sábado, 12 de enero de 2019

Sábado 12 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).

Vuelve a hacer frío, ahora en mi balcón 5,5 grados, y espero, que igual que ayer el sol solucione un poco esta sensación de que no me encuentro en Pego, aunque me tendré que esperar hasta las 08:19 horas para que el sol empiece a calentar hasta las 18:00 horas.
Después de haber escuchado, hace un momento, un comentario sobre la inmigración creo que tengo que volver a dar mi opinión sobre el tema pues veo que hay dos posturas ampliamente extendidas sobre la cuestión de los inmigrantes.  
Hay una postura que me atrevería a definir como racista y otra más integradora que se podría calificar como de bienhechora. La primera postura ve el fenómeno de la inmigración como algo que produce inseguridad y que va en contra de los intereses nacionales y que me parece que es egoísta, pues no tiene en cuenta la dignidad de la persona que se encuentra en una situación de especial indefensión. La postura más integradora, que por cierto esta muy extendida entre los que no les afecta el problema de cerca, o bien por personas de buena voluntad que pecan de un poco de ingenuidad, y que esta dominada por un relativismo cultural que les impide ver, por ejemplo, el problema de la inmigración irregular y desordenada.  
Me gustaría que viésemos también en la inmigración un intercambio cultural que siempre será una fuente de riqueza y un encuentro entre diferentes culturas como ha sucedido siempre en la historia. Pero, para que esto efectivamente suceda así y no se desarrolle de un modo contraproducente y acabe convirtiéndose en un choque de civilizaciones es necesario ser consciente de nuestra propia identidad.
Una identidad que no debe ser entendida como exclusivista. Lo que nos sucede a la mayoría de nosotros es que hemos renunciado a nuestra tradición y eso nos hace muy difícil poder mostrar nuestra hipótesis cultural al que viene de otro sitio. Al final se impone la mentalidad de que todas las culturas son iguales. Por lo que no puedo aprender que de bueno y bello tiene que ofrecerme el extranjero y que de bueno y bello tengo que ofrecerle yo. Este es el problema.
Entonces ¿Cuál es el camino para una integración verdadera? El camino adecuado y posible es nuestro testimonio. Nuestra identidad, expresada en el testimonio, es precisamente la que hace posible el encuentro con el inmigrante.
Muchos de los brotes racistas, a mi juicio, tienen su origen paradójicamente en una falta de identidad. El relativismo cultural lleva a una indiferencia que es fuente de violencia.
La inmigración ilegal es un problema que a corto plazo es posible que no tenga solución si va aumentando de forma desmesurada pero a largo plazo pasa por solucionar los problemas de los países de origen, pero esto también presenta un dilema y es que la ayuda a estos países puede ser dinero tirado a la basura en algunos casos debido a la inestabilidad política, guerras e incluso altos grados de corrupción en sus gobiernos.
Lo que me lleva a la conclusión que aunque también se pueda colaborar con ellos si sus gobiernos ofrecen un mínimo de garantías la mejor opción es potenciar el trabajo de las ONGs que es un ejemplo de subsidiariedad. Por dos razones, porque seguramente sea un dinero mejor invertido y porque de lo que se trata no es simplemente de poner un dinero y problema solucionado sino que es necesario favorecer el desarrollo de la persona. El dinero no vale para nada si no hay una persona receptora detrás que quiere construir por eso es importante el acompañamiento.
Tenemos que responder a estas preguntas; ¿Tenemos un lugar que ofrecer al que viene de fuera sin riesgo de perder nuestra propia identidad? ¿Podemos ver y valorar a esa persona por su dignidad sin miedo a confrontarnos culturalmente con él?

Feliz y Dulce Día.

viernes, 11 de enero de 2019

Viernes 11 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).

