz de controlarse, es fácil que eso le parezca cada vez más ofensivo, porque su memoria y su imaginación avivan dentro de él un gran fuego gracias a que da vueltas y más vueltas a lo que ha sucedido.
Si cada uno recordamos alguna ocasión en que, sintiendo un impulso de cólera, nos hayamos refrenado, y otro momento en que nos hayamos dejado arrastrar por ella, comparando ambos episodios podremos fácilmente sacar conclusiones interesantes. Basta pensar en cómo nos hemos sentido después de haber dominado la ira y cómo nos hemos sentido si nos ha dominado ella. Cuando sucede esto último, experimentamos enseguida pesadumbre y vergüenza, aunque nadie nos dirija ningún reproche.
Basta contemplar serenamente en otros un arrebato de ira para captar un poco de la torpeza que supone. Una persona dominada por el enfado está como obcecada y ebria por el furor. Cuando la ira se revuelve y agita a un hombre, es difícil que sus actos estén previamente orientados por la razón.
Y cuando esa persona vuelva en sí, se atormentara de nuevo recordando lo que hizo, el daño que produjo, el espectáculo que dio. Pensará en quiénes estuvieron presentes, en esas personas en cuya presencia entonces quizá no reparo o no dio importancia, pero que ahora le inquieta recordar. Y tanto si eran gente amiga o menos amiga, se sentirá ante ellos profundamente avergonzado.
En fin, en un excelente día siempre nos podemos encontrar con situaciones que nos llegan a causar malestar y vergüenza ajena.

Feliz Día.