miércoles, 19 de noviembre de 2025

Día 129, del viaje a la maratón de Valencia. Es profundamente antinatural

     Día 129, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!

Cada día muere gente, “se” muere la gente. Lo tenemos asumido y no nos afecta especialmente. Ese “se” es impreciso, impersonal. La gente que “se muere” no la conocemos, no hemos tenido relación. Lo que nos afecta de la muerte es que también muere la gente que conocemos y amamos. Y con ella morimos también un poco nosotros. Muere una parte del proyecto que teníamos en nuestra vida, queda truncado.

Pocas cosas podemos encontrar en la vida tan difíciles como la muerte de una persona que estimamos y de la que nunca nos habíamos planteado su pérdida, una herida que con frecuencia no cicatriza con facilidad. Incluso con el consuelo de la fe la huella de la herida no desaparece.  

Hay una razón por la que esta herida es tan persistente, y no radica tanto en una falta de fe, sino en cierta carencia en la propia naturaleza. La naturaleza nos prepara para la mayoría de las situaciones, pero no nos prepara para enterrar a una persona que tiene toda una larga vida aún por delante.

La muerte siempre es dura. Es definitiva e irrevocable y nos rompe el corazón. Esto es cierto incluso si la persona que ha muerto era anciana y había vivido una vida plena. En última instancia, nada nos prepara del todo para aceptar la muerte de quienes amamos.

Pero la naturaleza sí nos prepara mejor para afrontar la muerte de nuestros mayores. Estamos destinados a enterrar a nuestros abuelos y padres. Así está dispuesto el orden natural de las cosas. Los padres están destinados a morir antes que los hijos, y generalmente así ocurre. Esto trae su propio dolor. No es fácil perder a los padres, a los abuelos o a los amigos. La muerte siempre pasa factura. Sin embargo, la naturaleza nos ha dado recursos para afrontar esas muertes.

Al final, la muerte de una persona mayor se limpia con el tiempo y la normalidad regresa, porque es natural, es el modo de la naturaleza, que los adultos mueran. Ese es el orden correcto de las cosas. Una de las tareas de la vida es enterrar a nuestros mayores.

Pero no es natural que enterremos a personas con toda una vida aún por vivir. Así no lo dispuso la naturaleza, y no nos ha equipado para esa tarea. En este caso, a diferencia de la muerte de nuestros mayores, no se trata simplemente de un proceso de duelo, paciencia y tiempo. Cuando muere una persona joven a la que amamos, podemos llorar, ser pacientes, dejar pasar el tiempo… y aun así descubrir que la herida no mejora, que el tiempo no cura y que no podemos aceptar del todo lo sucedido.

Además, incluso entender que es profundamente antinatural tener que enterrar a una persona joven no la devuelve, ni restablece la normalidad, porque es anormal que se nos vaya tan pronto.

No obstante, esa comprensión puede darnos una idea de por qué el dolor es tan profundo y persistente, por qué es natural sentir una pena tan intensa y por qué ningún consuelo fácil o reto moral resulta realmente útil. Al final del día, la muerte de esa persona no tiene respuesta.

Nos puede ayudar saber que nuestra fe en Dios, aunque fuerte e importante, no elimina esa herida. No está hecha para hacerlo. Cuando se muere una persona así, se ha roto algo de una manera antinatural, como si nos amputaran un brazo. La fe en Dios nos va a ayudar a vivir con ese dolor y con lo antinatural de ser ahora menos completos, pero no nos devolverá el brazo ni va a restaurar completamente nuestro cuerpo.

 En efecto, lo que la fe puede hacer es enseñarnos a vivir sin el brazo, sin esa persona, a abrir esa rotura irreparable de la naturaleza a algo y a Alguien más grande que nosotros, para que esta perspectiva más amplia, nos dé el valor para volver a vivir con salud… con una herida antinatural.

martes, 18 de noviembre de 2025

Día 128, del viaje a la maratón de Valencia. Responsable.

