martes, 11 de diciembre de 2018

Martes 11 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy vamos a tener sol desde las 08:09 horas hasta las 17:39 y la temperatura en mí balcón es de 11,5 grados, le esta constando bajar de los 10 grados y eso que ya tenemos las navidades “a la vuelta de la esquina”.
Al ver ayer el video que esta circulando por las redes sociales sobre lo que parece ser el abuso de la industria farmacéutica, me interesado un poco, y el tema es más complicado de lo que nos puede parecer a simple vista. Es una cuestión que me ha llevado a preguntarme sobre el derecho a la salud, que me parece a mí que es de donde empieza todo el gran negocio de las farmacéuticas.
Yo, parto de la base que todos tenemos derecho a la salud, o sea que el cuidado de la salud de las personas requiere la ayuda de toda la sociedad para conseguir las condiciones necesarias que nos permitan desarrollarnos y llegar a la vejez. Por lo que les corresponde a los poderes públicos decidir, siempre en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares, pero debe facilitar a cada uno lo que necesite para llevar una vida verdaderamente humana, a saber: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc.
Que es lo que quiero decir con todo lo anterior, ¿estoy hablando de un verdadero “derecho a la salud”? Pues si la comunidad tiene la obligación de facilitar la salud de las personas, necesariamente tenemos la facultad de exigir esa obligación, es decir, un verdadero derecho a ella.
Y aquí es donde empiezan los problemas, cuando intentamos precisar exactamente qué podemos exigir a ese derecho. Al encontrarnos en un sistema capitalista donde el objetivo de una empresa es ganar dinero, y que el negocio de las farmacéuticas consiste en anteponer los beneficios económicos a la salud, y que para que puedan vender sus productos deben existir personas enfermas y a ser posible convertir en crónicas cuantas más enfermedades mejor, la combinación de todo esto nos lleva a un abuso no solo económico sino que yo también lo consideraría un abuso ético.
Y ahora nos surge una pregunta; ¿Hasta qué punto es válido y ético que la industria de la salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista? Porque si hay un tema delicado en el cual va la vida y la dignidad de las personas es justamente el de su salud y sobrevivir a las enfermedades. Y que una actividad tan importante como el de la farmacéutica, en lugar de estar regida por el principio de curar y salvar vidas, esta gobernada por el más vil capitalismo puro y duro, no es un buen camino.
Si una empresa debe procurar mantener a todos sus clientes y conseguir cada vez más, entonces a la industria farmacéutica no le interesa curar enfermedades sino por el contrario generar crónicos que sigan durante el resto de su vida siendo clientes consumidores de los medicamentos elaborados por ellos. El lema es primero el bolsillo de los laboratorios y luego la vida y la salud de las personas.
Este es un tema que por afectar el bien común, el Estado no debe de dejar de regular. Porque sencillamente está en juego un fin primario del Estado, que es velar por la salud de la población, y un derecho humano de ésta, evitando el mercantilismo en el sistema porque de ello depende que las enfermedades que son curables pues efectivamente se curen aunque el laboratorio “pierda” a un paciente consumidor. La salud es un derecho humano y los Estados no deben hacerse los distraídos mirando para otro lado por la sencilla razón que éstos pagan cuantiosos impuestos a Hacienda.
¿La responsabilidad social empresarial ha desaparecido de estas grandes corporaciones? A juzgar por los hechos parecería que sí, lamentablemente. ¿Pero sólo les debemos pedir a las farmacéuticas que tengan responsabilidad social o se lo debemos de pedir a todas las grandes empresas? La respuesta puede parecer fácil pero antes de darla deberíamos de meditar un poco las consecuencias de su aplicación.

Feliz y Dulce Día.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Lunes 10 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Vamos a empezar esta semana que ya nos dejará en las puertas de las fiestas Navideñas y lo vamos a hacer con unas temperaturas durante el día excelentes para estas fechas, y es que el sol nos alumbrará hoy desde 08:09 horas hasta las 17:39 y a pesar de que ahora tenga en mí balcón una temperatura de 12,3 grados la fuerza de “nuestro” sol es tal que pasear por las calles de Pego será de lo más agradable.
Esta mañana mientras repasaba las noticias en las webs de los principales periódicos estaba reflexionando sobre como justifican algunos de los actos vandálicos que se han producido este fin de semana, y me parece que hay una forma de ver nuestra sociedad que esta muy extendida según la cual la moralidad de muchos de los actos que realizamos los valoramos según nos lo diga la ley civil. O sea, si la ley no lo prohíbe, si no hay penalización por ello, si incluso se apoya legalmente ¿por qué va a ser algo malo?
