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lunes, 30 de diciembre de 2019

Lunes 30 de diciembre de 2019.


“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


Buenos Días: Con una salida del sol que tendrá lugar a las 08:19 horas y una puesta que será a las 17:48 horas, comienza el penúltimo día de 2019, donde celebraremos La Traslación del Apóstol Santiago. Desde Jerusalén a España.
He estado echando un vistazo a las pocas propuestas, que se saben, que se encuentran en el posible pacto para formar gobierno y me encuentro con algo curioso, se quiere legislar para establecer nuevos derechos cuando no se garantizan los derechos fundamentales.
Si miramos las declaraciones o leemos en los periódicos o escuchamos las tertulias veremos que se usa el lenguaje de los derechos para dar una apariencia de amor a la justicia y a la igualdad, y en cambio no se dice nada ante leyes que van contra la igualdad y la justicia.
Lamentablemente, muchas personas no se dan cuenta y se dejan convencer por esos políticos que continuamente están abusando de la palabra “derechos” y no hacen nada ante graves injusticias con las que se convive todos los días.
Voy a poner algún ejemplo: cuando se divulga, como si fuera un derecho, la eutanasia para algunas personas en situaciones complicadas y, no se garantiza a miles de personas el acceso a servicios mínimos de salud ni a curas paliativas.
Otro ejemplo; cuando se promueven políticas autodenominadas “de igualdad” cuando no se hace casi nada ante diagnósticos prenatales con los que se eliminan a miles de hijos por ser declarados “defectuosos”.
Otro ejemplo; cuando se ensalzan los derechos sociales mientras continúan en activo leyes que vulneran el derecho básico de la vida social: el de la vida.
Me parece que cuando haya esfuerzos sinceros y eficaces para garantizar el derecho más elemental, el de la vida, especialmente de los hijos antes del parto, tendrá sentido discutir sobre la existencia de otros derechos.
Se tiene que superar el poder y la injusticia de quienes se sienten con la autoridad de decidir sobre quién debe vivir o morir y, a partir de entonces podremos comenzar con una nueva cultura de la vida.
Feliz Día.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Domingo 29 de diciembre de 2019.


“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 

Buenos Días: Después de escribir la “columna” de hoy me he dado cuenta que no funciona internet, una situación embarazosa pues tengo la impresión que me falta algo, no puedo poner en el blog lo que he terminado de escribir, en fin esperaremos.
Mientras espero el regreso de internet he repasado lo que he escrito, y me he dado cuenta que nada de lo que digo o escribo es nuevo, alguien ya lo ha escrito y mejor, es como estar descubriendo algo y darte cuenta que ya está descubierto y que además ya lleva siglos deambulando por ahí.
Ya sé que llegamos a conclusiones o a tener una idea sobre algo, en la mayoría de los casos por haber recibido información desde fuera o gracias al entorno en el que nos encontramos, pero me gusta pensar que muchas veces las conclusiones a las que llego son mías, a pesar de que sean conclusiones ya viejas. Por eso, si puede parecer que muchas de ellas son puro teatro, lo que en realidad sucede es que el “puro teatro” soy yo y no mis ideas.
Releyendo algunas de estas entradas en el blog me doy cuenta que nadie podrá encontrar, algunas, más ridículas que de lo que las encuentro yo, soy yo el que por su rareza o extravagancia mueve o puede mover a risa, por eso pienso que nadie protestará y me lo dirá con más ímpetu de lo que me lo digo yo. He visto que a veces me esfuerzo escribiendo mis verdades con una lamentable exageración, diría que juvenil, y estoy seguro que habré recibido por ello la crítica más adecuada, a pesar de esto, yo conservo mis verdades, que son verdades, a pesar de que no son mías.
Alguna vez he llegado a pensar en la ridícula situación de creer que estaba sólo con mi forma de pensar, cuando en realidad no es así. Es posible que haya intentado ser original, en alguna ocasión, pero sólo he llegado a ser una mala copia de tradiciones ya existentes.
Es posible que alguien se esté divirtiendo con la crónica de este feliz ridículo, es posible que un amigo o un enemigo se entretenga leyendo cómo gradualmente voy intentando cumplir con todo lo que voy escribiendo, cosas que ya pude aprender en mi juventud, es posible que haya diversión, o que no la haya, en leer cómo voy encontrando poco a poco lo que pude encontrar fácilmente hace muchos años con solo mirar a mi alrededor.
Si alguien se entretiene enterándose cómo lo que observa todas las mañanas al levantarse, o las frases que se oyen en el bar, o los problemas de los políticos, o las preocupaciones de los jóvenes, se unen para producir una cierta convicción de cómo es la vida, ese alguien posiblemente pueda leer este blog con gusto.
Gracias a la falta de internet he podido releer algunas entradas de este blog, y tengo que decir que aunque sea mi blog, no hay nada en el mundo que me pueda inducir a leerlo con asiduidad, pues lo escrito, escrito está, y no quiero estar cuestionándome continuamente lo que escribí.  
Añado una información, seguramente pedante, estos escritos se limitan a poner sobre la mesa cuál es el eje central de mis ideas y que en ellas se halla el mejor punto de apoyo para afrontar la vida. Este blog no es un tratado sobre la vida, sino una autobiografía un poco alborotada.
Por cierto, ya tengo internet, lo que escribí para hoy lo dejo para mañana.
Feliz Día.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Sábado 28 de diciembre de 2019.


