domingo, 16 de diciembre de 2018

Domingo 16 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 


Después de lo que tuve que madrugar ayer por culpa del entrenamiento hoy nos toca levantarnos un poco más tarde, es raro que esto pueda suceder un domingo por eso he aprovechado la ocasión, la salida del sol será a las 08:13 horas y estará con nosotros hasta las 17:40 horas. Por cierto la temperatura es de 12,3 grados.
Estamos viendo que cada vez más existe en nuestra sociedad una especie de desprecio a la autoridad, se esta dando a entender cada vez con mayor asiduidad que la autoridad no es la consecuencia necesaria del ejercicio del poder democrático  para mantener el orden necesario para el ejercicio de la libertad, en vez de esto cada vez hay más gente que opina que se trata de una imposición inoportuna e inconveniente.
Esta forma de entender el principio de autoridad se produce cuando se mezclan ideas mal asumidas que suelen proceder del anarquismo, que, yo entiendo que choca con la realidad en la que vivimos, que nos obliga entre otras muchas cosas al cumplimiento de la ley y a usar medios para hacerla cumplir.
Que exista la obligación de hacer cumplir la ley no quiere decir, como muchos alegan, que se tenga que perjudicar a los grupos sociales más desfavorecidos ni a los más marginales. Unir estos dos principios, el de autoridad  y el cumplimiento de las leyes es lo que debe caracterizar una política que quiera transformar nuestra sociedad. El problema nos aparece cuando, algunos de nuestros políticos, quieren, pero no saben, cometiendo entonces una doble injusticia, porque ni hacen cumplir las normas de convivencia, ni poseen las capacidades políticas y la eficiencia necesaria para facilitar la vida e integrar a los más marginados.
Indiscutiblemente, ya se que no es fácil, pero precisamente por esta razón conviene acercarnos a estos temas con humildad y prudencia, en lugar de actuar sin ningún tipo de reflexión. Voy a ver si pongo un ejemplo que lo pueda explicar mejor; sucede en Barcelona en relación con los manteros y el comercio de la ciudad. El ayuntamiento sabe que los manteros son inmigrantes, gente marginada y oprimida, y que merecen ser defendidos; y que los comerciantes son ciudadanos que merecen que se respeten sus derechos. No importa que los manteros sean la parte de una red internacional de comercio de falsificaciones e imitaciones, y los segundos sostengan la ciudad con sus impuestos y actividad económica. No se quiere ejercer el principio de autoridad por lo que tampoco se cumplen las normas establecidas.
El problema en este caso es claro: sin una asunción plena del principio de autoridad para mantener el orden cívico, la libertad se transforma en libertinaje que solo beneficia a los más fuertes en la calle, es decir, a los más agresivos, los que amenazan o practican la violencia.
Muchos de nuestros dirigentes no ven violencia, por ejemplo, en el desorden nocturno que impide el descanso de los vecinos, que causa intranquilidad cuando no miedo de quienes han de pasear por la calle a determinadas horas. Otro ejemplo podría ser el tener que soportar botellones que terminan con borrachos tirados por el suelo, discusiones entre grupos que terminan en peleas.
Si algunos de nuestros políticos no recuperan el principio de la autoridad para hacer cumplir las normas de las que democráticamente nos hemos dotado, para la convivencia y para elaborar aquellas otras normas que deben servir para afrontar los nuevos desafíos que se va encontrando la sociedad, si esto no se hace pronto, si no se restituye el orden cívico, no iremos por el buen camino.

Feliz y Dulce Día.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Sábado 15 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy nos toca madrugar, ya que tenemos un entrenamiento a las siete de la mañana y hay que dar los "Buenos Días" un poco más temprano, ayer tuve una comida de esas que ahora se denominan de “empresa” y que resultó muy interesante, pero antes os diré que hoy el sol nos saldrá  las 08:12 horas y estará con nosotros hasta las 17:40, la temperatura es ahora de 12,2 grados.
Pues si, la comida resultó interesante, pues después de agotar el tema de las carreras a pie entramos en un tema que por repetido que lo tengamos estos últimos días siempre nos podemos encontrar con un matiz nuevo, me refiero al tema de la democracia y la forma de entenderla.