Ya se que muchas veces resulto extraño en mis comentarios, pero no lo soy, aunque puede ser que mí estilo de vida sea algo diferente. Hay que comprender algunas cosas por las que puedo parecer raro, por ejemplo yo entiendo que una ley ampare algunos actos pero eso no significa que para mí sea moralmente correcta. Nadie me llevará a la cárcel por ser un adultero o por abortar, o por ser no ser solidario con los pobres, pero el hecho que por cualquiera de esos actos no tenga responsabilidad penal no quiere decir que yo este de acuerdo con ellos o que los tenga que alentar.   
El problema que me planteo esta mañana es si me basta con no estar de acuerdo y callar, o tengo que decirlo. ¿Puedo decir que no aceptó esas actuaciones? ¿Y si lo hago, es normal que haya gente que encuentre extraño que lo haga? ¿Por qué el gobierno de turno diga que por abortar no voy a ir a la cárcel voy a aceptar que no pasa nada por matar a un niño en el vientre de su madre? Claramente no.
Estoy dentro de la ley. Pago mis impuestos, circulo según manda el código de circulación, me sujeto a las normas administrativas que existen… Pero creo que no puedo perder el sentido de lo bueno y lo malo según mis ideas morales. Y si tengo que objetar y negarme a algo pienso que debo hacerlo. Pero claro esto me sitúa en una situación en la que guardar un equilibrio va a ser complicado.
Lo complicado para una persona es poder discernir en cada situación concreta, por encima de intereses particulares o propuestas oportunistas, lo que realmente mejora al ser humano en su integridad y las características que han de tener los diversos organismos sociales y sus leyes para promover el verdadero bien común, y esto es difícil.  
Tenemos el problema que nos cuesta diferenciar entre el “bien común” y el “bien de todos”, así como no tenemos muchas veces claro cuando una ley pone en juego la dignidad del hombre. Pero, si se pone en juego la dignidad del hombre el principio de la mayoría no debería bastar.

Feliz y Dulce Día.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Domingo 9 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Ayer fue un día para recordar y repasar como nos fue en la Maratón de Valencia del domingo pasado, y entre muchos de los temas que salieron a la luz uno es el que quiero resaltar esta mañana, una mañana que empezará a serlo a parir de las 08:08 horas que es cuando el sol aparecerá y un día que se transformara en noche a partir de las 17:39, un día que climatológicamente parece ser que será bueno, en mí balcón 12,2 grados, fresquito pero al menos por encima de los 10 grados.
Hablábamos ayer en el almuerzo que cuando corremos una maratón nos gusta,  cuando es posible, que nos acompañen nuestros compañeros en los últimos kilómetros para que nos den su apoyo, pero lo que quiero resaltar es que acompañar no es controlar.
Al igual que en los últimos kilómetros de una maratón en la vida es bueno que estemos acompañados pero tiene que ser un acompañamiento que se contraponga al dominio y a la imposición.
Es difícil acompañar a una persona y ser a la vez un apoyo y una ayuda pues se requiere paciencia y mucha sensatez sin olvidar que nos debemos adaptar al otro y respetar su libertad. En nuestra vida muchas veces nos encontramos en la situación de tener que acompañar durante un tiempo a personas que necesitan nuestro apoyo para tomar decisiones, algunas de ellas complicadas, cuando esto nos sucede hay que ser capaz de tener un diálogo que debe ser a la vez sincero y constructivo, muchas veces en ese acompañamiento tenemos que ofrecer un poco de información y como no de formación para ayudar en la toma de decisiones, y esa es una tarea complicada.
Formar no es controlar, es acompañar. Es como en la educación de una persona, que es fruto de una obra de artesanía y no se trata de una labor policíaca en la que tengamos que demostrar una autoridad. Si estamos de acuerdo de que es una obra artesanal estaremos de acuerdo en que se requiere tiempo, paciencia y mucha imaginación. Y, es que, si lo pensamos un poco nos daremos cuenta que no es lo mismo mandar que formar.
Muchas veces cuando se utiliza la autoridad, cuando mandamos, puede que convirtamos a esas personas en seres dóciles pero con una docilidad que en la mayoría de las ocasiones esconde rebeldía, y que un día explotará. En cambio si nos dedicamos a acompañarlas en su formación, las personas serán flexibles, serán capaces de recibir la información que les estaremos dando y entonces serán capaces de acoger y comprender lo que les estaremos diciendo.
