miércoles, 14 de noviembre de 2018

Miércoles 14 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

El sol nos debería de alumbrar desde las 07:43 horas, no lo hará directamente pero si atravesando las nubes, lo que ya supondréis que para un mediterráneo no es lo mismo, y aguantar hasta las 17:48 horas intuyéndolo hasta que de paso a la noche no es lo que se pueda llamar un buen día.
Menos mal que me he enterado ahora que nuestro amigo Carlos llegó el pasado lunes a esa cumbre donde se nos corona con el cargo de ABUELO, y esto me alegrará el día, desde aquí; FELICIDADES.
No se si convertirse en abuelo es un acontecimiento de una importancia tal para que podamos decir que nuestra vida está cumplida, que hemos llegado ya a lo más lejos, no lo se, pero si no lo es; ¿En qué momento de nuestras vidas decimos: “¡Esto es todo! ¡Esto es el clímax! Nada que pueda hacer de ahora en adelante superará esto. He dado lo que tengo que dar y he conseguido todo lo que podía conseguir”?
¿Cuándo podemos decir esto? Es sin duda una pregunta interesante que talvez nunca nos hemos hecho y cuya respuesta estoy seguro que variara en cada uno de nosotros, pero si lo pensáis un poco no debería de ser así.
Echando una breve mirada a nuestros místicos nos encontramos con que el místico medieval Juan de la Cruz nos dice que alcanzamos este punto en nuestras vidas cuando hemos llegado a lo que él llama “nuestro centro más profundo”. Pero él no concibe esto a la manera como normalmente lo veríamos nosotros, esto es, como el centro más profundo de nuestra alma. Más bien, para Juan, nuestro centro más profundo es el punto óptimo de nuestro crecimiento humano, o sea, la madurez más profunda a la que podemos llegar antes de que empecemos a morir.
Si esto es verdad, entonces, para una flor, su centro más profundo, su punto más alto de  crecimiento sería, no su florecimiento, sino el acto de dar sus semillas cuando muere. Ese es el punto más alto de crecimiento, su máximo logro.
Y, entonces, ¿Cuál es nuestro punto más alto de crecimiento? Sospecho que nosotros tendemos a pensar esto cuando conseguimos algún logro concreto y positivo en nuestras vidas. O bien, mirado desde el punto de vista de la profundidad de significado, podríamos responder diferentemente a la pregunta diciendo que nuestra mayor hazaña fue un matrimonio lleno de vida, o ser un buen padre, o vivir una vida plena.
Pero, ¿Cuándo, como lo hace una flor, entregamos nuestra semilla? ¿Cuándo se detiene nuestro vivir y empieza nuestro morir? ¿Cuándo pasamos de estar en florecimiento a entregar nuestra semilla? Superficialmente, por supuesto, es cuando nuestra salud, fuerza, popularidad y atractivo empiezan a declinar y nosotros empezamos a desvanecernos hasta llegar a la muerte.
Pero es posible que si dejamos la superficie y bajamos a nuestro centro más profundo y observamos nuestro desvanecimiento, encontremos, al igual que la flor que va más allá de su belleza, algo que entregar de más valor que el atractivo de nuestro florecimiento, es posible entregar algo más; ¿Tiene el hombre una semilla que entregar para poder decir: ¡Esto es todo!?

Feliz y Dulce Día.

martes, 13 de noviembre de 2018

Martes 13 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien). 

