domingo, 12 de julio de 2020

Volver a empezar.

“Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).



Volvemos a ponernos en marcha.
Es nuestra segunda salida en este extraño verano. Esta vez, ya con algunos cambios realizados vamos a superar la semana de duración.
Muchos pensareis que estos viajes son solamente pruebas y que no tienen el mismo valor, que son como un “parche” a ese viaje al Nordkapp, y no es toda la verdad pues no se puede sustituir un viaje de tres meses y con más de 4500 kilómetros tan facilmente.


Todas las salidas que se realizaran este año son las que con seguridad hubiéramos realizado después de volver del Nordkapp, hemos cambiado el orden. Este año nos quedamos en España y el año que viene “si Dios quiere” volveremos a pensar en el Nordkapp y en Europa.
Dentro de unas horas empezamos este viaje circular, o sea saldremos de Pego y volveremos a Pego con la bicicleta, ya se que puede parecer que al recorrer lugares que nos son próximos y por lo tanto conocidos se puede pensar que puede ser monótono, pero la monotonía, como bien sabéis, no tiene nada que ver con un lugar, es un sentimiento personal.


Como decía Chesterton: “No hay paisajes tristes; hay solamente espectadores tristes”.

jueves, 9 de julio de 2020

Mejorar.


 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


Mi bicicleta es nerviosa, lo ha sido siempre, pues es corta ya que solo mide un metro exacto entre los dos ejes de las ruedas y, en esta nueva época al ponerle las alforjas delanteras se ha vuelto todavía más nerviosa.
La solución que encontré en un primer intento para tranquilizarla fue bajar las alforjas y así bajar también el centro de gravedad, con la intención de que se manejará mejor. Y funcionó, esta última salida de seis días me lo confirmo.
Después me enteré de que si el centro de gravedad de todo el conjunto estaba debajo de mi cuerpo aún la manejaría mejor y, entonces decidí retrasar las alforjas delanteras lo máximo posible, y ya las he retrasado, pero aún no las he probado.
Y ahora me dicen que si en vez de llevar un manillar de la talla 44, llevase uno de la talla 46 sería capaz de manejarla todavía mejor, tengo que decir que de anchura de hombros mido 42,7 cm, así que he pedido uno de talla 46 y, en cuanto lo tenga voy a cargar las alforjas y nos vamos a realizar otro circular de varios días para probar todos los cambios.


Todos estos dolores de cabeza son sin duda culpa del covid 19, estoy seguro, pues si no hubiese aparecido, me hubiese marchado con lo que tenia y como lo tenía hacia el Nordkapp a finales de abril, y ahora estaría, seguramente por Suecia con mis alforjas delanteras altas y adelantadas, y con mi cassette de 11-28 dientes y tan contento.
Pero en estos meses de espera la cabeza no ha parado de trajinar siempre con el propósito de mejorar, es bueno proponerse hacer cambios para perfeccionar lo que ya tenemos.
Las personas podemos y debemos aspirar a mejorar cada día a lo largo de nuestra vida. Es un trabajo que siempre producirá grandes satisfacciones, y que, en cierta manera, llenará de sentido nuestra existencia.
Ya sé que nunca conseguiré la bicicleta perfecta, ni el recorrido perfecto, ni el viaje, ni la vida, es verdad, y por eso no debe confundirse la idea de buscar una mejora con un enfermizo afán perfeccionista. Querer aproximarse lo más posible a un ideal de perfección es muy diferente del perfeccionismo, o de embarcarse en la utópica pretensión de llegar a no tener defecto alguno (o la más peligrosa aún, de querer que los demás tampoco los tengan).
Nos tenemos que enfrentar a nuestros defectos de un modo inteligente, aprendiendo de cada error, procurando evitar que sucedan de nuevo, conociendo nuestras limitaciones —sin miedo a mirarlas de frente— para evitar exponernos innecesariamente a situaciones que superen nuestra resistencia. Así, además, comprenderemos mejor los defectos de los demás y sabremos ayudarles mejor.


