sábado, 10 de noviembre de 2018

Sábado 10 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Sábado, por tradición el principio del fin de semana, así que vamos a ver si con los buenos recuerdos que me trae el Dyane y con los consejos que sobre el matrimonio me ha dejado Jesús, a los que no me quedará más remedio que añadir algo y por lo tanto rebatir. He visto a las 07:38 horas una salida de sol espléndida y ahora a disfrutar del sol hasta que se nos marche a las 17:51 horas.
Por cierto ahora en mi balcón la excelente temperatura de 15,9 grados, una buena temperatura para deciros que a pesar de los problemas que se nos presentan en el matrimonio es una institución natural en el hombre.
Si miráis la historia del mundo nos daremos cuenta que el matrimonio aparece con la finalidad de dar una estructura estable a todo lo que rodea a la educación y cuidado de los hijos.  Por supuesto que se puede concebir o educar a los hijos sin el matrimonio, pero la experiencia enseñó a nuestros antepasados que la forma más eficiente de hacerlo era ligar al padre y la madre con un compromiso o contrato.
Históricamente, aunque no le guste a mucha gente, el matrimonio ha beneficiado primordialmente a la madre pues su instinto maternal es naturalmente más fuerte, y los hijos dependen más de ella en los primeros años de la vida del niño, primordialmente por la lactancia.
A través de los siglos, para llevar a cabo esa misión, los cónyuges establecen entre ellos un pacto común y estable que favorece el desarrollo de sus hijos hasta que son mayores y se puedan valer por si mismos, formando así una familia nuclear.
Ahora bien si observamos diferentes culturas y sociedades nos daremos cuenta que ese pacto varía, pero en todos los casos implica la colaboración mutua en la crianza, aunque los roles varían, y conlleva que la convivencia de los esposos esté reglada por normas,  además de la fidelidad mutua por la que se castigaba el adulterio, aunque no en igual medida en el varón que en la mujer, y la permanencia en el matrimonio, no abandonar al cónyuge. Estas son sólo algunas de las características internas constantes del matrimonio natural, una institución que traspasa fronteras geográficas y temporales.
Y aunque se tengan que experimentar todas las simpatizas situaciones que nos cuenta Jesús, es una gran institución.
Y ahora una frase para pensar escrita por Hermann Keyserling que nos dice mucho sobre el matrimonio: “Los que se proponen como objeto supremo de su vida la felicidad personal, es natural que no tengan inclinación hacia el matrimonio.”

Feliz y Dulce Día.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Viernes 9 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Vamos a ver como se nos presenta este viernes, de momento tengo una buena temperatura en mí balcón, 14,9 grados que junto a lo despejado que adivino el día supondrá que a las 07:37 horas pueda disfrutar de un bonito amanecer, aunque el viento que estoy oyendo nos puede dificultar la puesta de sol a las 17:52 horas, esperemos que el viento no venga acompañado de nubes y de lluvia y terminemos por disfrutar de un buen día.
Después de haber estado repasando las noticias de los últimos días me estoy encontrando con que no existe entre nuestros partidos políticos ningún tipo de consenso en los aspectos fundamentales que deben de regir un país. Yo, al menos no los encuentro. Un país no puede vivir sin unos consensos fundamentales, pocos, pero necesarios para el buen funcionamiento de las instituciones.
Y, a la conclusión que yo llego es que como mínimo en nuestros políticos no existe una idea clara de lo que esta bien y lo que esta mal, pues no se ponen de acuerdo, y esta discrepancia se traslada a las instituciones y poco a poco las va destruyendo.
Si miramos las distintas posturas de los partidos políticos en cualquier tema nos daremos cuenta que esta es la situación y dinámica que vive España. Aunque yo pienso que los principales responsables son los agentes políticos, no son ni mucho menos los únicos.
Existe corrupción, clientelismo y partitocracia que se ve favorecida por un sistema electoral que, con sus listas cerradas y bloqueadas, nos impide poder elegir a personas y no solo a siglas políticas.
La monarquía en la fase final del rey Juan Carlos, también fallo y tuvo innumerables problemas, aunque quizás sea la institución que se mantiene mejor parada.
Tenemos algún problema con la Constitución, que continúa siendo excepcionalmente buena, pero requiere una revisión después de estos años. Pero en esto, como la pescadilla, nos mordemos la cola, porque ¿cómo puede abordarse su reforma precisamente cuando el problema es la ausencia de capacidad para consensuar nada?
Innegablemente, por extensión del problema del descrédito de los partidos, el gobierno y las Cortes en su conjunto están institucionalmente mal parados, y la debilidad parlamentaria de Sánchez y su forzoso pacto con un partido como Podemos, capaz de convocar manifestaciones contra el poder judicial, contribuye a que vea como la posibilidad de cualquier consenso desaparece y así como mí confianza con el gobierno socialista.
Tengo que añadir aquí también al poder judicial, un poder judicial excesivamente manipulado desde los partidos políticos, que ha entrado también en una fase de descrédito. Sin duda la de efectos populares más extendidos es la reciente sentencia del Tribunal Supremo y contra sentencia en relación a quienes deben pagar el impuesto de actos jurídicos documentados en el caso de las hipotecas, si el banco o el cliente, un absurdo de ineficacia desde su origen hasta el final: desde la admisión de los recursos y su tramitación hasta las sentencias contradictorias.
A estas fallas geológicas de las instituciones, se les añade el hecho de la grave crisis de Cataluña, que se puede observar desde distintas perspectivas, pero que en cualquier caso señala otra fractura institucional que solo puede abordarse respondiendo con una cierta concreción a la pregunta de cómo se resuelve el duro hecho de que dos millones de personas quieran irse.  
Un panorama que se nos presenta muy interesante, al qué debemos prestar atención para ver hacia donde nos llevará y estar preparados.

