martes, 21 de enero de 2020

Hemos dado por supuesto que la educación...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenas Noches:
Parece que la meteorología sea vuelto más benévola y he podido ver una tibia puesta de sol, vamos a ver si mañana a las 08:14 horas puedo disfrutar de un amanecer cómo debe ser, y si no fuese posible no tendría más remedio que esperar hasta las 18:10 horas para intentar disfrutar de otra puesta de sol. Mañana es fiesta en Valencia pues se celebra la festividad de san Vicente Mártir.
Me llama la atención la facilidad con que recurrimos a la educación como la solución a muchos de los problemas que vemos en nuestra sociedad. La educación, sin dejar de ser lo que siempre ha sido, la actividad formativa por excelencia que se utiliza en los jóvenes, ha ido adquiriendo, además, categoría de comodín, una especie de pastilla válida para curar toda dolencia de tipo social. Ante el incivismo y la barbarie, en cualquiera de sus manifestaciones, recurrimos a la falta de educación. ¿Queremos evitar hábitos nocivos: tabaquismo, ludopatías, drogadicción, alcoholismo, pornografía, etc.? Educación. ¿Maltratos y abusos en cualquier ámbito? Educación. ¿Cómo combatir el racismo o cualquiera de las diversas fobias hacia personas y grupos? Educación. ¿Hacen falta más ejemplos?
Hemos dado por supuesto que la educación es la panacea para todos los males y que con ella podemos prevenir cualquier desarreglo y subsanar toda calamidad. Hemos elevado la educación a la máxima categoría. Nos lo creemos y lo repetimos como si fuera una verdad dogmática. La cantinela no es de ahora, la vengo oyendo toda la vida.
La prueba de que nos lo creemos ha sido el despliegue político y económico a favor de la educación institucionalizada realizado en todo el mundo. Nos parece acertado dedicar, año tras año, muchísimos fondos públicos y privados destinados a cubrir los gastos que este sistema genera y nos parece que siempre son escasos. Contamos con un gran abanico de recursos didácticos, tecnológicos y humanos, que también nos parecen insuficientes. La pregunta que nos debemos hacer es por los resultados. ¿Los resultados se corresponden con los medios empleados? A mi modo de ver, la respuesta a esta pregunta hay que dividirla en las dos partes en las que se desenvuelve toda persona: el individual y el social. Todo este esfuerzo está siendo muy bien rentabilizado individualmente por un sector de los estudiantes, mientras que hay otro sector importante al que le sirve de poco y que viene a engrosar la bolsa creciente de fracaso escolar.
Pero, si ahora nos fijamos no en los individuos, sino en el conjunto, es decir, si miramos a la sociedad como un cuerpo vivo, hemos de decir que socialmente la educación no está produciendo los frutos que cabría esperar. Este es un problema muy debatido, muy analizado, y que no acabamos de dignosticar por sus muchas dimensiones. Llegados a este punto no caben nada más que dos posibilidades: o bien, no es verdad que la educación sea la solución para todos los problemas, o bien lo que llamamos educación, en realidad no lo es. Creo que las dos posibilidades no son excluyentes y que participamos de ambas; por una parte no es cierto que la educación sea la solución de todos los males, y por otra, no todo lo que suponemos que es educación, resulta serlo.
Quiero dejar claro que miro la educación con los mejores ojos posibles y que tengo por lo educativo y los educadores la mayor de las estimas, pero cada cosa en su sitio: la educación es una actividad humana muy valiosa, de la que cabe esperar toda suerte de frutos saludables para sus destinatarios y para la sociedad entera, pero no es la panacea para acabar con nuestras lacras y carencias, ni para impedir su aparición tampoco. Y también creo que debo dejar constancia de una duda, en forma de pregunta: ¿a qué llamamos educación? Porque mucho me temo que si nos pusiéramos a rascar en el concepto, me vería obligado a rechazar, por antieducativas, muchas de las cosas que se hacen en las instituciones que oficialmente tienen encomendada la educación de nuestros niños y jóvenes.
Si la educación fuera el remedio que socialmente suponemos, ¿qué nos impide acabar con todas esas lacras y carencias para las que decimos que la solución está en la educación? ¿Acaso no tenemos la educación en nuestras manos? ¿Cómo es que habiendo abierto generosamente el arca de los recursos, estos no producen en razón de una inversión tan costosa? No sé si alguien tendrá respuesta para estas preguntas, pero yo no la encuentro. Si la tuviera, podría compartir el buenismo educativo actual; como no la tengo, y tampoco la veo por ningún sitio, he de concluir que ese buenismo no encierra verdad.
La segunda posibilidad (que estemos llamando educación a cosas que no lo son) nos lanza directamente a otra serie de preguntas;¿Qué es la educación?, ¿a qué llamamos educación?
De mil maneras se ha respondido a esta pregunta desde la antigüedad hasta nuestros días. Para este momento que nos toca vivir, pienso que una buena propuesta es esta: construir un corazón bueno. Estoy convencido de que es una propuesta válida y necesaria porque lo que más necesita esta sociedad es corazones moralmente sanos, es decir hombres y mujeres de corazón bueno. He empezado plasmando un puñado de problemas concretos ante los cuales aparece la educación como vía de solución. No niego que ayude a su resolución, pero cualquiera de esos problemas, siendo reales, no son “el” gran problema. El gran problema social es otro cuyo solo nombre me incomoda, pero hay que decirlo: odio. Y el odio se cura con el corazón, pero esta será otra historia.
El corazón no es la única dimensión de la persona, lo cual significa que no es la única a la que debe atender la educación, pero creo que hoy es la más necesaria y no sé si tal vez la más descuidada. Ahora bien, insisto, en este momento hay que hacer especial hincapié en la educación del corazón.
Cuando digo corazón, espero que ninguna persona no lo confunda con un sucedáneo muy extendido en estos tiempos que es la sensiblería. La sensiblería es una deformación afectiva que consiste en convertir una frivolidad o una nadería en una cuestión afectiva seria. No los confundamos si no queremos vivir confundidos. Los sentimientos son movimientos del corazón que necesitan de una base objetiva de peso para hacerse dignos de consideración y respeto, que cuando lo merecen, es mucho lo que merecen.