Ese trabajo de ir mejorando no debe afrontarse como algo que nos produzca angustia o estrés. Ha de ser un empeño continuo, que se aborde en el día a día con un ánimo sereno, de modo cordial y con espíritu deportivo, sabiendo las dificultades con las que nos enfrentaremos y la importancia radical de la constancia en ese propósito.
La conclusión parece clara: conformarnos en exceso con lo que tenemos, pensar que todo está bien, o relativizarlo todo, conduce a más problemas de los que evita. Nos estancamos. Es posible que no podamos evitar sentirnos fracasados o defraudados cuando al final nuestros proyectos choquen con la dura realidad. Pero sabremos que hemos avanzado en el camino por ser mejores y dejaremos de lamentarnos tanto de los problemas pues sabremos que nos hemos esforzado por conseguirlo, forjando así nuestro carácter. Sabremos que estamos viviendo en el mundo real.
Buenos Días.

miércoles, 8 de julio de 2020

Identidades conflictivas


 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).


Siempre he sido de la opinión que las personas necesitamos tener una identidad, así como las comunidades a las que pertenecemos. No tenerla es en la mayoría de los casos una fuente de daños ya sean individuales o colectivos. Necesitamos ser alguien y saber que se está formando parte de algo para vivir.
Pero, y es que siempre hay un “pero”, esto que es positivo puede transformarse en algo peligroso si fundamentamos la naturaleza de nuestra identidad, no tanto en lo que somos, como en el conflicto con los demás. El peligro no radica en tener una identidad fuerte, sino en si el conflicto con “los otros” es lo que define la identidad, en lugar de su carácter convivencial y benéfico.
Si lo pensamos nos daremos cuenta de que cuando esto ocurre, las personas nos enfrentamos con nuestro prójimo, y surge un enfrentamiento de venganza, una familia contra otra, un clan, una tribu contra otra, una nación contra otra nación.
Entonces, el conflicto que surge ya sea de baja o alta intensidad se convierte en el centro de la escena, constituye el eje de toda política. Esto ha sido así desde siempre y los esfuerzos de la buena política han consistido en evitar los enfrentamientos mediante el diálogo y la transacción. La filosofía moral por su parte ha intentado desarrollar la afirmación positiva de la identidad individual y colectiva.
Digo esto porque hoy en día una nueva guerra de identidades empieza a amenazar gravemente a nuestra sociedad y a la civilización. Son identidades que están basadas en el conflicto, en la guerra cultural, en la dominación política, en la negación de toda razón al que discrepe de ellas. No se basan tanto en la defensa de unos derechos, como en la descalificación para conseguirlos, y en este sentido destruyen la relación que pueda existir entre las partes. Es digno de análisis, por ejemplo, el empeño que existe en descalificar lo que se ha llamado amor romántico, acusándolo de machismo.
Estamos viendo como muchas organizaciones y grupos ya no defienden sus identidades, sino pura y llanamente su supremacía. El derecho a poseer mayores derechos. Y para ello no paran en barras, desde la supresión de un principio básico en el estado de derecho como es el de la presunción de inocencia, sustituido por la inversión de la carga de la prueba, por la cual el denunciado es quien debe demostrar que es inocente. Este, por ejemplo, ha sido uno de los caballos de batalla de las distintas leyes en beneficio de las identidades de género, que han desarrollado muchas comunidades autónomas.
Es del todo imposible construir una buena sociedad, en realidad una sociedad, bajo estos tipos de enfrentamientos que se sitúan en el plano más básico de la convivencia, el de unas personas con otras, el de los hombres y mujeres. Hay mirar con cuidado muchas de las leyes que se están aprobando y que con tanto entusiasmo defienden liberales y socialdemócratas, que según mi parecer son incompatibles con la democracia, porque ésta no soporta en su seno un conflicto tan radical entre identidades, sean las que sean. Por eso a largo de la historia, cuando este tipo de conflictos se han producido, la democracia representativa y sus instituciones han entrado en crisis.
Si miramos a nuestro alrededor, a los países que nos rodean veremos que buena parte del populismo se explica en esta clave. No es la única razón, pero sí una de las principales, y la que le permite extenderse por grupos y clases sociales que de otra manera serían contrarias a determinadas posiciones de estos populismos, como por ejemplo su rechazo frontal a la inmigración.
La raíz del problema de la crisis de la democracia radica precisamente en la responsabilidad que en ella tienen estas identidades conflictivas, belicosas, agresivas, nada democráticas. Es en base a esta defensa de la democracia parlamentaria y del Estado de derecho que hay que apartar como perjudiciales las identidades que se basan en el conflicto, de la misma manera que hay que descalificar cualquier otra formulación identitaria que funcione bajo la misma lógica del enfrentamiento y la propagación del odio hacia los otros.
Tenemos un problema con las identidades conflictivas.
Buenos Días.