Feliz y Dulce Día.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Jueves 8 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Hoy tengo buenas sensaciones, en lo meteorológico es fácil que también sea un buen día pero ya veremos, desde luego el alba va ser espectacular por la combinación de nubes que adivino en el horizonte, espero que las 07:36 horas esta situación se mantenga, para la puesta de sol ya no esta tan claro aunque eso ya será a las 17:53 horas. La temperatura en mi balcón también ayudara para que hoy pasemos un buen día, ahora 14,3 grados.
Ya se que el “Buenos Días” de ayer no es necesariamente para los jóvenes, pues para ellos la negación de la muerte es, por una buena razón, muy poderosa. Aunque la gente joven no debería vivir de espaldas a la posibilidad de la muerte como si la vida aquí fuera a seguir para siempre, tampoco deberían centrarse aún en la  muerte.
Su función debe ser construirse un futuro para sí y para el mundo. De la muerte se puede tratar más tarde. Por decirlo de otra manera, ellos necesitan estar centrados más en que semilla germine que en preocuparse del árbol en que se convertirá.  
Aunque cada día van a tener que estar más atentos ante la gran cantidad de distracciones que se les presentan continuamente. Cada vez podemos observar como se utiliza la estrategia de la distracción para ejercer un control social, se desvía la atención del público de los problemas importantes y de los cambios que se están haciendo en las leyes y cuestiones económicas mediante la técnica de inundar de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.
Esas maniobras de distracción es igualmente indispensable para impedir que nos interesemos por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.
En fin, vivimos en un mundo complicado pero muy interesante.

Feliz y Dulce Día.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Miércoles 7 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien). 