Ya se que nos hemos levantado muchas veces con el mismo tema pero esta visión me pareció que tenía un enfoque diferente, pues no nos referíamos a la democracia orgánica ni a la democracia popular, ni a la de contar los votos. Hablamos de ese sistema, que tan bien describió uno de los personajes más importantes del siglo pasado; Winston Churchill, cuando dijo que una democracia es; “cuando uno oye que alguien llama a la puerta a las 6 de mañana, sabe que es el lechero”.
Supongo que hemos entendido la frase, es decir, aquel sistema político donde se respetan la propiedad, la vida y los derechos, con lo que de momento ya dejo fuera del concepto de democracia a algunos países en los que hay procesos electorales, parlamento y partidos, pero en los que una llamada a estas tempranas horas supone un susto mayúsculo y un peligro real.
Ahora bien, fue complicado después de una buena comida acompañada con cerveza y con alguna mistela responder a la pregunta; ¿qué es la democracia? Se pueden encontrar muchos artículos y teorías que intentan explicar este fenómeno complejísimo, pero, siguiendo la norma de la sencillez y el sentido común tenemos que concebir la democracia como un conjunto de reglas que deben regular de forma estable la relación entre fuerzas políticas que son diversas y contrarias, de manera que éstas se enfrenten según unas normas convencionales y convenidas. El formalismo de este mecanismo nos garantiza que esta lucha entre contrarios se produzca de una forma pacífica y, en todo caso, sin otro roce que no sea el de la dialéctica.
Además, la democracia tiene sus “contenidos”: estado de derecho, carácter social, impulso de la igualdad, etc. Pero -y aquí reside el quid de esta cuestión- esos contenidos no son posibles sin una forma, de la que hablamos en la comida. El ejemplo que usamos fue el un líquido que si no está en algún tipo de recipiente se derramará.
Si nos paramos a pensar un momento nos daremos cuenta que la democracia nunca es “acción directa”, sino que se trata de una acción dirigida (y limitada) en los cauces que se establecen en las normas que hemos creado. Tampoco es, como podría indicar su nombre, un ejercicio directo del poder, ya que éste debe ejercerse a través de la representación. Por lo tanto, una ruptura traumática de las normas es antidemocrática por definición.
Lo que nos viene a decir que cualquier causa que queramos defender, por muy justa o urgente que pueda parecer, no puede hacerse a impulso de un voluntarismo subjetivo, sino por un procedimiento que esta regulado.
Todo esto nos salio a colación por el apoyo que esta dando Podemos a las manifestaciones ante los resultados en Andalucía con la llegada al parlamento de una fuerza política que a Podemos le parece peligrosa, es verdad que existe el derecho de manifestación y reunión, pero evidentemente deben estar regulados y limitados.
Hay un matiz más en esta cuestión: pueden hacerse manifestaciones en contra de los actos de un partido o grupo, pero no se pueden hacer manifestaciones por el hecho de que haya un grupo de personas que lo haya votado. Se puede protestar por el contenido, pero las formas son intocables, a no ser que se cambien desde sus propios mecanismos.
Lo que sucede es que estamos viendo con demasiada frecuencia que en España se están rompiendo las normas. Es más, y más grave: yo creo que no se enteran de que esto de la democracia es un asunto de normas.

Feliz y Dulce Día.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Viernes 14 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Los días pasan con una rapidez a la que no estaba acostumbrado, miro el calendario y dentro de 10 días estaremos en Noche Buena, ya metidos en Navidades y en el invierno, en fin, hoy tendremos sol desde las 08:12 horas hasta las 17:39 y si el viento no molesta mucho vamos a tener un día agradable a pesar de que ahora la temperatura en mí balcón es de 12,3 grados.