Parece ser que hoy no vamos a tener un buen día, lo intuyo por las nubes que adivino, de momento no veré salir el sol a las 07:42 y es fácil que tampoco vea el ocaso a las 17:48 horas, al menos la temperatura se mantiene buena, ahora en mi balcón 17,7 grados.
Cada vez me sucede con más asiduidad, cuando termino de mirar la sección de internacional en los periódicos digitales, me digo que tengo mucha suerte de haber nacido en Europa.
Veo que en todo el mundo intentan imitarnos, es el modelo que todo el mundo trata de copiar, pero encuentro que tienen una dificultad, tienen un problema que consiste en que nuestra Europa no es producto de una casualidad, no ha surgido espontáneamente sino que es el resultado de una cultura, de una larga tradición, de una civilización que no surgió de la noche a la mañana.
La civilización occidental no ha surgido de la nada, ni, de manera repentina, sino de un muy largo proceso de crecimiento y maduración que viene de muy atrás si tenemos en cuenta a nuestros ancestros: fenicios, griegos, romanos, etc., con aportaciones árabes, como la numeración arábiga, o el antiquísimo y gran invento de la rueda, que los nativos de las Américas desconocían.
Si repasamos nuestro concepto de Europa nos daremos cuenta que tenemos una visión abstracta de una Europa conjunta, alabada sin meditar, y que esconde un desconocimiento de sus partes, de su múltiple realidad, de su riqueza interna. Se ensalza la totalidad de Europa prescindiendo de su nacimiento, de sus raíces, de los factores que, a lo largo de más de dos milenios, la han hecho posible.
Nos hemos detenido a pensar; ¿Qué significa en Europa su raíz helénica, la romana, el injerto cristiano, sobrevenido en cierto momento histórico? ¿Puede entenderse algo si no se tiene en cuenta lo que significó la división del Imperio Romano, la escisión de la gran unidad en dos direcciones, occidental y oriental, de tan largas consecuencias? ¿Hay alguna claridad sobre el ingrediente germánico de Europa y sus modos de presencia e incorporación? ¿No se olvida lo que significan otros componentes, de inmenso volumen, como el eslavo?
Tenemos que contestar a esas preguntas, hay que saber sus respuestas sin olvidarnos del papel de la romanización, y, lo que no es exactamente lo mismo, de la latinización, que ha sido decisivo en la constitución de Europa, pero me temo que son pocos los europeos que se dan cuenta de ello. Y, si esto se olvida, no es posible entender la Edad Media, ese larguísimo periodo en que se engendra plenamente Europa, con las aportaciones eslavas, escandinavas, bálticas, magyares, con las dos decisivas, y diferentes, irrupciones islámicas, la árabe y la turca, que hace de la época medieval un diálogo polémico entre la Cristiandad y el Islam.
Europa se ha volcado, para bien o para mal, sobre el resto del mundo. Si se hacen las cuentas, y no las trampas, que es lo que ahora está de moda, se ve que principalmente para bien: grandes porciones del mundo han tenido una vida que pueda llamarse humana y relativamente vividera por influjo de Europa, ni antes ni después.
La gran creación de Europa, su máximo honor, es lo que llamamos Occidente. Su nacimiento y consolidación ha sido desigual, y es menester tenerlo presente. En América se hablan, con abrumadora mayoría, tres lenguas: el español, el inglés y el portugués. Esto es un hecho, de tal magnitud que resulta estructural.
Pero las cosas no terminan aquí. El mundo actual, que no es occidental en su conjunto, está ampliamente "occidentalizado": los principios de Occidente tienen vigencia parcial en el mundo entero; lo grave es que esa vigencia es parcial, con gran frecuencia sin raíces y sin justificación.
Estamos empeñados en la construcción de una Europa unida. Creo que no es posible hacerlo de manera fecunda si se desconoce todo lo que me he limitado a nombrar. Pero hay algo todavía más urgente: recordar que se es europeo de diversas maneras, que hay formas de Europa, que cada uno tiene que vivir el conjunto desde la perspectiva propia, porque es la única que permite una visión real, no ficticia, con riqueza, relieve, verdadero contenido. Y, por añadidura, la que no tolera la falsificación.
Pienso que valdría la pena intentarlo, aunque fuese con fuerzas muy limitadas. Si cada europeo ávido de lucidez e incapaz de engañarse hiciera un modesto esfuerzo.