lunes, 6 de julio de 2020

Prueba superada.

“Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).

Mucho mejor, como no podía ser de otra manera, se comportó la bicicleta, se sube más descansado lo que no va a impedir que con las alforjas cargadas y en algunas de las fuertes rampas del puerto de Tollos tenga que poner “pie a tierra”.

La intención, no ha sido nunca, no poner “pie a tierra” en ninguna subida, cosa que todos sabemos que resultaría imposible para un cicloturista sobre todo cuando en sus genes se encuentra el de la búsqueda de caminos escondidos y solitarios, la idea del cambio de piñones era simplemente hacer más cómoda esa búsqueda.  

Vamos a subir más lentos y con las pulsaciones más tranquilas, al fin y al cabo, lo que buscamos es disfrutar y sufrir solo lo estrictamente necesario.

El problema del sufrimiento encima de una bicicleta nunca forma parte del proyecto originario de un viaje y si aparece y lo permitimos (no lo queremos), es para asumirlo como una parte de la aventura que puede llegar a ser cualquier viaje.

Llevar a nuestro cuerpo al sufrimiento físico para obtener algún tipo de beneficio siempre me resulta complicado, sobre todo al establecer los límites, ya que soy de la opinión de que la vida humana es frágil y necesita de nuestro cuidado al ser lo más importante en el mundo, no importando si apenas es del tamaño de la cabeza de un alfiler o tiene ya cien años.  Y urge recordarme que no puedo jugar con mi cuerpo sin que existan consecuencias.

Por eso, de principio a fin hay que defender la vida y todos sus ciclos, porque si no comprendemos que es lo único que merece ser preservado, estaremos condenados a fracasar como personas.

No quiero que se me entienda que no estoy a favor de la actividad física y de practicar algún deporte con el propósito de mantener la salud y poseer una buena forma física con un buen estado de salud funcional y metabólico, lo que quiero decir es que no hay que hacer barbaridades para conseguirlo. 


Es muy bueno hacer deporte como una práctica moderada en la que disciplinamos el cuerpo para entrenar la voluntad. Estamos pues, haciendo bien al preocuparnos por nuestro cuerpo. El problema es que no siempre la motivación es la deseada. Los motivos pueden distorsionarse en la medida que las prioridades de lo que nos rodea se van colando. Tanto para hombres y mujeres, los músculos, el contar las calorías, las tallas, la báscula, la ropa ajustada y las vitaminas, se van volviendo en casi un culto. Si nos está pasando algo parecido o estamos viviendo para el deporte es bueno que recapacitemos pues podemos perder el norte y tener consecuencias que no afectan solo lo físico sino también lo espiritual.

Hay tiempo para todo, un tiempo para cada cosa bajo el sol. El problema es cuando las prioridades se desordenan. El cuidado de la salud física es importante y debemos dedicar tiempo a eso. No obstante, hay otras cosas a las cuales también es bueno dedicar tiempo, familia, el crecimiento intelectual y espiritual, el descanso, los amigos, el trabajo y un largo etcétera.

Qué el deporte nos ayude a desarrollar el hábito y la disciplina para poder dar el tiempo necesario a cada cosa, pero que no se convierta en una actividad a la cual se le da tiempo de forma desproporcionada.

Buenos Días.


sábado, 4 de julio de 2020

Las crisis y los problemas.


“Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


Mientras subía el primer puerto medianamente importante del ultimo viaje me daba cuenta de que no tendría suficientes dientes en mi piñón grande para superar, con sufrimiento, las subidas más serias que sin duda aparecerán en cuanto nos enfrentemos a verdaderas cordilleras.
En todos los viajes siempre hay momentos en los que por culpa de las subidas o más aún con motivo de las fuertes rampas que a veces aparecen sin avisar entramos en crisis y tenemos que poner pie a tierra, estas podríamos llamar crisis forman parte de toda la vida cicloturista, sin embargo, si se pueden aliviar se deben aliviar.
Mi 11-28 con 7 coronas era claramente mejorable sobre todo si miraba el 12-34 con 8 coronas que lleva Carmen, así que estos días he buscado una combinación mejor y creo que la he encontrado, un 12-32 con 7 coronas y, ya he realizado el cambio, mañana lo probaremos, aunque sin alforjas para ver sobre todo si el cambio de marchas continúa funcionando sin problemas. 
Por cierto si alguien quiere saber más sobre mi nuevo casete lo puede ver en: https://amzn.to/38tssTC 
Si todo funciona como debería ser ya tendré solucionado el problema de las subidas y solo me quedará solucionar en parte, porque estoy seguro de que en su totalidad no podrá ser, lo nerviosa que se pone la bicicleta cuando le pongo las alforjas delanteras.


Algunos problemas que se presentan en los viajes son previsibles, por cierto, también se me rompió un rayo de la rueda trasera, aunque no me di cuenta, al ser dificultades que van a suceder nos dan más posibilidades de prepararnos para ellas. Tal es el caso de la lluvia, como el frío o el calor, un pinchazo… que provocan problemas por la necesidad de adaptarse a esas nuevas situaciones. Estos ejemplos forman parte de situaciones que todos hemos de afrontar alguna vez cuando viajamos en bicicleta. Y son problemas que han de estar integrados en el sentido global de un viaje, dado que no se pueden separar del hecho de estar al aire libre y de la mecánica de la bicicleta.
Otras dificultades son imprevisibles, por su aparición súbita o porque no formaban parte de las situaciones esperables, y por ello, suponen un mayor sufrimiento al pillarnos desprevenidos. Son crisis mucho más difíciles de afrontar. Por ejemplo, ese es el caso de una caída que nos provoque algo más que un rasguño, o una enfermedad inesperada.


Cualquier tipo de dificultad que nos encontremos nos va a enfrentar a nuestras vulnerabilidades y limitaciones, que sin duda tenemos. Aunque resulta llamativo que ese enfrentarnos a nuestras vulnerabilidades y limitaciones resulte tan inesperado para tantos de nosotros. Pues es una evidencia que todos somos seres vulnerables y limitados, además de finitos. La posibilidad de sufrir adversidades, de enfermar forma parte de nuestros viajes como algo inevitable. Así que, ¿cómo es posible que cuando sobrevienen estas circunstancias puedan llevarnos a tanta desesperación y desconcierto? Según me parece pueden ser varios los factores que pueden estar influyendo en ello.
Voy a poner un ejemplo, parece ser que hoy en día muchas personas, han aprendido a vivir en la ficción de que pueden controlar todos los factores que configuran su vida. El disponer de tantas comodidades les ha hecho instalarse en burbujas de una seguridad irreal que les ha vuelto aún más vulnerables, al no haberse preparado para cualquier adversidad posible. El sentido de la vida de muchas personas se ha instalado en un hedonismo infantil que les ha convertido en seres frágiles. Son personas que no son conscientes de que su comodidad no puede durar eternamente. La comodidad y la inmediatez de tantas cosas nos ha hecho llegar a percibir que, como tantos deseos se pueden obtener a golpe de un clic, todo puede estar en nuestras manos cuando queramos.
Ante esta situación, las crisis y los problemas que nos vamos encontrando pueden suponer un derrumbamiento de ese sentido ficticio, lo que supone enfrentarse a una vulnerabilidad máxima, que se puede llegar a vivir como el fin del mundo. Y, efectivamente, puede ser el fin de un mundo ficticio que es mejor destruir. Pero, este fin del mundo, al poner de manifiesto la propia vulnerabilidad, puede hacer que las personas entren en estados psíquicos sumamente dolorosos que desencadenen diversos trastornos mentales o que lleven incluso al suicidio, al no poderse soportar lo que sucede. Sin duda hay que empezar a pensar en cómo replantearnos una vida que planteada de forma irreal acaba llevando de la evasión a la desesperación.