Si alguna vez tenemos que enseñar algo a alguien, que estoy seguro nos sucederá pues todos tenemos algo que vale la pena trasmitir, si tenemos que formar a alguien el mejor sistema es acompañarlo en la enseñanza pues haremos a esas personas responsables de lo que les estamos enseñando y no estaremos creando personas dependientes.
Tenemos que ayudar a que cada uno desarrolle su personalidad y a que tenga unas ideas y convicciones fundadas y razonadas, de modo que, algún día podrá discrepar de nuestra opinión, nos lo debemos de tomar con normalidad pues entonces habremos sido unos buenos formadores.

Feliz y Dulce Día.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Sábado 8 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Con el sol alumbrando desde las 08:07 horas hasta las 17:38 y con una temperatura de 14,5 grados este sábado se nos presenta con buenas expectativas.
Con este fin de semana se me termina una semana tranquila, más que de descanso yo me atrevería a decir que de recuperación, donde he tenido un poco más de tiempo para pensar, para escribir y para leer. He utilizado varias mañanas para montar el entrenamiento para la próxima maratón y mientras lo hacia me iba dando cuenta que se necesita tener motivación no solo para enfrentarse otra vez con una maratón sino que también para  enfrentarse todos los días con la vida.
Hay que esperar algo, tener esperanza es algo que encuentro fundamental en la vida, y si lo pensamos un poco veremos que es lo que nos distingue de los animales, para un animal no hay esperanza, vive únicamente en el presente, si miramos a nuestro perro, si es que lo tenemos, veremos que no sabe nada de lo que sucedió ayer ni le preocupa lo que sucederá mañana, vive el momento.
Pero las personas vivimos en el futuro y en el presente y lo que hacemos en el presente se basa en lo que sabemos del pasado y de lo que queremos alcanzar en el futuro. Lo más simple que realizamos esta marcado por una perspectiva de futuro. Lo que nos sucede es que esa perspectiva de futuro se hace más fuerte a medida que nos hacemos más civilizados porque entonces somos más plenamente humanos y por lo tanto sabemos que en nuestro futuro nos vamos a encontrar con la muerte.
Mientras éramos jóvenes y vivíamos activamente pensábamos poco en nuestro último fin, porque estábamos pendientes de conseguir lo que teníamos entre manos y en alcanzar los fines que nos habíamos propuesto. Por eso no es propio de la juventud pensar en la muerte, piensan más bien en la vida y en los objetivos que quieren conseguir.
Habremos oído alguna vez que los jóvenes no tienen conciencia clara de que van a morir. Saben que no son eternos, ningún hombre lo es, pero no lo saben por experiencia. Si no hubieran visto morir a su alrededor, si no lo hubiesen oído contar, no sabrían que iban a morir, pero este conocimiento es externo, no una conciencia de algo que han vivido.
Se dice que la conciencia de la muerte, la conciencia de que se va a morir uno mismo, se instala en el hombre cuando éste va llegando a la edad que tenemos nosotros ahora, por que se la ve llegar al darse cuenta de que hay algo que ha muerto ya en uno. Pero el hombre joven y en plenitud de fuerzas no tiene la impresión de que va a morir.
El tomar conciencia de la realidad de nuestra muerte no suele aparecer de golpe, hay que tener tiempo para meditar esa realidad, una larga enfermedad muchas veces es el momento para darnos cuenta, porque la enfermedad nos saca de la vida activa y nos deja tiempo para reflexionar, también lo es la vejez.
Normalmente cuando nos hacemos viejos nos alejamos de la vida agitada y tenemos más tiempo a reflexionar. Si observamos nuestra conducta nos estaremos dando cuenta que se nos esta endulzando el carácter y miramos lo acontecimientos que nos rodean con más benevolencia. Es verdad que a algunos que se centran más en sí mismos, los que han sido más egoístas están más irritados y descontentos, siempre quejosos de todo el mundo, pero son muchos más los que cuando nos vamos haciendo viejos estamos más tranquilos y vivimos reposadamente y con tiempo para la reflexión.   
Y esa reflexión me fuerza a mirar hacia delante, hacia el futuro porque la vida presente ya no tiene porvenir. Tengo más recuerdos que proyectos. Es verdad, he vivido más de lo que viviré pero solo si creo que la muerte es solamente el fin de la vida.

Feliz y Dulce Día.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Viernes 7 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy todo me indica que vamos a tener otro buen día pues el sol nos saldrá a las 08:06 horas y estará con nosotros hasta las 17:38, y la temperatura en mí balcón es de 12,8 grados que sin lugar a dudas subirá en el momento en que el sol empiece a lucir.   