Hoy ha amanecido a las 07:35 horas y todo parece indicar que hasta el ocaso a las 17:54 horas, el sol va a alumbrar un bonito día que contará con la ayuda de una buena temperatura, al menos, es lo que pronostico viendo la temperatura en mí balcón de 12,2 grados.
Llevo unos días acudiendo al hospital para unas visitas y la muerte ha estado presente en las habitaciones contiguas, y yo, como dijo Ivan Illich; “Yo no quiero morir de ninguna condición médica. ¡Quiero morir de muerte!
¿Qué es lo que quiero decir? Todos morimos de muerte, eso esta claro; pero desde hace unos años siempre se le da la culpa a alguien o a algo, a una enfermedad, a la mala suerte o victimas de un accidente.
Estoy viendo en el hospital que mucha gente no espera ni entiende la muerte como una experiencia humana normal sino que lo achaca a un fracaso médico. La muerte y su inevitabilidad en nuestras vidas tienen que ser entendidas como un lugar por el que tenemos que pasar, algo a lo cual estamos destinados orgánica y espiritualmente, y no como una tergiversación o intrusión innatural en el ciclo de la vida (una intrusión que podía haber sido evitada a no ser por un accidente o fracaso de la medicina).
Si tenemos una falsa idea del morir vamos a vivir con miedo, si la vemos como un fracaso médico o como una trágica mala suerte nos vamos a sentir continuamente amenazados por unos temores que inconscientemente nos quitaran la alegría de vivir.
Cuando tememos erróneamente la muerte, entonces, pagamos un precio, pues somos incapaces de entrar propiamente en la vida. Todos sabemos que desde el momento en que nacemos ya tenemos una condición final y sólo podemos estar libres de ese falso temor si vivimos conscientemente nuestras vidas ante esa verdad no  negociable. Estamos muriendo. No morimos a causa de la mala medicina o mala suerte. Morimos porque la naturaleza tiene su curso y la naturaleza corre ese curso; y nosotros, de hecho, gozaremos más de nuestras vidas  si respetamos el curso natural, porque esa aceptación nos ayudará a valorar más lo apreciados que son los buenos momentos de nuestra vida.
Desde luego, querer morir de muerte y no de condición médica no significa que no valore la medicina y lo que ella ofrece en favor de mí salud y la conservación de mí vida. Estamos comprometidos, por nuestra naturaleza, por nuestros seres queridos, por el sentido común y por un inalienable principio, justo dentro del orden moral mismo a tomar todas las ordinarias medidas médicas  disponibles para conservar nuestra salud.
La medicina moderna es maravillosa; y muchos de nosotros, estamos hoy vivos sólo  gracias a la medicina moderna. Pero también debemos tener claro que,  cuando estemos para morir, no será a causa de un fracaso médico, sino más bien porque nuestra muerte es nuestro fin natural.
Además, aceptar la muerte de esta manera no es algo negativo que nos quita la vida de deleite y gozo. Al contrario, como os dirá alguien que alguna vez haya tenido una enfermedad que le puso a las puertas de la muerte, enfrentarse a la muerte hace que todas cosas de la vida sean más valiosas, puesto que ya no se dan más por supuestas.

Feliz y Dulce Día.

martes, 6 de noviembre de 2018

Martes 6 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Vamos a ver que tal se nos presenta este martes, de momento el sol estará con nosotros desde las 07:34 horas hasta las 17:55 horas, cada día menos por lo que no es de extrañar que cualquier día la temperatura en mi balcón este por debajo de los 10 grados, hoy 13,9 grados.
Me voy dando cuenta que este momento de la mañana en el que me tomo mi taza de café con ese poco de leche que lo convierte en un “cortado” es uno de esos momentos de los que se alimenta la vida, es una de esas pequeñas ilusiones que nos alegran la existencia, a las cuales se les suele dar poca importancia. 
Creo que sin ellas la vida desfallece y se convierte en un aburrido proceso rutinario que se ve constantemente amenazado por el aburrimiento. Y, si lo pensamos un poco nos daremos cuenta que esas pequeñas ilusiones con las que contamos y que nos permiten estar tensos y a la expectativa nos ayudan a seguir viviendo.
Van marcando nuestros días: tenemos ilusión por hacer un pequeño viaje, por mirar un paisaje, por salir a pasear por el campo, por una buena comida, por tomar una taza de café, por ver a una persona, estar con ella, hablarle y que nos hable. Estas pequeñas ilusiones las vamos esperando cada día y sabemos que algunas de esas ilusiones se cumplirán y otras en cambio no las veremos realizadas.
Algunas tienen un carácter muy interesante: son cotidianas. No quiero que me entendáis en el sentido literal: no es necesario que aparezcan todos los días; puede ser que se repitan varias veces al día, como las comidas, la lectura, los cigarrillos del fumador, la conversación con las personas que conviven en la casa -si las hay-; tal vez son estrictamente cotidianas, como la llegada del nuevo día, el trabajo, la cama que espera para el descanso; en muchas ocasiones, hay que esperar varios días a que la ilusión se cumpla: el espectáculo al que se desea asistir, la carrera del domingo, el encuentro con alguien que nos ilusiona.
Lo esencial es que estas ilusiones son reiterativas, con una periodicidad más o menos rigurosa o frecuente. Contamos con que van a volver. Y, si lo recapacitamos, ello mitiga la amenaza de la mortalidad. Lo que hacemos todos los días, parece que lo vamos a poder seguir haciendo todos los días, es decir, siempre.
¿Un engaño? No, porque sabemos que no será «siempre»; pero contar con que será mañana nos calma la angustia y nos permite gozar de cada día, vivir con cierta apacibilidad.