     Día 128, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



La mayoría de nosotros pensamos que una de las cualidades que toda persona debería de tener es la de ser responsable, se trata por lo tanto de una de las características que nos permite poder vivir en sociedad.

Pero claro, ser responsable indica una persona que responde y por lo tanto lo hace ante preguntas, sobre las cuales necesita pensar antes de responder. Nuestra sociedad nos da todos los días respuestas muy fáciles a la gran mayoría de cuestiones, y nos hace creer que con ellas podemos dar respuesta a todas las interrogantes que se nos puedan presentar y que por lo tanto no hace falta indagar más.

Una de las características de la sociedad moderna es que nos da unas respuestas que nos permite controlar todo lo que nos rodea. Para esa persona que cree tener el control de su vida, pues tiene una solución para cada uno de sus problemas y puede controlarlos, piensa que la realidad está ahí, en todo lo que controla. Sin embargo, un día se va a dar cuenta de que esa realidad, su realidad, la que controla, es una realidad muy reducida, que no es toda la que hay.  

El problema que aparece para esta sociedad moderna cuando somos nosotros los que pensamos en las respuestas, es que nos damos cuenta de lo reducida que es nuestra vida y que hemos dejado fuera demasiadas cosas. Pensar implica ver un mundo más amplio, muchas veces desconocido, cuyo enigma tiene un riesgo y puede provocarnos algo de miedo.

Pensar, en este sentido, no se trataría tanto de algo intelectual sino más bien en algo vital, algo necesario para vivir. Pues descubrir la verdad, la belleza y el bien que nos rodea conlleva que nos situamos ante la realidad y ante nuestra vida. Se trata pues de la respuesta o la solución que cada persona logra dar a su vida, y dar al mundo con su vida.

 Es pues, salirse de las respuestas fáciles con las que se contenta el mundo actual: ganar dinero, disfrutar, instalarse en la comodidad, y procurar no comprometerse ni profundizar en las relaciones o en el conocimiento de la realidad, etc.

Existe como temor a sacar lo que tenemos dentro y enfrentarnos con lo desconocido, tal vez por el peligro y el miedo a no tener todo controlado. Quizás en este siglo XXI el exceso de racionalización, en vez de hacer un mundo realista y encantador, ha hecho un mundo idealista y frenético con el solo objetivo de alcanzar una zona cada vez más amplia de confort con la que uno se pueda sentir seguro materialmente, se sienta el dueño.

Pero intentar individualizar la belleza de nuestra vida y de la realidad en todo lo que podamos conseguir se ha convertido hoy en algo prohibido y enfermizo. Esto hace que mucha gente termine amargada. Tarde o temprano nos damos cuenta de que ante la inmensa realidad que descubrimos más que seguridad material nos hace falta seguridad existencial, es decir: alguien en quien confiar.

 El problema de pensar es que te das cuenta de lo pequeña que es nuestra realidad, de lo reducida que es esa zona de confort que nos hemos construido y que tan bien controlamos, de los ejemplos tan limitados con los que buscamos dominar la cada situación.

Recuerdo ahora la alegoría de la caverna de Platón, donde en una cueva donde viven un grupo de hombres atados a unas cadenas, ven solo lo que otros les proyectan en una pared, ven sombras. Y cuando uno que ha conseguido salir, vuelve y se les acerca, les dice: “hay más”, ellos deciden hacerlo callar: “aquí estamos muy cómodos, déjanos en paz”.

            Una vuelta a la realidad, una vuelta a la experiencia debe pasar primero por no conformarnos con las respuestas fáciles, sino a encontrar respuestas que atrapen la belleza de lo real y del verdadero sentido de la vida. Solo esto podrá ayudarnos a cambiar un estilo de vida basado en el confort, por un estilo de vida diligente.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Día 124, del viaje a la maratón de Valencia. El perdón es otra cosa.

 Día 124, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



No será la última vez que intente hacer comprender a la persona que acaba de decir: ¡perdono, pero no olvido! De las nefastas consecuencias de esa actitud.

