sábado, 7 de noviembre de 2020

¡Búsqueda, he aquí el objetivo de estas próximas semanas!

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

Buscar proyectos para el año que viene con el problema que tenemos con la covid-19 es complicado y atrevido, más si veo que no he cumplido este año con ninguno de los previstos. 

A pesar de todo no queda más remedio que ser audaz, aventurarme es clave en momentos como estos. Vivir en la zona de confort nunca nos va a llevar a ninguna parte. Este año nos ha demostrado que, de un modo u otro, nos ha tocado sufrir las molestias de la pandemia y no podemos estar acobardados esperando que esto termine. No queda más remedio que apartarse de todos esos pensamientos que me están diciendo que no voy a poder hacer nada o que lo que viene será peor, y ser osado.

Mantenerme motivado creo que es esencial en estos momentos, no hay más opción que mantener encendida esa energía interna de la ilusión para continuar con esa búsqueda.

Lo que estoy haciendo en estos días es escudriñar en mis recuerdos esos lugares que se merecen que vuelva a ellos o esos lugares que continúan esperándome y a los que prometí que algún día pasaría a conocerlos mejor, incluso encontraré lugares a los que les comenté que volvería en otras circunstancias, este es mi ámbito de búsqueda estos días.

 Todos tenemos cuentas pendientes que saldar de algún viaje que realizamos, así que de momento no voy a buscar las respuestas fuera de mí, buscaré aquí dentro, con tranquilidad sin prisas, respirando profundamente, meditando y, como no dialogando.

¡Ya sé, lo sé! para eso voy a necesitar tiempo y las personas de alguna manera anhelamos saber el resultado, conocer rápidamente la solución, ver el producto final, pero en este caso hay mucho que conseguir en ese proceso de búsqueda y no lo voy a desperdiciar.

En ese repaso estoy seguro de que me encontraré con hechos que en su momento fueron incontrolables o no supe controlar, sea cual sea esa circunstancia voy a intentar dirigir mi mente para tomar las medidas sobre aquellos aspectos que sí puedan estar bajo mi control. Voy a centrarme en lo que pueda hacer, y así pasaré de la preocupación a la solución.

Tarde o temprano llegarán esas ideas y proyectos, y los iré ordenando, colocándolos en su lugar sin decidirme a la primera, y una vez los tenga a todos a la vista empezare a tomar decisiones.

Empieza pues, una etapa de búsqueda, con la seguridad, de que no se me ha dado la posibilidad de soñar, si no se me hubiera dado también la oportunidad de hacer realidad esos sueños.  

¡Búsqueda, he aquí el objetivo de estas próximas semanas! Todos buscamos continuamente cosas en esta vida; donde se encuentra la diferencia entre unos de otros es en el “donde” lo estamos buscando.

Si el problema de la covid-19 no presenta ninguna esperanza de solución en los próximos meses, quizás necesite hacer un alto y experimentar un cambio y entonces, con otro talante, con otras posibilidades y circunstancias, continuar. La cuestión es no detenerse.

El éxito de este año como del que viene no lo voy a medir por lo que he logrado, sino por los obstáculos a los que me he enfrentado y he superado, y por lo que he aprendido en los inconvenientes que no he conseguido superar.   

viernes, 6 de noviembre de 2020

¿Quién te dirá que no tienes razón cuando estés equivocado?

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

Día triste de lluvia el de ayer, si estar en casa el mayor tiempo posible para mantenerse alejado de la covid-19 ya resulta pesado, estarlo en un día gris resulta agotador, demasiado tiempo para pensar y demasiados pensamientos oscuros.

Día de preguntas y respuestas imprecisas, preguntas que como las de ayer me llevaban una y otra vez a intentar aclarar ¿por qué se deteriora tanto la vida pública? ¿de dónde viene esa indiferencia hacia la verdad, incluso entre quienes deberían ser sus defensores y guardianes?   

¿Y por qué la locura, la creencia de que la propia voluntad, la publicidad y la imagen hacen un derecho? Lo que sucede, no solo los últimos meses sino los últimos años, confirma, según mi opinión, que nuestros gobernantes han perdido el contacto con la realidad. ¿Qué más puede explicar su repentina insistencia en que un hombre se convierta en mujer solo con decirlo?

Debería dar más ejemplos, pero parece obvio que se está imponiendo una forma de “verdad personal”. Resulta más difícil de lo que puede parecer buscar una causa, así como una solución en estos días que corren. Nuestros pensamientos y creencias tienen, sin lugar a duda, una relación directa en muchos aspectos de la sociedad, y cuando las personas públicas parece que deliran, es difícil permanecer impasible.  

Encuentro varias razones por las que hemos llegado a la situación actual, hay diversas causas por las que la vida pública ha terminado donde lo ha hecho. Las personas de hoy no tienen una experiencia personal de muchas de las situaciones a las que se enfrentan. Muchos de los mecanismos a través de los cuales se lleva a cabo nuestra vida social y económica se encuentran lejos y fuera de nuestra vista, y son casi inescrutables. El resultado es que el mundo se nos ha convertido en una especie de dibujo extraño que la gente puede interpretar de la forma que quiera.  

No resulta fácil averiguar nada. Los medios electrónicos e Internet debilitan nuestras conexiones personales y deshacen todo en un puzle de imágenes, clips de videos y fragmentos de audio que se pueden ensamblar para expresar cualquier cosa. ¿Quién puede decir qué ensamblaje corresponde a la realidad?