“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


Buenos Días: Hoy el vamos a tener sol desde las 08:18 horas hasta las 17:46, en el día en que celebramos a festividad de los Santos Inocentes.
Veo que no se forma el nuevo gobierno, así que tendré que comentar un poco esta situación que ya se mantiene demasiado en el tiempo. Un repaso a la actualidad política nunca vendrá mal.
Me parece a mí que un pacto a tres bandas PSOE-Unidas Podemos-ERC no sería una buena solución pues aún faltarían algunos votos para poder gobernar con tranquilidad. Pienso que una buena investidura necesita que exista una fuerte confianza entre los que forman parte del pacto. Y, yo no veo que ERC aporte mucha confianza. No es concebible que ERC coopere a la gobernación de España, cuando quiere la desmembración de España. Hay cosas que hasta el más ciego ve, quien quiere romper España no es un buen socio para gobernar España.
Por otro lado, veo que el PP no se aclara mucho sobre lo que le conviene a España y a él mismo. Desde, lo que venimos llamando la derecha, se debería interpretar mejor los resultados de las últimas elecciones; con la pequeña subida del PP, la muy grande de VOX, el hundimiento de Ciudadanos y las bajadas sensibles de PSOE y Unidas Podemos. En política hay que elegir casi siempre entre inconvenientes.
Muchos analistas políticos comentan lo interesante que sería esa gran coalición entre PSOE – PP, pero ninguno de los dos partidos parece querer ese gran pacto por el miedo a los competidores que cada uno tiene a su lado, frente al cual se tiene miedo de perder votos. El PSOE a su izquierda, preocupado con Unidas Podemos. El PP obsesionado con VOX. Estos miedos se pueden llevar por delante el sistema de 1978, amenazado ya por los independentistas. Y de paso esos dos partidos pueden caer en la irrelevancia o, al menos, sus actuales líderes, que se la están jugando echando la culpa a los electores porque votan de modo distinto a lo que ellos preferirían.
La cosa esta complicada al no tener un partido de centro que nos sirva como bisagra, ya que en teoría un partido de centro debería amortiguar los enfrentamientos más fuertes de sus vecinos de la derecha y de la izquierda. Ya sé que nuestra ley electoral no ayuda en nada al mantenimiento estable y potente de un partido de centro, que por definición puede apoyar, según los casos, a quien está más a la derecha o más a la izquierda.
Lo que está claro es la atomización de nuestro electorado que nos muestra a las claras la desconfianza que existe entre la gente hacia los grandes partidos, que ya no tienen en gran medida su capacidad de integración que se basaba en valores e ideologías comunes. Lo vemos por ejemplo en la corrupción, donde los partidos se dedican a afear mucho la corrupción del vecino a la que consideran horrorosa y pasar de puntillas sobre la suya que consideran que no es para tanto. Y, no somos tontos, y nos damos cuenta.
Otra cosa de la que nos damos cuenta es ver como los nuevos partidos prescinden ya del referente ideológico hasta en sus nombres: Unidas Podemos, las Mareas o sus “confluencias”, Ciudadanos, VOX, Más País, etc.; o a lo sumo con una mención regional o localista del tipo “Juntos por Cataluña”, “Teruel existe” o Partido regionalista cántabro o coaliciones como Navarra Suma. No se les ve claro cuál es su ideología, la idea es póngame un AVE o invierta tanto y yo le apoyo... No tienen una idea clara de que clase de Estado quieren, su programa se basa en objetivos locales y cuando un gobierno de una nación se debe basar en la construcción o no de una infraestructura no puede ser un buen gobierno. Es una nueva época sin duda, que requiere un buen diagnóstico más allá de la cargante repetición de elecciones. 
Yo veo a los líderes actuales con demasiado empeño por el poder a corto plazo y poca consideración histórica y global de conjunto. Así que si no aparece alguien con una visión nueva y viable de cambiar las cosas me temo que continuaremos un tiempo con esta incertidumbre.
Feliz Día.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Viernes 27 de diciembre de 2019.


“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)

Buenos Días: A las 08:18 horas comienza el sol su jornada y la terminará a las 17:45 horas y lo hará mientras algunos celebran la festividad de san Juan, el evangelista no el bautista.