Y es que aquí de lo que en realidad estamos hablando es de resentimiento, un sentimiento que nos puede amargar la vida si no somos capaces de buscar contrarrestarlo a base de inteligencia y voluntad. Estamos hablando también de egocentrismo, pues cuando se está centrado en uno mismo se reacciona negativamente ante cualquier hecho que se considere un agravio o una ofensa, dándole una importancia desproporcionada que guardamos en nuestro interior, a veces hasta mucho tiempo después del suceso. Al no ser capaz de dominar el propio yo, el resentimiento controla la situación, y nos aleja de la felicidad a la que sin duda aspiramos.

Todos hemos podido comprobar que hay casos de personas que no se dirigen la palabra durante años y años por algún conflicto pequeño o no tan pequeño, aunque repitan para justificarse: “perdono, pero no olvido”. Y es que el perdón es otra cosa.

Nos podemos encontrar a veces con personas que recogen todos los momentos que consideran que las hieren y los guardan en su mente, bien para “rumiarlos” una y otra vez, agrandando su importancia, o bien para, “soltárselos,” en cuanto tengan ocasión, a la persona o personas que se los provocaron. Veréis que no resulta fácil el trato con estas personas, porque hay que pensarse las palabras que se le dirijan para que no se molesten.

Es verdad que muchas veces, aunque queremos olvidar una ofensa, no lo conseguimos y acudimos la frase: “perdono, pero no olvido”. Sin embargo, podemos decir que, si el perdón es auténtico, el deseo de olvidar también lo será, y la ofensa irá, con el paso del tiempo, perdiendo fuerza hasta extinguirse.

Y, llegados a este punto el tema se nos complica, pues el perdón no es un asunto sencillo, con muchas aristas y muchas preguntas: ¿Hay que olvidar las ofensas que nos hacen, o no?

Pues bien, no es fácil la respuesta: Sí, en el sentido de no guardar rencor, primero porque es perjudicial para uno mismo, y segundo porque el perdón es transformar la ofensa en compasión. Sin embargo, no podemos olvidar haciendo desaparecer de la memoria aquello.

 Además, no olvidar es creativo y la memoria constituye nuestra identidad, cada recuerdo es un paso más hacia la madurez. Perdonar es superar la ofensa y poder recordar sin rencor. El perdón no requiere olvido.

Como veis no es fácil buscar ese equilibrio, sucede además que no se puede controlar la memoria con la inteligencia, es una facultad distinta que obra independientemente de nuestra voluntad y de la inteligencia. La prueba es que, de hecho, a veces quisiéramos recordar algo y no podemos; y otras veces desearíamos olvidar ciertas cosas y no se logra. Se trata, de recordar un suceso sin faltar a ese amor que le debemos a todos y a todas las cosas.  

 El perdón es una decisión que tomamos, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Y olvidar es un método erróneo de conseguir una paz interior.

Si olvidamos una ofensa o un agravio sin hacer desaparecer el resentimiento es como si enterrásemos algo en el jardín, lo único que conseguimos es que no se vea. Se queda enterrado en el consciente, pero permanece vivo bajo tierra y se va a manifestar en nuestra forma de actuar y en nuestros sentimientos.

Las ofensas hay que perdonarlas con amor. Es una forma de decir: “Voy a prescindir de ellas, no voy a amargarme y voy a seguir queriéndote de todos modos”.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Día 122, del viaje a la maratón de Valencia. Solo pido respeto.

 Día 122, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!


Uno de los problemas con los que me encuentro cada mañana al revisar las páginas web de los periódicos es la normalidad con la que leo las noticias de los escándalos de corrupción que tenemos en la política española. Y es que me preocupo al darme cuenta de que ya lo considero normal.