Y no ayuda preguntar a los demás. La facilidad para conectarnos nos dice que existe una red, una sociedad virtual, dentro de la cual la aceptación de cualquier creencia que podamos imaginar es la norma. Si creemos que el mundo es plano o que está dirigido por extraterrestres, podemos vivir en un mundo virtual en el que lo que pensemos se da por sentado. ¿Y quién de tu alrededor te dirá que tus amigos virtuales están equivocados? Es más ¿Quién te dirá que no tienes razón cuando estés equivocado?

Para empeorar las cosas, la tecnología y la electrónica nos dan todas las facilidades posibles para poder vivir en una isla, aislados, desde comprar todo lo que necesitemos o deseemos “on-line” a relacionarnos solo en las redes sociales. Y una idea degradada de libertad nos dice que sigamos por este camino.

La gente, ahora, ni siquiera tiene un punto de vista coherente desde el que comprender la sociedad en la que vive. En este mundo globalizado de alta tecnología, el lugar, la historia, la religión, la nacionalidad, la cultura particular y la identidad estable se disuelven. Incluso algo tan básico como si las personas son hombres o mujeres se vuelve incierto. El resultado es que no saben quiénes son y no tienen un punto de vista estable desde el cual resolver las cosas.

Eso es malo, pero la gente piensa que es bueno. Los ideales morales de hoy se basan en una versión idealizada de la sociedad humana como un proceso industrial, en el que los componentes humanos y la materia prima pueden ser clasificados de diversas formas, pero no se les permite diferenciarse de ninguna manera que no sea útil al sistema. Hombres y mujeres, italianos y japoneses, cristianos, budistas y secularistas deben ser todos intercambiables, y las diferencias restantes deben tratarse como pasatiempos privados puramente opcionales.

Algunos intentan crear identidades por sí mismos, pero eso no puede funcionar. Si un hombre dice que es una mujer y todos tienen que creerle, ¿qué significa "mujer"? ¿Cómo puede mantenerse firme en su “feminidad” cuando la inventó y podría cambiarla mañana? ¿Y qué diferencia puede haber cuando la “discriminación de género” —distinguir a los hombres de las mujeres— se considera monstruosa?

El resultado es que la gente se vuelve frágil y confusa, y quienes dirigen las instituciones tratan de acomodar a su clientela cada vez más inestable convirtiendo sus instituciones en burbujas en las que es obligatorio complacer las fantasías.

Estas instituciones incluyen organizaciones de noticias, sociedades científicas e instituciones de educación superior. En tales circunstancias, ¿quién puede creer lo que nos dicen los supuestos expertos asociados con este tipo de empresas? Se han sumado por su interés y lo apoyan a cualquier precio intelectual. Pero cuando la enajenación mental se convierte en un principio básico, se extiende a todo. Entonces, ¿por qué confiar en ellos para algo?

El resultado es que hoy les resulta fácil a movimientos radicales convertirse rápidamente en la corriente principal de opinión y ser lo políticamente correcto. Estos movimientos están suprimiendo la historia, la religión, la tradición y la idea misma de la naturaleza humana la consideran como opresiva. Por eso, piensan que el hombre se hace a sí mismo divino y creen que cada uno de nosotros puede rehacerse a sí mismo y a su mundo como lo que quiera. Esto es aceptado por la política y la moral actual, y, por lo tanto, su objetivo es conseguir un estado de cosas en el que todo el mundo pueda hacer, ser y conseguir lo que quiera.  

Eso no va a acabar bien. Las personas no obtendrán lo que se les prometió, porque las promesas se basan en una realidad inventada. No estarán contentos con eso y buscarán chivos expiatorios. Dado que su visión del mundo es infundada, nada funcionará como creen que debería, y adoptarán mitologías fantásticas y culparán de todo a las conspiraciones y las fuerzas diabólicas.

El problema se agrava con los avances en las técnicas de la persuasión. Aquellos que controlan Internet pueden intentar poner orden en el pensamiento y la sociedad aplastando tendencias que consideran antisociales. Pero ¿Quién vigila al vigilante? Si vivimos en un sistema en el que los gobiernos y la propaganda son la misma cosa y en el que las personas que los dirigen simplemente solo se escuchan entre sí. ¿Quién mantendrá cuerdos a los multimillonarios propietarios de Internet, y mucho menos preocupados por la verdad y el bien público? ¿Y quién puede decirles que su versión de lo que cuenta como verdadero es incorrecta?

Nadie, ahora que la “verdad” se ha convertido en una construcción, las redes sociales y los medios de comunicación se han convertido en la plaza pública, y no existe un bien común aceptado o una forma de discutir tal cosa. El principio que determina la verdad pública y quién se sale con la suya cuando los impulsos entran en conflicto se ha convertido, por tanto, en el interés de nuestros gobernantes. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando poseen los medios de comunicación y coerción, pueden contratar a los mejores propagandistas?

En aras de la legitimidad, nuestros gobernantes necesariamente afirman estar del lado de las víctimas más que de los opresores, porque debe existir un opresor. El resultado es todo el mundo buscando y culpando de cualquier problema a ese “opresor”, y ante alguna dificultad les dicen a los sus “medios” que no apunten a las personas que dirigen las cosas, a ellos mismos, sino a su antítesis, a los deplorables amargados que (dicen) lo están arruinando todo.

Y eso incluye, seguramente, a las personas que defendemos un mundo ordenado por algo más que multimillonarios y burócratas, y eso se ve como algo intolerable. Sin duda, hay que evitar problemas y se intenta llegar a compromisos, pero eso, me temo, no servirá de nada ya que las exigencias no paran de aumentar y el sistema, en cualquier caso, necesita de víctimas a las que atacar. Así que debemos prepararnos para un camino lleno de baches.