Feliz Día.

lunes, 20 de enero de 2020

lo ha dicho literalmente la ministra...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


Buenas Noches:
El sol debería de empezar a alumbrarnos mañana a las 08:15 horas, qué ya os digo yo que no lo veremos, y supongo que visto el día de hoy puede que tampoco lo veamos despedirse a las 18:09 horas. Es lo que tienen estos días de frío y lluvia. Un día triste y feo este de san Fabián con el que empezamos la semana. Por cierto mañana celebramos a santa Ines.
Voy a realizar un cambio, pasaré de los “Buenos Días” a las “Buenas Noches”, al menos durante una temporada en la que voy a cambiar un poco la rutina diaria, para ver si consigo tener un poco más de control con mis actividades diarias.
He estado esta mañana repasando la prensa, en Internet, para ver si ha pasado algo interesante durante el fin de semana, y no puedo evitar hacer un comentario sobre dos manifestaciones de las ministras Isabel Celáa e Irene Montero porque las considero demagógicas y que tienen el propósito de confundir y de paso atacar algunos derechos fundamentales.
“Los hijos no son propiedad de los padres”, lo ha dicho literalmente la ministra Isabel Celáa. Y tiene toda la razón del mundo, ninguna persona es propiedad de otra, incluido el no nacido. Pero la cuestión que me gustaría subrayar no es la “propiedad” del hijo, sino la responsabilidad sobre éste, y esta es de los padres con un carácter completo y general, incluida la educación -que no puede confundirse con la enseñanza, ni la instrucción- y todavía más en el ámbito específico de la moral y las creencias religiosas.
Qué gran contradicción que quienes defienden el aborto a capa y espada, y sin límites proclamando que el ser humano no nacido es propiedad absoluta de su madre, tanto que pueden decidir sobre su vida y su muerte, postulen la ausencia de todo derecho y su traspaso al estado cuando alcanza la edad infantil.
Irene Montero, por su parte, me parece que en la misma comparecencia, dijo: “Entendemos también que el pin parental es un elemento claro de censura educativa y sobre todo de machismo; los hijos y las hijas de padres y madres tienen el mismo derecho que cualquier niño o niña a ser educados en el respeto y la promoción de los derechos humanos, a ser educados a que tienen el derecho de amar a quien quieran, cuando quieran y como quieran”.  Vamos a ver, según lo veo yo lo que viene a decir Montero es que quienes en nombre de sus valores morales o religiosos discrepan de las tesis del feminismo de género y de las identidades de género censuran y son machistas, y que a los niños en edad infantil se les ha de enseñar ya cómo son las relaciones sexuales afectivas propias de la edad adulta. Esa puede ser la visión de unos padres para con sus hijos, pero en ningún caso puede formar parte de una concepción de estado.
Si miramos un poco hacia atrás nos daremos cuenta de aquel enorme engaño cuando nos decían refiriéndose al aborto, al matrimonio homosexual y ahora a la eutanasia que esas leyes; “no obligan a quien no quiere”. Que sucede, pues que una vez se establece una ley con la excusa de añadir algunos derechos se extrapolan sus contenidos a todos los órdenes de la vida, con la pretensión de configurar una doctrina de estado.
Y lo que era evitar una discriminación en el matrimonio, se ha convertido en la obligación de educar a los niños en la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad, en una promoción del aborto, en el carácter voluntario de la asignación sexual. Es así como sucede aunque nos cueste aceptarlo.
Pero es que el debate no me gustaría que se centrará en la igualdad, la seguridad, la educación afectivo sexual, sino en primer lugar sobre el reconocimiento efectivo del derecho de los padres a la educación moral y religiosa de sus hijos, y el deber del estado en colaborar en ello. Y en segundo lugar, en cómo se traducen todos aquellos principios, porque en nuestra sociedad plural no hay una sola concepción de la educación afectivo sexual, sino tantas como concepciones morales y religiosas.
Porque es lógico que el estado no asuma ninguna creencia moral concreta, es neutral, laico en este sentido, y no puede imponer una determinada concepción moral más allá de la contenida en la Constitución, y lo que pretende imponer el gobierno actual no forma parte de ella. Es más: constituyen una forma de pensar muy particular, minoritaria en el ordenamiento jurídico mundial. Los “ismos” como ideología que son, pueden inspirar las leyes de un gobierno, como puede hacerlo la socialdemocracia o el conservadurismo, pero no pueden ser doctrina de estado, ni a través de sus leyes conculcar los derechos constitucionales.
Es indudable que cuestiones tales como la sexualidad están sujetas a principios y valores morales, y la existencia de determinadas leyes no puede impedir que se eduque en ellas. La oposición al aborto como opción moral no puede ser impedida por el estado, ni puede limitar el derecho a la libertad de expresarse y educarse en ello. Lo único que la ley hace es convertirlo en legal, favorecerlo económicamente y facilitar que se cumpla y que no se impida su práctica, pero nada más.
Es una muestra que también puede extenderse a las relaciones sexuales antes del matrimonio, al valor de la abstinencia sexual, de la fidelidad, de su relación entre práctica y desarrollo afectivo sexual, a la finalidad del matrimonio y tantas otras cosas. Las leyes que permiten estas cuestiones no impiden expresarse libremente de forma contraria a ellas, y educarse en ellas; es más, ni tan siquiera pueden impedir que políticamente y en el marco de la Constitución se actúe políticamente para modificarlas. Si lo hiciera, el estado se estaría convirtiendo en totalitario.