Feliz y Dulce Día.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Lunes 5 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).

Por lo que parece, pues no he visto la salida del sol a las 07:33 horas y creo que tampoco veré como se esconde a las 17:56 horas, se me presenta un día gris, y la temperatura en mí balcón es de 12,9 grados.
Hace un momento que he terminado de leer lo que sucedió ayer en Alsasua y algunos comentarios, y no tengo más remedio que volver al problema que tenemos con la libertad de expresión y el que tendremos cuando se aprueben algunas de las leyes que se están anunciando.
Yo, cada día lo entiendo menos, uno puede insultar, blasfemar y decir lo que quiera siempre que los que nos gobiernan lo consideren correcto, sano, útil y provechoso. Esto no es libertad de expresión. Lo que ahora vivimos es una censura según la cual solo se puede hablar de lo que aquellos que nos gobiernan están de acuerdo.
Por ejemplo. Defecarse. Lo podemos hacer con la monarquía, con la religión (católica por supuesto) y con todo lo que nos plazca. Y parece que eso esta bien. Todos libres para decir lo que queramos. Viva la libertad de expresión. Pero decir algo a favor de Franco. Ah no, eso no. Eso prohibidísimo y con aviso de multas y en cuanto te descuides a juicio.
Otro ejemplo que me llama la atención; libertad es que una persona tiene derecho a ayuda psicológica para asumir su homosexualidad, transexualidad o lo que sea, pero si me la pide para superar esas tendencias y se la doy, me puede costar una denuncia.
Es lo que hay, una libertad que significa que o eres de los nuestros y piensas como yo, o multa.

Feliz y Dulce Día.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Domingo 4 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).


Otro domingo que acudo a la cita de los “Buenos Días” y es que si no hay carreras tengo tiempo para estar unos momentos delante del ordenar mientras espero la salida del sol, qué lo hará a las 07:32 horas y estará hasta las 17:57 horas, ah, y la temperatura en mí balcón es de 10,8 grados, muy cerca ya de bajar de los 10 grados.
Ayer, en los últimos kilómetros del entrenamiento, realizamos lo que se llama un “largo” para preparar la maratón, me di cuenta que los años ya pesan. Menos mal, que creo, que ya he aceptado la edad que tengo o sea que me conformo con mis años.
No tengo más remedio que aceptarlo para hacer bien lo que todavía soy capaz de hacer. Ahora ya no tengo que procurar hacer lo que me gusta sino intentar hacer aquello de lo que soy capaz. Algunos de los que me rodean protestan porque suelo decir muchas veces que soy viejo y es que estamos tan imbuidos de que la idea de envejecer es un fracaso que no queremos asumirlo. Todos me dicen: ¡Hay que mantenerse joven! ¡No hay que rendirse! ¡Fuera las ideas negativas…!.
Y, es que muchos llaman “ideas negativas” a reconocer que se envejece. Se dice que en nuestra vida la mayor y más rara sabiduría consiste en aceptarse a sí mismo sin pretender ser más, y hacer lo que es posible hacer y nada más, yo creo que en esto consiste la felicidad.
Yo tengo la teoría que para encontrar la felicidad hay que encontrar el equilibrio ya que la felicidad es el resultado del ser de cada uno, y esto es también el equilibrio. Nuestra vida describe una curva, primero ascendente mientras somos jóvenes, luego llega a la cumbre, siendo la vejez la edad del repliegue.
Pero un repliegue en el que se continúa avanzando, pues siempre se avanza en ciertos terrenos y todos recorremos algunos de ellos, no obstante hay que replegarse en la mayoría de los quehaceres que antes constituyeron nuestro orgullo.