La tarde de ayer se desarrolló de una manera distinta, estuve de visitando a un enfermo en el hospital, y mientras regresaba a casa me pude dar cuenta de lo mucho que hemos avanzado en nuestra sociedad en lo todo lo que tiene que ver con la medicina y las buenas instalaciones que tenemos. Repasaba un poco la historia y veía con en la antigüedad era común observar personas enfermas por los caminos y en las plazas de los pueblos. Si avanzaba un poco más en la historia veía como durante la Edad Media, la caridad de los monjes en medio de guerras y epidemias fue convirtiendo algunos monasterios en lugares de hospedaje para gente herida o gravemente enferma. Hasta que hemos llegado a nuestros días donde ya tenemos innumerables hospitales y clínicas para atender de la mejor forma posible a quien padece algún mal.
Pero, sin embargo, a pesar de todos los adelantos, a pesar del progreso de la técnica y de los avances sanitarios, los enfermos siguen existiendo y muy a nuestro pesar siguen sufriendo. Y no me estoy refiriendo al sufrimiento físico, que nuestra medicina palia con eficacia, sino al verdadero dolor que se sufre al ser consciente de estar enfermo.
Hay un dolor más profundo y más desgarrador que el físico. Es el dolor de sentirse solo ante la enfermedad y ver la indiferencia que provoca en los que nos rodean. Recuerdo el gran alivio que experimentaba cuando en medio de alguna enfermedad se acercaba mí madre con una sonrisa o cuando no hace mucho me visitaban mis amigos, una simple palabra basta para hacer más ligeros esos momentos.
Estoy seguro que la enfermedad llega, con o sin tarjeta de visita. Un accidente, un día de viento, un bulto extraño en la espalda, un dolor de cabeza aparentemente inexplicable. Y entonces empezaremos un camino que será difícil, primero intentaremos averiguar que nos está pasando, luego buscaremos los remedios para curarnos y si podemos intentaremos calmar nuestros dolores.
En todo ese camino hasta estar curados, ayuda y consuela encontrar manos amigas que nos den buenos consejos, que las atenciones médicas sean las adecuadas y si tenemos que sufrir, hacerlo acompañados por quienes nos aman de verdad pues nos aliviara casi tanto o más que un calmante, en caso contrario, sufrir solos en muchas personas aumenta el sentimiento de pena que muchas veces les impide mejorar.
 Feliz y Dulce Día.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Jueves 13 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

En estos momentos todo me lleva a pensar que aunque el sol saldrá a las 08:11 horas y estará con nosotros hasta las 17:39, lo vamos a disfrutar poco, no veo a Venus con mucha claridad, al menos la temperatura es buena 16,1 grados.
En el café de la tarde comentábamos que si la gente tuviera más cultura nuestra sociedad funcionaria mejor, que se tendría que leer más… etc. Pero rápidamente nos dimos cuenta que no necesariamente, no esta la cosa tan clara. La primera dificultad nos la encontramos cuando nos quisimos poner de acuerdo en definir ¿Qué es la cultura? No pudimos. El abanico es tan grande que nuestra modesta “cultura” no consiguió una definición en la que estuviéramos todos de acuerdo.
Aunque todos estábamos de acuerdo en que el principal fin de “tener cultura” es conseguir el perfeccionamiento del espíritu humano, de la persona. Y es a partir de aquí cuando nos surgió una pequeña dificultad, ¿Como se adquiere cultura?
Hay que conversar mucho y cambiar muchas impresiones sobre este tema para empezar a diferenciar lo que es cultura e instruirse. Al principio, no veiamos muy bien la diferencia entre instrucción y cultura. Pero según avanzaba la conversación nos dimos cuenta que tal distinción existe, y que tiene una base sólida.
Voy a poner un ejemplo que salio en la conversación rápidamente: Se dice de una persona que lee mucho, que es muy culta, por lo menos en comparación a otra que lee poco. Y entre dos personas que leen mucho, la que más lee, se presume que es la más culta.
Pero aquí estamos cometiendo un error, que nos surge del hecho de que muchas personas simplifican inadvertidamente las nociones y llegan a considerar la cultura como mera resultante de la cantidad de libros leídos. Error evidente, pues la lectura es provechosa, no tanto en función de la cantidad, sino de la calidad de los libros leídos, y principalmente en función de la calidad de quien lee, y del modo como lee.