Muy bien el día de ayer, muchos actos institucionales y muchas declaraciones sobre la democracia y la Constitución Española pero a mí modesto entender muchos hacen trampa, vamos a ver, uno de los principios básicos por los que se debe regir una sociedad liberal nos dice que los seres humanos tienen ciertos derechos naturales y por ello son inalienables, si esto es así, los gobiernos que se formen en esa sociedad deben aceptar una ley fundamental, llámese como se quiera, que limite sus poderes y los garantice, y que por tanto haga cumplir con los límites establecidos.
Si hemos llegado a este punto, una vez que hemos instituido aquel principio, hay que decir que los derechos naturales del hombre no pueden surgir de una declaración política de una determinada mayoría, porque están instaurados antes, son pre políticos y la declaración solo debe reconocerlos. Esos derechos son la base para todos los demás derechos. Su rango es superior.
¿Que estamos haciendo? Estamos sustituyendo los derechos naturales del hombre por otros.
Voy a poner un ejemplo que todos podemos ver, en la Constitución Española se establece con claridad importantes derechos como el de la vivienda y el trabajo, que no tienen en la practica política una relación proporcionada en la políticas públicas, cosa que es obvia viendo las cifras del paro y la falta de vivienda para todos los que las necesitan. Ya se que esto se explica en términos jurídicos de que existe una imposibilidad material, pero el hecho es innegable.
Pues bien, al mismo tiempo que esta sucediendo esto, son considerados como derechos, y los últimos gobiernos que hemos tenido se aplican en el cumplimiento con los medios adecuados, de cuestiones que no figuran para nada en la Constitución como el “derecho” al aborto. ¿Por qué se produce esa inversión de rango? La respuesta yo la veo clara. Porque, en realidad, lo que llaman democracia liberal no es otra cosa que una democracia de correlación de fuerzas que cambia las cosas según le conviene.
Si miramos un poco el tema del aborto veremos que la llamada democracia liberal ha decidido que el ser humano engendrado, que por el hecho de depender absolutamente durante unos meses del cuidado de su madre, ésta posea el derecho a poner fin a aquella vida basándose en la justificación del deseo.
¿Que estamos haciendo? Se conculca el derecho inalienable a la vida que comienza con el engendramiento. Pero además este derecho es destruido por las democracias liberales cuando existe un estado del bienestar que puede acoger al hijo y a la madre si se lo propone, en lugar de subvencionar su muerte. Esta democracia liberal solo declara inalienables los derechos que le conviene, con lo cual ni son inalienables, ni son naturales, y para ello adopta decisiones que son contrarias al bien común para propiciar solo algunos bienes privados.
¿Desde cuándo los derechos de alguien, la madre en este caso, pueden significar el cese de todo derecho por parte de otro, el hijo engendrado?
En fin, la tan aplaudida democracia liberal, tal y como se practica, no es ni mucho menos el fin de la historia, sino la historia de un fin, el suyo, la todos aquellos que pretenden convertir sus deseos en derechos inalienables, y el derecho natural en una idea risible.

Feliz y Dulce Día.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Jueves 6 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Parece mentira, que ya hayan pasado cuarenta años desde que votamos la Constitución Española, que por cierto yo voté, aunque lo hice con mi voto negativo, esto lo explicare pues hoy tengo el tiempo suficiente, pero después de daros la hora de salida y puesta de sol; desde las 08:05 horas hasta las 17:38 y la temperatura es en mi balcón es de 13,5 grados.
Muchos de los que me conocen y de los que nos reunimos aquella tarde ya lo saben, por lo que no estoy diciendo nada nuevo, lo que sucede es que ahora, en estos días se está indicando mucho en los medios de comunicación y lo están señalando además muchos políticos que están en primera línea; que los que están en contra de la Constitución Española no son demócratas y que además traicionan a España, y claro, yo después de cuarenta años no tengo más remedio que decir que se equivocan y que no solo se equivocan sino que además es mentira, y lo saben. 
Vamos a ver la democracia y ser demócrata no tiene nada que ver que estar a favor o en contra de la Constitución, la democracia es una forma de gobierno cuyo fin debe ser la consecución del bien común, y si la consecución del bien común es el principal objetivo de todo gobierno, que esté tenga una Constitución o no la tenga no tiene ninguna importancia. Por ejemplo, un país tan demócrata como Inglaterra no tiene constitución y no por eso los ingleses son antidemócratas y menos aun dejan de amar a su país.
