viernes, 21 de diciembre de 2018

Viernes 21 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton).

Ya estamos en viernes, por fin se termina una semana complicada, veo también que vamos a tener un buen día en cuanto el sol haga su aparición a las 08:16 horas y este con nosotros hasta las 17:42 horas. El día a estas horas es frío, 10,4 grados pero estoy seguro que acertaré con mi previsión pues el sol calentará.
La semana que viene nos vamos ha encontrar con la Navidad, una de las fiestas más tradicionales y que más arraigo tiene, a pesar de que todo lo que sea tradicional se este menospreciando cada vez más. Y creo que es una equivocación.
Las personas cada vez están más faltas de lazos, existe un desarraigo que vacía nuestra vida de sentido humano, de objetivos y de esperanza, y aunque parezca mentira la tradición nos coloca en el tiempo, nos sitúa en un lugar y nos otorga el sentido temporal de las cosas que nos permite no perder el sentido de nuestra vida.   
Ahora nos están vendiendo que rompamos con la tradición, que esa ruptura nos liberará. Que lo importante es el presente, y si lo convertimos en nuestra prioridad podremos hacer de nuestra vida lo que queramos, nos sentiremos como  dioses. Hay que abrazar las nuevas ideas aunque sean una repetición de los viejos errores de antaño, unos errores que sólo viéndolos desde la tradición se delatan.
Porque la tradición nos une con un sabiduría que tenemos acumulada y que nos sirve para explicar el mundo, que nos ofrece soluciones a problemas en apariencia irresolubles, problemas que otras personas confrontaron y dilucidaron antes que nosotros. Cuando los vínculos con esa sabiduría almacenada son destruidos, cualquier intento de comprender este mundo se hace añicos.
Es verdad que los hombres hemos deseado siempre cambiar, pero los hombres con tradición desean ese cambio para acercarse a aquello que no cambia; los que carecen de tradición, en cambio, quieren cambiar para adaptarse a lo que continuamente esta cambiando.  
Haciendo un pequeño esfuerzo de imaginación podremos ver hacia donde nos dirigimos si olvidamos lo que somos; veremos a los hombres haciendo girar sus vidas sobre ellos mismos en busca de placeres inmediatos con los que llenar su espíritu, cada uno en busca de su felicidad, rodeado de gente a la que no ve, los toca pero no los siente pues no existe sino para sí mismo y para él sólo. Observaremos como sobre todos esos hombres se eleva un Estado con un poder inmenso que sólo procura asegurar sus goces, un Estado, minucioso, regular, divertido y benigno que se parece al poder paterno, pero que no tiene por objeto preparar a los hombres para la edad madura; sino que trata de fijarlos irrevocablemente en la infancia y quiere que los ciudadanos gocen, con tal de que no piensen sino en gozar.
Un Estado que necesita para ello crear un enjambre de leyes complicadas, minuciosas y uniformes, a través de las cuales los hombres con espíritus inquietos  y las almas más vigorosas no pueden abrirse paso y adelantarse a la muchedumbre. Porque no destruye las voluntades, pero las ablanda, las somete y dirige; porque no destruye, pero impide crear; no tiraniza, pero oprime; debilita y reduce, en fin, a cada comunidad a un rebaño de animales cuyo pastor es el Estado.
Y un pueblo que se olvida de su tradición camina hacia un destino muy parecido.

Feliz y Dulce Día.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Jueves 20 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton). 