Ya veo como algo rutinario esas ruedas de prensa vacías con esas caras largas y serias, con los mismos gestos de falta de respeto hacia los ciudadanos, y mientras tanto, aquí estoy yo, intentando hacer las cosas bien, como se debe. Se espera de nosotros que tengamos calma, paciencia, comprensión, sin embargo, yo no encuentro que se me responda de la misma manera. Y ahora, no me estoy refiriendo solo a que se tenga que hacer justicia, sino que pido algo más, algo más intenso, espero que me respeten, espero respeto. Y es que, lo que sucede según mi opinión es que no estamos pasando una crisis política donde nuestros representantes tienen problemas para realizar sus proyectos, sino que hay una falta de respeto al sentido común de las personas.

Yo no pido que todos seamos perfectos. Porque no podemos serlo, todos hemos sido, somos y seremos personas con muchas imperfecciones. Pero una cosa es tener un tropiezo y hacer el esfuerzo de levantarse, y otra muy distinta es acostumbrarse a vivir en la imperfección, sin tomar ninguna medida, y es que ¿dónde queda el respeto a la verdad? ¿Cuánto tiempo hace que la política se ha convertido en una profesión más?

En fin, me parece que se les ha olvidado y a nosotros ya casi no nos importa que gobernar requiere de servicio, es servir, y no servirse. Y aunque ahora me encuentre desanimado y un poco desencantado, creo que nos merecemos más, y España, también.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Día 121, del viaje a la maratón de Valencia. “Y si la vida es esto”, ¿Y si no?

 Día 121, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



El paisaje que puede verse desde la carretera que lleva hasta la Vall de Ebo siempre me ha impresionado y, el otro día mientras bajaba con la bicicleta me pare a admirarlo y pensé: “y si la vida es esto”, detenerse de vez en cuando y observar lo que nos rodea, dándole el valor que se merece.   

Y sí, cuando me quedo paralizado ante un amanecer o cuando una puesta de sol me deja absorto. Cuando una pequeña plaza de un pueblo me deja sin palabras. Cuando la belleza de una iglesia en silencio me sobrecoge… Igual la vida es esto. Ir recorriendo esos momentos y disfrutandolos. ¿Y si no? O, y si no lo es del todo.

Lo anterior es una reflexión bastante común, para hacernos reflexionar y a no dejarnos absorber por las prisas, lo urgente y perdiendo de vista lo bello, lo concreto y lo importante que nos rodea.  

Sin embargo, aunque me anime y me reconforten esos momentos, no los veo suficientes, no creo que a la vida le baste solo eso. Estoy de acuerdo con que esos momentos forman parte de la vida, sí, pero es que una vida es un plan, es un proyecto que tiene un ¿hacia dónde?, un ¿para qué?, un ¿qué?, y sobre todo y más importante un con Quién.   

Cuando cualquiera de esos momentos, aunque ya sea que se den entre prisas, entre ese paso lento que nos permite apreciarlo todo, en el bullicio o en silencio, en las cosas importantes o en aquellas que solo son superficiales, pero si forman parte de un proyecto, de “nuestro proyecto”, de tu conmigo. Creo que entonces, de verdad, puedo decir “la Vida es esto”.

martes, 11 de noviembre de 2025

Día 120, del viaje a la maratón de Valencia. Reseñas.

 Día 120, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



Desde que viajo y descubrí el mundo de las reseñas, me parece que vivo demasiado esclavizado a ellas. Ya sea cuando busco un camping, un hotel, un bar, una tienda, un taller de reparaciones, sea lo que sea que necesite, cuando viajo, siempre miro las reseñas que tiene el establecimiento.

Lo estoy haciendo ahora que estoy preparando el viaje del año que viene, ya estoy eligiendo los campings y las pensiones o casas rurales en función de esas reseñas y eso me esta dando que pensar.

Creo que esas reseñas que nos ofrece Google Maps pueden ser útiles, pero a la vez, ahora, empiezo a pensar que de alguna manera me están acostumbrando a desconfiar de mi experiencia y de mi intuición. Me condicionan. Y es que si veo que el camping tiene reseñas negativas busco otro si lo hay y si no, cuando llego voy predispuesto a que va a ser un mal establecimiento. Y, al contrario, si tiene reseñas positivas, las acepto sin problemas. La cuestión es que he dejado de pensar por mi mismo y he dejado que decidan por mí.