Y eso significa defender aquellas cosas que en nuestra tradición mejor sientan las bases para una clase de mundo diferente: el amor al prójimo, el amor a la familia, el amor al Bien, la Belleza y la Verdad, el amor a Dios y el reconocimiento de nuestra realidad como católicos. Dado que eso es justamente lo que deberíamos estar haciendo siempre, ¿por qué debería quejarme de estos tiempos? Si están dejando claro cual es mi deber, y ese es el mejor servicio que nos pueden brindar.

Buenos días.

martes, 3 de noviembre de 2020

Buscando proyectos.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

El domingo pasado volvimos a realizar otra excursión, esta vez recorriendo el pantano de Beniarres y entrando en el barranco de la Encantada desde la presa, una parte de nuestra provincia que había permanecido escondida para nuestras bicicletas.

A la vez estoy empezado a buscar los proyectos para el próximo año, por supuesto con el permiso de la covid-19, en un principio van a ser tres los primordiales y a los que prestaré más atención, junto con los del día a día.

Resulta que por muy principales o importantes que puedan ser esos tres proyectos para el año que viene, es el proyecto diario el más importante, la clave de todos los demás. Como las excursiones de los domingos, que con la ayuda de la bicicleta vamos recorriendo y conociendo nuestra tierra.

Resulta curioso que apenas piense en esas pequeñas excursiones cuando me planteo el año próximo, no las tengo en cuenta y es un error, ya que en ellas se encuentran las raíces de todos los grandes proyectos. Y tal vez porque no las planifico son tan satisfactorias. Planificamos tanto, incluso, nuestro tiempo libre que deja de serlo y pasa a ser un compromiso más de nuestra agenda.

Es fácil que la clave para buscar proyectos se encuentre en ver el mundo que nos rodea con una perspectiva cotidiana, inspirándonos en lo grandioso de esas pequeñas aventuras que realizamos cada semana. Mirar en lo que hacemos cada día para recoger detalles, experiencias y sensaciones para combinarlos e incluirlos en los proyectos que pensamos serán más importantes y que estamos buscando.

La combinación entre lo que hemos hecho, lo que hacemos y lo que pretendemos hacer debería ser una constante en esa búsqueda, lo que nos lleva a que esos proyectos serán personales, los habremos llenado de nuestras experiencias, sin darnos cuenta habremos creado un estilo personal, un viaje de acuerdo con nuestra esencia, sin presiones y con naturalidad.

Esos proyectos se convierten en algo emocionante, son personales y reflejarán lo que somos, están llenos de nuestra personalidad, por lo que pueden transmitir nuestro estado de ánimo mientras los estamos planeando, serán brillantes cuando nos sintamos alegres y optimistas, y tristes cuando estemos deprimidos al organizarlos. Más allá del lugar al que vayamos, al final somos personas y lo que experimentemos depende mucho del estado de ánimo que tengamos.

Nunca se sabe exactamente cómo será nuestro proyecto, mucho menos cómo llegaremos al final de él, pero sí sabemos cómo lo hemos preparado. Ese momento es el momento en el que habremos puesto el sello de calidad, en el que, en un acto de voluntad, podemos asegurar una gran parte del éxito, nuestra actitud frente a él lo determina todo. 

La inspiración podemos encontrarla en cualquiera de estas “pequeñas” excursiones, sólo hay que saber prestar atención. No hace falta buscar en espacios exóticos o emprender búsquedas en documentales de viajes. Es en nuestras calles, carreteras, caminos y paisajes que nos rodean donde podemos recoger la fuente de inspiración.

Incluso aquello que se presenta de manera sencilla, puede ser la clave que estábamos buscando, puede que hayamos recorrido el trayecto de Planes a Pego y de Pego a Planes mil veces, sin prestar suficiente atención como para detectar los finos detalles del paisaje, pero tal vez, un día captemos ese detalle, que al final, será el que decidirá nuestros proyectos.

lunes, 2 de noviembre de 2020

En apoyo de la familia.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)


Comencé hace unos días un confinamiento voluntario en el que solo saldré para hacer ejercicio, una excursión en bicicleta el fin de semana y para realizar la compra. He renunciado por lo tanto a cualquier acto social con él fin de reducir las posibilidades de contagiar o de contagiarme. No sé qué más puedo hacer, además de intentar cumplir con todas las normas que desde el ministerio de Sanidad me ordenan o me aconsejan.

Creo que lo comente hace unos días, no estoy viendo clara la salida de esta pandemia ni en lo que se refiere a la sanidad ni tampoco en la económica ni la política. Si sanitariamente solo tengo que hacer caso de los sanitarios y confiar en ellos pues no poseo conocimientos sanitarios y por lo tanto no estaría bien que los cuestionase, no sucede igual con el tema político y por añadidura el económico que va unido a él. Mi derecho al voto en las elecciones me da la suficiente autoridad para dar mi opinión hasta el día en que tenga que depositar mi papeleta para hacerla efectiva.

No tengo duda de que estamos en los inicios de una etapa oscura de nuestra historia. Si nadie lo remedia, se nos avecina una nueva era marcada por nuevas formas de totalitarismo, dictaduras y de represión que se esconden bajo el paraguas de una democracia de pensamiento único. Parece como si las novelas de Orwell o de Robert Hugh Benson se nos vinieran encima de repente. Esta nueva clase de democracia quiere primero dominar y después transformar la sociedad. Pero claro, para ello, antes se necesita destruir algunos de los pilares de nuestra actual sociedad.

Echando un vistazo es fácil darse cuenta de que uno de esos pilares que más se ataca y que con más obsesión se quiere no solo transformar sino destruir es la familia. No es difícil llegar a la conclusión de que la familia es la piedra clave de la sociedad. En ella se establecen unos lazos, unos vínculos y se transmiten unos valores que ese pensamiento único se quiere imponer detesta.