Feliz Noche. 

sábado, 18 de enero de 2020

tenemos necesidad de ternura...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
Por fin hemos llegado al fin de semana y, lo vamos a hacer con la incertidumbre de no saber si las negras previsiones meteorológicas se van a cumplir, de momento hoy vamos a ver salir el sol a las 08:16 horas y por todas partes nos dicen que no vamos a poder disfrutar de la puesta de sol a las 18:06, pero ya veremos pues en el día de santa Priscila cualquier cosa puede suceder.
Ayer fue un día con un continuo trasiego, finalizaba la semana y quería empezar el fin de semana tranquilo, con todos los asuntos pendientes cerrados, y ya por la noche me preguntaba el porqué de tantos agobios.
Nos suele suceder, casi sin darnos cuenta, que nos encontramos viviendo con una tensión similar a la del que no encuentra espacio para respirar o que nuestra vida queda reducida a un ir tirando cada día sin que nada tenga mayor relevancia, y es curioso que esto nos suceda cuando hemos olvidado o no sabemos llenar de contenido humano y espiritual las horas que pasamos en tiempos vacíos, por eso es bueno que sepamos marcar con una señal todos los acontecimientos que vivimos y las palabras que pronunciamos a lo largo del día, una señal que nos debe recordar que el sentimiento de sorpresa ante todo lo que hacemos no nos debe de abandonar, debemos tener la humildad de dejarnos sorprender.
 Tiene que haber una llave, tenemos que tenerla, que nos haga darnos cuenta de que detrás de todo lo que hacemos hay una persona con un corazón. Por eso en el fondo de todo lo que hacemos y decimos siempre debe estar la posibilidad de descubrir las múltiples capacidades de las que disponemos para hacer el bien. Y una de esas capacidades es la ternura.
 Hoy, sobre todo, tenemos necesidad de ternura. Esa que llevamos dentro y que tantas veces mantenemos oculta para no parecernos a lo que nos avergüenza demostrar que somos, o quizás nos domina la pereza porque nos resulta más cómodo y no nos compromete a nada. La ternura nos hace descubrir que en nuestro interior existe algo que nos hace originales y hace que nos entendamos con el lenguaje del corazón.
 Utilizar siempre que podamos la ternura significa creer que el amor debe estar en el primer lugar de todo lo que hacemos, en creer que el dialogo es el mejor camino, en demostrar que confiamos en la gente, en que buscamos el mejor lugar en el que construir y crear caminos de entendimiento y esperanza. Entonces, la ternura podría llegar a ser nuestro más auténtico aliado en esos momentos de vacío y de agobio.