¿Por qué permito que el punto de vista de otra persona reemplace la aventura de descubrirlo por mí mismo?

Decidir estas cosas sencillas libremente implica rebelarse contra esa voz digital que me dice que merece la pena y qué no. Implica darse cuenta de que para gustos colores y que equivocarse también es parte de un viaje. No todo lo que resplandece en la “red” tiene que ser bueno, ni todo lo que está poco valorado merece ser ignorado.

Voy a intentar recuperar mi criterio a la hora de elegir los establecimientos para el próximo viaje. Voy a atreverme a ir a ese sitio que no tiene ni reseñas, ni pagina web, ni se encuentra en ninguna red social, a probar sin ninguna clase de filtros, a viajar sin depender del veredicto de la multitud. Y es que la libertad de pensamiento también se practica eligiendo sin miedo, sin reseñas y sin permiso.

lunes, 10 de noviembre de 2025

Día 119, del viaje a la maratón de Valencia. Caballerosidad.

 Día 119, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



Uno de los aforismos que decía Chesterton y que apareció escrito en un artículo de prensa de 1906, que más me han gustado sobre la caballerosidad es el siguiente: “Lo de comportarse -como un caballero- en los momentos importantes no tiene mucho sentido: un hombre se comporta -como un caballero- en los momentos que no son importantes. En los importantes tendría que comportarse muchísimo mejor”.

 Hoy, han pasado algunos años desde entonces y escuchamos con demasiada frecuencia de que “se ha perdido la caballerosidad”, que “ya no quedan caballeros”. Y, viendo cómo se desenvuelve nuestra sociedad no es difícil darles la razón.

Por eso es interesante que volvamos a poner de actualidad la caballerosidad. El problema nos surge al darnos cuenta de que la mayoría de las personas ya no saben lo que eso significa. Y no se trata de ser ni más ni menos varonil ni ser feminista o no. Tampoco se trata de ser educado pues no es una cortesía hueca y automática.

Podría decir que un caballero es el hombre que antepone sus principios y todos sus valores a los de la sociedad moderna: éxito, placer, usura, dinero. Pero claro, es una definición débil pues son sus valores los que lo terminan definiendo y su voluntad de cumplirlos.

Por eso mi visión de un caballero es la de un caballero cristiano. La dificultad se encuentra entre lo que un cristiano es realmente y lo que en el fondo quisiera ser, pues ahí existe siempre un abismo. De ahí que un caballero es el que en su forma de actuar se esfuerza en su día a día en acercar lo que en efecto es a ese ideal que quiere ser. Nuestra limitación humana no nos permite ser perfectos, esto es, igualar no que efectivamente somos y lo que quisiéramos llegar a ser; por eso justamente la vida humana consiste en una imitación o recuerdo imperfecto de la vida ideal, que en el caso cristiano es la imitación de Cristo.

La caballerosidad no es una forma agradable de que nos vean: es una forma de ser.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Día 118, del viaje a la maratón de Valencia. Un mal planteamiento.

 Día 118, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



Hacer un planteamiento de la maratón, de como la queremos correr, no es otra cosa que enfocar la solución de un problema, por lo que debemos tener cuidado con los planteamientos que hacemos, y es que la solución debe de ser de un problema real, de un problema que de verdad estemos capacitados para solucionar.

Plantear una maratón para bajar de tres horas cuando en realidad ya nos costaría mucho bajar de las tres horas y media, nos obligará a ir por un camino que no nos va a solucionar nada, ese planteamiento, aunque pueda ser bueno no es verdadero y nos traerá problemas.

En nuestra vida cotidiana estamos acostumbrados a descifrar los planteamientos que nos hacemos y sobre todo los que nos hacen ante un problema, adivinamos cuando uno es verdadero o es falso. Pero en el mundo de la maratón no lo estamos tanto.