Feliz y Dulce Día.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Lunes 12 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Vamos a empezar esta semana con un tiempo que según puedo adivinar es bastante bueno, cuando sean las 07:41 horas y amanezca lo sabremos mejor, esperemos que así sea hasta las 17:49 horas en que el sol se ocultará, disfrutemos de este principio de semana pues me dicen que según vayan pasando los días el tiempo empeorara.  
De momento ahora 14,1 grados en mi balcón, así que voy a poner sobre la mesa un tema que esta apareciendo como quien no quiere la cosa en los medios de comunicación; la legalización de la eutanasia.
Debo decir que no he leído el borrador de la ley que se presento en el Congreso de los Diputados en junio, así que tiempo habrá si fuese necesario hablar de esa ley, yo, lo que me pregunto es si se puede justificar la eutanasia en si misma.
Lo primero que deberíamos hacer es preguntarnos de si la eutanasia ¿Es justa? Los que defienden normalmente me contestan: Si la persona quiere acelerar su muerte ¿por qué se le va a impedir? Pero ¡Es libre de hacerlo!, más o menos son los mismos razonamientos que se utilizan para defender el aborto, aunque con matices distintos.
He comprobado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos da como definición de la eutanasia aquella «acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente». La eutanasia se podrá realizar de varias formas pero la finalidad es la misma terminar con una vida enferma. Y es a partir de aquí donde surgen los problemas puesto que no se tiene en cuenta la dignidad de la vida humana.
La dignidad de la vida humana es importantísima y nadie tiene derecho de lesionarla y menos de maltratarla. El hecho de nacer y el de morir es un derecho que todos tenemos. No se pueden considerar dignos o indignos según las circunstancias aleatorias cuando vengan dadas por el interés personal o social. El ser humano es excepcionalmente digno tanto si nace, vive o muere.
Hay que recordar que la dignidad, en el ser humano, es una palabra que significa valor intrínseco, no dependiente de factores externos. Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente por su utilidad para esto o para lo otro. Esa utilidad es algo que se le añade a lo que ya es. Lo digno, porque tiene valor, debe ser siempre respetado y bien tratado. En el caso del hombre su dignidad reside en el hecho de que es, no un qué, sino un quién, un ser único, insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia, voluntad, libertad y capacidad de amar.
Entonces si legalizamos la eutanasia lo que buscamos es una falsa razón que contradice la lógica y el sentido común, es una derrota a la auténtica y más profunda racionalidad.
No tenemos que confundir, la sedación terminal con la eutanasia, hay que tenerlo en cuenta. Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados normales debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de reducir sus días de vida, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si no se busca la muerte, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable.
Esto hay que tenerlo en cuenta, ya que los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón los debemos de considerar legítimos. La sedación terminal es correcta únicamente cuando se busca mitigar el sufrimiento del enfermo y no cuando la finalidad es acelerarle la muerte. Si la finalidad es acelerar su muerte se trata de eutanasia activa.
Conviene que no nos liemos, pues se quiere colorear de compasión al enfermo terminal utilizando como arma la eutanasia. Lo que tenemos que hacer es que se garantice el acceso de los enfermos terminales a las curas paliativas pues con el desarrollo de los métodos modernos de tratamiento paliativo, no es necesaria la legalización de la eutanasia.
Una sociedad que es respetuosa con la vida desde los inicios, ya en el seno materno, y respetuosa a la hora de la muerte sin anticiparla, es una sociedad humana; lo contrario es inhumano. Nunca se puede justificar la eutanasia por más vueltas que le demos.