Feliz Día.

viernes, 17 de enero de 2020

Enfrentarse a la decepción...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
Hoy prácticamente despedimos la semana y empezamos unos días que van a ser complicados en lo meteorológico, ya veremos si las predicciones se cumplen, de momento, el sol nos saldrá a las 08:17 horas y se despedirá de nosotros hasta las 18:05 horas, aunque anuncian que estaremos algunos días sin verlo. También vamos a celebrar hoy a san Anton.
No hay duda que nos gusta hablar de política, hacer política no tanto, pero conversar de política casi igual que de futbol. Con dos días escribiendo sobre el tema ya todo son comentarios en el café de la tarde y no hay más remedio que aclarar algunas cosas que no se quedaron claras.
Ciertamente, nadie me negará que la actividad política se tiene que ajustar a preceptos morales comunes, como los de no mentir, no robar, no matar…, pero  muy pocos me van a entender enseguida si afirmo que la política es perfecta para la realización de la caridad. ¿Por qué? Pues porque lleva al bien común, y una persona que, pudiendo hacerlo, no se involucra en política para conseguir el bien común, es egoísmo; o que use la política para el bien propio, es corrupción. 
Pero no quisiera estar tantos días seguidos escribiendo de los políticos y de nuestros gobernantes, pues tiempo habrá de sobra para ir haciéndolo. Motivos no me van a faltar.
Otro tema del que se hablo en el café de la tarde fue lo curioso que resulta ver cómo muchas personas han llegado a la conclusión que la felicidad es algo reservado para los demás y muy difícil de conseguir para ellos. Es verdad, corremos el peligro de pensar que la felicidad es como un sueño que nada tiene que ver con nuestra vida normal y diaria.
Generalmente se suele relacionar quizá con grandes acontecimientos, por ejemplo; con poder disponer de una gran cantidad de dinero, gozar de una salud sin fisuras, tener un triunfo profesional o afectivo deslumbrante, protagonizar grandes logros del tipo que sea. Pero la realidad luego resulta bastante distinta a eso.
Lo podemos comprobar continuamente viendo como la gente rica, o poderosa, incluso atractiva, o que está mejor dotada física y mentalmente, no coincide con la gente más feliz. El dinero y las posesiones son en sí mismas un espejismo de la auténtica felicidad. La fama tampoco aporta demasiado por sí misma; es más, el hombre famoso necesita de una madurez especial para saber asumir bien su encumbramiento, sin que le produzca un desequilibrio emocional.
Tampoco parece que disponer de un gran talento o gozar de muy buena salud sean el punto clave. Son cosas que pueden favorecer, que pueden crear un clima propicio para sentirse feliz, pero no siempre es así, pues todos hemos visto muchos ejemplos de personas muy inteligentes que han arruinado completamente sus vidas, o de otros que, por el contrario, con ocasión de la enfermedad han descubierto una nueva dimensión de su vida y han madurado y sido mucho más felices.
No pretendo decir que para ser feliz haya que ser tonto, enfermo o desafortunado. También entre ésos, como entre todos, unos se sentirán felices y otros no. Parece que la felicidad y la infelicidad provienen de otras cosas, de cosas que están más en el interior de la persona, en el talante con que se plantea la vida.
Por ejemplo, cuantas veces no sufrimos, o nos embarga como un sentimiento de desánimo, o de agobio, o de fatiga interior, y no hay a primera vista una explicación externa clara, porque no hemos tenido ningún contratiempo serio, ni tenemos hambre, ni sed, ni sueño, ni nos faltan la salud o las comodidades que son razonables.
Son dolores íntimos, y si investigamos un poco llegamos a descubrir que están causados por nosotros mismos: muchas de las quejas que tenemos contra la vida, si nos examinamos con sinceridad y valentía, nos damos cuenta de que provienen de nuestro estado interior, de pequeños egoísmos, envidias, susceptibilidades, etc. En definitiva, de errores personales que nos producen una decepción.
Sin embargo, hay que pensar que es precisamente esa decepción la que nos brinda la oportunidad de mejorar y ser más felices. Igual que el dolor físico tiene la inestimable utilidad de avisar de que algo en nuestro cuerpo no va bien, esos dolores de que hablamos nos advierten de que algo en nuestro interior debe cambiar. Es positivo -además de natural- que notemos con intensidad el peso de nuestros errores: si no fuera así, sería muy difícil que nos corrigiéramos.
Quizá la enseñanza más dura de la vida sea el enfrentarse a la decepción: aceptar que las cosas -empezando por la realidad de nosotros mismos- no son como las queríamos, como las pensábamos, o como nos las habían contado; que las cosas no son tan sencillas, que la vida no es tan fácil. La conquista de la felicidad no es algo a lo que se llega de modo improvisado o casual; se alcanza tras un largo esfuerzo sobre nosotros mismos, es como una obra de ingeniería personal continuada.