Hace frío, ahora en mi balcón 5,1 grados, que para mí es mucho frío y al “romper” el día es fácil que baje algún grado. Confío en que con la salida del sol a las 08:19 horas conseguirá que el ambiente sea más agradable, al menos hasta las 17:59.
Estoy seguro que en estos días habremos oído muchas veces que todos somos iguales, y que por tanto tenemos los mismos derechos. Pero con solo mirar a nuestro alrededor nos daremos cuenta que en muchos casos no es así. Pero ¿en qué SÍ somos iguales?  
Todos SÍ somos iguales por la dignidad de ser personas humanas, lo que esta por encima de todo lo demás.  De este punto se derivan una cantidad de derechos que son fundamentales de todas y cada una de las personas humanas.
Pero, la humanidad está llena de desigualdades entre las personas. Por eso inventar derechos en base a que existe una imaginaria igualdad, en casos en los que las personas son diferentes, no tiene sentido.
Entre los derechos humanos hay uno que es el que da origen a todos los demás, y es el derecho a la VIDA. Es claro, los muertos no tienen derechos, los vivos en cambio sí.
Del derecho a la vida, como personas humanas, se derivan muchos otros derechos, pero son muy específicos. Para vivir, tenemos derechos a la salud, iniciando en el vientre materno, a la alimentación, a la crianza de los hijos, a la vivienda, a la seguridad. Hay también derechos fundamentales como a la Integridad y libertad personales, las de conciencia y religión, de pensamiento y de expresión, de reunión y asociación, de protección a la familia, al nombre, a la nacionalidad, a la propiedad privada, a la circulación y residencia, a la política, a la herencia, a la igualdad ante la ley y a la protección judicial. Derecho a la protección de la honra y la dignidad, derecho a no ser discriminados, entendiéndose este término en su sentido de denigración.
Por supuesto que según las naciones, sus tradiciones, su religión oficial y por otras causas, ciertos derechos le son reconocidos o no a las personas. Pero hay también muchos derechos (¡y obligaciones!) que sólo corresponden a ciertas personas y no a las demás. Ello depende por ejemplo de la nacionalidad, la edad, la condición social o estado civil, la profesión, el lugar de residencia, el sexo, las discapacidades y otras condiciones determinantes en las propias leyes.  
¿Entonces no es verdad que todos “somos iguales” y “tenemos los mismos derechos”? No, no es verdad en muchos casos particulares, pero sí en lo esencial, en razón de nuestra dignidad como personas, nuestra capacidad de decisión y nuestra conciencia, esa que nos recuerda nuestras obligaciones, nuestra capacidad de reconocer el bien y el mal obrar. La distinción es fundamental.
¿Diferentes derechos? Por ejemplo los de maternidad, que no tienen los varones, o algunas disposiciones de protección a la mujer. Derecho a la educación primaria, que es efectiva a los seis años. Derechos sindicales, derecho al voto, derecho al ejercicio de una profesión, a pensiones y jubilaciones, a los servicios de salud pública, derecho al fuero, a la nacionalidad, limitada en ciertos países. Muchos son los ejemplos a citar, sobran.  
Hasta en las reglamentaciones de tránsito hay derechos (y obligaciones) diferentes. El tema como veis es muy amplio y tal vez merezca que vuelva a él en otra ocasión, pero hay que tener presente que existen esas distinciones cuando reflexionemos sobre algunos temas, pues es un grave error de juicio hablar a favor de cualquier derecho “igualitario” que no sea un derecho fundamental a la vida y de aquellos que nos son comunes a todas las personas.
Por principio, se debe tratar igual a los que son iguales, y desigual a los que son desiguales. Por ejemplo; hay que proteger más a los débiles que a los poderosos. Los pobres deben tener subsidios y prestaciones sociales exclusivas. Inventar por ejemplo un derecho “igualitario” para quienes son desiguales es un absurdo.

Feliz y Dulce Día. 

jueves, 10 de enero de 2019

Jueves 10 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).