Llevar todo lo necesario para vivir en unas pocas bolsas nos ayuda a ver la vida de otra manera, tenemos la oportunidad de mirar la realidad con más objetividad, para así llegar a encontrarnos con quienes somos realmente. Entonces los problemas y las crisis pueden llegar a ser un camino hacia el descubrimiento de nuestro potencial y nuestro ser real, para que, conociéndonos de manera más objetiva, podamos llegar a una toma de contacto con nosotros mismos, que nos permita reorganizar nuestras prioridades y ver qué es lo que realmente importa.
Esta situación nos puede llevar a conectar con un sentido de la vida más consistente, asentado en una identidad más fuerte, en la que somos conscientes de que podemos desarrollar nuestros potenciales internos y de tener más recursos para afrontar las dificultades. Nos vemos, como realmente somos, seres vulnerables, pero también con una fuerza interior y unas capacidades creativas para enfrentarnos a las dificultades que nos vayan surgiendo y, es desde aquí donde podemos llegar a tener un sentido de la vida más pleno y consistente.  
Es decir, que, si nos paramos a mirarnos con humildad, realismo y consciencia, es como podemos descubrir no solo nuestra limitación, sino nuestra fortaleza y posibilidad de crecer y de madurar, incluso en mitad de una crisis y, en parte, gracias a ella. De este modo algunas crisis pueden llegar a ser, una oportunidad de crecimiento, de aprendizaje y de asunción de una consciencia de la vida más realista, llevando al ser humano a su madurez interior.
No es fácil, lo sé, pues para llegar a la posibilidad de que los problemas nos despierten la conciencia y la consciencia, necesitamos antes aprender a mirar la realidad exterior e interior con humildad, siendo conscientes de que no lo sabemos todo. Esa posición, puede darnos la opción de probar nuestras capacidades y creatividad ante los nuevos retos que el mundo de hoy nos presenta. También necesitamos ayuda de quienes han resuelto sus problemas antes de nosotros. Esta tarea supone la necesaria cooperación entre nosotros, tomando consciencia de la responsabilidad de todos y el compromiso personal de cada ser humano para con su propio ser y sentido.
Buenos Días.

viernes, 3 de julio de 2020

Máster en libertad.


 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


A quince kilómetros por hora, que suele ser la velocidad media de una jornada de cicloturismo se tiene tiempo para muchas cosas, generalmente se está pendiente de la carretera y del tráfico, pero también se piensa.
Leí hace tiempo una frase, no recuerdo de quien, que decía más o menos: “Una cosa es pensar, y otra muy distinta pararse a pensar”. En la bicicleta pensamos muchas cosas y sobre muchas cosas, pero se hace difícil pararnos para razonarlas, lo que no quiere decir que se llegue a conclusiones atolondradas pues solemos ser apacibles, sosegados y sobre todo tranquilos, nos gusta la mansedumbre.  
 No de esa mansedumbre ñoña y amorfa que tantas veces se achaca a muchas personas para vilipendiarlas. Me refiero a esa mansedumbre hecha de paciencia y fortaleza, que sabe estar a la altura de cada circunstancia, que le da tanto valor a la tranquilidad como a las emociones, que genera personalidades maduras. Con la singularidad de que no nos enfadamos ante los imprevistos que nos encontramos, y sí que nos rebelamos contra las injusticias que en demasiadas ocasiones se producen con los ciclistas.
Si en estos meses hemos podido hacer todo un curso de mansedumbre con el confinamiento, también es verdad que nos hemos podido sacar un máster en libertad. Sin embargo, tenemos tiempo ahora para estudiarlo mientras pedaleamos. Ya sé que el tema es inmenso, pero no hace falta pararnos para recapacitar, con solo dejar que nuestros pensamientos vaguen un poco sobre la libertad que disfrutamos al viajar en bicicleta es suficiente.
En seguida nos daremos cuenta de que para muchas personas la libertad consiste en poder hacer cosas; cuantas más cosas pueda hacer, más amplio es el ámbito de mi libertad, concluyen muchos. Pero no es así. La libertad, lo sabemos muy bien, la mide el amor, y puede haber muchísima más libertad en un preso que está en un campo de concentración; ¡cuántos ejemplos, verdad! Que, en una vida aparentemente libre para actuar; ¡cuántas servidumbres, nos rodean!
O podemos pensar también en ese elemento esencial de la libertad que es la necesidad de obedecer, tanta libertad hay como capacidad de obedecer. O pensar en ese otro elemento de la libertad que es la dependencia, la independencia es un defecto; somos seres dependientes. A más dependencias, más libertad −no me refiero a los vicios que esclavizan, me refiero a la dependencia buena de las personas−. O se podría pensar de la libertad como la capacidad de vivir sin sentir esclavitudes de nada, desprendidos de tantas cosas que pensábamos necesarias y resulta que no lo son: ¿no lo sentimos cada día del viaje? Acostumbrarnos a decir que no a tantas cosas para poder decir que sí a lo que valga la pena.
En definitiva, como se ve, podemos hacer nuestra licenciatura en libertad encima de una bicicleta. Nadie nos lo impide. Somos libres de verdad.
Buenos Días.