Feliz Día.

jueves, 16 de enero de 2020

es razonar sobre como debería ser un buen gobernante...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
San Marcelo es a quien dedicamos este día, aunque son muchos más los que celebran hoy su fiesta. El sol saldrá a las 08:17 horas y nos acompañará hasta las 18:03 horas.
He criticado, un poco, en los últimos días a los políticos que nos están gobernando, y por eso creo que ahora es necesario que muestre como debería ser, según mi modesto entender, un buen gobernante. Ya se que personas más enteradas corregirán o precisarán algunas partes de lo que voy a escribir. También se me podrá acusar de ingenuo y aún peor me podrán decir que soy un teórico.
La verdad es que me importa poco porque lo que me interesa es razonar sobre como debería ser un buen gobernante para consolarme y consolar, si es posible, a los que pueden leer esto, victimas todos de la incertidumbre y el desanimo que nos produce el contraste entre lo que esperamos de nuestros gobernantes y lo que nos toca ver y soportar.
Antes me gustaría decir que la idea misma de la política ha cambiado, lo que debería de ser el arte moral del buen gobierno que comenzaba con el buen gobierno del gobernante sobre sí mismo a pasado a convertirse en una ilusa técnica que jamás podrá responder a la profunda realidad personal de nuestra sociedad. Me explico: hace tiempo que lo político ha dado un paso hacia el cinismo del poder abandonando toda consideración moral que se funda en la noción de persona. Una vez que se olvida la persona como fundamento de la sociedad y es reemplazada por el individuo teóricamente individualista y salvaje, la política sea convertido en un simple juego de negocios cuyo premio es el poder. Y de esto no se puede esperar nada bueno. De verdad, nada bueno.
Por lo tanto, lo primero que deberíamos hacer es volver a poner a las personas en el centro de toda acción política, recuperar el valor del bien común y los grandes principios de la subsidiaridad y la solidaridad. Y para hacerlo debemos volver a los principios fundamentales del gobernante, cuya primera virtud debería ser la preocupación ética, el estudio de las virtudes para ser él mismo virtuoso porque la razón de ser del gobierno es hacer virtuosos y no viciosos a sus gobernados.
Otra característica de un buen gobernante debería ser el domino sobre sus pasiones y no dejarse llevar por ellas, a no precipitarse en sus decisiones e influenciado por favoritismos y adulaciones. Deberían de gobernar siempre hombres magnánimos, dignos, y no hombres pusilánimes, miedosos y que basan sus cálculos en no quedar mal u obtener su comodidad, su fama o algún otro de esos fatídicos oropeles que conducen a la ruina a una sociedad.
La siguiente condición de un buen gobernante es buscar como fin de la sociedad a la que gobierna la felicidad máxima para todos dejando de lado intereses particulares y de su partido político si lo tuviera. Esto implica por supuesto la prudencia para recordar constantemente cuales son los principios buenos, comprendiendo su aplicación a los casos concretos y su decisión de cumplir las decisiones tomadas después de un prudente estudio.
En resumen, tiene que ser humilde, pues si nos paramos pensar un poco nos daremos cuenta que la humildad es la base de todas las condiciones anteriores, una humildad que no es otra cosa que vivir con la verdad, es decir, el ejercicio primordial de la verdad en el propio corazón, la verdad hecha vida cotidiana. Sólo la humildad puede hacer que el gobernante actúe con conciencia recta y no cegado por la soberbia.
Supongo que estaréis pensando: que un gobernante nunca gobierna solo y que requiere que los mismos gobernados lo acompañen en la búsqueda de las virtudes que todos necesitamos para construir una sociedad sana, y tenéis razón. Por eso, siempre tendremos los gobernantes que merecemos, diría más, los que podemos según la manera en que actuamos como ciudadanos. De lo que se trata es de educarnos como gobernantes para ser buenos gobernados y así tener buenos gobernantes.
Todo muy complicado de realizar pero indispensable siempre.

Feliz Día. 

miércoles, 15 de enero de 2020

Una persona “de una sola cara”..