Me estoy dando cuenta que se debería de estar hablando mucho de la igualdad ante la ley y también un poco de la presunción de inocencia, pues algunas veces, demasiadas, nos olvidamos de esos dos conceptos que están bastante claros en nuestra Constitución y que espero no ser el único que se ha dado cuenta.
De todas formas, el sol estará con nosotros desde las 08:19 horas hasta las 17:58, y aunque todos me dicen que viene frío, hoy en mi balcón la temperatura es un poco más alta que la de ayer, ahora 11,1 grados.
He mirado en la Constitución Española para ver si aun existe la presunción de inocencia y efectivamente en el artículo 24.2 entre otras cosas dice lo siguiente: “Asimismo, todos tienen derecho /…/ y a la presunción de inocencia”. Todos sabemos esto lo que quiere decir: nadie es culpable hasta que se demuestre que lo es. Y si hacemos lo contrario siempre se dice que se están violando los derechos de los ciudadanos. Y esto es verdad.
Sin embargo, siempre no sucede eso porque hay algunos casos en el que desaparece la presunción de inocencia y cuando una persona que pertenece a un determinado grupo se le acusa y se le lleva a comisaría, el artículo que hemos leído anteriormente desaparece como por arte magia, pues se le aplica ya una pena.
Lo que quiero decir es que la presunción de inocencia no es una figura jurídica que se aplica según convenga y, por ejemplo, se pueda utilizar cuando un asesino redomado se sabe que ha matado a su esposa o cuando un grupo de mafiosos terroristas se las he pillado con las manos en la masa. En tales casos es legítimo su uso porque mientras no se demuestre lo contrario (y muchas veces muchas apariencias pueden engañar) incluso tales personas son inocentes.
No vaya a pensarse que, con decir esto, estoy a favor de los abusos sexuales o de defender porque sí a las personas que, cuando una sentencia declarada firme, se determine que son culpables. Entender eso sería actuar de forma contraria a lo que, en verdad, es.
Es muy importante que apliquemos siempre la presunción de inocencia del acusado, pues esto es y debe ser la base de la justicia penal.
Otro asunto, pero que también esta muy relacionado con el anterior es que no se puede sancionar por un mismo delito de forma diferente en función del sexo, color o religión. Y esto también se nos esta olvidando. Es obvio entonces que no se puede prejuzgar pues sería injusto. Se me ocurre ahora un ejemplo en el que si esta bien que se prejuzgue, el de una pelea con un agente de la autoridad, que posee una mayor protección que un ciudadano cualquiera, aunque solo cuando está ejerciendo su cargo.
No tenemos que olvidarnos de estos conceptos y tenerlos presentes cuando leemos y comentamos algunas noticias, se pueden defender algunas ideas o ideologías concretas pero no las podemos convertir en doctrina de estado y organizar las leyes basadas en ellas pues esas leyes y esos olvidos son como un tumor que se infiltra en nuestra democracia y nuestro estado de derecho.

Feliz y Dulce Día.

miércoles, 9 de enero de 2019

Miércoles 9 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).


Empieza a hacer frío, o mejor dicho estoy empezando a sentir frío al menos durante las primeras horas del día, ahora en mi balcón 8,8 grados, aunque cuando salga el sol a las 08:19 es fácil que baje un poco, menos mal que mientras tengamos sol la temperatura será agradable, así que a disfrutar hasta las 17:57 horas.
He hablado tantas veces de la decadencia de Europa que algún día es posible que esa previsión llegue a cumplirse. Pero de momento ese día no ha llegado. Hay personas que piensan que ese pronóstico terminará por cumplirse y que sólo es cuestión de esperar.
Pero yo no lo creo así, no pienso que el futuro esté determinado, la decadencia de Europa es tan posible como evitable. La cuestión está en evitar la artimaña del progresismo, que se podría resumir en pensar que cualquier idea nueva es, por sí misma, buena. Un progresista piensa que el futuro es aquello que tiene delante de su cara y no considera la posibilidad que su vista se equivoque y no se detiene a pensar si avanza hacia la decadencia.
Es posible que lo que nos esté pasando es que estemos avanzando hacia atrás, que estemos progresando hacia la decadencia en vez de hacerlo hacia un auténtico progreso, que es el de un espíritu y cultura superior.
Nos sucede que podemos conocer la realidad material que nos rodea y describirla, pero, en ningún caso, nos planteamos desentrañar su sentido ni encontrar su fundamento, en estas condiciones, sólo la filosofía, es decir, el saber acerca del sentido y el fundamento, puede solucionarlo. 
Mientras, vivimos en un mundo que ha renunciado a buscar cual es el sentido de su existencia. Y lo que encuentro más curioso es que hay quienes piensan que hoy en día la más elevada sabiduría consiste en constatar que no es necesario buscarlo ni tenerlo.
La decadencia de Europa terminará en el momento en que nos planteemos su sentido y su fundamento.