Al no verme favorecido por la suerte en el sorteo de Navidad creo que puedo criticar un poco a la lotería y lo voy a hacer aun sabiendo que volveré a jugar un poco en la lotería del Niño. Siempre se ha dicho que una de las cosas que nos caracteriza a los pobres es la lotería. Si alguna superstición tenemos, la lotería sería la más lamentable, es colocar al hombre ante su máxima mediocridad, es colocar la esperanza bajo mínimos y no querer alcanzar un mundo mejor.
Si nos detenemos por un instante a analizar un poco el fenómeno de la lotería nos daremos cuenta que nuestra ilusión por conseguir un mundo y una sociedad mejor hay que ponerla en el esfuerzo, en la tenacidad y en el trabajo bien hecho. Es así, nuestra ilusión hay que colocarla en la ternura y en la belleza. Que el dinero nos toque en un sorteo nunca será una ilusión para una persona sensata.
Si hubiéramos estado igual de atentos el domingo de las elecciones, a la hora de depositar nuestro voto, de lo pendientes que estuvimos el domingo pasado de los bombos, tal vez ahora tendríamos la expectativa de un gobierno razonable y estable. No os resulta conmovedor que nos comportemos como auténticos irresponsables y luego fiarlo todo a un sorteo.
Que el sorteo de la Lotería Nacional sea uno de los acontecimientos mediáticos de España indica lo mucho que como nación tenemos que mejorar, lo mucho que como individuos necesitamos centrarnos en nuestro cometido, en nuestra misión, en nuestro rumbo.
Lo curioso es que lo sabemos, somos conscientes que es el talento, y no el azar, lo que hace que la Humanidad sobreviva a todos sus problemas y a todas sus dificultades. En cada décimo que he comprado y que compraré hay un fragmento de mediocridad, que tendría que avergonzarme.
Lo sé, soy consciente, sé que después de todo lo anterior se esperaría que continuara con una acusación contra el materialismo, contra la aspiración de ganar dinero, contra el deseo de huir de nuestra realidad… pero lo cierto es que sería un hipócrita si continuara por ese camino, porque comprendo perfectamente a la gente que se ilusiona con la lotería. No se sienten satisfechos y están deseando que algo cambie en sus vidas para mejor. Desean un beneficio imprevisto, inesperado. Quieren algo que les permita soñar que mañana será diferente de ayer, algo nuevo que no sea la rutina gris de todos los días. ¿Es que eso es algo malo?
Porque el problema de la lotería no está en que la gente sueñe con algo diferente, nuevo y mejor o en que deseen recibir un gran premio sin haberlo merecido. Ni tampoco es un problema que la lotería no toque prácticamente nunca. El problema es que, incluso cuando finalmente toca, no cambia nada: después de la emoción de los primeros días, la insatisfacción, el deseo de mejorar y de tener más continúan con la misma fuerza. Las personas que conozco que tienen dinero tienen los mismos problemas que los demás, los mismos sufrimientos, la misma insatisfacción, los mismos deseos que no se sacian con nada. Quizá soñaron que, cuando tuviesen mucho dinero, las cosas serían estupendas, pero enseguida vieron que sus deseos no se cumplían.
Lo preocupante es el sueño convertido en fiebre o el confundir la esperanza con la suerte. O, lo que es peor, volcarse en las loterías del dinero y olvidarse de todas esas otras loterías con premios mucho más suculentos y seguros.
La lotería de vivir, por ejemplo. Esa nos toca a todos desde aquel día en que empezamos a existir. Vivir bien es estupendo, pero a mi me parece más maravilloso el simple hecho de vivir. El día de nuestro nacimiento nos tocó el «gordo», salimos de la pobreza absoluta de la nada y entramos en la maravilla del tiempo y de la sangre. Lo absurdo es que haya gente que ruede por el mundo sin haberse molestado en consultar la lista de esa lotería de vivir para comprobar que allí está su nombre y apellidos.
Tal vez por esto en el Padrenuestro, los cristianos decimos; "Danos hoy nuestro pan de cada día", y no pedimos pan para el resto de nuestros días. El problema está que los hombres no nos conformamos con el pan de cada día, queremos también el de la semana que viene. Y además del pan de la semana que vienen también queremos todos los añadidos que acostumbran acompañar nuestra vida moderna.
En fin, ya nos ha tocado la lotería, la lotería de vivir.
Feliz Día.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Miércoles 25 de diciembre de 2019.