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
Celebramos en este frío miércoles la festividad de san Mauro, menos mal que el sol nos alumbrará desde las 08:18 horas hasta las 18:02, y que nos calentará el ambiente permitiendo que pasemos un día más agradable.
Ayer, mientras me tomaba el cortado de media tarde comentábamos la falta de sinceridad de nuestros políticos y lo poco sinceros que parecen ser los que forman parte del nuevo gobierno, y claro, me comentaban, y con razón que si todos actuáramos con sinceridad absoluta nuestra convivencia sería un caos; pero ser sincero es no sólo decir la verdad, sino actuar con verdad, actuar limpiamente, sin dobleces ni hipocresías, y esto nuestros gobernantes no lo están haciendo.
Si analizamos un poco el cuestión nos daremos cuenta que no es sincero el que, presumiendo de serlo, se dedica a decir verdades molestas y humillantes a los demás. Esa persona es un impertinente y un mal educado que no tiene sensibilidad ni caridad para convivir con los demás. Está claro que podemos y debemos decir la verdad, pero siempre anteponiendo la prudencia y el respeto que nos merece la dignidad y la buena fama de nuestro prójimo. La falta de sinceridad de nuestros políticos va por otro camino, quizás podemos entenderlo mejor si interpretamos la alocución: “Sin cera”.
Veamos: “Sin cera” que no hay “cera”, nada cubriendo, escondiendo la realidad. Se trata de algo auténtico, tal como parece. Tratándose de una persona – no hay máscara (“más” cara), algo ficticio recubriendo su verdadera cara. Por eso una persona sincera es una persona “de una sola cara”. Y es aquí donde se encuentran nuestros gobernantes, no nos muestran su verdadera cara. La sinceridad implica veracidad y honestidad, verdad en la palabra, honestidad en el actuar. Uno puede confiar en que lo que dice tal persona es cierto y además que se hará. Pero los que nos gobiernan nos han dado demasiados ejemplos de que no son sinceros.
Esa sociedad justa y sana en la que a todos nos gustaría vivir es imposible dónde no hay sinceridad y autenticidad. ¿Cómo puede existir armonía, seguridad, apoyo, donde uno no puede fiarse de la sinceridad de las palabras o acciones de una persona? Y más aún si se trata de quien nos gobierna. La persona insincera deshace el ambiente de confianza en la sociedad en la que vive, destruyendo la concordia. Sólo cuando hay sinceridad puede crecer el buen ambiente que debe caracterizar toda sociedad.
¿Quién acudirá a pedir consejo o ayuda un político que se muestra insincero? ¿Quién confiará a él la educación de sus hijos? ¿Cómo podemos confiarle alguna verdadera responsabilidad? Es esencial que cada persona y por lo tanto cualquier político se forje en el sentido de la veracidad, la honestidad, la rectitud. Podrá saber mucho de economía, administración, leyes, de política internacional, de ecología, y hasta ser generoso: si hay en él doblez y mentira será sólo una caricatura de político, una persona a medias, un ser humano dividido y disminuido.
Tenemos que hacer un esfuerzo por valorar la sinceridad, mientras no logremos que se comporten del mismo modo cuando son vistos y cuando están solas, no podemos estar tranquilos, en la vida familiar, con los amigos y en la vida pública. Que lleguen a ser capaces, por ejemplo, de hablar en los mítines con sinceridad y verdad.
En fin, tenemos un problema.

Feliz Día.

martes, 14 de enero de 2020

Hace tiempo que apareció la palabra liberal...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
Parece claro que voy a seguir un año más con estos “Buenos Días” y con indicar la hora de la salida y puesta del sol, así como el santoral del día, así que continuemos. Amanecerá a las 08:18 y el día dará paso a la noche a partir de las 18:01 horas, en el día en que celebramos a san Dacio.
Tendré que utilizar con más frecuencia las palabras progreso, progresismo y progresista, pues veo que están de moda y aparecen en todos los artículos de prensa y en todas las tertulias políticas. Voy a tener que denominarme progresista para que se me tenga más en cuenta. 
Veo que el progreso se nos esta presentando como una especie de adoración a todo lo que nos traerá el futuro, dando por sentado que todo el pasado es oscuridad y que solo existe luz en el progreso y en el futuro que estamos construyendo.
Y si el futuro se acerca, por ejemplo, al que reflejó, en su novela un Mundo Feliz el escritor Aldous Huxley, no me parece que sea un buen lugar en el que mirar y al que queramos llegar.
Si pensamos un poco lo que nos divulgan del progresismo nos daremos cuenta rápidamente que se esta intentando que nadie recuerde que el bien y la verdad, el mal y la mentira, han existido desde siempre y que en ese enfrentamiento se han propiciado personas admirables y personas malvadas, sin parar, y eso sin tener en cuenta que los conocimientos que algunas de ellas han aportado a lo largo del tiempo a sido fundamental para el desarrolla de todas las ciencias humanas.
Hace tiempo que apareció la palabra liberal, liberales de derechas y liberales de izquierdas con el propósito de fabricar ideas y teorías para organizar el mundo. Los liberales de derechas defendiendo un liberalismo económico buscando aumentar la riqueza, aunque se reparta de forma injusta. Los que defienden un liberalismo de izquierda predicando que buscan la igualdad, pero hasta ahora, solo la han conseguido repartiendo miseria para todos.
Lo que esta de moda ahora es unir esos dos conceptos: progresismo y liberalismo con el propósito de que el hombre, todo hombre, no considere que tenga la obligación básica de buscar siempre la verdad y el bien y evitar la falsedad y el mal, sino que se considere autorizado para decidir lo que le parezca siempre que le agrade, le beneficie y, no le imponga ningún tipo de obligaciones.
Para cerciorarnos solo tenemos que mirar, escuchar y leer lo que dicen y quieren hacer nuestros gobernantes y hacia donde va la sociedad que ellos proponen. Solo un ejemplo: todos sabemos que vamos a tener que morir un día pero parece que no les importa mucho el tema y solo nos aconsejan que no hay que preocuparse: vivamos y comamos que mañana moriremos.
¿Alguien me escuchará con atención si propongo reflexionar y buscar con atención la sabiduría? Me parece que no tendré demasiado éxito, pues todos están entusiasmados con el progresismo que va a poner más redes digitales con más prestaciones, más series en televisión, más competiciones deportivas, pero ¿y los problemas de hambre, de falta de ingresos, de falta de vivienda…? Seguro que me contestarán que para arreglar todo eso están los políticos y el gobierno. Y me quedo pensando: políticos, gobierno, ¿qué políticos? ¿Qué gobierno? ¿Estos políticos? ¿Este gobierno?...