Como dije, hace cuarenta años vote en contra, y ahora que “visto lo visto”, de los tres motivos por los que no estaba de acuerdo, en dos de ellos me continuo ratificando y además ahora puedo decir que hace cuarenta años tenia mucha razón, y los que estaban conmigo aquella tarde no me van a dejar mentir.
El principal motivo por el que no vote a favor es por que considero que la Constitución es agnóstica, o sea que es neutral ante los valores morales, no es que este en contra de mí visión moral de la vida sino que esta a favor de todos los sistemas morales, y eso no hay “sentido común” que lo entienda. Mí opinión hace cuarenta años era, como ahora, que no fue un olvido sino de una exclusión a propósito, se trataba de pasar de una moral católica a una aconfesional propia de un parlamento liberal o para ser más exacto una monarquía  parlamentaria liberal.
Cuál era entonces la consecuencia lógica que yo veía; que eso era algo que iba a tocar a los cimientos de la misma sociedad civil pues hay una falta de referencia a los principios morales por los que se debe regir, lo que esta bien y lo que esta mal, lo que nos lleva a que la orientación moral de las leyes y actos de gobierno quede a merced de los poderes públicos de turno. Y este problema lo estamos viendo en su parte práctica en muchas de las leyes que tenemos hoy en día.
A esto anterior, hay que añadir que hay muchas ambigüedades en el texto constitucional que se ha convertido fácilmente en manos de los sucesivos gobiernos en un salvoconducto para atacar derechos inalienables del hombre. 
El segundo punto en el que no estoy de acuerdo es que se hizo con consenso, y me voy a tener que explicar, en el texto de la constitución cabe todo o sea esta hecha de forma que cualquier forma de pensar y actuar tiene cabida en ella, no tiene líneas que no se puedan pasar, no existen esas líneas que establecen hasta donde pueden llegar los atropellos que se pueden producir, y esto es lo que los constitucionalistas no tuvieron el valor de hacer.
Para que fuese una Constitución de consenso se tuvo que utilizar un lenguaje ambiguo, y ambiguo quiere decir falso, ya se dijo en el 78, creo que fue Gregorio Peces Barba en el congreso; si una mayoría absoluta quiere llevar a termino una ley que en un sentido pueda ser inconstitucional el Tribunal Constitucional terminará por aprobarla, sino a la primera a la segunda, pues hay recursos para conseguirlo.   No existe limite, ya se que esto puede parecer duro e imposible pero es así, solo tenéis que ver como unas leyes son constitucionales o no dependiendo de quien gobierna.
Mirad una cosa, es tan ambigua que permite cualquier clase de partido político incluidos los que quieren terminar con la Constitución y les permite presentarse a las elecciones y que tengan representantes en el Congreso y en el Senado, pero mirad lo absurdo de la cuestión, si esos partidos llegasen al poder por ejemplo en una Comunidad Autónoma, no podrían hacer lo que quieren hacer, y esto es así, nos guste o no. Esta es la clave del problema que tenemos con los independentistas.
Se permiten, porque es constitucional que existan partidos que quieran destruir la unidad de España, se le dan toda clase de facilidades legales para que puedan conseguir sus objetivos pero si algún día consiguiesen una mayoría suficiente la Constitución se lo prohibiría. Por lo tanto ya tenemos un problema que no tiene solución al menos en esta Constitución. Si se amparan unas ideas luego no puedes decirles a esas personas que no pueden hacerlas realidad, o somos o no somos. La Constitución debe ser clara y no lo es. Si no quieres aceptar unas ideas lo tienes que decir.
Que se consigue, que no tengamos un criterio al que seguir, he puesto este ejemplo como podría poner otros, como el del aborto, que por cierto la ley lleva ocho años atascada en el Tribunal Constitucional, no es una constitución clara. Y no lo es porque no se quiso, porque se sabia donde estaban los errores, lo discutimos hace cuarenta años, y aún nadie me ha podido explicar porque después de copiar tantos artículos de la Constitución Alemana no se copiaron ni el articulo 9 ni el 21, que son los que prohíben todo movimiento político que vaya en contra de la Constitución ni de la unidad del país.
Por cierto, se me estaba olvidando el famoso articulo 155, que es otro de los errores de nuestra Constitución, un saco sin fondo donde cabe todo y que también merecería una explicación más larga.