Estamos acostumbrados a que nos planteen mal algunos temas importantes para nuestra vida, sobre todo cuando vemos que se hace con un fin estratégico, para llevarnos hacia un lugar que nos han elegido de antemano.

Nos damos cuenta cuando que se nos ponen delante temas de una forma muy personal y sobre todo sentimental, como si sólo se tratará de solucionar un problema urgente a una persona. Después se dan cifras desmedidas con el propósito de conmovernos, se nos exageran la cantidad de abortos clandestinos, de matrimonios separados, de personas que quieren poner fin a su vida por enfermedad… para después manipular nuestra opinión.

Oímos también en los medios que la gente quiere esto o aquello, que necesita una cosa u otra. Y nos dicen que lo dice la “gente”, y es entonces cuando volvemos a la eterna pregunta: ¿y quien es la gente? Cuando vemos que se pasa del singular al colectivo, nos ponemos en alerta, pensamos, reflexionamos y tratamos de tranquilizarnos pensando que estamos con casi toda seguridad ante una manipulación, nos han planteado mal un tema para manipularnos.

Y si nos ponen a la “gente” por delante casi estamos desarmados, con muy poca defensa. Pensadlo un poco: estoy en una reunión con varias personas y estamos hablando mal de ti, y yo después te cuento exactamente lo que dicen, pero modifico un poco mi lenguaje, no te voy a mentir, pero de alguna manera te voy a manipular. En vez de decirte que tales personas en concreto lo han dicho, te indico que lo dice la “gente”. No sabes a dónde acudir para tomar medidas. ¿Dónde está la gente que te ataca con su maledicencia? La gente es una realidad anónima, envolvente, a modo de niebla que te bloquea. Te sientes angustiado y es que no te puedes defender.

He provocado un “rumor”, que suele ser tan poderoso como cobarde, debido a su anonimato. “Se dice” ¿Quién lo dice? La “gente”, es decir, nadie en concreto y potencialmente todos.

En política además se repite una y otra vez, a través de los medios de comunicación, esos planteamientos cagados de intención ideológica. No se entra en cuestión, no se demuestra nada, no se va al fondo de los problemas. Sencillamente se lanzan proclamas, se hacen afirmaciones contundentes, se propagan eslóganes a modo de sentencias cargadas de sabiduría.

Lo que se está haciendo no es otra cosa que configurar la opinión pública, porque las personas acabamos tomando “lo que se afirma” como “lo que todos piensan”, como aquello de que “todos hablan”, como “lo que se lleva”, lo “normal”, lo que aceptamos como “normal” se “impone”.

Basta establecer un clima de superficialidad, de normalidad en el tratamiento de los temas básicos de la vida para hacer posible la difusión de todo género de falsedades. Y es que no tenemos que olvidar que “una necedad repetida por muchas bocas no deja de ser una necedad". Es verdad que mil mentiras no constituyen una sola verdad. Pero una mentira o una media verdad repetida por un medio poderoso de comunicación se convierte en una verdad “de hecho”.

Es una lástima, pero ya estamos acostumbrados a que creamos más un mensaje por el medio de comunicación que lo difunde que por lo que en realidad nos está diciendo: no se dice algo porque sea verdad; se toma como verdad porque se dice. La televisión, la radio, la letra impresa, ciertos programas poseen un inmenso prestigio para quien los ve como una realidad que se impone desde un lugar inaccesible para él.

En fin, hacer un planteamiento de nuestra maratón nos puede llevar a un buen resultado pero al igual que en la vida un mal planteamiento nos lleva a tomar decisiones equivocadas.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Día 117, del viaje a la maratón de Valencia. El recorrido de la maratón

 Día 117, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!

He estado mirando el recorrido de la maratón de Valencia de este año, por cierto, es el mismo del año pasado, más que nada, para situarme el día de la carrera y saber más o menos en que parte de la ciudad estoy.