Feliz y Dulce Día.

martes, 8 de enero de 2019

Martes 8 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).

Ayer por la noche abrí el último regalo de estas Navidades, un regalo que tenía olvidado, se quedó escondido en la primera silla de la entrada del piso, debajo del abrigo, lo abrí y eran unos calcetines, y comprendí que tal vez me equivoque con todos los regalos que hice estas fiestas. Y ahora mientras espero que el sol salga a las 08:19 horas me ha dado por pensar en ese chasquido que sentí al mirar los calcetines.
Lo importante no son los calcetines, ni siquiera he mirado si son de mi talla, lo importante no es el regalo es el acto de regalar, este concepto estoy seguro que no nos es extraño, lo habremos escuchado alguna vez y es probable que estemos de acuerdo con él, pero, ¿por qué es tan difícil vivirlo? 
Personalmente me atrevería a decir que muchos de nosotros hemos perdido la brújula. Ya no sabemos de qué se trata todo esto de los regalos en Navidad. Lo grave es que, aun sabiendo (pero tal vez no entendiendo su significado), decidimos simplemente ignorarlo porque nos resulta más fácil conseguir un regalo bonito que nos haga quedar bien, que dar un poco de nosotros en ese regalo.
Esos calcetines no son es el pago de un salario por un trabajo que he realizado, es otra cosa, no es importante que un regalo sea caro o no, lo importante es que lleve algo de la persona que lo regala.
Lo he dicho alguna vez, regalar es un arte, pero dejarse regalar también lo es. Quien, cuando recibe un regalo, es incapaz de imaginar las prolongadas y pacientes reflexiones de quien hace el regalo, no sabrá agradecerlo como merece.
Este calcetín es doblemente excitante por lo inesperado. Cuando era un niño recuerdo que no encontraba nada más emocionante que abrir un regalo. Descubrir que era algo que quería, a veces sin saberlo, me llenaba luego de mucha alegría. Pero cuando el regalo no lo necesita, la alegría simplemente no llegaba. Pero ahora con la edad me he dado cuenta que lo mejor de un regalo nada tiene que ver con ese paquete que está delante de mi. 
Es recibir las gracias por algo que estoy seguro que no merezco y que por lo tanto no debería de poseer, pero que voy a guardar no como un recuerdo sino como un certificado que me demuestra que existen grandes personas.  

Feliz y Dulce Día.

lunes, 7 de enero de 2019

Lunes 7 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton). 

Parece ser que ya han terminado las fiestas, las felicitaciones y los buenos deseos, así que va siendo hora ya de ir comprobando si vamos a poder cumplir o hacer cumplir todo lo que hemos deseado. El sol hoy saldrá a las 08:19 horas y nos acompañara hasta las 17:55 horas, y la temperatura es de 10,1 grados.  
Ahora que ya estamos metidos de lleno en el 2019 es momento de ir mirando con lo que nos vamos a encontrar, por ejemplo; vamos a tener que hacer frente a una crisis democrática que según mi opinión va a involucrar a toda Europa. Casi seguro vamos a asistir a la resolución de la crisis del Brexit, y nos daremos cuenta del conflicto tan poco democrático en que metió David Cameron no solo al Reino Unido sino a toda Europa.
Cameron se equivocó al tomar la poca democrática decisión de delegar en la democracia directa una permanencia en Europa que tenía que haber tomado él porque democráticamente había sido designado para ello. Seguramente en este año el Gobierno Británico podrá evitar el desastre recurriendo otra vez a la antidemocrática democracia directa, otro referéndum, para abolir la precedente decisión de la democracia directa.
El ejemplo del error democrático de Inglaterra lo veremos reflejado en las elecciones al Parlamento Europeo, donde muchos votantes optarán por fórmulas anti europeas por causa de una campaña electoral que se centrará en el desprestigio de todos los organismos europeos que mezclados con la guerra comercial que estamos viendo no nos permitirá que tengamos una visión clara de lo que vamos a votar, pues la democracia tal como la veníamos entendiendo ha desaparecido. Y son varios los síntomas que nos lo están mostrando.
La democracia, si nos paramos a reflexionar un poco, requiere de una conciencia de conjunto, del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad que siempre será superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido.
Veremos como la campaña electoral se centrará en temas particulares y muy idealizados y que obviaran la búsqueda de un bien común, nos encontraremos con tantas propuestas dirigidas a pequeños colectivos que no nos dejaran ver que propuesta política representa la mejor opción de conjunto. Ya no va a ser evidente ni un bien común para todos, ni unos valores universales. Como consecuencia muchos nos vamos a sentir con la sensación de abandono, de que hemos perdido el sentido de la realidad, abandonados en un mundo complicado y tan problemático que no sabremos cual es el camino que debemos seguir.  
Yo, no encuentro otra solución que recuperar el sentido de la ciudadanía. Pero no lo vamos a poder recuperar sin tener una conciencia de una idea común, sin una experiencia en la que lo universal lo veamos reflejado en algo concreto. Los cimientos de la vida democrática se reconstruirán solo si existen actividades sociales donde podamos experimentar de forma práctica la importancia de que dependemos unos de otros a pesar de nuestras diferencias.
Para que este año podamos ir votar con sentido democrático nuestro concepto de ciudadanía deberá ser mucho más que un catalogo de derechos personales o que la suma de identidades separadas.