O sea, la lectura puede hacer hombres instruidos: tomamos aquí la palabra instrucción en el sentido de mera información. Más una persona que ha leído mucho, que es muy instruida, o sea, informada de muchos hechos o nociones de interés científico, histórico o artístico, puede ser mucho menos culta que otra con un bagaje informativo menor.
Lo que sucede es que la instrucción sólo perfeccionara en toda la medida de lo posible nuestro espíritu, cuando es seguida de una asimilación profunda, consecuencia de esmerada y detenida reflexión. Y por esto, quien leyó poco, pero asimiló mucho, es más culto de quien leyó mucho y asimiló poco.
O sea, resumiendo, la reflexión es el primero de los medios que deberíamos utilizar para adquirir cultura. Pues, mucho y mucho más que ser un ratón de biblioteca el hombre de cultura debe ser un pensador. Y para el pensador, el libro principal que tiene que saber leer es la realidad que él tiene delante de los ojos; la realidad es el escritor que más se debe leer, y los demás autores y libros son elementos preciosos, pero nítidamente subsidiarios.
Con todo, la mera reflexión no basta. Y aquí, se nos terminaba la tarde, el café había dado para mucho y aun nos quedaba dejar claro que para adquirir una buena cultura está debe estar cimentada sobre bases sólidas, se hacía necesario tener nociones exactas sobre nuestra forma de entender la perfección del hombre, no había tiempo para más, había que ir entrenar.

Feliz y Dulce Día.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Miércoles 12 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Vamos a ver, el horario del sol es hoy desde las 08:10 horas hasta las 17:39 y la temperatura en mí balcón es de 14,3 grados, y una vez dicho esto que parece que ser que se  haya convertido en una tradición voy a pasar a otras cosas.
Estoy viendo con preocupación como tenemos políticos que están en activo y con responsabilidades que están animando a la gente para que las calles sean un foco de enfrentamiento, los motivos que alegan para mí no tienen ningún sentido.
Según mí opinión no se puede de ninguna manera, poner fuera de sí los ánimos de la gente. Las urnas deben de ser sagradas, y están para votar y elegir a nuestros representantes. Es, realmente inadmisible que ahora después de 40 años de haber aprobado la Constitución haya dirigentes en España que agiten con consignas a los ciudadanos, para que se produzcan altercados entre diferentes ideologías. Yo pienso que el Estado de Derecho no debe consentirlo de ninguna de las maneras.
Por favor, esos rencores, miedos y fanatismos que se alegan para protestar contra ciertos votos en las elecciones andaluzas, se acabaron. Un político debería enseñar a nuestra juventud, que los radicalismos y la confrontación no sirven para nada; y que en cambio, el diálogo, la tolerancia y el respeto es lo que hace que la Humanidad avance.
Las personas normales lo que siempre esperamos de los que quieren representarnos a nivel político es justicia, diálogo y respeto. Pienso que puedo exigir a mis representantes que se dediquen a los problemas que se me presentan todos los días, les puedo exigir que tengan una buena gestión, que mantengan en funcionamiento o que se preocupen de ir estableciendo un verdadero sistema democrático y abierto, atacando la corrupción.
Todos somos iguales ante la ley, pues muy bien, seamos pues también responsables y hagamos un esfuerzo para comprender lo que eso significa. Los motivos que nos dan algunos políticos para justificar la no actuación de las fuerzas de seguridad en los altercados producidos el fin de semana pasado en Cataluña es de una falta de responsabilidad que asusta. 
Porque al final las personas ya no podemos con más falsas esperanzas y mentiras en los programas electorales. Los gobernantes deben ser responsables, abiertos a las ideas de todos y respetuosos en las formas de comportarse.  
En fin, no se como pero hay que exigir a los políticos actuales y a los que se quieran presentar a las elecciones próximas que se preocupen más de lo que nos prometen en las elecciones y que se olviden de generar problemas con otras cuestiones; que lo que consiguen es que nos distanciemos cada vez más unos de los otros y que nos enfrentarnos por unos motivos que a mí me parecen artificiales.

Feliz y Dulce Día.

martes, 11 de diciembre de 2018

Martes 11 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy vamos a tener sol desde las 08:09 horas hasta las 17:39 y la temperatura en mí balcón es de 11,5 grados, le esta constando bajar de los 10 grados y eso que ya tenemos las navidades “a la vuelta de la esquina”.