La pregunta es obligada; ¿por qué se quiere terminar con la familia? ¿Por qué esa obsesión? Pues, pienso yo, que porque la familia tradicional es la célula básica de la sociedad. La persona, sin familia, sin referencias, sin ningún tipo de anclaje, sin un paraguas que la ampare cuando llegan estas crisis o estas dificultades; esa persona, queda a merced del Estado.

Una vez conseguido esto el camino es fácil; se toma el poder de todas las instituciones, y el Estado se convierte en un salvador, dueño y señor del destino de cada individuo. El Estado se ha convertido entonces en una especie de ídolo al que hay que acudir para que solucione todos los problemas de la gente: la educación, la sanidad, las pensiones, las prestaciones por desempleo… El hombre queda entonces a merced del Estado que me hará feliz y garantizará mi bienestar a cambio de que sea sumiso y obediente.

Con eso, ¿qué se ha conseguido? reducir al silencio a la sociedad civil y a cualquier institución intermedia entre el Estado todopoderoso y la persona. Se acaba así con la libertad y con la democracia, y se instaura un nuevo tipo de totalitarismo – con apariencias de democracia – que condenará a cualquiera que se atreva a ir en contra de ese pensamiento único que es el políticamente correcto.

Si echamos una mirada atrás, veremos, que después de la Revolución del mayo del 68, curiosamente, se empieza a atacar a la familia considerándola como una institución reaccionaria. En los años 70, del siglo pasado, se empieza a decir que el matrimonio mataba el amor; que cuando se ama a otra persona, no hacían falta contratos ni firmas ni ceremonias. Se defendía entonces el “amor libre” y las “parejas de hecho”. Lo ideal era que las parejas vivieran juntas, sin ataduras ni compromisos ni vínculos matrimoniales. Y así, cuando el amor “se acabará”, cada uno se iba por su lado y aquí paz y después gloria.

Pero no funcionó muy bien pues la gente continuaba casándose y el plan de acabar con la familia por ese camino había fracasado, o se mostró claramente insuficiente, y se tuvo que ir más allá:  los ideólogos “progresistas” tuvieron que ir más allá: “si no podemos destruir a la familia convenciendo a la gente para que no se case, vamos a acabar con la familia procurando que legalmente cualquier cosa sea una familia”. Y entonces, se acabó con el discurso del amor libre y decidieron reformular el concepto de matrimonio y propugnar “nuevos modelos de familia”: familias monoparentales, homosexuales… Y todos los que hasta hacía un minuto despreciaban el matrimonio y atacaban la institución familiar, se pusieron a reivindicar su derecho a casarse. Pero créanme: a quienes promueven estas clases de matrimonio, el matrimonio en sí les importa un bledo. Lo que quieren es acabar con la familia tradicional: si cualquier cosa es un matrimonio y una familia, el matrimonio y la familia acaban convirtiéndose en nada. Su objetivo sigue siendo el mismo que cuando predicaban el amor libre. Ni más ni menos.

Es fácil que este equivocado en algunas de mis afirmaciones y que tal vez no tenga un punto de vista muy acertado de hacia dónde se dirige nuestra sociedad, incluso puede suceder que sea un poco exagerado, pero lo veo así, y los que han intentado hacerme cambiar de opinión en realidad muchos de ellos no sabían lo que es una familia.

Y es que, la familia es una institución social (por lo tanto, no algo meramente privado) que ha revestido diferentes formas en la historia, pero siempre encaminadas a la procreación y a la educación de los hijos. Lo demás será lo que fuere, pero nunca será una familia.

En este sentido, la poligamia y la comuna son formas de organización familiar, pero un grupo de amigos o un club nunca lo pueden ser, por más afecto y satisfacción moral que proporcionen a sus miembros. En la cultura occidental y, a través de ella, en la mayoría del mundo, se ha impuesto una forma de familia que procede del derecho romano y de la religión cristiana: la familia basada en la unión matrimonial entre un hombre y una mujer con el fin de procrear y educar a los hijos.

Viéndolo así, si la familia se fundamenta en el afecto, y los afectos son efímeros y pasajeros, la familia ha de ser, necesariamente, efímera y pasajera. Pero ni la familia se basa en el afecto, ni todo afecto da lugar a una familia. El matrimonio se fundamenta en el amor, que lejos de ser una pulsión arbitraria y pasajera, exige fidelidad y eternidad. Nada pasajero es obra del amor. Además, las funciones sociales encomendadas a la familia también exigen su estabilidad.

No debemos equiparar la familia con realidades de otra naturaleza. Equiparar lo que no es equiparable no es una exigencia del principio de igualdad, sino la comisión de una injusticia. Una cosa es reconocer efectos civiles a relaciones afectivas no familiares, y otra vaciar de contenido al matrimonio y a la familia para convertirlos en algo amorfo, indoloro y acogedor. Por estas y otras razones, resulta hoy necesario defender a la familia.

viernes, 30 de octubre de 2020

Incertidumbre

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

  Estoy preocupado, supongo que lo estaremos la gran mayoría, preocupados por lo que nos espera en las próximas semanas. Esta segunda ola me ha pillado con el ánimo un poco decaído, ya sé que hay muchas cosas que siempre se encontraran fuera de nuestro control, pero la mentalidad con la que debería abordar esta segunda fase de la pandemia convendría que fuese mejor, más positiva, ya que esto es clave para hacer frente a estas circunstancias difíciles y por el momento desconocidas.