Feliz y Dulce Día. 

domingo, 6 de enero de 2019

Domingo 6 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).

Ayer no pudo ser, no fue posible escribir nada salvo una carta a los Reyes Magos de Oriente llena de prisas y deseos, y que, dentro de unas horas comprobare si llego a su destino con el suficiente tiempo. Ya se que algunos de vosotros estaréis pensando que los Reyes Magos no existen y que nuestros padres nos mintieron, pero no nos mintieron, los Reyes Magos son verdad.
En contra de lo que suele afirmarse, la magia del día de Reyes está más en los padres y en las personas mayores que en los niños. El prodigio que se produce en el día de hoy todos los años y que cada uno experimenta y expresa de una forma muy particular, consiste en hacer felices a la gente que nos rodea permaneciendo en la sombra. Esa es exactamente la clave y la razón de ser del día de Reyes.
Si no somos capaces de entender que a la bondad auténtica no se le hace publicidad, sino que tiene que permanecer oculta. Sino comprendemos que hay que servir a los demás olvidándonos de nosotros mismos. Sino vemos que nuestra felicidad consiste en hacer felices a los demás sin esperar que nos recompense. Sino somos capaces de aceptar que toda la recompensa de la felicidad que vamos a repartir hoy se la lleven otros no podremos entender que los Reyes Magos de Oriente son verdad.
Sin embargo, es un hecho que, suele resultar más fácil poner en práctica este principio espiritual de entrega y de olvido de uno mismo, con los propios hijos, que con los amigos y con el resto de la familia. El amor hacia los hijos es más instintivo. De lo cual se deduce que, es más fácil hacer de Rey Mago con los hijos que con los demás.
Siempre les estaré agradecido por la ilusión que guardaron en mi cuando era un niño y que ahora me permite esperarlos con la ilusión de un hombre, por eso se que; sí, es cierto, no lo dudéis…, ¡los Reyes Magos existen!

Feliz y Dulce Día de Reyes.

viernes, 4 de enero de 2019

Viernes 4 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).