Feliz y Dulce Día.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Domingo 11 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Otro domingo que no tengo carrera, pues el entrenamiento para la maratón necesita de algunos entrenamientos especiales que no puedo compaginar con las carreras. Pero vayamos a lo importante, el sol nos saldrá a las 07:39 horas y estará con nosotros hasta las 17:50 horas, y la temperatura en mí balcón es de 16,5 grados.
Una vez dicho lo importante pasemos a lo anecdótico, ayer surgió un tema que me resulto fascinante y que me causo una curiosa tensión, hablábamos sobre personas que piensan que el “bien” como “bien” no existe y que en cambio se comportan bien.
Ya se, os preguntareis; ¿Que tema tan raro nos trae hoy domingo este Vicent? Pues por eso, porque es domingo y no tengo carrera. Y, creo que sería interesante reflexionar sobre eso.
Estoy seguro que se puede ser buena gente y no tener claro lo que es el “bien”, lo que me llama la atención es que no he encontrado a ninguno que no sabiéndolo no creyera que era una buena persona. Porque, y aquí está el quid de la cuestión, ¿cómo definen lo que es bueno? Esa es la parte que siempre me confunde.
¿Cómo se puede definir el término “buena persona”? Resulta que para mucha gente, lo bueno es simplemente lo que ellos son. Su código de conducta es lo que piensan que es. Y eso, solamente significa que son buenos en ser lo que quiera que sean. Así que dan en la diana de “buena persona” un 100% de las veces. No pueden fallar.
Siguiendo la línea de ese pensamiento y según sus propias reglas, son gente buena, porque siguen las reglas que quieren seguir.
Toda esta historia viene a cuento porque hablábamos de que nos encontramos entre nuestros políticos a muchos que creen que realmente lo están haciendo bien y lo piensan porque creen que todo lo natural es bueno, por ejemplo: el deseo de comer es natural, luego comer debe ser bueno.
También creen que todo lo participativo es bueno. Ejemplo obvio: las decisiones democráticamente establecidas después de seguir los procesos legales vigentes son buenas y son la norma para la sociedad.
Otro aspecto que también es muy común es considerar todo lo auténtico como bueno. Ejemplo: si una persona se dedica a lo que le gusta y lo hace con pasión y convicción, y lo que piensa lo dice, y lo que dice es modelo de cómo obra, eso es bueno. Basta la coherencia interna porque en ella está la paz de cada uno, y de ahí viene la paz en la sociedad cuando vivimos y dejamos vivir.
Ah, se me olvidaba, también se suele llegar a la conclusión de que todo lo razonable es bueno. Ejemplo obvio: la ciencia. Y este aspecto es interesante porque como discutas que algunas demostraciones científicas dejan bastante que desear, eso es dogmatismo, oscurantismo o algún otro "ismo" conectado seguramente con los prejuicios y las supersticiones.
En fin, no es difícil ver cómo todos estos criterios son insuficientes y a menudo contradictorios, pero claro, como siempre se puede apelar a lo que cada uno sienta que lo deja en paz... pues así van las cosas y así siguen.

Feliz y Dulce Domingo.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Sábado 10 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Sábado, por tradición el principio del fin de semana, así que vamos a ver si con los buenos recuerdos que me trae el Dyane y con los consejos que sobre el matrimonio me ha dejado Jesús, a los que no me quedará más remedio que añadir algo y por lo tanto rebatir. He visto a las 07:38 horas una salida de sol espléndida y ahora a disfrutar del sol hasta que se nos marche a las 17:51 horas.
Por cierto ahora en mi balcón la excelente temperatura de 15,9 grados, una buena temperatura para deciros que a pesar de los problemas que se nos presentan en el matrimonio es una institución natural en el hombre.
Si miráis la historia del mundo nos daremos cuenta que el matrimonio aparece con la finalidad de dar una estructura estable a todo lo que rodea a la educación y cuidado de los hijos.  Por supuesto que se puede concebir o educar a los hijos sin el matrimonio, pero la experiencia enseñó a nuestros antepasados que la forma más eficiente de hacerlo era ligar al padre y la madre con un compromiso o contrato.
Históricamente, aunque no le guste a mucha gente, el matrimonio ha beneficiado primordialmente a la madre pues su instinto maternal es naturalmente más fuerte, y los hijos dependen más de ella en los primeros años de la vida del niño, primordialmente por la lactancia.
A través de los siglos, para llevar a cabo esa misión, los cónyuges establecen entre ellos un pacto común y estable que favorece el desarrollo de sus hijos hasta que son mayores y se puedan valer por si mismos, formando así una familia nuclear.
Ahora bien si observamos diferentes culturas y sociedades nos daremos cuenta que ese pacto varía, pero en todos los casos implica la colaboración mutua en la crianza, aunque los roles varían, y conlleva que la convivencia de los esposos esté reglada por normas,  además de la fidelidad mutua por la que se castigaba el adulterio, aunque no en igual medida en el varón que en la mujer, y la permanencia en el matrimonio, no abandonar al cónyuge. Estas son sólo algunas de las características internas constantes del matrimonio natural, una institución que traspasa fronteras geográficas y temporales.
Y aunque se tengan que experimentar todas las simpatizas situaciones que nos cuenta Jesús, es una gran institución.
Y ahora una frase para pensar escrita por Hermann Keyserling que nos dice mucho sobre el matrimonio: “Los que se proponen como objeto supremo de su vida la felicidad personal, es natural que no tengan inclinación hacia el matrimonio.”