Al ver ayer el video que esta circulando por las redes sociales sobre lo que parece ser el abuso de la industria farmacéutica, me interesado un poco, y el tema es más complicado de lo que nos puede parecer a simple vista. Es una cuestión que me ha llevado a preguntarme sobre el derecho a la salud, que me parece a mí que es de donde empieza todo el gran negocio de las farmacéuticas.
Yo, parto de la base que todos tenemos derecho a la salud, o sea que el cuidado de la salud de las personas requiere la ayuda de toda la sociedad para conseguir las condiciones necesarias que nos permitan desarrollarnos y llegar a la vejez. Por lo que les corresponde a los poderes públicos decidir, siempre en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares, pero debe facilitar a cada uno lo que necesite para llevar una vida verdaderamente humana, a saber: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc.
Que es lo que quiero decir con todo lo anterior, ¿estoy hablando de un verdadero “derecho a la salud”? Pues si la comunidad tiene la obligación de facilitar la salud de las personas, necesariamente tenemos la facultad de exigir esa obligación, es decir, un verdadero derecho a ella.
Y aquí es donde empiezan los problemas, cuando intentamos precisar exactamente qué podemos exigir a ese derecho. Al encontrarnos en un sistema capitalista donde el objetivo de una empresa es ganar dinero, y que el negocio de las farmacéuticas consiste en anteponer los beneficios económicos a la salud, y que para que puedan vender sus productos deben existir personas enfermas y a ser posible convertir en crónicas cuantas más enfermedades mejor, la combinación de todo esto nos lleva a un abuso no solo económico sino que yo también lo consideraría un abuso ético.
Y ahora nos surge una pregunta; ¿Hasta qué punto es válido y ético que la industria de la salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista? Porque si hay un tema delicado en el cual va la vida y la dignidad de las personas es justamente el de su salud y sobrevivir a las enfermedades. Y que una actividad tan importante como el de la farmacéutica, en lugar de estar regida por el principio de curar y salvar vidas, esta gobernada por el más vil capitalismo puro y duro, no es un buen camino.
Si una empresa debe procurar mantener a todos sus clientes y conseguir cada vez más, entonces a la industria farmacéutica no le interesa curar enfermedades sino por el contrario generar crónicos que sigan durante el resto de su vida siendo clientes consumidores de los medicamentos elaborados por ellos. El lema es primero el bolsillo de los laboratorios y luego la vida y la salud de las personas.
Este es un tema que por afectar el bien común, el Estado no debe de dejar de regular. Porque sencillamente está en juego un fin primario del Estado, que es velar por la salud de la población, y un derecho humano de ésta, evitando el mercantilismo en el sistema porque de ello depende que las enfermedades que son curables pues efectivamente se curen aunque el laboratorio “pierda” a un paciente consumidor. La salud es un derecho humano y los Estados no deben hacerse los distraídos mirando para otro lado por la sencilla razón que éstos pagan cuantiosos impuestos a Hacienda.
¿La responsabilidad social empresarial ha desaparecido de estas grandes corporaciones? A juzgar por los hechos parecería que sí, lamentablemente. ¿Pero sólo les debemos pedir a las farmacéuticas que tengan responsabilidad social o se lo debemos de pedir a todas las grandes empresas? La respuesta puede parecer fácil pero antes de darla deberíamos de meditar un poco las consecuencias de su aplicación.

Feliz y Dulce Día.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Lunes 10 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Vamos a empezar esta semana que ya nos dejará en las puertas de las fiestas Navideñas y lo vamos a hacer con unas temperaturas durante el día excelentes para estas fechas, y es que el sol nos alumbrará hoy desde 08:09 horas hasta las 17:39 y a pesar de que ahora tenga en mí balcón una temperatura de 12,3 grados la fuerza de “nuestro” sol es tal que pasear por las calles de Pego será de lo más agradable.