Hoy es el primer día grande de este 2019, el día de la cena con las amigas y los amigos de toda la vida, un día para poner en practica aquella frase de Sir Francis Bacon que todos los años en esta cena se hace realidad: “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”. Pero no adelantemos acontecimientos, eso sucederá esta noche, de momento el sol nos saldrá a las 08:20 horas y estará con nosotros hasta las 17:52. Hace frío en mi balcón de Pego, 8 grados.
Para quienes consideramos que el respeto a los animales es una obligación humana irrenunciable, las actuaciones que hemos visto estos días en algunos videos nos llenan de tristeza y de preocupación, y es que los animales merecen una protección legal. Y, a partir de aquí es cuando podemos empezar a ver diferencias entre varias formas de defender a los animales.
He estado leyendo algunas opiniones en las que se dice que los animales deben ser sujetos de derechos, pues son seres que sufren. La cuestión no es si los animales pueden razonar ni tampoco si pueden hablar, sino si pueden sufrir y que debe tratarse con igual consideración a todos los seres capaces de sufrir sean capaces de razonar o no. Lo que convierte en sujeto de derechos a cualquier ser con capacidad para sufrir, independientemente de que sea o no racional. Y estas afirmaciones que pueden parecer que no presentan demasiados problemas para aceptarlas me plantean algunas dudas.
Por ejemplo, esto me podría llevar a pensar que la vida de un feto o la de un niño con problemas cerebrales no sea más valiosa que la vida de un chimpancé. No quiero entrar a discutir si el sufrimiento que sentimos los hombres se puede experimentar en igual grado sin tener una conciencia racional, aunque tengo que decir que en nada se parece una reacción instintiva al dolor, que el sufrimiento del hombre que hace del dolor una experiencia moral.
El aspecto que me presenta más dudas es el de los derechos, pues sólo puede ser titular de derechos quien posee una correlativa capacidad para obligarse. O sea, la tan repetida frase; “todo derecho lleva consigo una obligación”. Cuando yo digo, por ejemplo; que al hombre lo asiste un inalienable derecho a la vida estoy proclamando también que lo obliga el deber de respetar la vida de los demás hombres; cuando defiendo el derecho a la propiedad estoy condenando el robo, y así sucesivamente.
Todo derecho exige una obligación correlativa; y los animales, como seres carentes de razón y de libertad, no pueden ser sujetos de derechos y obligaciones. Esto no significa, por supuesto, que los animales deban quedar fuera de la esfera de protección jurídica. El hombre tiene derecho a la utilización justa de la naturaleza, puesto que es el único ser que puede aprovechar racionalmente sus recursos; y, al mismo tiempo, tiene el deber de proteger esa naturaleza y a los seres vivos que la habitan.
Ya se, que ahora alguien puede estar pensando que tampoco los niños gestantes, o las personas con minusvalías psíquicas, pueden asumir obligaciones. Pero en ellos reconocemos a unos miembros de nuestra especie a quienes damos la misma protección que otorgamos a los humanos plenamente conscientes.
Aunque hay quien piensa que hay que negar que el ser humano sea único, y que hay que considerarlo como el resultado aleatorio de una evolución natural, y borrar los rasgos distintivos que lo hacen una criatura única, misteriosamente singular, entre todas las criaturas de habitan la Tierra. Pero es esa singularidad la que permite al hombre justo mirar a los animales que pueblan la tierra y descubrir que son “buenos”, esforzándose en consecuencia por protegerlos; esa singularidad existe.
Cuando esa singularidad que existe entre el hombre y el resto de criaturas se elude o escamotea es imposible que yo pueda defender cabalmente ciertas causas. Y esto me preocupa.

Feliz y Dulce Día.

jueves, 3 de enero de 2019

Jueves 3 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”. (G. K. Chesterton).