"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 


Feliz Navidad y Buenos Días: con un sol que nos acompañará desde las 08:18 horas hasta las 17:44 vamos a empezar este día tan especial.
Tropecé ayer por la noche con una carta que escribió J.R.R. Tolkien, y que se encuentra reproducida en un libro que recoge una selección de su correspondencia, esta selección es de H. Carpenter, pongo la imagen del libro y su autor por si alguien quiere regalarse o regalar en estas Navidades un gran libro, que no le dejara indiferente.
Así que, he pensado que en este día de fiesta lo mejor es no escribir nada y copiar este texto para que lo disfrutéis. Os pongo un poco en antecedentes.
En 1969, J. R .R. Tolkien recibió una carta de Camilla Unwin, hija de su editor. En ella, la joven, como parte de un proyecto escolar, le formulaba una pregunta: “¿Cuál es el propósito de la vida?”.
Esta es la contestación de J .R .R. Tolkien. Merece la pena leer la interesante y trascendente respuesta de Tolkien:
20 de mayo de 1969   [19 Lakeside Road, Branksome Park, Poole]
Estimada señorita Unwin:
Lamento que mi respuesta se haya demorado tanto. Espero que le llegue a tiempo. ¡Qué pregunta tan amplia! No creo que las «opiniones», no importa de quién, resulten muy útiles sin alguna explicación de cómo se ha llegado a ellas; pero acerca de esta cuestión no es fácil ser breve.
¿Qué significa realmente la pregunta? Tanto propósito como vida, necesitan alguna definición. ¿Es una pregunta puramente humana y moral? ¿O se refiere al Universo? Podría significar: ¿Cómo debería utilizar el tiempo de vida que se me ha concedido? O: ¿A qué propósito/ designio sirven las criaturas vivientes por el hecho de estar vivas? Pero la primera pregunta encontrará respuesta (si la encuentra) sólo después de considerada la segunda.
Pienso que las preguntas acerca de un «propósito» sólo son realmente útiles cuando se refieren a los propósitos u objetivos de los seres humanos o a la utilización de las cosas que proyectan o hacen. En cuanto a los «otros seres», su valor radica en sí mismas: SON, existirían aun si nosotros no existiéramos. Pero como sí existimos, una de sus funciones es ser contempladas por nosotros. Si ascendemos la escala del ser a «otros seres vivientes», como por ejemplo una planta pequeña, ésta presenta forma y organización: una «estructura» reconocible (con variaciones) en cuanto a especie y prole; y eso resulta profundamente interesante, pues estos seres son «otros» y no los hemos hecho nosotros; parecen proceder de una fuente de invención incalculablemente más rica que la nuestra.
La curiosidad humana no tarda en formular la pregunta CÓMO: ¿de qué modo llegó a ser esto? Y como la «estructura» reconocible sugiere designio, procede a la pregunta POR QUÉ. Pero POR QUÉ en este sentido, como que implica razones y motivos, sólo puede referirse a una MENTE. Sólo una Mente puede tener propósitos de algún modo o grado semejante a los propósitos humanos. De modo que inmediatamente cualquier pregunta: « ¿Por qué la vida, la comunidad de seres vivientes, aparece en el Universo físico?» plantea la pregunta: ¿Hay un Dios, un Creador/Diseñador, una Mente con la que están emparentadas nuestras mentes (pues derivan de ella), de manera que nos es en parte inteligible? Con eso llegamos a la religión y a las ideas morales que proceden de ella. De estas cosas diré sólo que la «moral» tiene dos aspectos, derivados del hecho de que somos individuos (como en cierto grado lo son todos los seres vivientes), pero no vivimos, no podemos vivir, aislados, y tenemos un vínculo con todas las demás criaturas, que va estrechándose hasta el vínculo absoluto que tenemos con nuestra propia especie humana.
De modo que la moral debería ser una guía para nuestros humanos propósitos, el conducto de nuestra vida:
(a) la manera en que nuestros talentos individuales pueden desarrollarse sin desperdicio ni abuso, y
(b) sin daño para nuestros semejantes ni estorbo para su desarrollo. (Más allá de esto y por encima está el autosacrificio por amor.)
Pero éstas son sólo respuestas a la pregunta menor. A la mayor no hay respuesta, porque ésta requiere un conocimiento completo de Dios, que es inaccesible. Si preguntamos por qué Dios nos incluyó en su designio, sólo podemos contestar: Porque lo Hizo.
Si no creemos en un Dios personal, la pregunta «¿Cuál es el propósito de la vida?» es informulable e incontestable.
¿A quién o a qué se dirigiría la pregunta? Pero como en un rincón extraño (o rincones extraños) del Universo se han desarrollado seres con mentes que formulan preguntas y tratan de responderlas, uno podría dirigirse a uno de esos seres tan peculiares. Como uno de ellos, me aventuraría a decir (hablando con absurda arrogancia en nombre del Universo): «Soy como soy. No hay nada que pueda hacerse al respecto. Es posible seguir tratando de averiguar lo que soy, pero nunca se lo logrará. Y por qué trata uno de saberlo, no lo sé. Quizás el deseo de saber sólo por el mero hecho de saber se relacione con las oraciones que algunos dirigen a lo que se llama Dios. En su punto más elevado, éstos parecen alabarlo por ser como es, y por hacer lo que ha hecho tal como lo ha hecho».
Los que creen en un Dios personal, el Creador, no creen que el Universo de por sí sea venerable, aunque su devoto estudio sea uno de los modos de honrarlo. Y como en tanto que criaturas vivientes estamos dentro de él y de él formamos parte (parcialmente), nuestras ideas acerca de Dios y el modo que tenemos de expresarlas derivarán en amplia medida de la contemplación del mundo a nuestro alrededor. (Aunque hay también una revelación tanto dirigida a los hombres en general como a ciertas personas particulares).
De modo que puede decirse que el principal propósito de la vida, para cualquiera de nosotros, es incrementar, de acuerdo con nuestra capacidad, el conocimiento de Dios mediante todos los medios de que disponemos, y ser movidos por él a la alabanza y la acción de gracias. Hacer como decimos en el Gloría in Excelsis: Laudamus te, benedicamus te, adoramus te, glorificamus te, gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam. Te alabamos, te santificamos, te veneramos, proclamamos tu gloria, te agradecemos la grandeza de tu esplendor.
Y en los momentos de exaltación podemos invocar a todos los seres creados para que se nos unan en el coro hablando en su nombre, como se hace en el Salmo 148 y en El Canto de los Tres Niños en Daniel II, ALABAD AL SEÑOR... todas las montañas y las colinas, todos los huertos y los bosques, todas las criaturas que reptan y los pájaros que vuelan.
Esto es demasiado largo, y también demasiado corto... para semejante pregunta.
Con mis mejores deseos, J. R. R. Tolkien.