martes, 30 de junio de 2020

Vocación de nido.


 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


Si nos fijamos con detenimiento en nuestro hogar nos daremos cuenta de que curiosamente es mucho más grande por dentro que por fuera, es tanto lo que alberga que desde fuera parece imposible que tantas cosas se encuentren y sucedan allí dentro.
La Salewa Denali III nos dio esa impresión el primer día que entramos en ella, no da la impresión desde fuera de su capacidad y de su amplitud, es verdad que es una tienda para tres personas y que nosotros somos dos, pero la sensación de comodidad no solo la sentimos por sus medidas sino también por sentirse a gusto nada más entrar.
Nos ha gustado, sin duda después de probarla durante estos días nos parece una buena elección y, si podía existir alguna duda sobre la utilidad de que se pueda montar sin utilizar las piquetas y que se pueda mover una vez montada hay que decir que esas cualidades deben ser imprescindibles en una tienda para cicloturismo.


Si alguien le interesa saber un poco más sobre nuestra casa cuando viajamos en bicicleta puede mirar la información en: https://amzn.to/2YMF8lE
Las personas necesitamos tener un hogar, un nido al que volver, donde encontremos calor y protección. También lo necesitamos cada noche cuando viajamos, un lugar donde mantener el calor de hogar y estar a gusto después de una jornada de pedaleo. Hay que conseguir sentirse a gusto, que no es lo mismo que el descanso físico que se consigue en una habitación de hotel, tenemos que intentar cada noche construir y volver a nuestro nido, nos encontremos donde nos encontremos.
Para el viajero es interesante tener vocación de nido, construirlo cada día, donde anidar cada día la fortaleza necesaria que nos dé el valor para volar cada mañana, saber que a la noche tendremos un nido que nos devuelva a dar la suavidad interior que produce reciedumbre.
Generalmente llegamos al final de cada jornada de viaje deseando montar nuestra casa, nuestro hogar, nuestro nido y deseando tranquilidad, planeando nuestra cena y el uso del escaso tiempo del que disponemos. El deseo de llegar a ver montado nuestro campamento es muchas veces un anhelo de calor si hemos pasado frío, de consuelo si estamos dolidos. Es un anhelo de bienestar, de contención. Es un anhelo de hogar.
Porque está claro que no es suficiente una casa o una tienda de campaña para que exista un hogar. Necesitamos crear un entorno personal, disponer de nuestras cosas y adornos que tengan significado para nosotros. Hace falta generar un espacio donde nos dé gusto estar y que se irá llenando en escasos momentos de afecto con nuestras vivencias, con los momentos gratos he pasado durante el día y que allí compartimos.
Para realizar un largo viaje es necesario poseer esa cualidad pues de lo contrario no puede durar meses, los grandes viajeros lo hacen cada día, crean hogar, mantienen la llama encendida cada noche. Cada uno de nosotros puede hacer que cada noche cuando montemos nuestra tienda o nuestro pequeño campamento sea una experiencia placentera y deseada. Solo se necesita sentir el calor de hogar. ¡Suerte!
Buenos Días.  

lunes, 29 de junio de 2020

Nos falló el cubre llantas.