Se hizo una Constitución de consenso, ¿que es un consenso político? Os habéis parado alguna vez a pensarlo. Es una reunión de personas que renuncian a sus principios para llegar a unos acuerdos que están en contra de esos principios o mejor dicho que intentan estar de acuerdo con todos los demás principios. Y claro, mi sentido común me dice que ahí falla algo, ahí no se acuerda ningún principio a seguir sino que no se va a seguir ninguno.
Vamos a ver si me explico un poco mejor, no puede haber supervivencia de un sistema político si este alberga en su seno a quien quiere destruirlo, se tiene que poner una barrera para los que defienden la disolución del sistema político, yo creo que es de sentido común, ninguno de nosotros fundaríamos una sociedad con personas que quieran destruir esa sociedad.  
Con todo lo que acabo de escribir estoy diciendo que no voy a celebrar y que no me voy alegrarme de tener la Constitución Española, pues no, claro que voy a celebrar y a festejar que gracias a esta Constitución hemos disfrutado de los mejores 40 años de la historia de España, lo único que digo es que puede ser un poco mejor si le permitimos que tenga unas ideas morales y políticas claras y que le permitamos que ella misma se pueda defender.

Feliz y Dulce Día.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Miércoles 5 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy el sol vuelve a repetir el horario de ayer, desde las 08:04 horas hasta las 17:39, parece que empieza a detener su lenta reducción del tiempo que pasa con nosotros. La temperatura  fresca, 12,4 grados, pero nos espera un día estupendo.
He terminado hace un momento de leer el “Buenos Días” de ayer, porque pensaba que le faltaba algo, y creo que le faltaba la utilización de lo que solemos llamar: Tener sentido común.
El “sentido común” es una buena guía para tomar decisiones, aunque nos encontramos, que por diversas circunstancias, se esta perdiendo. Ya se que es muy complicado hoy en día seguir a nuestro “sentido común” pues se nos presentan tantas propuestas, y que además están tan ideologizadas que hemos perdido la capacidad de juzgarlas rectamente y así poder distinguir en ellas lo que esta bien y lo que esta mal.
No hay forma de entender algunas afirmaciones que se usan y que se aplican como si se trataran de un dogma, no se puede defender la libertad de las personas usando medios represivos como son la violencia o la degradación de la persona.
Hemos convertido la verdad de las cosas en algo relativo, por lo que pierde su fuerza, resulta que ahora la “verdad” se convierte en “tu verdad” o “mí verdad” por lo que pasa ser una opinión, y cuando a una opinión le damos un poder político estamos creando una forma de gobierno despótico y sobre todo injusto.
Y cuando esa opinión se convierte en mayoritaria trastorna la sociedad convirtiéndola en absurda, pues va a reclamar unos derechos humanos atacando otros, incluso a los más básicos y elementales como el derecho a la vida y la dignidad de la persona, si se atacan los derechos más básicos estamos llevando a la sociedad a una continua contradicción y a que pierda su sentido común, como por ejemplo cuando se reclama el derecho al propio ejercicio de la libertad para decidir abortar o atacar a la justicia.
Cuando perdemos el sentido de lo que es la vida y de lo que ella contiene en sí misma nos situamos ante lo absurdo. Es esa regla que se esta poniendo de moda, esa regla  sin sentido que nos lleva a que tenemos que pensar lo mismo que la mayoría, pensar y actuar como todos, sustentar las mismas ideas, dar las mismas opiniones y adoptar los mismos criterios.
Se necesita una reflexión especial para romper con esos principios vacíos de contenido que nos estamos encontrando en nuestra sociedad. No nos podemos acomodar a esa mentalidad, no nos queda más remedio que intentar transformarnos y aplicar nuestro “sentido común” para poder desentrañar que es, lo bueno, lo agradable y lo perfecto, para aplicarlo en nuestro mundo.  
Y nuestra mente es la primera que ha de comenzar a hacer realidad esa reflexión. No hay peor corrupción que aquella que se fragua en la mente. Es mucho peor que la corrupción del corazón puesto que en ella se encuentra o la luz o la oscuridad.

Feliz y Dulce Día.

martes, 4 de diciembre de 2018

Martes 4 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Me estoy dando cuenta estos últimos días que las personas ante un mismo “Buenos Días” reaccionan de diferente forma, y anoche le estaba dando vueltas a la cuestión, pero antes os diré unas cosas que pienso que todos entenderán de igual manera; el sol saldrá a las 08:04 horas y estará con nosotros hasta las 17:39, y que ahora tengo una temperatura en mi balcón de 15,1 grados.