Esta mañana mientras repasaba las noticias en las webs de los principales periódicos estaba reflexionando sobre como justifican algunos de los actos vandálicos que se han producido este fin de semana, y me parece que hay una forma de ver nuestra sociedad que esta muy extendida según la cual la moralidad de muchos de los actos que realizamos los valoramos según nos lo diga la ley civil. O sea, si la ley no lo prohíbe, si no hay penalización por ello, si incluso se apoya legalmente ¿por qué va a ser algo malo?
Ya se que muchas veces resulto extraño en mis comentarios, pero no lo soy, aunque puede ser que mí estilo de vida sea algo diferente. Hay que comprender algunas cosas por las que puedo parecer raro, por ejemplo yo entiendo que una ley ampare algunos actos pero eso no significa que para mí sea moralmente correcta. Nadie me llevará a la cárcel por ser un adultero o por abortar, o por ser no ser solidario con los pobres, pero el hecho que por cualquiera de esos actos no tenga responsabilidad penal no quiere decir que yo este de acuerdo con ellos o que los tenga que alentar.   
El problema que me planteo esta mañana es si me basta con no estar de acuerdo y callar, o tengo que decirlo. ¿Puedo decir que no aceptó esas actuaciones? ¿Y si lo hago, es normal que haya gente que encuentre extraño que lo haga? ¿Por qué el gobierno de turno diga que por abortar no voy a ir a la cárcel voy a aceptar que no pasa nada por matar a un niño en el vientre de su madre? Claramente no.
Estoy dentro de la ley. Pago mis impuestos, circulo según manda el código de circulación, me sujeto a las normas administrativas que existen… Pero creo que no puedo perder el sentido de lo bueno y lo malo según mis ideas morales. Y si tengo que objetar y negarme a algo pienso que debo hacerlo. Pero claro esto me sitúa en una situación en la que guardar un equilibrio va a ser complicado.
Lo complicado para una persona es poder discernir en cada situación concreta, por encima de intereses particulares o propuestas oportunistas, lo que realmente mejora al ser humano en su integridad y las características que han de tener los diversos organismos sociales y sus leyes para promover el verdadero bien común, y esto es difícil.  
Tenemos el problema que nos cuesta diferenciar entre el “bien común” y el “bien de todos”, así como no tenemos muchas veces claro cuando una ley pone en juego la dignidad del hombre. Pero, si se pone en juego la dignidad del hombre el principio de la mayoría no debería bastar.

Feliz y Dulce Día.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Domingo 9 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Ayer fue un día para recordar y repasar como nos fue en la Maratón de Valencia del domingo pasado, y entre muchos de los temas que salieron a la luz uno es el que quiero resaltar esta mañana, una mañana que empezará a serlo a parir de las 08:08 horas que es cuando el sol aparecerá y un día que se transformara en noche a partir de las 17:39, un día que climatológicamente parece ser que será bueno, en mí balcón 12,2 grados, fresquito pero al menos por encima de los 10 grados.
Hablábamos ayer en el almuerzo que cuando corremos una maratón nos gusta,  cuando es posible, que nos acompañen nuestros compañeros en los últimos kilómetros para que nos den su apoyo, pero lo que quiero resaltar es que acompañar no es controlar.
Al igual que en los últimos kilómetros de una maratón en la vida es bueno que estemos acompañados pero tiene que ser un acompañamiento que se contraponga al dominio y a la imposición.
Es difícil acompañar a una persona y ser a la vez un apoyo y una ayuda pues se requiere paciencia y mucha sensatez sin olvidar que nos debemos adaptar al otro y respetar su libertad. En nuestra vida muchas veces nos encontramos en la situación de tener que acompañar durante un tiempo a personas que necesitan nuestro apoyo para tomar decisiones, algunas de ellas complicadas, cuando esto nos sucede hay que ser capaz de tener un diálogo que debe ser a la vez sincero y constructivo, muchas veces en ese acompañamiento tenemos que ofrecer un poco de información y como no de formación para ayudar en la toma de decisiones, y esa es una tarea complicada.
Formar no es controlar, es acompañar. Es como en la educación de una persona, que es fruto de una obra de artesanía y no se trata de una labor policíaca en la que tengamos que demostrar una autoridad. Si estamos de acuerdo de que es una obra artesanal estaremos de acuerdo en que se requiere tiempo, paciencia y mucha imaginación. Y, es que, si lo pensamos un poco nos daremos cuenta que no es lo mismo mandar que formar.