 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


Hace días que estoy haciendo un repaso de cómo nos funcionó todo el material nuevo que adquirimos y haciendo los cambios que estoy viendo necesarios.
Así que os diré, poco a poco, cuáles han sido esas sensaciones, y curiosamente fue momentos antes de empezar cuando surgió la primera prueba.
El primer día siempre está lleno de incertidumbres y de ilusiones, por eso cuando te diriges a poner las alforjas en la bicicleta y descubres con sorpresa que la rueda trasera está vacía empiezas a pensar que vas a comenzar un viaje con episodios sorprendentes y que a fin de cuentas era esto lo que buscabas.  
No presenta muy buena imagen que estés reparando una rueda pinchada antes de colocar la primera alforja, no fue un pinchazo en el sentido teórico de que se clavó algo punzante en la cámara, sino que fue el típico roce de la cámara con el hueco de los rayos al tener demasiada presión o tener la cinta protectora de mala calidad, o sea el típico pinchazo que nos encontramos en la parte interna de la cámara y al que nunca localizamos su causa. 


La noche anterior hinche las ruedas a la máxima presión, tengo que decir que me sorprendí ya que tome mis precauciones; una buena cubierta, una cinta antipinchazos y otra cubre llanta. Me fallo la de la llanta con la máxima presión, al ponerle medio kilo menos de presión ya no tuve ningún problema en el viaje, aunque por precaución al llegar a Xàtiva compre en Decathlon otra junta para añadirla si se volvía a deshinchar.
Os dejo unos enlaces de ese material por si alguien siente la curiosidad de conocerlos.
Banda antipinchazos: https://amzn.to/31ntdMF
Cubre llantas: https://amzn.to/2BNhsUS
No es la mejor forma de comenzar una salida de varios días, pero sí lo que queríamos era probar el material no hay duda de que el comienzo era esperanzador.
Después de tantos años sin practicar el cicloturismo lo importante era subirse en la bicicleta cargada con el material para pasar varios días, y empezar a pedalear. Teníamos material nuevo que nunca habíamos probado y cambios en la bicicleta que no podían dar el resultado que esperábamos, pero esto no era lo que más importaba, es más creo que cuando realmente nos gusta una actividad la tenemos que realizar incluso sin tener ninguna esperanza de hacerla bien o que nos salga todo lo perfecta que nos gustaría.


El primer día todo estaba controlado, el recorrido nos lo sabíamos de memoria con sus subidas, bajadas y cruces, todo bajo control y sin embargo esa rueda vacía me recordó que los problemas existen y existirán siempre. Lo sabía, desde siempre existen los problemas. Y resulta que los problemas son el pan nuestro de cada día. Los problemas, si lo analizamos un poco, tienen todos algo en común, y es la forma en que se logra solucionarlos. La receta es la misma, bien sencilla.


Tenemos que acudir primero a los pequeños obstáculos para ir llegando al problema principal de nuestras preocupaciones. Empezar primero por lo más sencillo y no perder la tranquilidad. Quitamos la rueda, lo hemos hecho muchas veces, sacamos la cámara y la cambiamos por otra y montamos la nueva, poco a poco, sin prisas pues es solo un pequeño obstáculo que nos ha mantenido ocupados que no preocupados por unos minutos, no siempre resulta fácil enfrentar nuestros problemas, pero al menos podemos intentarlo mientras vamos poco a poco, transformando nuestro miedo, angustia y desesperación, en fortaleza y esperanza.
Buenos Días.

viernes, 26 de junio de 2020

Ya estamos de vuelta.