Yo creo que muchas veces entendemos algo dependiendo del estado general en el que nos encontremos, de nuestras convicciones, sentimientos, gustos y deseos. Escribo un “Buenos Días”, y con ello lo presento a la vuestra aceptación o a vuestro rechazo, cada uno tendrá su parecer sobre el tema, anteriormente a lo que le presente y este parecer es consecuencia de su carácter anímico y, en general, no lo cambiará ninguna de mis opiniones.
No quiero decir que no haya una cantidad de pruebas suficientes para convenceros sobre algún tema, lo que sucede es que no tienen de hecho un carácter irresistible. Pues, tal como están las cosas, en medio de las numerosas obligaciones, de la confusión y las prisas del mundo, y teniendo en cuenta las condiciones particulares, pocos tenéis tiempo de ponderar muchas de estas cuestiones con un equilibrio justo, y de decidirse después de una investigación sosegada y completa de las pruebas. 
La mayoría tenéis que decidir y decide mediante los principios de pensamiento y conducta habituales en vosotros. Es decir, con vuestro juicio anterior sobre el tema, ese juicio que ya teníais es el que os inclina hacia un lado u otro, y que da vuestra interpretación.
Y esta es la manera como se forma comúnmente nuestro juicio sobre los hechos que leemos, porque no puede hacerse de otra manera. Pero los de mente inquieta tenemos que actuar, pero muy raras veces disponemos de medios para examinar lo que nos garantiza la verdad de las afirmaciones, la base de las cuales nos sirven para sacar conclusiones.
Y es aquí donde nos empiezan a manipular, es cuando buscamos fuentes que sean de confianza cuando nos encontramos a menudo ciertos medios de comunicación interesados, que aventuran unas declaraciones provocativas, con la intención precisa de sacar a la luz lo que piensa la gente sobre tal o cual punto; así averiguan la opinión general, perciben la dirección que han de tomar para conseguir los objetivos que se han propuesto y qué procedimientos son viables y seguros.
De la misma manera, que sucede con la opinión que tenemos sobre los “Buenos Días” nos creemos o no nos creemos noticias alarmantes o inesperadas, y actuamos de una manera o de otra, según tendamos o no a creer con facilidad, sentir o no los deseos de que aquello suceda, dispongamos o no de antecedentes, y estemos o no previamente informados.
Por eso, ante una opinión, se juzga de tal o cuál manera según las personas deseen o no que sea verdad, estén influidos o no por tal o cual modo de ver la vida, y tengan más o menos conocimientos sobre el tema.
Decidimos de una manera u otra según cómo se sitúa el supuesto hecho en relación con el estado previo de nuestros conocimientos y sentimientos.
En fin, cada uno puede tener una opinión pero todas no pueden tener razón.

Feliz y Dulce Día.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Lunes 3 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Intenso día el de ayer, aunque las consecuencias las estoy notando ahora, me ha costado mucho recorrer la distancia que existe entre mi dormitorio y la sala de estar donde tengo el ordenador, pero esto es otra historia que también merecería ser contada, pero de momento os diré que el sol saldrá a las 08:03 horas y nos acompañará hasta las 17:39.
El día promete aunque no creo que lo pueda disfrutar mucho pues tengo las piernas bloqueadas, ahora la temperatura es de 16,5 grados.
Ya se que muchos de vosotros os estaréis preguntando si vale la pena sufrir para hacer deporte, pues parece que el deporte es para divertirse. Que del sufrimiento se pueda obtener algo positivo ha de ser, para más de uno, cosa de necios pues ¿quién puede decir que obtiene algo del hecho mismo de sufrir?
Esa forma de pensar esta muy alejada de la que se puede considerar propia de un maratoniano. Quien, no lo olvidemos, corre para divertirse.
Es bien cierto, y no puedo negarlo, que para que comprendáis los que no sois maratonianos lo que planteo, hay que dar la vuelta a lo que comúnmente se entiende por sufrimiento y, como no podía se de otra manera, pasarlo por el filtro de un corredor pues hay realidades, como correr una maratón, que no son fáciles de comprender. Ahora bien, que se puede comprender es más que verdad.
Voy a partir del hecho de que el sufrimiento nos puede aportar algo positivo o sea que podemos sacarle un fruto. Así, empezando de esta manera, doy mí opinión para que nadie pueda llevarse a engaño. Fruto, lo que se dice fruto del sufrir, lo hay.
Hay que empezar diciendo que el mayor fruto del sufrimiento en un maratoniano es, o supone, terminar la maratón. Y quiero decir que la maratón no se termina sin antes tener que sufrir, y sufrir mucho.