La vida, lo sabemos, puede ser impredecible y puede cambiar rápidamente, es por eso por lo que me encuentro ansioso por saber cuándo terminará la pandemia y cuando volveremos a la normalidad.

Creo que es normal que me quiera sentir seguro y que quiera tener una cierta sensación de control, pero esta situación es de tanta incertidumbre que me está produciendo estrés, ansiedad e impotencia al no saber la dirección que va a tomar todo esto, y me está agotando emocionalmente pues imagino lo peor.

Esta incertidumbre se centra en lo complicado que me resulta ver el devenir y todo lo que puedo anticipar que van a suceder. Sin duda, si no busco una solución, puedo llegar a sentirme desesperado o lo que puede ser peor, deprimido, y entonces, exageraré sin darme cuenta el alcance de los problemas y por lo tanto me paralizaré a la hora de tomar las buenas soluciones que me permitirían superar esta situación.  

Los inconvenientes que me está produciendo este ambiente no los voy a controlar mejor si caigo en una preocupación continua, sino que me robara las posibilidades de encarrilarla mejor, agotando mi energía. Aunque haya personas que les resulte más fácil controlar estas situaciones y vivirlas mejor, todos tenemos un límite.  

Se que no estoy solo en esta situación, somos muchos los que estamos en este barco. Es importante que me dé cuenta de que no importa lo indefenso que me encuentre o lo desesperado que me sienta, hay acciones que puedo tomar para enfrentarme mejor a estas circunstancias tan incontrolables, aliviar mi ansiedad y enfrentarme a lo desconocido con más confianza.

Puedo hacer algo más para llevar mejor la situación actual, una de las cosas que sin duda debo hacer es estar activo y recuperar todo aquello que me aporte más paz y tranquilidad, mientras se encuentra una solución a la covid-19.

Estoy pensando que en lugar de estar prediciendo lo que podría suceder, voy a poner toda mi atención en lo que está sucediendo en este momento, en lo que estoy haciendo ahora mismo. Supongo que al estar completamente concentrado en “el ahora”, puedo interrumpir los pensamientos negativos y las terribles predicciones que me pasan por la cabeza, y así aliviar el estrés y mejorar el estado de ánimo general.

Otra cosa que voy a hacer, porqué supongo que en la primavera próxima ya tendremos controlado a la covid-19, es buscar proyectos para entonces.

En estos meses de confinamiento que supongo nos esperan ya tengo, creo, el tiempo ocupado, ahora me toca para la primavera-verano buscar en el cajón de los proyectos y recuperar aquellos que aún están por realizar, sería fácil continuar con los tres que este año no he podido cumplir, pero no lo voy a hacer de momento, esas ilusiones tenían su lugar y su tiempo, ahora me toca intentar ser creativo y desarrollar nuevos retos.

Vamos a intentarlo, meses por delante hay. 

miércoles, 28 de octubre de 2020

Leer.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

Ya tengo en papel, que es como me gusta, los tres libros que compré en versión kindle y que descargue en el móvil para llevarme al Camino de Santiago, ya estoy por lo tanto más preparado para un futuro confinamiento.

No sé si hay mucha o poca gente a la que le guste leer, lo que tengo claro es que a mí me gusta, me gusta leer de casi todo, aunque es verdad que libros actuales leo pocos.

No soy muy moderno en lo que a libros se refiere, no recuerdo haber leído por ejemplo ningún libro publicado en este siglo, aunque uno de los tres lo es, por lo que dentro de unas semanas ya no podré decirlo.

Pienso que leer me hace disfrutar más de la vida, compartiendo las experiencias de otras personas, sus sentimientos y emociones. Significa ir un poco más lejos de mí estrecho mundo personal y adentrarme en el de otra persona, haciéndome que pueda identificarme y compartir sus sentimientos, intercambiar ideas, y al final, al terminar un libro, poder decir que he aprovechado el tiempo, al menos por haber leído a uno de mis autores preferidos.  

Puede parecer, en un primer momento, que no existe mucha diferencia entre quien es aficionado a la lectura y quien no lee frecuentemente. Pero es sólo un error. Existen diferencias y según mi opinión son bastante grandes y significativas.

Debemos tener en cuenta que cuando leemos aumentamos nuestra cultura, la hacemos fuerte si es débil y la enriquecemos cada vez más. Cuando por el motivo que sea nos apartamos de los libros nos convertimos al fin y al cabo en cómplices de nuestra ignorancia, que va aumentando en la medida en que continuamos huyendo de las páginas escritas.

Si queremos tener una visión más amplia de nuestras ideas y una actitud crítica, actitud siempre positiva, que nos remueva los preconceptos y sintamos la necesidad de contrastar unos datos con otros, de los cuales algunos serán más veraces que otros, pobres o pasados de moda, no tendremos más remedio que leer. Si leemos no creeremos lo primero que escuchemos pues estaremos acostumbrados a contrastarlo.

Esta claro que la lectura es una fuente de conocimientos, pero, tampoco es suficiente con ser un devorador de libros, ya que puedo leer mucho pero mal. Siempre se debe buscar el libro adecuado mediante el consejo de alguien o nos podemos guiar por nuestro sentido común. Por lo general las lecturas más adecuadas serán aquellas que favorezcan nuestro desarrollo personal, que suelen ser todas aquellas que no menosprecian el valor individual de las personas ni sus creencias.

Muchas personas a fuerza de leer lo que se podrían llamar “basuras editoriales”, que las hay y muchas, han hecho de su intelecto un refugio para las ideas más depravadas y siniestras. No hay que leer cualquier cosa, hay que leer siempre con un criterio determinado para cada circunstancia. Y esto siempre es complicado.