Fuente: Carpenter (ed.) Cartas de J R R Tolkien, n° 310, p. 463.
Feliz Día.

martes, 24 de diciembre de 2019

Martes 24 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días; celebramos hoy la Noche Buena y a santa Tharsilla de Roma, en un día que parece va a ser bueno en lo meteorológico, con un sol que comenzará su trabajo a partir de las 08:17 horas y descansará a partir de las 17:44 horas. Se nota poco aún, pero el día comienza a ganarle tiempo a la noche.
Durante el café de media tarde, de ayer, comentábamos lo mucho que comparamos a los hombres con los animales; “es un animal”, “hace animaladas”, cuando realizamos alguna “salvajada” o alguna barbaridad, y aunque suele ser una argumentación muy extendida por su lógica, la única pega que le encuentro es que es falsa.
Recuerdo ahora la argumentación que hace Chesterton sobre el tema y la forma tan clara con la que zanga la cuestión. Y es que, si nos olvidamos por un momento de mirar en los libros y en las paginas web que nos hablan sobre los hombres y los animales, y empezamos a mirar a los propios hombres y animales, y si tenemos un poco de sentido del humor e imaginación, nos daremos cuenta en que lo relevante no es lo mucho que hombre se parece a los animales, sino lo poco que ambos se parecen.
Decir que el hombre y los animales se parecen es, en cierto sentido, decir una cosa que es tan clara que no hay necesidad de decirla; pero que, siendo tan parecidos, sea tan evidente y tan claro lo diferentes que somos resulta sorprendente y enigmático. Que un mono tenga manos es mucho menos interesante, si lo pensamos un poco, que el hecho de que, teniéndolas, no sepa hacer casi nada con ellas; ni toca la guitarra, ni juega a las cartas, ni escribe poemas. Muchas veces nos quejamos de lo feos que son algunos edificios y de lo inútiles que resultan algunos, pero los elefantes no construyen ninguna catedral ni siquiera en el estilo más ridículo que pudiéramos pensar, los camellos no pintan ni siquiera cuadros malos, aunque posean todos los pinceles de pelo de camello necesarios.
Ya se que algunos de vosotros me diréis que las abejas y las hormigas tienen una organización social superior a la nuestra. Tienen de hecho, una civilización; pero esa verdad sólo nos recuerda que se trata de una civilización inferior. ¿Quién ha visto alguna vez un hormiguero decorado con estatuas de hormigas famosas? ¿Quién ha visto una colmena tallada con las imágenes de las bellas reinas de antaño? No; el abismo entre el hombre y las demás criaturas podrá tener una explicación natural, pero siguiera siendo un abismo.
Hablamos de los animales salvajes, pero el hombre es el único animal salvaje. Es él quien ha huido. Los demás animales son domésticos y están sometidos a la inquebrantable respetabilidad de la tribu o el tipo. Los demás animales son domésticos, sólo el hombre no lo es, ya sea un libertino o un monje.
Pero en todo lo que llevo dicho hay una cosa común que es sumamente importante a la hora de hablar de los animales: no podemos pensar en ellos sin tocar nuestros sentimientos humanos. En otras palabras, hablar de los animales es hacerlo desde nosotros mismos, desde nuestros gustos y temores, desde nuestras esperanzas y tristezas, desde nuestro cariño o nuestro odio.
Vemos a los animales como si girasen a nuestro alrededor. Decimos algo de ellos desde nuestra perspectiva. Por más que queramos, no podremos ver a los animales como ellos se ven a sí mismos y como ellos nos ven a nosotros: el «error» de perspectiva es inevitable. Somos hombres y lo vemos y pensamos todo en cuanto hombre.
Este fenómeno que podría parecer una limitación no lo es, sino que es algo natural. Si razonamos un poco veremos que por ejemplo el león valora a los demás animales según su fuerza y su apetito: aquellos que puede comer, aquellos que no le llenarán nunca el estómago y aquellos que es mejor tener a distancia. Nosotros, para el león, somos a veces del primer grupo y a veces del tercero... La hormiga no puede dejar de verlo todo en función de su hormiguero, ni el jilguero se sentará un día para pensar en los derechos de los demás pájaros ni para discutir quiénes son los que cantan mejor que los demás.
Sin embargo, el hombre muchas veces quiere defender a los animales (al menos a algunos), evitar que sufran, cuidarles en zoológicos o en casa, en el campo o en la ciudad. En ocasiones, al caminar, evitamos aplastar a un gusano, o lanzamos unos cacahuetes a una ardilla que nos mira llena de curiosidad y de hambre. Organizamos incluso sociedades en favor de los animales en peligro de extinción, y no faltará quien nos grite con rabia si hemos arrojado piedras a un perro sarnoso que se había acercado a nuestra casa.
La grandeza del hombre está en vivir como el rey de los animales y, a la vez, en preocuparse por muchos de ellos. En el fondo, nos damos cuenta de que en cada especie animal se encierra parte de un mosaico que no acabamos de descifrar del todo. ¿Qué sería el mundo sin monos, delfines y gaviotas? ¿Qué haríamos por las mañanas si no escuchásemos el canto de los gallos y los ladridos de los perros? ¿Qué pasaría si un día las lagartijas no tomasen el sol, las luciérnagas y los grillos no alegrasen la noche y los tiburones no diesen un toque de emoción a nuestras costas?
El respeto y cariño que ofrecemos a muchos animales, en el fondo, depende del amor que sentimos hacia nosotros mismos y hacia nuestros hijos. Amar a los animales tiene sentido si sabemos amar y respetar al ser humano. Respetarme a mí mismo y respetar a aquellos que viven a mi lado, a los que cuidan a los caballos, a los que alimentan a los gorriones, a los niños que observan el misterioso vuelo de un abejorro o el sistema de comunicación de las hormigas.
Tratar de modo cruel a un perro abandonado, despedazar a un lagarto o herir a pedradas a una golondrina son señales de un corazón endurecido, incapaz de descubrir la belleza y la armonía que vibra en cada animal que vive en nuestro planeta, en cada forma de vida que comparte nuestro destino temporal. Es cierto que nosotros somos «superiores» por nuestra capacidad de pensar y de amar, de sacrificarnos y de servir a los otros, también a los animales. Pero esta superioridad nunca debe convertirse en motivo para el abuso o el embrutecimiento. Abusar de los animales puede ser la señal de que antes se ha abusado de los hombres.
Por eso, el mejor camino para fomentar un sano respeto hacia los animales consiste en promover el respeto al hombre, a cada hombre, desde su concepción hasta su muerte.
Hoy podemos pensar un poco en los animales. Vamos a tratarlos mejor, vamos a respetar la riqueza de vida que nos rodea. Pero, sobre todo, vamos a respetar a los demás seres humanos, hombres y mujeres que quieren nuestro cariño y nuestra justicia. También ellos, los de hoy y los de mañana, querrán disfrutar de los mil colores de esos animales que caminan a nuestro lado y hacen más bello y más intenso nuestro recorrido por la vida.
Feliz Noche Buena.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Lunes 23 de diciembre de 2019.