Feliz y Dulce Día.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Sábado 3 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien). 


Se nos presenta un día espectacular, por lo menos por lo que puedo adivinar en estos momentos, aunque tengo que decir que la temperatura es un poco más baja que la de ayer, 12,3 grados y el sol estará con nosotros desde las 07:31 horas hasta las 17:58 horas, el tiempo suficiente para poder disfrutar de un agradable sábado.
Hace algunas semanas comentaba que la civilización y el avance tecnológico son conceptos que nada tienen que ver entre sí; y que muchas veces, incluso, pueden ser contrarios, si el progreso material no se supedita a las necesidades de orden moral y espiritual que forman y sostienen una civilización.
Si sucede lo contrario, si el progreso se antepone a las necesidades morales y espirituales, consiguiendo arrinconarlas, o manteniéndolas escondidas, la decadencia de esa civilización ya ha comenzado. Es curioso que los hombres ignoren este hecho siglo tras siglo pensando que la civilización que los abriga está inmunizada contra el mal que a otras anteriores las corrompió, hasta aniquilarlas.
Casi todas las civilizaciones que han sucumbido lo han hecho en un momento que, aparentemente, era el de su mayor esplendor, un esplendor con pies de barro, sostenido sobre un progreso puramente material, pero muy seductor y aparente, tan seductor y aparente que provoca engreimiento en quien lo padece.
La base de toda sociedad debe ser ciertamente moral y sus raíces deben hundirse en una ética fuerte que las alimente, sino, le sucede como a una planta que se la arranca del suelo del que se alimentaba. Las civilizaciones siempre se marchitan y pudren cuando son arrancadas de la fuente de su alegría y vigor, que en último extremo es espiritual; pero, absurdamente, se piensa que se podrá suplir esa fuente de alegría y vigor mediante otros ídolos como el dinero. Pero el dinero es un alimento que no nos nutre, es un placebo que, tarde o temprano, revela su inoperancia ante las necesidades más sinceras y duraderas de la persona, que son de índole espiritual.
Entonces, lo que nos sucede es que “disparamos por elevación” y buscamos otro placebo más “intenso” y “estimulante” (más destructivo, en realidad). Como el drogadicto que hastiado de los paraísos artificiales de la marihuana buscará los paraísos artificiales de la heroína.
La decadencia siempre surge del cansancio provocado por un progreso material libre de exigencias morales. Ha ocurrido en todos los desastres de la Historia; está ocurriendo también en este, aunque nos neguemos a aceptarlo.

Feliz y Dulce Día.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Viernes 2 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien).


La temperatura en mi balcón es de 15,1 grados y el sol nos ha aparecido a las 07:30 horas, o sea hace nada, y el crepúsculo será a las 17:59 horas. Las nubes me han impedido ver bien a salida del sol así que espero poder ver su ocaso sin ningún problema.
¿No os parece que tenemos demasiadas leyes? Si miramos un poco nos podemos dar cuenta que tenemos las del Estado, a las que tenemos que añadir las que existen y se aprueban cada año en las comunidades autónomas, diputaciones provinciales y ayuntamientos. Estamos rodeados de normas y más normas.
Me parece que los que pertenezcan a algún partido político les deberían de pedir que hagan el esfuerzo de no seguir aprobando normas y leyes sin parar, sino que empleen su tiempo en dejar sin efecto todas las normas que no sirven o no aportan nada que beneficie al bien común.
Ya se que cada grupo político que propone una ley dice que es necesaria, pero muchas de ellas más que buscar el bien común de lo que se trata es de combatir a los adversarios, imponerles su ideario, a menudo, desde el rencor histórico, por falso que sea, por el morbo revolucionario,  por el enfrentamiento de liderazgos o por creerse en posesión de una superioridad moral más que discutible.
La realidad es que cuando votamos pensamos, más bien equivocadamente, que vamos a elegir a los nuestros, a los que van a cumplir un programa maravilloso pero luego viene la desilusión: del programa nunca más se supo.
Ahora oímos hablar continuamente que la soberanía reside en todo el pueblo. Pero si esto fuera verdad el pueblo soberano tendría que pedir cuenta de todo lo que se hace mal y tenemos que pagarlo entre todos. Parece que todas las responsabilidades políticas se solventan en las siguientes elecciones pero que pierdan o ganen algo, medido en porcentajes o escaños no tiene que significar que la responsabilidad con los españoles ha quedado saldada.
Pero si la única forma que parece que tenemos es esperar a las próximas elecciones para cambiar algo,  por favor, tengámoslo en cuenta.
Feliz y Dulce Día.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Jueves 1 de noviembre de 2018.

“¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” (J.R.R. Tolkien). 

Hoy ha amanecido como todos los días, pero lo ha hecho a las 07:28 horas y tendremos también un crepúsculo, como todos los días, pero hoy será a las 18:00 horas y es que todos los días se repiten estos dos fenómenos pero cada día son diferentes como lo son todos nuestros días.
Hoy, por ejemplo, en mi balcón tenemos una temperatura de 11,9 grados, estoy esperando ese día en que baje de los 10 grados para poder anunciar que el frío ha llegado por fin.
Después de lo que escribí ayer he leído varios comentarios y al leerlos recuerdo un observación que escuche y que me viene muy bien; en apariencia son profundos, pero en lo profundo son superficiales. Hay gente que piensa que hoy en día las creencias religiosas de la humanidad se han caído como una montaña de naipes, y que vamos a tener un mundo tranquilo y sereno lleno de no creyentes racionales saludándose amablemente unos a otros. Pero esto me parece que no es cierto.
No todo lo que nos sucede a las personas tiene una explicación científica, buscar el significado o el sentido de la vida humana no se explica con una teoría científica. ¿Pero acaso me debería importar? ¿No debería simplemente aceptar que hay algunos que en realidad no entienden y no tienen un sentido de trascendencia sobre el milagro de vivir? Algunas personas entienden la religión, otros no. ¿Por qué no dejar así las cosas?
Tal vez sea justo dejar las cosas así, pero no. Debemos entender que la religión tiene unas consecuencias sociales, culturales y políticas, y no podemos esperar que estas bases de nuestra cultura occidental se caigan y dejen el resto del edificio intacto. Esto hay que comprenderlo y pienso que no se comprende.
Vamos a ver, si se pierde la fe cristiana significa abandonar la moralidad cristiana y sustituirla por otra, ya se que se me dice que la ética es obvia, pero que no lo es, yo solo se que la historia de Europa desde el siglo dieciocho ha sido la historia de varios intentos de encontrar alternativas a Dios como objeto de culto, entre ellos el estado nación, la raza y el manifiesto comunista y esto nos costó varias guerras. 
También se que ahora se ha cambiado el rumbo hacia nuevas formas de idolatría, entre ellas el mercado, el estado liberal democrático y la sociedad consumista, que son todas formas de decir que no hay moralidad más allá de la opción personal siempre y cuando no se dañe a otros.  Pero esto no funciona, lo estamos viendo todos los días pues los niveles de confianza entre las personas han caído en picado, lo vemos en la política, en los fracasos matrimoniales y de parejas, las tasas de depresión y los síndromes vinculados al estrés se han disparado, especialmente entre los jóvenes pues solo hay que mirar los porcentajes de suicidios.
La verdad es que nada de lo anterior nos sorprende ya, pero así es como se ve una sociedad que se construye sobre el materialismo, el individualismo y el relativismo moral y que maximiza la libertad personal, pero esto tiene un costo.
Las sociedades fuertes son siempre sociedades morales. Eso no significa que necesiten ser religiosas. Es solo que, no puedo encontrar un ejemplo claro en la historia, antes de nuestro tiempo, de una sociedad que mantenga exitosamente la vida moral sin la ayuda de la religión.
No deseo convertir a otros con mis creencias religiosas. Tampoco creo que tenga uno que ser religioso para ser moral. Pero no he encontrado aún una ética secular capaz de sostener a largo plazo a una sociedad de comunidades y familias fuertes con altruismo, virtud, autocontrol, honor, obligación y confianza en el otro. Un siglo después de que la civilización pierde su alma también pierde su libertad. Eso debería preocuparnos a todos, creyentes y no creyentes por igual.

Feliz y Dulce Día.