Cuanto más acostumbrados estamos a leer menos nos contentamos con lo primero que nos ofrecen los escaparates de las librerías, o con cualquier “best-seller” mundial, que no suelen aportarnos mucho puesto que están hechos para entretenernos unas horas. Quienes se habitúan a la lectura quieren buscar autores con los cuales identificarse en costumbres e ideas acerca de las grandes cosas de la vida. Pues al final, el lector es cómplice del autor en cuanto difusor de ciertas ideas o ideales.

Para ir terminando, una frase: “Hay una gran diferencia entre el hombre ansioso que quiere leer un libro y el hombre cansado que quiere un libro para leer”. G. K. CHESTERTON  

lunes, 26 de octubre de 2020

Cambio de dirección.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

Por poco, pero ayer superamos los cien kilómetros en bicicleta, en una ruta que es muy parecida a la que realizamos hace quince días, pero a la que hemos realizado dos pequeños desvíos pasando por Benialfaqui, Almudaina, Balones, Benimassot y Tollos. Además, la hemos realizado en sentido contrario al de la otra vez, subimos por la “Gallinera” y bajamos por el “Pilaret”.

Siempre me ha gustado hacer los recorridos, ya sea en bicicleta o andando, en los dos sentidos ya que son distintos. No se admira el mismo paisaje cuando se sube un puerto que cuando se baja, son las dos caras de la misma moneda.

Decir ahora en qué dirección es mejor por ser más rápido o cómodo, o cuál tiene mejores vistas es entrar en un cambio de opiniones que me llevarían demasiado tiempo. Lo que tengo claro es la gran cantidad de posibilidades que tenemos al simplemente cambiar el sentido de la marcha.

Cada uno de nosotros tendrá su sentido predilecto dependiendo de la dirección del viento, de si prefiere subir a lo más alto del recorrido por el camino más corto o prefiere bajar más rápido, son diferentes opiniones que nos deben merecer el mismo respeto.

Aunque en este tema todas las opiniones nos pueden merecer el mismo respeto puede no suceder así en muchos aspectos de nuestra vida.

¿Todas las opiniones nos deben merecer el mismo respeto? Mi opinión es que no, por supuesto que no. Pensémoslo un poco, ya que la teoría de moda hoy en día nos viene a decir que en un sistema realmente democrático todas las opiniones son igualmente respetables.

Lo que son respetables, en un sentido estricto, son las personas. Quienes merecen absoluto respeto son las personas, cada una de ellas, independientemente de su nacionalidad, del color de su piel, su estatus social, el nivel de sus estudios, su edad y condición: desde el feto en las entrañas de su madre hasta el enfermo terminal en una UCI o en lo suburbios de una gran ciudad. Cada una de esas personas, sea pobre o rica, sabia o ignorante, es acreedora de un respeto absoluto por parte de todos los demás. Pero tratar con un profundo respeto a todas y cada una de las personas no significa en ningún caso que las opiniones de todas y cada una de ellas merezcan respeto y menos aún que lo merezcan en igual medida.

Cuando hablo de opiniones me refiero normalmente a los diferentes pareceres en materias discutibles y discutidas. Por ejemplo; la mejor manera de organizar la sociedad política, de resolver los problemas de la convivencia humana hasta las preferencias en materias deportivas, artísticas o culturales. No son materias opinables, por ejemplo; aquellas ya resueltas por la ciencia o por la experiencia acumulada de la humanidad. No es materia opinable ni el teorema de Pitágoras, la ley de la gravedad, la composición química del oro o que el fuego quema.

En cambio, en muchas otras cosas no hay un consenso, o quizás aun cuando haya un consenso mayoritario no se excluye que las opiniones minoritarias divergentes tengan algún valor, esto es, que podamos aprender algo de ellas. Por el contrario, todos tenemos bien comprobado que no compensa invertir tiempo en tratar de aprender de una persona ignorante en una materia, que no tenga una especial cualificación o un conocimiento de primera mano.

Lo peor es cuando el ignorante —tal como pasa a veces con los políticos— argumenta ideológicamente, esto es, defiende una opinión desde una posición preconcebida sin atenerse a los hechos ni a las opiniones opuestas. En este sentido muy a menudo los debates parlamentarios son la forma más contraria posible a un genuino diálogo, pues son una mera confrontación dialéctica resuelta finalmente por la mecánica de los votos. Para un diálogo racional, para un examen constructivo de las diversas opiniones sobre un asunto opinable, hace falta estar al menos de acuerdo sobre la naturaleza del desacuerdo y eso implica que si el oponente presenta mejores razones que las nuestras, cambiaremos de opinión, nos pasaremos de todo corazón a sostener, ahora con más fuerza, la posición que antes atacábamos.

En la Edad Media, si una persona, considerada por su experiencia como una autoridad en un campo, formulaba una opinión sobre esa materia que sonaba novedosa, el argumento de autoridad sugería que valía la pena someter a examen a ese parecer. Ahora no suele suceder así, podemos ver como a menudo se invita en los medios de comunicación a deportistas, artistas o diversos famosos a que opinen sobre cuestiones para las que no tienen ninguna especial preparación. Los lógicos medievales llamaban a este modo de proceder la falacia “ad verecundiam”: consiste en apelar al sentimiento favorable que se tiene hacia una persona famosa para mover a la audiencia en favor de una conclusión.