Feliz y Dulce Día.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Viernes 9 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Vamos a ver como se nos presenta este viernes, de momento tengo una buena temperatura en mí balcón, 14,9 grados que junto a lo despejado que adivino el día supondrá que a las 07:37 horas pueda disfrutar de un bonito amanecer, aunque el viento que estoy oyendo nos puede dificultar la puesta de sol a las 17:52 horas, esperemos que el viento no venga acompañado de nubes y de lluvia y terminemos por disfrutar de un buen día.
Después de haber estado repasando las noticias de los últimos días me estoy encontrando con que no existe entre nuestros partidos políticos ningún tipo de consenso en los aspectos fundamentales que deben de regir un país. Yo, al menos no los encuentro. Un país no puede vivir sin unos consensos fundamentales, pocos, pero necesarios para el buen funcionamiento de las instituciones.
Y, a la conclusión que yo llego es que como mínimo en nuestros políticos no existe una idea clara de lo que esta bien y lo que esta mal, pues no se ponen de acuerdo, y esta discrepancia se traslada a las instituciones y poco a poco las va destruyendo.
Si miramos las distintas posturas de los partidos políticos en cualquier tema nos daremos cuenta que esta es la situación y dinámica que vive España. Aunque yo pienso que los principales responsables son los agentes políticos, no son ni mucho menos los únicos.
Existe corrupción, clientelismo y partitocracia que se ve favorecida por un sistema electoral que, con sus listas cerradas y bloqueadas, nos impide poder elegir a personas y no solo a siglas políticas.
La monarquía en la fase final del rey Juan Carlos, también fallo y tuvo innumerables problemas, aunque quizás sea la institución que se mantiene mejor parada.
Tenemos algún problema con la Constitución, que continúa siendo excepcionalmente buena, pero requiere una revisión después de estos años. Pero en esto, como la pescadilla, nos mordemos la cola, porque ¿cómo puede abordarse su reforma precisamente cuando el problema es la ausencia de capacidad para consensuar nada?
Innegablemente, por extensión del problema del descrédito de los partidos, el gobierno y las Cortes en su conjunto están institucionalmente mal parados, y la debilidad parlamentaria de Sánchez y su forzoso pacto con un partido como Podemos, capaz de convocar manifestaciones contra el poder judicial, contribuye a que vea como la posibilidad de cualquier consenso desaparece y así como mí confianza con el gobierno socialista.
Tengo que añadir aquí también al poder judicial, un poder judicial excesivamente manipulado desde los partidos políticos, que ha entrado también en una fase de descrédito. Sin duda la de efectos populares más extendidos es la reciente sentencia del Tribunal Supremo y contra sentencia en relación a quienes deben pagar el impuesto de actos jurídicos documentados en el caso de las hipotecas, si el banco o el cliente, un absurdo de ineficacia desde su origen hasta el final: desde la admisión de los recursos y su tramitación hasta las sentencias contradictorias.
A estas fallas geológicas de las instituciones, se les añade el hecho de la grave crisis de Cataluña, que se puede observar desde distintas perspectivas, pero que en cualquier caso señala otra fractura institucional que solo puede abordarse respondiendo con una cierta concreción a la pregunta de cómo se resuelve el duro hecho de que dos millones de personas quieran irse.  
Un panorama que se nos presenta muy interesante, al qué debemos prestar atención para ver hacia donde nos llevará y estar preparados.