Al ser un circuito plano no hay mucho que estudiar, solo hay que controlar donde se encuentra el vértice de cada giro e ir a buscarlo, ya se sabe que la línea recta es el camino más corto entre dos puntos, así que la mejor táctica para recorrer un circuito es ir uniendo los vértices de las curvas, ir de la parte interna de una curva hasta la parte interna de la siguiente.

Cuando nos ponemos por primera vez delante de un plano donde se plantea el recorrido de una maratón, la primera impresión que me llevo es estar delante de un laberinto y de un camino enrevesado.

Como en todo buen laberinto que se precie el objetivo es encontrar la salida o sea la meta. Dejar atrás los 42195 metros y la incertidumbre de si lo podremos hacer. Eso es lo que motiva a los corredores repartidos por el recorrido, la convicción de que tienen que poder llegar.

Pues bien, los maratonianos nos encontramos no solo con el laberinto del plano de la carrera, sino también con otros laberintos internos. Son distintos para cada corredor. Situaciones complejas, angustias, memorias, medios, entrenamientos mal gestionados, lesiones que nos atascan… A veces son tan invasivos que ni nos damos cuenta de lo desorientados que andamos. Pero están ahí. Y necesitamos encontrar la salida. Porque hay salida. Llevamos meses tratando de ver esos mapas interiores, con sus complejidades y tratando de descubrir las soluciones que nos pueden ir mostrando el camino hacia la meta. Situaciones como la comparación constante, los miedos, la búsqueda de excusas, el perfeccionismo o la banalidad, entre otras, quizás sean un buen espejo en el que poder reconocernos, y aprender algo de nosotros mismos.

En fin, salir del recorrido de la maratón no es tan difícil, nos sirve seguir a toda la marea de corredores y tener paciencia.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Día 116, del viaje a la maratón de Valencia. A un mes de la maratón.

     Día 116, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



Hoy es 7 de noviembre de 2025 y estamos a un mes de la maratón de Valencia, es verdad que no he hablado mucho de la carrera a pie en estas últimas semanas, pero mis entrenamientos los he ido completando de la mejor manera posible.

En Strava se pueden ver, solo hay que buscar con mi nombre y ahí están. Se que mirando todo lo que he realizado sobre todo en la carrera a pie se puede llegar a la conclusión, seguramente acertada, de que voy a tener una maratón complicada, aunque yo la definiría más como interesante. 

Cuando estamos ya tan cerca, los maratonianos empezamos a sentir una presión que nos hemos auto impuesto para sacarle el mejor provecho a la carrera. Pero ¿qué es eso? Ahora, en medio de todo el entrenamiento, sabiendo ya más o menos lo que va a suceder, no me queda más remedio que pensar que: hay que vivir el momento. No quiero decir que me tenga que olvidar de correr y estar de fiesta continuamente, aunque me apetece, pero sé que no funcionaría. Y es que “vivir el momento” es mucho más.

Lo que quiero decir es que cuando toque entrenar hay que hacerlo con pasión porque hay que darse cuenta de que ese tiempo es un privilegio y que al final me gusta. Cuando tenga que disfrutar corriendo, hay que vivirlo con intensidad, esos momentos me harán falta y los añoraré en los últimos kilómetros. Cuando toquen esos momentos de descanso que pueden ser muy aburridos hay que dejar volar la imaginación en ellos, no son una pérdida de tiempo, estoy seguro. Hay que vivir los momentos de descanso porque sin ellos no podremos disfrutar de la maratón con intensidad, repito, no son una pérdida de tiempo.

Vivir el momento no es estar planificando cómo se va a desarrollar la carrera e intentar tenerlo todo controlado. En una parte está bien, pero tenemos que vivir también el ahora, sentir, dejarnos llevar y dejar espacio a la sorpresa.

Hay que tener cuidado de no correr demasiado en estos días. La ambición por llegar a cumplir nuestro objetivo nos puede hacer quemar etapas, quizás, demasiado rápido. No hay que caer en eso. No quememos etapas. Vamos despacio.

Todo tiene su tiempo. Todo llega, pero también todo se pasa. Hay que vivirlo.