Muchas veces cuando se utiliza la autoridad, cuando mandamos, puede que convirtamos a esas personas en seres dóciles pero con una docilidad que en la mayoría de las ocasiones esconde rebeldía, y que un día explotará. En cambio si nos dedicamos a acompañarlas en su formación, las personas serán flexibles, serán capaces de recibir la información que les estaremos dando y entonces serán capaces de acoger y comprender lo que les estaremos diciendo.
Si alguna vez tenemos que enseñar algo a alguien, que estoy seguro nos sucederá pues todos tenemos algo que vale la pena trasmitir, si tenemos que formar a alguien el mejor sistema es acompañarlo en la enseñanza pues haremos a esas personas responsables de lo que les estamos enseñando y no estaremos creando personas dependientes.
Tenemos que ayudar a que cada uno desarrolle su personalidad y a que tenga unas ideas y convicciones fundadas y razonadas, de modo que, algún día podrá discrepar de nuestra opinión, nos lo debemos de tomar con normalidad pues entonces habremos sido unos buenos formadores.

Feliz y Dulce Día.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Sábado 8 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Con el sol alumbrando desde las 08:07 horas hasta las 17:38 y con una temperatura de 14,5 grados este sábado se nos presenta con buenas expectativas.
Con este fin de semana se me termina una semana tranquila, más que de descanso yo me atrevería a decir que de recuperación, donde he tenido un poco más de tiempo para pensar, para escribir y para leer. He utilizado varias mañanas para montar el entrenamiento para la próxima maratón y mientras lo hacia me iba dando cuenta que se necesita tener motivación no solo para enfrentarse otra vez con una maratón sino que también para  enfrentarse todos los días con la vida.
Hay que esperar algo, tener esperanza es algo que encuentro fundamental en la vida, y si lo pensamos un poco veremos que es lo que nos distingue de los animales, para un animal no hay esperanza, vive únicamente en el presente, si miramos a nuestro perro, si es que lo tenemos, veremos que no sabe nada de lo que sucedió ayer ni le preocupa lo que sucederá mañana, vive el momento.
Pero las personas vivimos en el futuro y en el presente y lo que hacemos en el presente se basa en lo que sabemos del pasado y de lo que queremos alcanzar en el futuro. Lo más simple que realizamos esta marcado por una perspectiva de futuro. Lo que nos sucede es que esa perspectiva de futuro se hace más fuerte a medida que nos hacemos más civilizados porque entonces somos más plenamente humanos y por lo tanto sabemos que en nuestro futuro nos vamos a encontrar con la muerte.
Mientras éramos jóvenes y vivíamos activamente pensábamos poco en nuestro último fin, porque estábamos pendientes de conseguir lo que teníamos entre manos y en alcanzar los fines que nos habíamos propuesto. Por eso no es propio de la juventud pensar en la muerte, piensan más bien en la vida y en los objetivos que quieren conseguir.
Habremos oído alguna vez que los jóvenes no tienen conciencia clara de que van a morir. Saben que no son eternos, ningún hombre lo es, pero no lo saben por experiencia. Si no hubieran visto morir a su alrededor, si no lo hubiesen oído contar, no sabrían que iban a morir, pero este conocimiento es externo, no una conciencia de algo que han vivido.
Se dice que la conciencia de la muerte, la conciencia de que se va a morir uno mismo, se instala en el hombre cuando éste va llegando a la edad que tenemos nosotros ahora, por que se la ve llegar al darse cuenta de que hay algo que ha muerto ya en uno. Pero el hombre joven y en plenitud de fuerzas no tiene la impresión de que va a morir.
El tomar conciencia de la realidad de nuestra muerte no suele aparecer de golpe, hay que tener tiempo para meditar esa realidad, una larga enfermedad muchas veces es el momento para darnos cuenta, porque la enfermedad nos saca de la vida activa y nos deja tiempo para reflexionar, también lo es la vejez.