Ya estamos en jueves y solo nos queda esperar a que pase el viernes para ver si puedo dar por terminada una semana llena de tareas administrativas y de citas médicas, intentaremos que estos dos días que nos faltan nos pasen rápidamente y con buenos resultados. De momento el sol nos saldrá a las 08:15 horas y se esconderá a las 17:42 horas, la temperatura en mí balcón es de 12,3 grados.
No se como etiquetar todo el revuelo que se está montando con el resultado de VOX en Andalucía, solo se me ocurre que quizá todo sea un síntoma de cómo la sociedad española funciona cada vez peor, una sociedad que mira hacia su futuro y como no ve nada claro se entretiene en clasificar este nuevo fenómeno de VOX, que si son la extrema derecha, que si son fascistas o franquistas etc…
¿Por qué un partido que consigue algo más de un 10% en unas elecciones autonómicas se convierte en el tema central de las tertulias?  Porque estamos hablando de VOX, que para unos es “extrema derecha” aunque en esa geometría la extrema izquierda no exista y para otros, simplemente, fascismo puro.
Según lo veo yo, VOX es solo un simple partido que se ha quedado con unas cuantas ideas de las que todos huyen buscando el ansiado “centro”. Un centro, que por cierto, consiste en no decir nada en claro. El líder de VOX, Santiago Abascal, solo con que miremos con un poco de imparcialidad sus ideas nos daremos cuenta que es muy difícil asimilarlo a un ideario fascista, sencillamente porque propone, porque hoy por hoy es eso, proponer, no imponer.
Las propuestas que muestra VOX para que le voten se basan en la sencillez, procurando que sean fáciles de entender y que den la imagen de que son eficaces, por ejemplo ante la “cuestión” de los independistas buscan una solución sencilla y fácil de comprender, sobre todo para los andaluces, un Estado centralista que asuma la gran mayoría de las competencias, evitando entrar en el debate de si existen o no diferencias entre las distintas regiones de España.
En otros temas procuran dejar contentos a las diferentes partes dando soluciones que al final no contentan a nadie, por ejemplo con su posicionamiento sobre el aborto. Su opción es que la Seguridad Social no lo pague. Y el aborto ha sido un tema en el que los partidos llamados de “derecha” les han fallado a sus votantes, sobre todo a los católicos, pues han buscado contentar a todos, y tarde o temprano los votantes se van, porque la democracia se levanta con personas, y son las personas que votan las leyes quienes hoy defienden el aborto.
Que VOX tenga doce escaños en el parlamento andaluz para mí tiene mucho que ver con una sensación de desconcierto, de que de repente se pasa del todo a la nada, es decir, en lugar de descifrar en las cosas qué aspecto nos interesa o no, como estamos tan poco acostumbrados a razonar entre nosotros y no escuchamos, nos resulta difícil discernir con sentido común, y con sentido de lo común.
Hay una cosa que es la comunidad y las cosas comunes, que se nos escapan,  nos parecen demasiado complicadas, y no las entendemos. Eso es normal, es comprensible, pero hay que trabajar para superar eso. Si no se hace, está uno fácilmente en manos de gente que acude a excitar sentimientos y a proponer soluciones muy simplistas, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Es una cosa a razonar entre todos.
Lo único que veo de interesante al examinar a VOX y que puedo aprender algo es que me enseñan el problema. Me dicen: aquí hay un problema. Es un incentivo para escuchar, para entrar en los temas en los que no se ha entrado. Por tanto, es un estímulo, o podría ser, manejado como un estímulo en positivo para ver qué pasa.
Partidos como VOX y Podemos nos dicen que hemos llegado al momento de la verdad, veamos si las políticas de los unos y los otros son realistas, porque si no son realistas tampoco tienen mucho sentido. Ahora bien, no tan realistas que no tengan un componente idealista. Y hay que ver cuál es el idealismo de cada uno, interpretarlo también requiere un poco de inteligencia entre todos para plantearse cuál es la sociedad soñada que tienen, unos y otros. Hay que enunciarlo, o ver si se está disimulando, entrampando. Luego, puestos a llegar a esa sociedad soñada y ver cuál es, veámoslo con sentido de la realidad, porque nos estamos jugando convivencia, unidad de país, crisis que dure más tiempo o menos, llegar a la bancarrota o no… Lo que nos estamos jugando pasa a palabras mayores.
Es fácil que los políticos, incluso los mediáticos, se construyan una burbuja donde hablan entre ellos esos lenguajes que tienen, y no acaben de escuchar bien lo que hay en el país. Entonces, surgen estos partidos que te están poniendo encima de la mesa lo que normalmente no estás queriendo ni oír ni escuchar, y en ese punto es interesante.
Feliz y Dulce Día.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Miércoles 19 de diciembre de 2018.