Hacer caso a un famoso para formarse una opinión en una cuestión que se discute, para la que el famoso no tiene una particular competencia, equivale a renunciar a pensar por nuestra cuenta; sería en última instancia una falta de respeto a nosotros mismos. Todas las personas merecen respeto, pero no merecen un mismo respeto todas las opiniones: hay, por supuesto, opiniones mejores y peores.

sábado, 24 de octubre de 2020

Preparando el nuevo confinamiento.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)


Empecé ayer a maquetar todo lo que escribí en 2018, con la intención de bajar de las 300 páginas y acercarme a las 250, lo conseguí con el 2017 y espero ahora volver a repetirlo.

Este es uno de los proyectos que he empezado, me queda todo el 2019 y el 2020. Me parece que he elegido un buen momento pues viendo cómo se está desarrollando la situación parece que nos vamos a tener que quedar en casa confinados al menos hasta navidades. En el anterior confinamiento maquete el 2017 vamos a ver si tengo tiempo al menos con el 2018.

 Me gusta la cantidad de recursos que tengo para hacer todo ese trabajo, pues las facilidades que tenemos con los programas de tratamiento de texto me hacen ver lo complicado y pesado que debe ser esta tarea sin ellos. Por eso me sorprendo al ver a tanta gente que se aburre.

Aunque tengo que decir, que no todos tienen en época de confinamiento las ventajas que tengo para pasar el encierro, sobre todo una buena conexión wi-fi que me permite todas las oportunidades que ofrece internet.

Existe un pensamiento muy corriente, que nos viene a decir que lo mejor es conseguir un buen nivel económico y que si lo conseguimos, viviremos mejor y nos acercaremos un poco más a la felicidad que anhelamos que si nos quedamos en un nivel económico más bajo. Vimos y estamos viendo que en el confinamiento este hecho se ha confirmado, todo a nuestro alrededor nos lo reafirma, debemos tener más para estar mejor, y que el bienestar es lo más importante.

 Pero no hay que hacer caso de esa argumentación, pues hay algunas matizaciones que se deben hacer, es verdad y, así parece ser, que en igualdad de condiciones pasar una cuarentena en una casa grande y confortable es mejor que en un pequeño y oscuro piso, pero, esto no lo es todo. Cuantas personas que viviendo en lugares espaciosos han pasado una cuarentena tremendamente aburrida y otras que aun viviendo en lugares pequeños, estrechos y no muy agradables han pasado ese tiempo como una época privilegiada de su vida. Existen muchos casos de ambos.

Estas formas de vivir el confinamiento no solo han dependido de cómo nos afecta la pandemia desde el punto de vista de la salud o en el aspecto económico, sino que tiene a la vez una relación directa con cómo vivimos y en qué estamos basando nuestra vida.


La gran mayoría de aquellas personas que tienen una profunda vida interior, que la han cuidado y labrado, que piensan que el tener es solo un camino para ser, han disfrutado y encontrado en la cuarentena la oportunidad para mejorar. Mientras que los que, al contrario, se concentran en tener, pensando que este es el camino necesario para poder ser, han tenido más problemas para sobrellevar esta situación en la que muchas de las cosas que poseemos no sirven para nada.

No es fácil pasar un confinamiento sobre todo cuando venimos de otro, por eso hay que estar preparado para este posible estado de alarma que se nos echa encima y aprovechar lo que ya experimentamos en el anterior.

Enfrentarse con la soledad, para el que vive solo, puede ser un problema muy difícil de resolver por segunda vez en pocos días, y también puede hacerlo aparecer en personas que no lo han experimentado en la pasada cuarentena.

Creo que para esta ocasión hay que prestar mucha más atención a los pensamientos negativos o destructivos, sobre todo cuando se vive solo, pues es muy fácil caer en ellos después de tantos meses viendo como nuestros proyectos se han ido diluyendo uno detrás de otro.

En fin, paciencia.

viernes, 23 de octubre de 2020

Un nuevo día.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

 Me he levantado temprano esta mañana, como todos los días, nervioso como pocos días, con ganas de empezar un nuevo día como la mayoría de los días, y con la esperanza de ver que me deparaba el porvenir ahora que no tenía el Camino de Santiago por delante.

Podía haber esperado unos días, podía haber empezado un periodo de hibernación como hacen algunos animales, en que su vida queda reducida a un mínimo, donde podía aplazar innumerables acontecimientos, hasta que llegara el momento de un lento despertar. Lo podía hacer y tal vez lo merecía. Podía esperar a ver qué ocurre, pero todavía más a ver “qué se les ocurre” a las personas o grupos que están a mi alrededor.

A veces lo he hecho y, he tenido la impresión de que no ocurre nada, y eso me ha parecido grave. Porque la vida, se hace hacia adelante, es sin lugar a duda una cuestión de imaginación. Recuerdo ahora aquella frase del “mayo francés” de 1968, “La imaginación al poder”, que vista ahora parece que escondió una gran falta de ella, y de ahí su hoy evidente fracaso. Por eso, prefiero que se use la imaginación para proyectar el porvenir.

Pero se deben tener ciertas condiciones para que la imaginación se la adecuada y de buenos resultados. Ante todo, debe de ser fiel a lo que existe, tiene que poseer lo que “hay”, tiene que contar con los recursos que tenemos y aquí yo pondría también las dificultades, los problemas, los errores que hemos cometido y que hay que corregir.

Si lo pensamos un poco, llegaremos a la conclusión de que no hay nada más “realista” que la imaginación, que no consiste en "echar a volar" caprichosamente una fantasía vaga, sino en prolongar con rigor y exigencia los rasgos de lo que tenemos, que deben ser el inevitable punto de partida.

Y no hay que olvidarse del pasado, que es un elemento muy importante de esa realidad, la acumulación de hechos siempre nuevos y, lo que, es más, interpretados. Esos acontecimientos pasados condicionan, ciertamente, nuestro porvenir, pero no lo determina, porque a nosotros nos pertenece la inexorable fuerza de la libertad, y por eso la imaginación es innovación.  