Normalmente cuando nos hacemos viejos nos alejamos de la vida agitada y tenemos más tiempo a reflexionar. Si observamos nuestra conducta nos estaremos dando cuenta que se nos esta endulzando el carácter y miramos lo acontecimientos que nos rodean con más benevolencia. Es verdad que a algunos que se centran más en sí mismos, los que han sido más egoístas están más irritados y descontentos, siempre quejosos de todo el mundo, pero son muchos más los que cuando nos vamos haciendo viejos estamos más tranquilos y vivimos reposadamente y con tiempo para la reflexión.   
Y esa reflexión me fuerza a mirar hacia delante, hacia el futuro porque la vida presente ya no tiene porvenir. Tengo más recuerdos que proyectos. Es verdad, he vivido más de lo que viviré pero solo si creo que la muerte es solamente el fin de la vida.

Feliz y Dulce Día.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Viernes 7 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy todo me indica que vamos a tener otro buen día pues el sol nos saldrá a las 08:06 horas y estará con nosotros hasta las 17:38, y la temperatura en mí balcón es de 12,8 grados que sin lugar a dudas subirá en el momento en que el sol empiece a lucir.   
Muy bien el día de ayer, muchos actos institucionales y muchas declaraciones sobre la democracia y la Constitución Española pero a mí modesto entender muchos hacen trampa, vamos a ver, uno de los principios básicos por los que se debe regir una sociedad liberal nos dice que los seres humanos tienen ciertos derechos naturales y por ello son inalienables, si esto es así, los gobiernos que se formen en esa sociedad deben aceptar una ley fundamental, llámese como se quiera, que limite sus poderes y los garantice, y que por tanto haga cumplir con los límites establecidos.
Si hemos llegado a este punto, una vez que hemos instituido aquel principio, hay que decir que los derechos naturales del hombre no pueden surgir de una declaración política de una determinada mayoría, porque están instaurados antes, son pre políticos y la declaración solo debe reconocerlos. Esos derechos son la base para todos los demás derechos. Su rango es superior.
¿Que estamos haciendo? Estamos sustituyendo los derechos naturales del hombre por otros.
Voy a poner un ejemplo que todos podemos ver, en la Constitución Española se establece con claridad importantes derechos como el de la vivienda y el trabajo, que no tienen en la practica política una relación proporcionada en la políticas públicas, cosa que es obvia viendo las cifras del paro y la falta de vivienda para todos los que las necesitan. Ya se que esto se explica en términos jurídicos de que existe una imposibilidad material, pero el hecho es innegable.
Pues bien, al mismo tiempo que esta sucediendo esto, son considerados como derechos, y los últimos gobiernos que hemos tenido se aplican en el cumplimiento con los medios adecuados, de cuestiones que no figuran para nada en la Constitución como el “derecho” al aborto. ¿Por qué se produce esa inversión de rango? La respuesta yo la veo clara. Porque, en realidad, lo que llaman democracia liberal no es otra cosa que una democracia de correlación de fuerzas que cambia las cosas según le conviene.
Si miramos un poco el tema del aborto veremos que la llamada democracia liberal ha decidido que el ser humano engendrado, que por el hecho de depender absolutamente durante unos meses del cuidado de su madre, ésta posea el derecho a poner fin a aquella vida basándose en la justificación del deseo.
¿Que estamos haciendo? Se conculca el derecho inalienable a la vida que comienza con el engendramiento. Pero además este derecho es destruido por las democracias liberales cuando existe un estado del bienestar que puede acoger al hijo y a la madre si se lo propone, en lugar de subvencionar su muerte. Esta democracia liberal solo declara inalienables los derechos que le conviene, con lo cual ni son inalienables, ni son naturales, y para ello adopta decisiones que son contrarias al bien común para propiciar solo algunos bienes privados.
¿Desde cuándo los derechos de alguien, la madre en este caso, pueden significar el cese de todo derecho por parte de otro, el hijo engendrado?
En fin, la tan aplaudida democracia liberal, tal y como se practica, no es ni mucho menos el fin de la historia, sino la historia de un fin, el suyo, la todos aquellos que pretenden convertir sus deseos en derechos inalienables, y el derecho natural en una idea risible.

Feliz y Dulce Día.