Feliz Día.

lunes, 13 de enero de 2020

No puedo ponerme mucho de perfil...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
Once días han pasado desde que nos acercamos a este blog por última vez, el motivo no ha sido otro que el de haber utilizado parte de nuestro tiempo en la preparación y realización de la Gala de Dorsal 19, por lo que la carrera a pie ha sido la protagonista absoluta de estos días.
Con un sol que nos saldrá a las 08:18 horas y que se nos esconderá a las 18:00 volvemos a la normalidad, y lo haremos justamente en el día de san Hilario que coincide con el primer día del nuevo gobierno.
Entre las muchas cosas que supongo habrán pasado estos días se encuentra la formación del nuevo gobierno, que espero le vaya bien y sea para bien. No me alineo políticamente con nadie porque no quiero incurrir en un partidismo que me separe políticamente de nadie. Además tengo el problema añadido de que nada de lo que está presente en la política actual refleja suficientemente, por una razón u otra, mi sentido de la vida. Pero el resultado de todo esto no puede tener como consecuencia mi silencio, y sobre todo ante la política que se practica y las grandes propuestas que se están formulando.
No puedo ponerme mucho de perfil, porque los problemas que estoy viendo son demasiado grandes. No debería limitarme solo a tratar unos pocos temas cuando además existen algunos que ya son irreversibles desde el punto de vista de sus resultados políticos, como es el caso de la eutanasia, sino que creo que debo dar mi modesta visión, por si le puede servir de algo a alguna persona.
Esto es lo que quiero hacer, también durante este 2020 y, por lo que he revisado del año pasado, he visto que muchas de mis opiniones acostumbran a quedar reducidas a una crítica generalmente descalificadora de lo que esta pasando, algunas veces las planteo en unos términos demasiado agrios o agresivos, y sin excesiva capacidad para poder mostrar y demostrar una alternativa, que en la forma y en el fondo debería de responder a mi forma de ver la vida.
Este año, voy a intentar continuar escribiendo por encima de las divisiones que existen entre los partidos políticos y corrientes de opinión, porque ningún espacio debería de sustraerse a dejar constancia de una opinión, sobre todo si esta se concreta en la búsqueda del bien común, de los bienes comunes. Pienso que en cierta forma es una tarea de todos definir cuándo esto es posible y en qué consiste en cada caso, y actuar para impulsarlo.
Es verdad que muchas veces se dice que lo mejor es meterse en política para intentar cambiar las cosas que no nos gustan, pero dar nuestra opinión ante un tema no es incompatible sino complementario, la política sin una critica de cada uno de nosotros acaba siendo contaminada por una opinión publica en la mayoría de las veces interesada. Expresar cada uno su opinión puede convertirse en una vía de escape de la necesidad de todo ciudadano de formar parte del mundo político.
Esto implica un riesgo, claro está, inherente a la condición humana de que somos imperfectos, de que cometemos errores, pero esto no es nada distinto de lo que sucede en cualquier otra actividad que se desarrolla en este mundo, todos nos podemos equivocar.  
Ya se que hay personas que intentan cambiar el mundo basándose en la solidaridad social como un acto de amor. Y lo encuentro perfecto y esta bien cuando es lo único que se puede hacer, pero en nuestra sociedad que es tan liberal-progresista y tan desvinculada a defender la dignidad de la persona, si todo se limita a esto, la solidaridad sin actuar sobre las causas de los problemas termina por ser una coartada de las estructuras políticas para seguir igual.
Y que quede claro. La solución no es prescindir de la solidaridad,  sino practicarla con el añadido de realizar una crítica y mostrar las soluciones.

Feliz Día.

jueves, 2 de enero de 2020

Cuando una cosa merece la pena...