Ayer por la tarde, me tomaba un café con amigos mucho más jóvenes y sentí que mi forma de sacar conclusiones variaba, y no era por la diferencia de años, si no por cómo procesamos los conocimientos que todos los días vamos adquiriendo. Antes de continuar os tengo que decir que el sol ha salido a las 08:20 horas y estará con nosotros hasta las 17:51, y que, la temperatura en mi balcón vuelve a estar por debajo de los 10 grados, para ser exactos 8,8 grados, o sea frío.
Ahora, reflexionado, me estoy dando cuenta que tal vez lo que nos sucede es que la idea de la experiencia es diferente. Para poder tener experiencia, por ejemplo, de nuestra realidad hace falta un tiempo, un espacio y razonar bien las cosas. Estoy seguro que no existen diferencias entre cómo juzgamos las cosas, pero lo que cambia es el tiempo y el espacio que utilizamos para aplicar la experiencia que vamos adquiriendo.
Hoy, todo se hace tan rápido que el tiempo de la experiencia se ha reducido casi a la nada. Hace unos años, cuando me interesaba un tema, el camino que utilizaba era muy sencillo, buscaba donde estaba la información y la iba consiguiendo, pero tardaba un tiempo, unas semanas, necesitaba desplazarme a la biblioteca, a las librerías, tenia que buscar. Ahora se hace igual, pero se tarda solo unos minutos. El tiempo que yo utilizaba entre información e información era tal que me daba tiempo a reflexionar, a sacar conclusiones y mi grado de experiencia en ese tema aumentaba. Ahora, ese espacio se ha reducido casi a cero.
Y aquí es donde yo encuentro las diferencias, pues esa progresiva reducción a cero del tiempo y del espacio reduce la posibilidad de hacer experiencia de la realidad o, mejor dicho, cambia la manera en que uno experimenta la realidad. La adquisición de conocimientos están tan rápida que las conclusiones a las que se llega no se hacen propias, no tienen tiempo para asentarse.
Me di cuenta ayer que mis amigos más jóvenes saben más que yo pero creo que comprenden menos, porque lo que saben no lo han aprendido de la misma manera, no han dedicado tiempo. Y aquí puede existir un problema, por ejemplo en la educación, que consiste en la transmisión de conocimientos y valores de una generación a otra, y ahora el alumno sabe casi más que el maestro y por lo tanto no acepta del todo sus enseñanzas.
Aunque el verdadero problema no esta precisamente ahí, el peligro lo encuentro cuando hay cuestiones para las cuales es necesario un tiempo de reflexión, y que no se abordan porque no se esta acostumbrado. Cuando un joven se plantea saber por qué esta en el mundo, por entender para qué puede servir su vida en la sociedad no encuentra respuestas porque no sabe, no tiene la calma ni la paciencia para buscar. Esta es la cuestión: la necesidad de saber para que sirve todo el conocimiento y el saber que se adquiere.
Y, muchas veces las respuestas que se encuentran no son las más adecuadas, pues llegar a la conclusión de que al final no sirve para nada es una mala respuesta.  
Feliz y Dulce Día.

miércoles, 2 de enero de 2019

Miércoles 2 de enero de 2019.

“Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo”.. (G. K. Chesterton).

Comenzamos este año, en su segundo día, ayer no pudo ser, pero fue un día espléndido, digno de un nuevo año que luce sus mejores galas para desear dar una buena  imagen. Hoy el sol nos saldrá a las 08:19 horas y continuará luciendo hasta las 17:50 horas, y la temperatura en mi balcón de Pego es de 8,3 grados. Para mi gusto, frío.
Después del día de ayer, tal vez me debería preguntar: ¿dónde está lo nuevo de este 2019? ¿Sólo en el cambio de un dígito? ¿Qué me ofrece ese cambio? Preguntas que tal vez resulten interesantes pues la respuesta generalmente suele ser negativa, nada, nada ha cambiado ni va a cambiar si yo soy el mismo, todo seguirá igual salvo que cambie yo. Que este año me aporte algo nuevo va ha depender solo de mí.
Todo lo negativo que he encontrado el año pasado en nuestra sociedad tengo la impresión que continuará igual, voy a tener las mismas guerras, los mismos problemas con los inmigrantes, los líos y disputas entre los partidos políticos van a ser los mismos. Es verdad, que también lo positivo va a continuar, seguirá habiendo gente que ayude a los náufragos, gente que se preocupe por conseguir mejores leyes sociales y que se sacrifique por los demás. Lo bueno tan bien continuara.
Muchas de esas cosas positivas no nos parecerán nuevas, porque serán continuación de lo que ya había y, además, poca gente es consciente del valor que tienen, pero si lo pensamos, veremos que en ellas está la verdadera novedad. Las personas que realizan acciones bondadosas siempre nos parecerán nuevas, pues la bondad esta en continua renovación y siempre se rejuvenece.
Me inclino a pensar que en esa línea es posible que nos deseemos un feliz año nuevo. Pues si la novedad la encontramos en la bondad, estoy seguro que vamos a ser felices. Sólo en las cosas buenas encontraremos la felicidad. En las cosas malas, en el mal puede haber excitación, pasión y, como no, obcecación, pero no verdadera felicidad.
Lo hemos dicho ya alguna vez, la felicidad verdadera es la que se produce cuando contemplamos y buscamos el bien de los demás que, curiosamente, va a coincidir con nuestro bien. Solo el que busca la felicidad de los demás, ese y sólo ese, es el que esta en el camino de encontrar su propia felicidad.
Si conseguimos que el año 2019 sea nuevo en nuestra inclinación a hacer el bien, entonces con casi toda la seguridad tendremos un año feliz.

Feliz y Dulce Día.