"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: podríamos decir que con esta semana, que comienza hoy, nos adentramos en las fiestas de Navidad y de Fin de Año, y no está de más que recordemos el motivo principal de estas fiestas.
Estoy seguro que cuando era joven no era necesario, pues cualquier persona con un poco de cultura lo sabía, si le hubiésemos preguntado su respuesta hubiese sido que festejamos el nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo. Estoy también casi seguro, que incluso si se lo hubiéramos preguntado a una persona que no fuese creyente nos hubiera dicho que celebramos el nacimiento de Jesús.  
Hoy en día me parece que mucha gente me contestaría que no tienen ni idea o, simplemente, que lo que ellos celebran es la llegada de Papá Noel, Santa Klaus o unas fiestas familiares en las que nos repartimos regalos.
Es algo parecido a celebrar una fiesta de cumpleaños de una persona y no acordarse de avisarlo. Con la Navidad nos sucede algo similar, celebramos a “bombo y platillo” el nacimiento de Jesús, pero nos proponemos olvidarnos de Aquél por quien es la fiesta, por lo que ni se le invita y muchas veces ni se desea su presencia y, cada vez más, ni se le menciona.
Si miramos las felicitaciones navideñas que estamos recibiendo veremos que no tienen nada que ver con lo religioso y se quedan con el deseo de que pasemos unas felices Fiestas, e incluso en los adornos que alumbran nuestras ciudades vemos que se ha eliminado cualquier símbolo religioso, tampoco aparecen las palabras: Dios, Jesús o Navidad.
Otro hecho que me llama la atención es que muchos de esos “olvidos” los hacen algunos que se consideran cristianos, en el supuesto nombre de la libertad y de la tolerancia. No se vayan a molestar los no cristianos, no les ofendamos con nuestra fe, dicen algunos creyentes avergonzándose de Jesucristo.
No voy a ser negativo, la Navidad es para muchas familias una fiesta con un sentido indiscutiblemente religioso, donde se aprecia el sentimiento religioso cristiano. Donde se monta el belén, donde todavía son los Reyes Magos o el Niño Jesús quien trae los regalos e incluso donde se muestra en la calle esa alegría.
Procuremos que la Navidad no sea sólo porque Cristo ha nacido, que se ha hecho hombre para abrirnos la puerta del cielo, y fomentemos otros aspectos positivos como les dicen los ángeles a los pastores: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2, 14). Por todo ello podemos decir: “PAZ Y FELIZ NAVIDAD a todos”.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Jueves 19 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: Parece que vamos a disfrutar del sol, desde las 08:15 horas hasta las 17:41, y lo vamos a hacer en este día que celebramos a san Dario.
Durante toda la vida he ido acumulando una inmensa gratitud a muchas personas, que me dieron, o me siguen dando, lo que me permite vivir decorosamente, hacer la mayoría de las cosas que tienen algún valor y, sobre todo, ser feliz en grandes temporadas de mi vida o conseguir algunos momentos de felicidad cuando aquello ha de dejado de ser posible. Siempre he tenido esto presente, y cuando he recordado y contado algo de mi vida he ido señalando en la medida en que podía hacerse esa larga serie de deudas.
De personas bien nacidas es ser agradecidas. Lo hemos oído muchas veces y también lo habremos dicho, también sabemos que de todos los sentimientos que tenemos la gratitud es el más efímero de todos. Y no deja de haber algo cierto en ello. El saber agradecer es un valor en el que pocas veces se piensa.
Para muchos de nosotros es fácil dar las “gracias” por los pequeños servicios que recibimos a diario. Pero no siempre es así.
Ser agradecido es más que saber pronunciar unas palabras de forma mecánica, la gratitud es aquella actitud de aprecio a lo que alguien ha hecho de más por nosotros.
La gratitud no significa “devolver el favor”: si alguien me sirve una taza de café no significa que después debo servir a la misma persona una taza y quedar iguales… El agradecimiento no es pagar una deuda, es reconocer la generosidad de las personas.
La persona agradecida busca tener otras atenciones con las personas, no pensando en “pagar” por el beneficio recibido, sino en devolver la muestra de afecto o cuidado que tuvo.
Pero la gratitud, en su sentido más profundo, es diferente, significa vivir la vida como un regalo que se ha de recibir con agradecimiento. La gratitud a la que me refiero es la que abarca “toda” la vida: lo bueno y lo malo, lo alegre y lo doloroso. ¿Es esto posible hoy en día donde la alegría y la tristeza, el gozo y el sufrimiento, la paz y el conflicto permanecen radicalmente separados? ¿Podemos hacer frente a las numerosas consignas que nos dicen: “No puedes ser alegre cuando estás triste; por eso, sé feliz: haz aquello, ven aquí, ve allá… y tendrás un momento de felicidad en el que puedes olvidar tu sufrimiento”? ¿Es realmente posible abrazar con gratitud toda nuestra vida y no sólo las cosas buenas que nos gusta recordar?
Si lo pensamos bien nos daremos cuenta que la alegría y la tristeza no están nunca separadas, que el gozo y el sufrimiento están muy unidos, por esta razón la verdadera gratitud es la que abarca todos los momentos que hemos vivido. Sabemos que después de la tormenta viene la calma por eso se puede agradecer a la tormenta que nos traiga la calma.
Nos resulta muy fácil poner los recuerdos malos bajo la alfombra de nuestras vidas y pensar sólo en las cosas buenas que nos agradan. Pero, si lo hacemos, impedimos que podamos descubrir lo bueno que subyace en la tormenta, la alegría que subyace a la pena, la paz que se encuentra escondida en medio de mis conflictos y la fuerza que sin duda se esconde en medio de mi debilidad.

Feliz Día.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Miércoles 18 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 