 “No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 




El libro de George Orwell, “Rebelión en la Granja”, es uno de los libros que regalare en la noche de Reyes, así que ayer por la tarde leí en Internet su prologo, que curiosamente lo titula “La libertad de prensa” y en su ultimo párrafo hay una frase que aun resulta interesante: “Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír”.
Pero antes de seguir os tengo que decir que el sol nos saldrá a las 08:15 horas y estará con nosotros hasta las 17:41 horas y que ahora la temperatura es de 12,5 grados, no nos mantenemos por debajo de los dos dígitos.
Me resulto chocante la frase de Orwell porqué hoy nos encontramos en una fase de nuestra democracia que, si por algo se caracteriza, es por el esfuerzo que se realiza para agradar a la “ciudadanía”.  Mejor dicho, parece ser que gobernar no es otra cosa sino halagar a la ciudadanía, elogiando sus gustos, satisfaciendo sus deseos y gustos, alimentando muchas veces sus bajas pasiones, etcétera. Si observamos un poco la actualidad nos daremos cuenta que a nuestros gobernantes les resulta ya casi imposible adoptar medidas ásperas que contraríen las expectativas de sus votantes, todo son encuestas demoscópicas para que les sirvan de guía.
No me quiero olvidar de que a esa tarea se dedican también los medios de comunicación, que se rigen por la tiranía de las audiencias y encargan “estudios de mercado”, para establecer cuáles son las preferencias de su público. Y, en fin, no existe ahora casi ninguna instancia de poder que no actúe conforme a la máxima de decirle a su clientela lo que su clientela desea oír. Otra cosa es que, una vez halagados los deseos más primarios de su clientela, esas instancias de poder se dediquen luego hacer lo que más les apetezca, pero es lo mínimo que se debe hacer con quien previamente ha aceptado ser sobornado.
Tal vez el problema se encuentre en que no nos gusta que nos digan lo que no queremos oír, y si alguien lo hace lo condenamos al ostracismo, no voy a negar que existen algunos espíritus privilegiados capaces de oír, y diré más hasta de escuchar, aquello que no les gusta pero son muy pocos.
Por lo general, no soportamos que nos digan lo que no queremos oír, sobre todo cuando previamente nos han creado por todas partes una suerte de ilusión en la que siempre estamos oyendo lo que nos apetece oír; y en donde las cosas que nos molestan son unánimemente consideradas horribles.
Por supuesto, que siempre encontramos a algún medio de comunicación y partidos políticos que son rebeldes, pero así es como los prefieren sus seguidores, para imaginar que ellos también son rebeldes; pero esas cosas presuntamente molestas que dicen serán siempre veniales, referidas a cuestiones eventuales, por ejemplo; hablar mal contra tal o cual gobierno perecedero, o ridiculizar algún uso social de reciente cuño, o atacar ciertos excesos caricaturescos de las ideologías en boga, pero nunca en cambio atacarán los fundamentos filosóficos en los que se apoyan tales ideologías, ni discutirán el medio inmoral que ha amparado tales usos sociales, ni pondrán en solfa la legitimidad del poder que esos gobernantes perecederos invocan, porque saben que si lo hacen serán expulsados fulminantemente de los medíos de opinión publica.
Hoy en día como en épocas anteriores más totalitarias, aunque por razones muy distintas, no parece existir un derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír, o si existe, se trata de un camino seguro hacía el olvido y la inmolación.
Feliz y Dulce Día.

martes, 18 de diciembre de 2018

Martes 18 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy por fin hemos conseguido bajar de los 10 grados en mí balcón, 9,3 grados, se ve que se va preparando del ambiente para las Navidad. De momento, aunque ahora hace frío, vamos a tener un buen día pues el sol que estará con nosotros desde  las 08:14 horas hasta las 17:41 nos ayudará a calentar el ambiente.
Os habéis parado alguna vez a analizar los desequilibrios y las contradicciones que se producen en nuestra forma de actuar cuando se nos rompe la relación existente entre nuestra razón teórica y nuestra razón práctica. Voy a ver si me explico un poco mejor, cuando digo razón teórica me estoy refiriendo a nuestra capacidad para llegar a conclusiones y obtener principios y verdades universales y por razón práctica, a nuestra capacidad para aplicar aquellos principios en nuestra vida diaria.
El principal problema de hoy en día es que queremos negar la existencia de principios y verdades universales, por lo que nuestra razón práctica no tiene referencias y claro intenta llenar ese hueco tomando decisiones a la desesperada viéndose obligada muchas veces a “sobreactuar” olvidándose de la prudencia y de la mesura, lo que inevitablemente se traduce en actitudes apasionadas y exaltadas.
Voy a poner un ejemplo; mirad lo que esta sucediendo con la independencia de Cataluña. Nuestra razón teórica nos dice que la supervivencia de una comunidad política que sea diga de ese nombre es imposible si permite que una parte de sus integrantes defienda su destrucción. Pero nuestra sociedad actual se niega a reconocer esta verdad universal y pretende que la comunidad política tenga en su interior formaciones políticas que hagan propaganda a favor de su destrucción, que además reciban subvenciones públicas y que tengan sitio en las instituciones. Este abandono de la razón teórica se trata luego de corregir grotescamente mediante una acción desordenada de la razón práctica, que hacemos, pues establecemos unos cálculos matemáticos legales que impidan la realización de las ideas independentistas que previamente se han desenvuelto sin cortapisas (incluso con incentivos y estímulos).
O, llegado el caso, se pretende condenar a quienes han intentado realizar tales ideas con penas muy severas, forzando la calificación jurídica de sus actos, o aplicándoles correctivos provisionales a todas luces desmesurados. Toda esta “sobreactuación” de la razón práctica es una consecuencia penosa del abandono de la razón teórica, que por negarse a reconocer un principio universal para la supervivencia de cualquier comunidad política provoca un caos que la razón práctica tiene que parchear in extremis, exagerando la nota.
Mientras no sea restablecida la razón teórica y reconocidos los principios y verdades universales que guían su acción, la razón práctica estará obligada -por mala conciencia, por puro afán de supervivencia- a “sobreactuar” para impedir la definitiva aparición del caos. Pero, a la larga, todos sus esfuerzos serán inútiles, porque allá donde se debilitan los principios y se retira la razón teórica acaba infaliblemente imponiéndose la más perversa ley de la selva, disfrazada de sentimentalismo o consenso.