 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


Ya hemos vuelto de nuestro primer “ensayo general”, han sido seis días en los que la bicicleta y todo el material para la práctica del cicloturismo ha sido puesto a prueba.
443 kilómetros han sido suficientes para saber lo que ha funcionado bien y lo que podemos mejorar, salvo el material para la lluvia, que no hemos podido probar, todo lo demás ha sido puesto a prueba y ya haré los comentarios dentro de unos días.
Hemos probado también varios tipos de recorridos, puertos de montaña con varios tipos de desniveles, rampas imposibles, bajadas igual de imposibles, y días de muchos kilómetros llanos.


Hemos utilizado también varios tipos de lugares para pernoctar y hemos sacado interesantes conclusiones, que si no mejora mucho el tema del covid-19 van a ser de una gran importancia.
Ha sido un ensayo general para lo que nos espera con la bicicleta. Aunque no está nada claro lo que nos deparará este verano con el covid-19, pero hay que continuar, preparando y esperando.
Sentimos ya la fuerza de los caminos y del viento en nuestra cara mientras anhelamos una señal que nos indique la cercanía de la partida. Vivimos estos días una incertidumbre continua para un viaje que exige un modo de vida austero. No basta con llevar algo de ropa y de pertrechos. No basta un mapa de ruta más o menos claro. Hace falta una actitud interna abierta, generosa y disponible para lo que se nos presentara.


Pienso que un viaje en bicicleta no se comprende sin tener en cuenta el lugar al que nos vamos a encaminar, y tenemos que estar listos y preparados.  
Buenas Tardes.

sábado, 20 de junio de 2020

Por fin estamos de cicloturismo

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton) 

Por fin nos hemos puesto en marcha y hemos llegado a Xàtiva, han sido 65 kilómetros que hemos abordado con mucha calma, ha sido el primer día de cicloturismo después del covid-19 y, ha sido emocionante volver a sentirse en camino y dejar detrás los malos momentos cuando veíamos que nuestro objetivo de este año se nos desvanecía, en fin, disfrutaremos de lo que tenemos ahora.
Acabamos de celebrar como se merece nuestro primer día de pedaleo, lo hemos hecho con unos “chupitos” de Genepy, un licor de hierbas que nos trajimos del Cervino, que nos han servido no solo para festejar que todo está funcionando bien, sino que además lo hemos hecho deseando que todo continúe por el mismo camino.
Celebrar con alcohol un acontecimiento que sea de nuestro agrado no presenta más problemas que el de la cantidad de alcohol que injeríamos, que debería de ser el menos posible, el problema vendría por la toma de alcohol cuando nos sintamos desgraciados, cuando queramos ahogar las penas en la bebida, este es realmente el problema.
Olvidarnos de nuestros problemas y solucionar las dificultades que nos vamos encontrando con el sistema de ir ahogándolos en alcohol no es ni ha sido nunca una buena solución. Beber para pasar un rato agradable con los amigos, para degustar una buena comida, para celebrar un acontecimiento feliz nunca será malo.
Su abuso es lo que constituye una ofensa. ¿Podemos establecer un límite y saber con precisión hasta dónde es malo y hasta dónde no lo es? Las palabras claves para responder a esta pregunta son las de la falta voluntaria del uso de la razón. Cuando después de beber se experimentan los síntomas de la pérdida de la razón, entonces podemos hablar de que estamos haciendo algo mal. Si empezamos a realizar o decir cosas inusuales o que no haríamos en un estado normal es el momento de pensar que nos hemos pasado, hemos superado un límite que no se debe pasar.
La variedad de comportamientos que se pueden manifestar es enorme y querer trazar una línea divisoria entre lo que es pasarse y lo que no, no me corresponde hoy. Cada uno seguramente ya se conoce, ya se habrá medido y sabrá controlarse, se irá conociendo, se irá midiendo y sabrá tomar alcohol hasta el punto de que su conciencia le dicte.
¿Una medida o una recomendación en el momento de beber? Bebe en la medida que tu comportamiento te permita seguir respetando a las personas que tienes alrededor. Bebe, sí, como si tuvieras a la persona que más amas como anfitrión y no te avergonzaras en ningún momento de estar en su casa.
Hoy hemos celebrado como se merecía este primer día de viaje.
Buenas Noches.