Buenos Días Amigos Míos: Parece ser que hoy si que vamos a poder ver el sol durante algunas horas desde las 08:14 horas hasta las 17:41, y que podremos celebrar la festividad de Nuestra Señora de la Esperanza con un esplendido día.
Es obvio, estoy casi seguro, que la inmensa mayoría de nosotros conocemos la diferencia que existe entre la caridad y la justicia. Pero a pesar de ello, lo recordaré rápidamente. La caridad es dar algo nuestro, ya sea nuestro tiempo, o nuestra energía o recursos con el propósito de ayudar a otros que se encuentran en necesidad. O sea, lo que viene siendo tener un buen corazón. La justicia, por otra parte, trata menos de regalar algo directamente y más de procurar cambiar las condiciones y sistemas que sitúan a otros en necesidad.
La diferencia parece clara, pero a pesar de ello quiero poner un ejemplo que todos conocemos pues lo vivimos casi todos los días con la inmigración que nos llega en pateras a nuestras playas. Supongamos que vivimos en una ciudad a la orilla de ese mar y todos los días nos encontramos con personas que llegan a nuestra playa, atendemos y socorremos a los vivos y enterramos respetuosamente a los muertos. Llevamos haciendo esto desde hace años, de buen corazón; pero, a través de todos esos años, ninguno de nosotros ha cruzado nunca ese mar para ver por qué hay cada día más pateras que nos llegan con personas en malas condiciones. Somos personas de buen corazón y caritativos, pero esa caridad y ese buen corazón no está cambiando la situación que esta haciendo que diariamente sigan llegando.
Otra cosa, es posible, que yo y mis vecinos no seamos ni remotamente conscientes de que nuestra manera de vivir, aparentemente desconectada del todo de los inmigrantes que atendemos diariamente, podría está contribuyendo de hecho a la causa de esas vidas y sueños perdidos; y que, de buen corazón como somos, podemos ser cómplices de algo que está perjudicando a otros, incluso mientras ello nos está proporcionando los recursos y medios para ser caritativos.
El ejemplo anterior no quiere mostrar que no debemos ser caritativos y de buen corazón. La caridad de uno a uno es lo que se requiere de nosotros, como humanos y como personas de bien. La lección que tenemos que aprender es que ser de buen corazón no basta. Es un comienzo, bueno en sí, pero nos debemos exigir más.
Sospecho que la mayoría de nosotros ya sabe esto, pero quizás somos menos conscientes de algo menos obvio, a saber, que nuestra verdadera generosidad podría estar contribuyendo a una ceguera que nos permite apoyar (y votar) sistemas políticos, económicos y culturales concretos que tienen la culpa de los cuerpos heridos y muertos que estamos atendiendo en nuestra caridad.
La caridad, maravillosa como es, no es aún justicia; un buen corazón, maravilloso como es, no es aún la buena política que sirve a los menos privilegiados; y la filantropía, maravillosa como es, puede hacernos confundir la caridad que estamos haciendo con la justicia que se nos pide.
Cuando vemos claramente la violación de los derechos de otra persona, una injusticia directa, nos desconcertamos, pero la injusticia y el responsable son obvios. Vemos que algo está equivocado y podemos ver quién es el culpable. Pero, y esto es su punto principal, cuando vivimos con sistemas injustos que violan a otros, nosotros podemos estar ciegos a nuestra propia complicidad porque podemos sentirnos bien con nosotros mismos, ya que nuestra caridad está ayudando a aquellos que han sido violados.
Por ejemplo: Imaginaos que yo soy un hombre de buen corazón que siente una genuina simpatía por los sin techo de mi ciudad. Como se acerca el tiempo de Navidad, hago una gran donación de comida y dinero al banco local de alimentos. Mi caridad aquí es admirable, y no puedo menos que sentirme bien de lo que hice. ¡Y lo que hice fue una cosa buena! Pero después, cuando apoyo a un político o una política que privilegia a los ricos y es desfavorable a los pobres, no puedo pensar que estoy haciendo mi parte justa y que tengo un corazón que se inclina hacia los pobres, mientras mi voto ayuda a asegurar que habrá siempre gente sin techo que alimentar el día de Navidad.
Pocas virtudes son tan importantes para la persona como la caridad. Es señal de un buen corazón. Pero el merecido buen sentimiento que tenemos cuando damos de nosotros mismos caritativamente no debería estar confundido con el falso sentimiento de que en realidad estamos haciendo nuestra parte.

Feliz Día.

martes, 17 de diciembre de 2019

Martes 17 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Muy Buenos Días: hoy, que parece ser que no vamos a poder disfrutar de “nuestro sol”, es momento al menos de celebrar la festividad de santa Yolanda y felicitar a todas las Yolandas que conozcamos.
En estos días, que nos acercan a la Navidad, me estoy dando cuenta que muchas personas saben poco de la esperanza. Sabemos sobre deseos. Si miramos a nuestro alrededor, rápidamente, nos daremos cuenta. Quiero esto; desearía aquello… Queremos cosas muy concretas: un juguete, un móvil… La gran mayoría son peticiones muy específicas. La esperanza no tiene nada que ver con el optimismo. Lo piensa mucha gente, piensan que la esperanza es el optimismo, el mirar el lado positivo de la vida. No se trata de pensar que llegará un día en que todo será maravilloso. Los problemas, las enfermedades, los desastres no van a desaparecer, la esperanza significa que vamos a poder superar todos los problemas, todas las cosas malas. Se pueden vencer las cosas malas, se puede vencer el mal. Ésta es la fuerza de la esperanza.
Por eso se dice tanto que es lo último que se pierde. De aquí que resulte esencial para nuestras vidas, no podemos vivir sin esperanza. Hay que tener una finalidad en la vida, un sentido para nuestra existencia. Tenemos que aspirar a algo. Sin esperanza, comenzamos a morir.
Por tanto, la esperanza nos ayudará en nuestro camino dándonos la fuerza que, necesariamente, nos ha de empujar hacia delante, ayudándonos a soportar los momentos de problemas por los que pasemos.
Llegados a este punto, como ya supondréis la “cosa” se complica, pues bien podemos preguntarnos, entonces, de quién viene la esperanza, cuál es el origen de la misma. A esta pregunta, ya intentaremos responder en otra ocasión, aunque ya es interesante que nos la formulemos.  
Así, lo que nos “facilita” la esperanza es, nada más y nada menos, que no dejemos de ver qué es lo que, en realidad queremos, nos ayuda a encontrar lo que nos ayuda en la persecución de tal fin, de ahí el tener claro cual es el fin que anhelamos.  
Por todo lo dicho, a la esperanza hay que prestarle una atención particular, sobre todo en estos días, en el que muchas personas se debaten entre la ilusión y el mito de conseguir una felicidad rápidamente, y por lo tanto pasajera, y la tentación del pesimismo al sufrir frecuentes decepciones y derrotas.
Sin embargo, en estos tiempos no basta con despertar la esperanza en la interior de nosotros; es preciso hacer ese camino todos juntos.  