Feliz y Dulce Día.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Lunes 17 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Las tardes de domingo nos pueden proporcionar algunas veces descubrimientos agradables, la de ayer fue tropezarme con el libro “El continente salvaje” de Keith Lowe, me lo encontré en la búsqueda de los libros para regalar en Reyes, y como ahora se pueden leer algunas páginas antes de comprarlos, me sorprendió la primera frase; “Imaginemos un mundo sin instituciones”. La narración nos traslada a 1945 en Europa, justo después de finalizar al Segunda Guerra Mundial, pero antes de continuar os anuncio que el sol estará con nosotros desde las  08:14 horas y hasta las 17:40 horas, y que la temperatura es de 13.4 grados.  
Lo que sucedió, después de leer los primeros párrafos fue buscar que era lo que sabía sobre esa época de la historia de Europa, y no sabía nada, un período que si me habían enseñado algo lo tenía absolutamente olvidado. De hecho, estoy seguro, después de hacer algunas averiguaciones, que ganadores y perdedores contribuyeron al olvido, aunque hay que decir que la reconstrucción europea que empezó a generarse a finales de los años 50 contribuyo a ese olvido. Pero, antes, durante bastante tiempo, Europa vivió en un período de una completa anarquía.  No había trenes, ni puentes, ni tiendas, ni correos, ni teléfonos. Solo un brutal espíritu de supervivencia y también, como todo lo que acompaña a un sangriento conflicto, de venganza. Dicen que fue algo terrible, y difícilmente esas personas podían pensar que solo unos años después, su vida cambiaría y terminarían  pasando sus vacaciones en las costas soleadas de España. Todo era negro y sin salida, de una negritud mucho más terrible que la que ahora vivimos, infinitamente más terrible.
A dónde quiero llegar con esta historia es que Europa se levantó, y tres hombres simbolizan esa resurrección: Adenauer, Schuman y De Gasperi. Pero para que todo esto fuera posible era necesario algo más: un gran capital moral.
Muchos europeos tuvieron la sensación de que un nuevo comienzo era posible, mucho más pacífico, democrático, benevolente. Necesitaron algo que es necesario, que está en la base de todo gran movimiento, el capital moral, un sistema de valores y virtudes compartidos que es de una naturaleza tal que es capaz de generar con su existencia toda clase de beneficios positivos tanto en bienes como en servicios.
El problema ahora de Europa y en último término de España, no es la crisis, ni la ausencia de personalidades políticas capaces de enfrentarse a los problemas actuales, es la destrucción de su capital moral, la incapacidad para disponer de un relato común que nos permita recuperarnos de la crisis.
Ahora de lo que se trataría sería de poseer unas capacidades morales comunes, capaces de hacernos compartir los que tenemos más con los que tenemos menos, pero no acudiendo mucho a las leyes de la economía sino acudiendo más a las leyes de la solidaridad. La mayoría de las personas deberían de ser conscientes de que solo con el esfuerzo, es decir con la exigencia, la eficacia, la productividad, conseguiremos que todo funcione mejor, pero sabiendo también que solo la justicia, es decir el reparto proporcional de las cargas de la crisis, más a quienes más tienen, permitirá reconstruir este capital moral que por definición solo puede ser colectivo.
En realidad, si lo pensamos un poco, lo que nos está sucediendo a pesar de la gravedad del paro, de los recortes en las prestaciones, es poca cosa si lo comparamos con otras situaciones graves que se han vivido en Europa o en España. Yo no he vivido la experiencia de una postguerra, pero sí tengo en la memoria las narraciones de mi padre y de mi madre sobre la dureza de aquellos momentos y la falta de futuro. Y, a pesar de ello, consiguieron avanzar y dotarnos de la sociedad del bienestar en la que mejor o peor hoy vivimos todos, en condiciones infinitamente superiores a las que tuvieron nuestros antecesores en los años cuarenta y buena parte de los cincuenta.
Ahora, estamos tal vez más asustados y preocupados por nuestro porvenir porque nos falta ese capital moral, que tiene la fuerza de dotarnos de fuerza y respuestas para hoy y esperanza para mañana.