Es malo desconocer nuestro pasado u olvidarlo, pero es mucho peor falsificarlo, pues los que hacen esto, no solo carecen de un punto de partida para imaginar y proyectar, sino que se apoyan en lo inexistente, con lo cual aseguran la falta de fertilidad de lo que les espera. El que inventa un pasado irreal entra en un camino que conduce al fracaso inevitable.

 Otro enemigo, que ve viene ahora a la cabeza, de la imaginación para crear el porvenir es la timidez, la excesiva modestia. Hay que atreverse a imaginar, habría que decir a los que se encuentran sin la perspectiva del futuro en el que van a entrar.

Porque de eso se trata: no de quedarse ahí, mirándose el ombligo, cosa que nunca me ha parecido interesante, sino de percibir el horizonte posible, advertir hacia dónde se puede ir, qué se puede hacer, qué podemos aportar si pongo en juego los recursos que tengo.

Estoy impaciente por ver qué voy a imaginar, qué voy a ofrecer al porvenir. ¿Voy a contentarme con llevar adelante una vida digna y próspera de jubilado, dando por supuesto que ya he llegado a ella? Nunca se llega, y es lo maravilloso de la vida humana, donde la imaginación es un factor importante.

En fin, voy a mirar como pensar el “porvenir”; y digo esto, no “futuro”, porque el futuro será, y no es seguro de sea. Es lo que está por venir, incierto, dudoso, que en gran parte depende de mí, de mi libertad irrenunciable, lo que voy a empezar a imaginar.   

miércoles, 21 de octubre de 2020

No hay Camino de Santiago, se terminaron las dudas.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

 Ya está claro, la Federación Española Amigos del Camino de Santiago me lo ha confirmado: “no se puede cruzar Navarra en las actuales circunstancias”. Momentos después en los medios de comunicación: “La Rioja decreta el confinamiento de toda la comunidad a partir del viernes”. Así que cambio de planes, aparcamos por no decir que nos olvidamos del Camino de Santiago, todo parece decirme que no voy a cumplir ninguno de los tres objetivos que me había propuesto para este 2020.  

Estoy bastante seguro de que cualquiera de las tres experiencias hubieran sido unas hermosas experiencias y confío en que las que, sin duda, voy a emprender también lo van a ser.

Supongo que, vistas las circunstancias, por culpa de la covid-19 vamos a ser muchos los que nos esté pasando algo parecido. Y espero que sean muchos también los que como yo mantengan la mentalidad de caminante, de peregrino. Del que tiene clara su meta y que llega a un lugar, y que al final de cada día cansado físicamente se va a la cama satisfecho, lleno de alegría.  

Seguramente me encontraré en esta sociedad con más andarines que no saben donde van y que vagan sin llegar a ninguna parte, que a caminantes peregrinos pues nuestra sociedad es más de andarines que de caminantes. Nuestra sociedad no sabe muy bien hacia dónde va, si es que va hacia algún lugar. ¿Camina la sociedad hacia algún lugar? ¿O simplemente anda, se desplaza, sin rumbo fijo? Es fácil que no camine hacia ningún lugar.

La sociedad no existe, no al menos como un andarín o un peregrino caminante. Lo que existen son las personas, los hombres y mujeres que componemos esa sociedad. Cuando me refiero a la sociedad o me dirijo a ella; me dirijo a las personas que la componen, a ti, a mí.

Las personas caminantes o peregrinas de nuestra sociedad buscan con el deseo de encontrar y encuentran con el deseo de seguir buscando. Es con ese sentido con el que hemos de ir descubriendo horizontes nuevos, sabiendo de donde parte nuestro camino y teniendo en cuenta la meta de este.

Vivir es ir aprendiendo día a día y tomar conciencia de que una sociedad no puede cambiar de meta en cada momento, echando por la borda todo el bagaje cultural y moral que ha heredado de las generaciones pasadas como si no hubiera nada en todo ello que mereciese ser conservado; como si todo cambio equivaliera a verdadero progreso; como si pudiese haber progreso cuando se ha perdido toda la perspectiva de hacia dónde nos tenemos que dirigir.

Muchas personas sabemos cuál es nuestro objetivo, pero para comprender el sentido trascendente de nuestra meta, hemos de ser capaces de percibir lo invisible, observando lo visible, en esta crisis no solo sanitaria sino también la de la realidad humana y cultural en la que nos estamos moviendo.

Una cosa que parece ser que hay que tener clara hoy en día es que no existe ningún camino sin una meta a la que llegar, y que no existe ninguna meta sin que haya un encuentro, y antes o después se producirá ese encuentro.

Nuestra vida no es simplemente ir cambiando de ideas y de lugar, significa más bien, salir de nosotros mismos para ver el mundo como un extranjero, que es casi como decir estar de viaje. Es decir, la condición de viajero, propia del hombre, es algo que desde el principio forma parte de la historia humana, la historia tanto religiosa como profana.

Ser caminante, ser peregrino, como parábola de la existencia humana, es saber de dónde venimos, cómo vamos y hacia donde caminamos; es vivir acorde con las preguntas fundamentales del ser humano: de dónde, por dónde y hacia dónde. En lo más íntimo de nuestro ser, el hombre está siempre en camino, está en busca de la verdad.

Empiezo, otra vez, la búsqueda de objetivos presentes desde la meta final, planeando el presente desde el futuro. Tal vez mañana cuando despierte vea nuevos proyectos, me encuentre con nuevos caminos que me deben llevar, quien sabe por dónde, a la misma meta a única verdad.