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
Ya ha empezado a andar 2020, y estoy seguro que muchas cosas que deseamos hacer no van poder realizarse por muy buen propósito que tengamos, y nos vamos a encontrar con una serie de dificultades encadenadas que nos impedirán cumplir con nuestros proyectos.  
Durante esos días aparecerá en nuestro interior una voz que nos irá diciendo, con buena intención, ¿para qué complicarse la vida? ¿No puedes quedarte en casa tranquilamente viendo la televisión?
Esa voz no se callara y continuará insistiendo: no solo no realizaste lo que querías hacer, sino que has estado perdiendo el tiempo. Tal vez, respondamos entonces a esa voz que, si empiezo a pensar en todas las cosas que me pueden salir mal, al final no movería un dedo para nada.
Esta respuesta puede que nos tranquilice por un momento, pero no terminará de resolver el dilema que tantas veces nos persigue: ¿por qué hacer las cosas bien hechas resulta tan difícil y a la vez contraproducente en algunos casos? No es fácil responder.
Durante nuestra vida vamos a tener “rachas” donde va a parecer que estemos en una carrera de obstáculos. Cada cosa que comencemos se nos vendrá abajo en el momento siguiente de empezar. Y un sentimiento de frustración empezará a apoderarse de nosotros y recurriremos otra vez a respuestas tipo: para lograr el éxito hay que fracasar muchas veces. Pero a nosotros no nos gustaría que la vida fuera así.
Tal vez, entonces nos encontremos en el momento de hacernos otra pregunta: ¿qué significan tantas derrotas y cómo las voy afrontar serenamente? La respuesta no es fácil, pues aceptar que esas derrotas tienen un sentido es complicado, pero si conseguimos ver los fracasos de otra manera, como un camino que hay que recorrer, tal vez se nos habrá un pequeño resquicio por donde buscar la solución.
Y entonces, aumentaremos nuestra dosis de paciencia. Nos levantaremos cada mañana con el ánimo renovado para hacer más grande aquel pequeño resquicio.
No es fácil que nuestros proyectos se conviertan en realidad fácilmente, pero cada mañana hay que levantarse con la intención de conseguirlo, no habría que desanimarse, ¿pues nuestro proyecto es mejor si se realiza fácilmente? ¿Es más auténtico si, por el contrario, nos toca sufrir para conseguirlo?  
La norma, debería ser, más alta que la mera confrontación del éxito o fracaso. Quizá la pregunta no deba ser: ¿Tengo éxito?, sino, más bien, ¿Qué hago y por qué y cómo y para qué hago lo que hago?”.
Tenemos que hacer lo que podamos sin excesivas angustias por la eficiencia, y vuelvo una vez más, es mi debilidad, a G. K. Chesterton cuando dijo: “Cuando una cosa merece la pena, incluso merece la pena hacerla mal.”

Feliz Día.

miércoles, 1 de enero de 2020

“año nuevo, vida nueva”

 “La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Buenos Días:
Después de una noche llena de celebraciones, de despedidas y llegadas, de recuerdos y deseos, ya estoy en 2020. Y me he acordado al levantarme de ese refrán tan castellano y tan nuestro de “año nuevo, vida nueva”, que me esta diciendo que comience ya a hacer realidad todas las buenas intenciones de anoche.
Ya se que las estadísticas nos dicen que voy a cumplir muy pocas cosas y que si empiezo con algunas me van a durar muy poco. Pero es lo que hay, y me temo que en este año 2020 que empiezo, muchos de mis buenos propósitos no se van a cumplir y en cambio si que veo que las ilusiones de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llevan camino de cumplirse.
Una de las cosas que me preocupan de este 2020 es que se este cambiando lo de “vida nueva” por “vida menos”, pues probablemente se potenciará el aborto con lo que tendremos muchas “vidas menos”, se regulara el llamado “derecho a morir”, que yo, por otra parte, siempre he pensado que era una obligación de la naturaleza humana y me temo que vamos a ver muchas “vidas menos” por el llamado suicidio asistido y, peor todavía, por la eutanasia, que no son exactamente lo mismo aunque nos quieran engañar.
No tengo más remedio que comenzar este 2020 recordando que la vida es un don que se nos ha dado, y que este si que sería un buen propósito para este año: que reconozcamos que la vida es un regalo que nos han hecho, y que nadie somos dueños de la vida de nadie, ni siquiera de la nuestra, de donde deduzco que jamás estamos moralmente capacitados para eliminar la vida de un inocente. Claro que como se dice tantas veces, los propósitos deben ser concretos para que puedan cumplirse. No basta decir, voy a ser mejor persona, hay que concretar.
Concretemos este propósito para este 2020 para poder ver muchas “vidas nuevas”, la defensa y promoción de la vida no son monopolio de nadie, sino deber y responsabilidad de todos. Por lo tanto, este propósito para este año nuevo sirve para todos, creyentes y no creyentes, para las personas de buena voluntad.

Feliz Día.