Feliz y Dulce Día.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Domingo 16 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 


Después de lo que tuve que madrugar ayer por culpa del entrenamiento hoy nos toca levantarnos un poco más tarde, es raro que esto pueda suceder un domingo por eso he aprovechado la ocasión, la salida del sol será a las 08:13 horas y estará con nosotros hasta las 17:40 horas. Por cierto la temperatura es de 12,3 grados.
Estamos viendo que cada vez más existe en nuestra sociedad una especie de desprecio a la autoridad, se esta dando a entender cada vez con mayor asiduidad que la autoridad no es la consecuencia necesaria del ejercicio del poder democrático  para mantener el orden necesario para el ejercicio de la libertad, en vez de esto cada vez hay más gente que opina que se trata de una imposición inoportuna e inconveniente.
Esta forma de entender el principio de autoridad se produce cuando se mezclan ideas mal asumidas que suelen proceder del anarquismo, que, yo entiendo que choca con la realidad en la que vivimos, que nos obliga entre otras muchas cosas al cumplimiento de la ley y a usar medios para hacerla cumplir.
Que exista la obligación de hacer cumplir la ley no quiere decir, como muchos alegan, que se tenga que perjudicar a los grupos sociales más desfavorecidos ni a los más marginales. Unir estos dos principios, el de autoridad  y el cumplimiento de las leyes es lo que debe caracterizar una política que quiera transformar nuestra sociedad. El problema nos aparece cuando, algunos de nuestros políticos, quieren, pero no saben, cometiendo entonces una doble injusticia, porque ni hacen cumplir las normas de convivencia, ni poseen las capacidades políticas y la eficiencia necesaria para facilitar la vida e integrar a los más marginados.
Indiscutiblemente, ya se que no es fácil, pero precisamente por esta razón conviene acercarnos a estos temas con humildad y prudencia, en lugar de actuar sin ningún tipo de reflexión. Voy a ver si pongo un ejemplo que lo pueda explicar mejor; sucede en Barcelona en relación con los manteros y el comercio de la ciudad. El ayuntamiento sabe que los manteros son inmigrantes, gente marginada y oprimida, y que merecen ser defendidos; y que los comerciantes son ciudadanos que merecen que se respeten sus derechos. No importa que los manteros sean la parte de una red internacional de comercio de falsificaciones e imitaciones, y los segundos sostengan la ciudad con sus impuestos y actividad económica. No se quiere ejercer el principio de autoridad por lo que tampoco se cumplen las normas establecidas.
El problema en este caso es claro: sin una asunción plena del principio de autoridad para mantener el orden cívico, la libertad se transforma en libertinaje que solo beneficia a los más fuertes en la calle, es decir, a los más agresivos, los que amenazan o practican la violencia.
Muchos de nuestros dirigentes no ven violencia, por ejemplo, en el desorden nocturno que impide el descanso de los vecinos, que causa intranquilidad cuando no miedo de quienes han de pasear por la calle a determinadas horas. Otro ejemplo podría ser el tener que soportar botellones que terminan con borrachos tirados por el suelo, discusiones entre grupos que terminan en peleas.
Si algunos de nuestros políticos no recuperan el principio de la autoridad para hacer cumplir las normas de las que democráticamente nos hemos dotado, para la convivencia y para elaborar aquellas otras normas que deben servir para afrontar los nuevos desafíos que se va encontrando la sociedad, si esto no se hace pronto, si no se restituye el orden cívico, no iremos por el buen camino.