Feliz y Dulce Día.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Jueves 8 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Hoy tengo buenas sensaciones, en lo meteorológico es fácil que también sea un buen día pero ya veremos, desde luego el alba va ser espectacular por la combinación de nubes que adivino en el horizonte, espero que las 07:36 horas esta situación se mantenga, para la puesta de sol ya no esta tan claro aunque eso ya será a las 17:53 horas. La temperatura en mi balcón también ayudara para que hoy pasemos un buen día, ahora 14,3 grados.
Ya se que el “Buenos Días” de ayer no es necesariamente para los jóvenes, pues para ellos la negación de la muerte es, por una buena razón, muy poderosa. Aunque la gente joven no debería vivir de espaldas a la posibilidad de la muerte como si la vida aquí fuera a seguir para siempre, tampoco deberían centrarse aún en la  muerte.
Su función debe ser construirse un futuro para sí y para el mundo. De la muerte se puede tratar más tarde. Por decirlo de otra manera, ellos necesitan estar centrados más en que semilla germine que en preocuparse del árbol en que se convertirá.  
Aunque cada día van a tener que estar más atentos ante la gran cantidad de distracciones que se les presentan continuamente. Cada vez podemos observar como se utiliza la estrategia de la distracción para ejercer un control social, se desvía la atención del público de los problemas importantes y de los cambios que se están haciendo en las leyes y cuestiones económicas mediante la técnica de inundar de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.
Esas maniobras de distracción es igualmente indispensable para impedir que nos interesemos por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.
En fin, vivimos en un mundo complicado pero muy interesante.

Feliz y Dulce Día.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Miércoles 7 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien). 

Hoy ha amanecido a las 07:35 horas y todo parece indicar que hasta el ocaso a las 17:54 horas, el sol va a alumbrar un bonito día que contará con la ayuda de una buena temperatura, al menos, es lo que pronostico viendo la temperatura en mí balcón de 12,2 grados.
Llevo unos días acudiendo al hospital para unas visitas y la muerte ha estado presente en las habitaciones contiguas, y yo, como dijo Ivan Illich; “Yo no quiero morir de ninguna condición médica. ¡Quiero morir de muerte!
¿Qué es lo que quiero decir? Todos morimos de muerte, eso esta claro; pero desde hace unos años siempre se le da la culpa a alguien o a algo, a una enfermedad, a la mala suerte o victimas de un accidente.
Estoy viendo en el hospital que mucha gente no espera ni entiende la muerte como una experiencia humana normal sino que lo achaca a un fracaso médico. La muerte y su inevitabilidad en nuestras vidas tienen que ser entendidas como un lugar por el que tenemos que pasar, algo a lo cual estamos destinados orgánica y espiritualmente, y no como una tergiversación o intrusión innatural en el ciclo de la vida (una intrusión que podía haber sido evitada a no ser por un accidente o fracaso de la medicina).
Si tenemos una falsa idea del morir vamos a vivir con miedo, si la vemos como un fracaso médico o como una trágica mala suerte nos vamos a sentir continuamente amenazados por unos temores que inconscientemente nos quitaran la alegría de vivir.
Cuando tememos erróneamente la muerte, entonces, pagamos un precio, pues somos incapaces de entrar propiamente en la vida. Todos sabemos que desde el momento en que nacemos ya tenemos una condición final y sólo podemos estar libres de ese falso temor si vivimos conscientemente nuestras vidas ante esa verdad no  negociable. Estamos muriendo. No morimos a causa de la mala medicina o mala suerte. Morimos porque la naturaleza tiene su curso y la naturaleza corre ese curso; y nosotros, de hecho, gozaremos más de nuestras vidas  si respetamos el curso natural, porque esa aceptación nos ayudará a valorar más lo apreciados que son los buenos momentos de nuestra vida.
Desde luego, querer morir de muerte y no de condición médica no significa que no valore la medicina y lo que ella ofrece en favor de mí salud y la conservación de mí vida. Estamos comprometidos, por nuestra naturaleza, por nuestros seres queridos, por el sentido común y por un inalienable principio, justo dentro del orden moral mismo a tomar todas las ordinarias medidas médicas  disponibles para conservar nuestra salud.
La medicina moderna es maravillosa; y muchos de nosotros, estamos hoy vivos sólo  gracias a la medicina moderna. Pero también debemos tener claro que,  cuando estemos para morir, no será a causa de un fracaso médico, sino más bien porque nuestra muerte es nuestro fin natural.
Además, aceptar la muerte de esta manera no es algo negativo que nos quita la vida de deleite y gozo. Al contrario, como os dirá alguien que alguna vez haya tenido una enfermedad que le puso a las puertas de la muerte, enfrentarse a la muerte hace que todas cosas de la vida sean más valiosas, puesto que ya no se dan más por supuestas.