Feliz Día.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Lunes 16 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Amigos míos; Buenos Días, hoy santa Adelaida, con un sol que nos acompañará desde las 08:13 horas hasta las 17:40. 
Este fin de semana me he podido dar cuenta de que a pesar de que consideramos la coherencia como uno de los valores que poseen más valor a la hora de estimar a las personas, cada vez se tiene menos en cuenta, y, tal vez se deba a que no tenemos claro cual es la coherencia que vale y cual no.
Si un hombre defiende que algunas personas son “inferiores” y otros “superiores”. Si actúa coherentemente con esa idea, las consecuencias pueden ser desastrosas si alcanza el poder.
Un político que durante la campaña electoral provoca a los oyentes al sostener que cortará las manos a los ladrones. Si vence en las elecciones y es coherente…
No hay que tener dudas al pensar que la coherencia de las personas nos facilita mucho las relaciones entre nosotros y que en cambio cuando nos encontramos ante alguien incoherente no sabemos ni cómo actuará dentro de unas horas ni cómo deberemos tratarle el día de mañana.
Pero claro, la coherencia adquiere su sentido justo sólo cuando se trata de una coherencia sana, basada en principios correctos y comportamientos que estén ajustados a los mismos.
Por lo tanto, somos coherentes cuando, al actuar, nuestra voluntad está de acuerdo con nuestro entendimiento; cuando nuestros actos están de acuerdo con nuestros principios; cuando nuestras palabras van de acuerdo con la verdad.    
Un político coherente intentará llevar a cabo aquellos programas prometidos a sus votantes. Un político incoherente no realiza lo que había ofrecido a la gente como proyecto electoral. Todos nos damos cuenta de que la coherencia en política resulta difícil. En parte, porque hay políticos que dicen defender lo que en realidad saben imposible. En parte, porque una cosa son los proyectos ideales y otra muy distinta la realidad vista al recibir un encargo concreto.
Que sepa de las dificultades que existen en política para ser coherentes no quita que exija que lo que se haya prometido durante la campaña electoral sea respetado en el parlamento, en el gobierno o en otras instancias de poder.
En fin, es complicado ser coherente si no se tienen unos principios dignos, y es aquí donde comienzan las dificultades, pero hay que intentarlo, pues sin tener coherencia no vamos a poder cumplir con muchas de nuestras obligaciones, no vamos a poder ser honestos y responsables; y estos son valores que son indispensables para ser sinceros y por lo tanto confiables.
Ya se que muchas veces nuestra coherencia nos hace ser muy susceptibles a la influencia de las personas y lugares a los que asistimos; por temor callamos, evitamos contradecir la opinión equivocada, o definitivamente hacemos lo posible por comportarnos según el ambiente para no quedar mal ante nadie. No es posible muchas veces ser coherente si somos incapaces de defender los principios por lo que se rige nuestra vida. Lo mejor es mantenerse firme, aún a costa del cargo, opinión o amistad que aparentemente está en juego.
¿Por qué callar? ¿Por qué no defender mis convicciones y lo que representa la razón mi vida? Si me siento incomodo y avergonzado por lo que se dice o se hace. No se trata aquí de discutir sobre el motivo del diálogo, sino de la actitud, de la pasividad con que me enfrento a los temas álgidos, los importantes y los superfluos. ¿De cuántas cosas me avergüenzo sabiendo que son correctas?
La verdad es que hay que ser muy valiente para superar el miedo a ser señalado como un extraño, anticuado o retrógrado, y además nos encontramos con el riesgo de que por ser coherentes adoptemos una actitud que se puede traducir en un soy como soy y así pienso. Efectivamente, la coherencia exige esa firmeza y postura, pero se necesita un criterio bien formado para no caer en la obstinación.
Es complicado en estas fiestas que se acercan acudir a cenas y conmemoraciones y ser coherentes, por lo tanto, siempre debemos ser conscientes que la coherencia hasta cierto punto es flexible. Por una parte es aprender a callar y ceder en las cosas sin importancia; pero en circunstancias en las que se tocan temas trascendentes se tiene la obligación de enfrentar la situación para evitar un daño a los derechos de los que no están presentes. Este es el motivo por el cual, el ejercicio de la prudencia es determinante, para saber actuar acertadamente en cualquier circunstancia.
En fin, en estas fiestas, intentaré evitar discusiones y enfrentamientos por cosas sin importancia. Si hay algo que defender o aclarar, procuraré no perder la cordura. Serenidad, cortesía y comprensión.

Feliz Día.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Viernes 13 de diciembre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton).  

Buenos Días: Una jornada complicada esta del viernes, el viento siempre me ha molestado, y razones tengo muchas, por eso a pesar de que el sol me acompañara desde las 08:11 horas hasta las 17:39, no creo que sea suficiente para hacerme disfrutar meteorológicamente del día de santa Lucia, y eso que el espectáculo de ese amanecer rojizo que acabo de disfrutar y que solo el fuerte viento de poniente puede provocar me que indica que hoy puede ser un gran día.
Me he levantado con unas preguntas rondándome por la cabeza: ¿estoy agradecido de verdad por todas las cosas buenas? ¿Sencillamente, tengo que aceptar o tratar de olvidar los momentos difíciles? Por lo general, se tiende a separar nuestro pasado en cosas buenas que recordamos con satisfacción y las cosas penosas que las aceptamos e intentamos olvidar.
Por eso, una vez que aceptamos esta división, desarrollamos rápidamente una mentalidad en la que esperamos reunir más recuerdos buenos que malos, más cosas por las que estar agradecidos que por las que sentirnos ofendidos, más cosas que celebrar que cosas por las que lamentarnos. Pero, esta forma de pensar, que a primera vista parece muy normal, si lo pensamos, nos impide que todo nuestro pasado se convierta en la base desde la cual levantemos nuestro futuro.
Ver en nuestro pasado solo las cosas por las que estar agradecidos es un sistema muy complicado para sacar conclusiones acertadas de cómo hemos llegado a vivir este presente y como nos enfrentamos al futuro. Es difícil precisamente porqué me dificulta afrontar los momentos dolorosos y sacar conclusiones positivas de esos malos momentos.
Mirar al pasado y estar agradecido por haber llegado al presente implica celebrar incluso las penas de la vida, porque confío en que, cuando llegue el momento de tomar alguna decisión sobre el futuro estaré más preparado.
Voy aprendiendo poco a poco que estar agradecido a la vida me pide que este agradecido a “todo”. Cuando nuestra gratitud por el pasado es sólo parcial, nuestra esperanza por un futuro nuevo no puede verse nunca cumplida. Si quiero estar de verdad preparado para el futuro que me espera, si quiero estar verdaderamente alegre con la perspectiva de una nueva vida, entonces todo mi pasado, debe ser uno, tiene que convertirse en esa fuente de energía que me empuje hacia el futuro.

Feliz Día.