Feliz y Dulce Día.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Sábado 15 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Hoy nos toca madrugar, ya que tenemos un entrenamiento a las siete de la mañana y hay que dar los "Buenos Días" un poco más temprano, ayer tuve una comida de esas que ahora se denominan de “empresa” y que resultó muy interesante, pero antes os diré que hoy el sol nos saldrá  las 08:12 horas y estará con nosotros hasta las 17:40, la temperatura es ahora de 12,2 grados.
Pues si, la comida resultó interesante, pues después de agotar el tema de las carreras a pie entramos en un tema que por repetido que lo tengamos estos últimos días siempre nos podemos encontrar con un matiz nuevo, me refiero al tema de la democracia y la forma de entenderla.
Ya se que nos hemos levantado muchas veces con el mismo tema pero esta visión me pareció que tenía un enfoque diferente, pues no nos referíamos a la democracia orgánica ni a la democracia popular, ni a la de contar los votos. Hablamos de ese sistema, que tan bien describió uno de los personajes más importantes del siglo pasado; Winston Churchill, cuando dijo que una democracia es; “cuando uno oye que alguien llama a la puerta a las 6 de mañana, sabe que es el lechero”.
Supongo que hemos entendido la frase, es decir, aquel sistema político donde se respetan la propiedad, la vida y los derechos, con lo que de momento ya dejo fuera del concepto de democracia a algunos países en los que hay procesos electorales, parlamento y partidos, pero en los que una llamada a estas tempranas horas supone un susto mayúsculo y un peligro real.
Ahora bien, fue complicado después de una buena comida acompañada con cerveza y con alguna mistela responder a la pregunta; ¿qué es la democracia? Se pueden encontrar muchos artículos y teorías que intentan explicar este fenómeno complejísimo, pero, siguiendo la norma de la sencillez y el sentido común tenemos que concebir la democracia como un conjunto de reglas que deben regular de forma estable la relación entre fuerzas políticas que son diversas y contrarias, de manera que éstas se enfrenten según unas normas convencionales y convenidas. El formalismo de este mecanismo nos garantiza que esta lucha entre contrarios se produzca de una forma pacífica y, en todo caso, sin otro roce que no sea el de la dialéctica.
Además, la democracia tiene sus “contenidos”: estado de derecho, carácter social, impulso de la igualdad, etc. Pero -y aquí reside el quid de esta cuestión- esos contenidos no son posibles sin una forma, de la que hablamos en la comida. El ejemplo que usamos fue el un líquido que si no está en algún tipo de recipiente se derramará.
Si nos paramos a pensar un momento nos daremos cuenta que la democracia nunca es “acción directa”, sino que se trata de una acción dirigida (y limitada) en los cauces que se establecen en las normas que hemos creado. Tampoco es, como podría indicar su nombre, un ejercicio directo del poder, ya que éste debe ejercerse a través de la representación. Por lo tanto, una ruptura traumática de las normas es antidemocrática por definición.
Lo que nos viene a decir que cualquier causa que queramos defender, por muy justa o urgente que pueda parecer, no puede hacerse a impulso de un voluntarismo subjetivo, sino por un procedimiento que esta regulado.
Todo esto nos salio a colación por el apoyo que esta dando Podemos a las manifestaciones ante los resultados en Andalucía con la llegada al parlamento de una fuerza política que a Podemos le parece peligrosa, es verdad que existe el derecho de manifestación y reunión, pero evidentemente deben estar regulados y limitados.
Hay un matiz más en esta cuestión: pueden hacerse manifestaciones en contra de los actos de un partido o grupo, pero no se pueden hacer manifestaciones por el hecho de que haya un grupo de personas que lo haya votado. Se puede protestar por el contenido, pero las formas son intocables, a no ser que se cambien desde sus propios mecanismos.
Lo que sucede es que estamos viendo con demasiada frecuencia que en España se están rompiendo las normas. Es más, y más grave: yo creo que no se enteran de que esto de la democracia es un asunto de normas.