No podemos negar que un fruto como es la maratón es más que importante para un corredor. Y lo es porque es uno de de los retos que todo corredor anhela sin olvidar, eso sí, que a él solo llegará después de un recorrido donde los problemas que se encontrará le aconsejarán muchas veces que abandone.
Los corredores, al igual que los seres humanos, por propia naturaleza, evadimos el dolor y el sufrimiento. Por instinto reaccionamos, por ejemplo, evitando cualquier objeto que pueda herirnos. Cuando identificamos que quien nos esta llamando por teléfono es alguien que nos causara problemas, no contestamos. Nuestra reacción inmediata, al igual que la de la mayoría de los animales, es evitar lo que nos sea nocivo y lo que nos pueda causar dolor.
No obstante, también somos capaces de responder conscientemente y en formas que nos diferencian de manera radical del resto del reino animal. Por ejemplo, podemos decidir enfrentar y soportar el dolor por razones más elevadas. Así, sabiendo que la jeringa nos lastima, decidimos no mover el brazo durante una inyección porque el poder de la razón nos dice que con ella mejorará nuestra salud.
Para muchas personas en nuestra sociedad, el sufrimiento se ha convertido en un mal que hay que evitar a toda costa, llevándolas a tomar muchas decisiones irracionales y destructivas.
Si bien es cierto que el dolor físico está presente en todo en el reino animal en general, la diferencia en cuanto a los seres humanos es que nosotros somos conscientes de nuestro sufrimiento y nos preguntamos el por qué; y mucho más sufrimos cuando no encontramos una respuesta satisfactoria; necesitamos saber si nuestro sufrimiento tiene un sentido.
Nos preguntamos; “¿por qué? Sin embargo, analizándolo, ningún sufrimiento es «inútil», aunque efectivamente mucho de él se pierde y desperdicia cuando lo rechazamos y nos negamos a aceptar su sentido profundo.
El solo concepto de «sufrimiento para mejorar» ya deja ver que el sufrimiento humano es mucho más de lo que vemos a simple vista, y no solamente un mal que hay que rehuir instintivamente. Más bien, es una fuerza incomprensible que puede moldearnos en formas importantes y hacernos madurar; una fuerza con la que tenemos que aprender a colaborar y aceptar como parte de nuestra vida.
En fin, me voy a pasear, a ver si con el movimiento se van activando mis músculos y me puedo mover con un poco más de soltura.  

Feliz y Dulce Día.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Sábado 1 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy un poco más tarde de lo habitual pues he tenido que resolver unos pequeños detalles sobre la maratón de mañana, pero ya estoy aquí con el sol ya fuera, pues lo he visto salir a las 08: 01 horas y espero verlo esconderse alrededor de las 17:39, aunque yo lo veré desde Valencia. Ahora en mí balcón 11,6 grados.
Ya se que ayer deje muchas preguntas en el aire, y aunque estuve parte de la tarde intentando aclarar mí postura, voy a continuar haciéndolo ahora.
Pienso que el sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad como titular de la soberanía. Esto lo tengo claro. Entonces el pueblo traslada de varias formas su soberanía a aquellos que elige libremente como sus representantes, pero debe conservar la facultad de ejercitarla en el control de las acciones de los gobernantes y también en su sustitución, en caso de que no cumplan satisfactoriamente sus funciones. El sistema democrático que tenemos establecido, gracias a sus procedimientos de control, nos permite y nos garantiza su mejor funcionamiento.
Pero, el solo consenso popular, sin embargo, no debe ser suficiente para considerar justas todas las actuaciones de la autoridad política. La autoridad que hemos elegido para que nos represente debe reconocer, respetar y promover los valores humanos y morales esenciales. Y estos son innatos, derivan de la verdad misma del ser humano y nos expresan y tutelan la dignidad de toda persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir.
Y estos valores no se fundan en mayorías de opinión que son provisionales y cambiantes, sino que deben ser simplemente reconocidos, respetados y promovidos como elementos de una ley moral objetiva, ley natural que tenemos inscrita en el mismo corazón del hombre.
Que estoy tratando de decir, pues que la autoridad que nosotros hemos elegido debe emitir leyes justas, es decir, que estén conformes a la dignidad de la persona humana. Por lo tanto si un Estado no actúa en orden al bien común, desatiende su fin propio y por ello mismo se deslegitima.
En fin, lo dejo de momento pues me tengo que preparar pues dentro de unas horas me voy a por la maratón.

Feliz y Dulce Día.