Feliz y Dulce Día.

martes, 6 de noviembre de 2018

Martes 6 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Vamos a ver que tal se nos presenta este martes, de momento el sol estará con nosotros desde las 07:34 horas hasta las 17:55 horas, cada día menos por lo que no es de extrañar que cualquier día la temperatura en mi balcón este por debajo de los 10 grados, hoy 13,9 grados.
Me voy dando cuenta que este momento de la mañana en el que me tomo mi taza de café con ese poco de leche que lo convierte en un “cortado” es uno de esos momentos de los que se alimenta la vida, es una de esas pequeñas ilusiones que nos alegran la existencia, a las cuales se les suele dar poca importancia. 
Creo que sin ellas la vida desfallece y se convierte en un aburrido proceso rutinario que se ve constantemente amenazado por el aburrimiento. Y, si lo pensamos un poco nos daremos cuenta que esas pequeñas ilusiones con las que contamos y que nos permiten estar tensos y a la expectativa nos ayudan a seguir viviendo.
Van marcando nuestros días: tenemos ilusión por hacer un pequeño viaje, por mirar un paisaje, por salir a pasear por el campo, por una buena comida, por tomar una taza de café, por ver a una persona, estar con ella, hablarle y que nos hable. Estas pequeñas ilusiones las vamos esperando cada día y sabemos que algunas de esas ilusiones se cumplirán y otras en cambio no las veremos realizadas.
Algunas tienen un carácter muy interesante: son cotidianas. No quiero que me entendáis en el sentido literal: no es necesario que aparezcan todos los días; puede ser que se repitan varias veces al día, como las comidas, la lectura, los cigarrillos del fumador, la conversación con las personas que conviven en la casa -si las hay-; tal vez son estrictamente cotidianas, como la llegada del nuevo día, el trabajo, la cama que espera para el descanso; en muchas ocasiones, hay que esperar varios días a que la ilusión se cumpla: el espectáculo al que se desea asistir, la carrera del domingo, el encuentro con alguien que nos ilusiona.
Lo esencial es que estas ilusiones son reiterativas, con una periodicidad más o menos rigurosa o frecuente. Contamos con que van a volver. Y, si lo recapacitamos, ello mitiga la amenaza de la mortalidad. Lo que hacemos todos los días, parece que lo vamos a poder seguir haciendo todos los días, es decir, siempre.
¿Un engaño? No, porque sabemos que no será «siempre»; pero contar con que será mañana nos calma la angustia y nos permite gozar de cada día, vivir con cierta apacibilidad.

Feliz y Dulce Día.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Lunes 5 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Por lo que parece, pues no he visto la salida del sol a las 07:33 horas y creo que tampoco veré como se esconde a las 17:56 horas, se me presenta un día gris, y la temperatura en mí balcón es de 12,9 grados.
Hace un momento que he terminado de leer lo que sucedió ayer en Alsasua y algunos comentarios, y no tengo más remedio que volver al problema que tenemos con la libertad de expresión y el que tendremos cuando se aprueben algunas de las leyes que se están anunciando.
Yo, cada día lo entiendo menos, uno puede insultar, blasfemar y decir lo que quiera siempre que los que nos gobiernan lo consideren correcto, sano, útil y provechoso. Esto no es libertad de expresión. Lo que ahora vivimos es una censura según la cual solo se puede hablar de lo que aquellos que nos gobiernan están de acuerdo.
Por ejemplo. Defecarse. Lo podemos hacer con la monarquía, con la religión (católica por supuesto) y con todo lo que nos plazca. Y parece que eso esta bien. Todos libres para decir lo que queramos. Viva la libertad de expresión. Pero decir algo a favor de Franco. Ah no, eso no. Eso prohibidísimo y con aviso de multas y en cuanto te descuides a juicio.
Otro ejemplo que me llama la atención; libertad es que una persona tiene derecho a ayuda psicológica para asumir su homosexualidad, transexualidad o lo que sea, pero si me la pide para superar esas tendencias y se la doy, me puede costar una denuncia.
Es lo que hay, una libertad que significa que o eres de los nuestros y piensas como yo, o multa.

Feliz y Dulce Día.