Feliz y Dulce Día.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Viernes 14 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Los días pasan con una rapidez a la que no estaba acostumbrado, miro el calendario y dentro de 10 días estaremos en Noche Buena, ya metidos en Navidades y en el invierno, en fin, hoy tendremos sol desde las 08:12 horas hasta las 17:39 y si el viento no molesta mucho vamos a tener un día agradable a pesar de que ahora la temperatura en mí balcón es de 12,3 grados.
La tarde de ayer se desarrolló de una manera distinta, estuve de visitando a un enfermo en el hospital, y mientras regresaba a casa me pude dar cuenta de lo mucho que hemos avanzado en nuestra sociedad en lo todo lo que tiene que ver con la medicina y las buenas instalaciones que tenemos. Repasaba un poco la historia y veía con en la antigüedad era común observar personas enfermas por los caminos y en las plazas de los pueblos. Si avanzaba un poco más en la historia veía como durante la Edad Media, la caridad de los monjes en medio de guerras y epidemias fue convirtiendo algunos monasterios en lugares de hospedaje para gente herida o gravemente enferma. Hasta que hemos llegado a nuestros días donde ya tenemos innumerables hospitales y clínicas para atender de la mejor forma posible a quien padece algún mal.
Pero, sin embargo, a pesar de todos los adelantos, a pesar del progreso de la técnica y de los avances sanitarios, los enfermos siguen existiendo y muy a nuestro pesar siguen sufriendo. Y no me estoy refiriendo al sufrimiento físico, que nuestra medicina palia con eficacia, sino al verdadero dolor que se sufre al ser consciente de estar enfermo.
Hay un dolor más profundo y más desgarrador que el físico. Es el dolor de sentirse solo ante la enfermedad y ver la indiferencia que provoca en los que nos rodean. Recuerdo el gran alivio que experimentaba cuando en medio de alguna enfermedad se acercaba mí madre con una sonrisa o cuando no hace mucho me visitaban mis amigos, una simple palabra basta para hacer más ligeros esos momentos.
Estoy seguro que la enfermedad llega, con o sin tarjeta de visita. Un accidente, un día de viento, un bulto extraño en la espalda, un dolor de cabeza aparentemente inexplicable. Y entonces empezaremos un camino que será difícil, primero intentaremos averiguar que nos está pasando, luego buscaremos los remedios para curarnos y si podemos intentaremos calmar nuestros dolores.
En todo ese camino hasta estar curados, ayuda y consuela encontrar manos amigas que nos den buenos consejos, que las atenciones médicas sean las adecuadas y si tenemos que sufrir, hacerlo acompañados por quienes nos aman de verdad pues nos aliviara casi tanto o más que un calmante, en caso contrario, sufrir solos en muchas personas aumenta el sentimiento de pena que muchas veces les impide mejorar.
 Feliz y Dulce Día.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Jueves 13 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

En estos momentos todo me lleva a pensar que aunque el sol saldrá a las 08:11 horas y estará con nosotros hasta las 17:39, lo vamos a disfrutar poco, no veo a Venus con mucha claridad, al menos la temperatura es buena 16,1 grados.
En el café de la tarde comentábamos que si la gente tuviera más cultura nuestra sociedad funcionaria mejor, que se tendría que leer más… etc. Pero rápidamente nos dimos cuenta que no necesariamente, no esta la cosa tan clara. La primera dificultad nos la encontramos cuando nos quisimos poner de acuerdo en definir ¿Qué es la cultura? No pudimos. El abanico es tan grande que nuestra modesta “cultura” no consiguió una definición en la que estuviéramos todos de acuerdo.
Aunque todos estábamos de acuerdo en que el principal fin de “tener cultura” es conseguir el perfeccionamiento del espíritu humano, de la persona. Y es a partir de aquí cuando nos surgió una pequeña dificultad, ¿Como se adquiere cultura?
Hay que conversar mucho y cambiar muchas impresiones sobre este tema para empezar a diferenciar lo que es cultura e instruirse. Al principio, no veiamos muy bien la diferencia entre instrucción y cultura. Pero según avanzaba la conversación nos dimos cuenta que tal distinción existe, y que tiene una base sólida.
Voy a poner un ejemplo que salio en la conversación rápidamente: Se dice de una persona que lee mucho, que es muy culta, por lo menos en comparación a otra que lee poco. Y entre dos personas que leen mucho, la que más lee, se presume que es la más culta.
Pero aquí estamos cometiendo un error, que nos surge del hecho de que muchas personas simplifican inadvertidamente las nociones y llegan a considerar la cultura como mera resultante de la cantidad de libros leídos. Error evidente, pues la lectura es provechosa, no tanto en función de la cantidad, sino de la calidad de los libros leídos, y principalmente en función de la calidad de quien lee, y del modo como lee.
O sea, la lectura puede hacer hombres instruidos: tomamos aquí la palabra instrucción en el sentido de mera información. Más una persona que ha leído mucho, que es muy instruida, o sea, informada de muchos hechos o nociones de interés científico, histórico o artístico, puede ser mucho menos culta que otra con un bagaje informativo menor.
Lo que sucede es que la instrucción sólo perfeccionara en toda la medida de lo posible nuestro espíritu, cuando es seguida de una asimilación profunda, consecuencia de esmerada y detenida reflexión. Y por esto, quien leyó poco, pero asimiló mucho, es más culto de quien leyó mucho y asimiló poco.
O sea, resumiendo, la reflexión es el primero de los medios que deberíamos utilizar para adquirir cultura. Pues, mucho y mucho más que ser un ratón de biblioteca el hombre de cultura debe ser un pensador. Y para el pensador, el libro principal que tiene que saber leer es la realidad que él tiene delante de los ojos; la realidad es el escritor que más se debe leer, y los demás autores y libros son elementos preciosos, pero nítidamente subsidiarios.
Con todo, la mera reflexión no basta. Y aquí, se nos terminaba la tarde, el café había dado para mucho y aun nos quedaba dejar claro que para adquirir una buena cultura está debe estar cimentada sobre bases sólidas, se hacía necesario tener nociones exactas sobre nuestra forma de entender la perfección del hombre, no había tiempo para más, había que ir entrenar.

Feliz y Dulce Día.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Miércoles 12 de diciembre de 2018.

“No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.” (G. K. Chesterton) 

Vamos a ver, el horario del sol es hoy desde las 08:10 horas hasta las 17:39 y la temperatura en mí balcón es de 14,3 grados, y una vez dicho esto que parece que ser que se  haya convertido en una tradición voy a pasar a otras cosas.
Estoy viendo con preocupación como tenemos políticos que están en activo y con responsabilidades que están animando a la gente para que las calles sean un foco de enfrentamiento, los motivos que alegan para mí no tienen ningún sentido.
Según mí opinión no se puede de ninguna manera, poner fuera de sí los ánimos de la gente. Las urnas deben de ser sagradas, y están para votar y elegir a nuestros representantes. Es, realmente inadmisible que ahora después de 40 años de haber aprobado la Constitución haya dirigentes en España que agiten con consignas a los ciudadanos, para que se produzcan altercados entre diferentes ideologías. Yo pienso que el Estado de Derecho no debe consentirlo de ninguna de las maneras.
Por favor, esos rencores, miedos y fanatismos que se alegan para protestar contra ciertos votos en las elecciones andaluzas, se acabaron. Un político debería enseñar a nuestra juventud, que los radicalismos y la confrontación no sirven para nada; y que en cambio, el diálogo, la tolerancia y el respeto es lo que hace que la Humanidad avance.
Las personas normales lo que siempre esperamos de los que quieren representarnos a nivel político es justicia, diálogo y respeto. Pienso que puedo exigir a mis representantes que se dediquen a los problemas que se me presentan todos los días, les puedo exigir que tengan una buena gestión, que mantengan en funcionamiento o que se preocupen de ir estableciendo un verdadero sistema democrático y abierto, atacando la corrupción.
Todos somos iguales ante la ley, pues muy bien, seamos pues también responsables y hagamos un esfuerzo para comprender lo que eso significa. Los motivos que nos dan algunos políticos para justificar la no actuación de las fuerzas de seguridad en los altercados producidos el fin de semana pasado en Cataluña es de una falta de responsabilidad que asusta. 
Porque al final las personas ya no podemos con más falsas esperanzas y mentiras en los programas electorales. Los gobernantes deben ser responsables, abiertos a las ideas de todos y respetuosos en las formas de comportarse.  
En fin, no se como pero hay que exigir a los políticos actuales y a los que se quieran presentar a las elecciones próximas que se preocupen más de lo que nos prometen en las elecciones y que se olviden de generar problemas con otras cuestiones; que lo que consiguen es que nos distanciemos cada vez más unos de los otros y que nos enfrentarnos por unos motivos que a mí me parecen artificiales.

Feliz y Dulce Día.