lunes, 28 de octubre de 2019

Lunes 28 de octubre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Comenzamos este lunes, ya con el nuevo horario, así que, hemos adelantado una hora la salida del sol, lo hará a las 07:24 horas y anochecerá a las 18:05 horas. La fiesta de san Simón y san Judas es la que celebramos hoy cuando en el balcón tenemos una temperatura de 15,4 grados.
Ayer estuve es Castalla, y pude observar lo mucho que tenemos que aprender de todo lo que tenemos a nuestro alrededor, de la historia que nos rodea y de nuestras costumbres y tradiciones. Aún no he sido tocado por la sombra del escepticismo ni me he tropezado con el aburrimiento.
Allí, dando una vuelta antes de la carrera, me volvieron las mismas preguntas que se repiten cada vez que me quedo impresionado por lo que me rodea. ¿Qué es la belleza? ¿Qué es la verdad de todo lo que observo? Recuerdo también aquella anécdota tan conocida de Kafka cuando paseaba por Praga con un amigo. Decía Kafka: "La juventud es feliz porque posee la capacidad de ver la belleza. Es al perder esta capacidad cuando comienza el penoso envejecimiento, la decadencia, la infelicidad". Su amigo le preguntó: "¿Entonces la vejez excluye toda posibilidad de felicidad?". Y Kafka respondió: "No. La felicidad excluye a la vejez. Quien conserva la capacidad de ver la belleza no envejece".
Naturalmente, el momento de máxima ansiedad por aprender, de ver y observar la belleza siempre se encuentra en nuestra juventud, es cuando más desarrollado se encuentra nuestro anhelo para ir en busca de la felicidad, del bien y de la verdad de las cosas. Que se mantendrá hasta ir siendo absorbido por nuestra comodidad de conformarnos con lo que solo es útil o quedar fatigados por el cansancio. Entonces los caminos del ver se bifurcan, o a veces se entremezclan, y unos ven únicamente la utilidad de las cosas y otros tan sólo la belleza.
Tenemos que aprender a ver. A sorprendernos de lo conocido. No aburguesarnos en las costumbres del día a día. Y es que aprender a ver es la base de todas las artes, excepto de la música. Ejercitar la vista para abrirnos al asombro. Nuestra pupila ve un paisaje y no lo mira, lo mira y no lo comprende. A la pupila le falta muchas veces la comprensión, ese ponerse en lugar del otro, no recibir tan sólo sino aprehender imágenes y sonidos que nos desvelen lo que ese paisaje lleva dentro.
Es entonces cuando hay que hacer algo más que mirar, tenemos que admirar, y para esto necesitamos tiempo, tranquilidad, mucho más tiempo del que tardamos en almacenar esa imagen en nuestro móvil. Pero, hay que admirar lo admirable.
La admiración, sería nuestra respuesta de sorpresa delante de todo aquello que nos parece magnífico o extraordinario. Pero tal vez sea en la admiración donde se ve con mayor claridad, como va nuestra educación sentimental. Porque con frecuencia admiramos lo que no es admirable... admiramos personas que no merecen tal admiración. Una buena educación de los sentimientos nos llevaría a valorar aquello que realmente tiene valor. Este sentimiento es necesario para nuestro desarrollo en la sociedad.
Una sociedad adulta e inteligente, es aquella que sabe rechazar lo rechazable, y admirar lo verdaderamente admirable.

Feliz Día.

sábado, 26 de octubre de 2019

Sábado 26 de octubre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton).

Por fin es sábado, y parece que va ser un buen sábado, con un sol que nos acompañara desde la 08:22 horas hasta las 19:08 horas y donde además vamos a celebrar a san Evaristo. Todo perfecto para empezar un fin de semana que deber ser estupendo.
Algo habrá que escribir sobre la cuestión de la inhumación de los restos de Franco, es un tema que esta estos días de actualidad y aunque sea de pasada no esta de más que de mi opinión. Aunque tal vez debería callarme pues nadie me ha dado vela en este entierro.
No voy a discutir si Franco sí, o Franco no. Y no lo voy a hacer porque pienso que eso pertenece al ámbito de la historia. Por eso mismo, creo que no deben tratarse a los restos de Franco como si fuera Franco, pues Franco ya no está, murió hace muchos años.
Ahora bien, pienso que se deben respetar los restos mortuorios de las personas, hubieran sido en vida lo que hubieran sido.
Mí dificultad para estar de acuerdo con la exhumación de los restos de Franco se debe simple y llanamente a que no encuentro bien que el Estado tenga que tener competencias para determinar quien debe estar enterrado en un lugar santo y quien no. Creo que eso es solo competencia de la Iglesia.
Si no protestara y no me opusiera, el Estado podría pensar que tiene competencia para dentro de nada indicar a quien debe casar la Iglesia, a quien debe bautizar, y a quién debe dar o negar la Comunión.
La importancia de la exhumación, pues, la veo en la invasión que supone de los derechos de la Iglesia, según mi forma de ver el tema me parece que se ha violado el principio de inviolabilidad de los lugares de culto al no tener el Estado la autorización eclesiástica, pues el prior no la ha concedido.
Esta exhumación, por el día y la forma en que se ha hecho tiene toda la pinta de ser un acto de propaganda electoral, que no sé si le dará algún rédito electoral o no, al partido socialista.
Tengo la opinión que todo el esfuerzo que se hizo en España para que todos pudiéramos vivir en libertad y en paz, de alguna manera se está malogrando con la memoria histórica que se esta invocando, pues no me lleva a ningún recuerdo agradable sino a los convulsos años de la revolución de Asturias, al asesinato de Calvo Sotelo, las checas de Madrid, a Paracuellos, a la quema de iglesias, a los cuatro mártires pegolinos, a todos los muertos durante la guerra civil y los de la represión que hubo después, todos los recuerdos son malos, y a esas pequeñas alegrías de reconciliaciones entre participantes de ambos bandos no les puede sentar bien recordar el porque se enfrentaron.
Tenemos otra oportunidad en las próximas elecciones para remediar lo que se pueda, meditemos nuestro voto, pensemos que es necesario volver al espíritu de la transición donde sea posible la colaboración y el diálogo y jamás el enfrentamiento ni el odio.

Feliz Día.

viernes, 25 de octubre de 2019

Viernes 25 de octubre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Celebramos hoy a san Bernardo Calbó, mientras que el sol hará su aparición a las 08:21 horas y nos alegrara el día hasta las 19:09 horas.
Tengo mis años, pero no me considero viejo, así que espero que no se piense que lo que sucedía en mi juventud sea algo que no se deba tener en cuenta. Recuerdo que entonces se podía decir “proteger a la familia” y “salvaguardar el matrimonio”, eran frases que se recibían con gestos de aprobación por la mayoría de las personas, y no, como ocurre hoy, que son sospechosas de un inconfesable conservadurismo.
Los más jóvenes no van a entender lo trágico que ha sido ver ese cambio en nuestra sociedad, pensad el cuidado con que hoy se habla a favor de los “derechos de los niños”, y cómo os sentirías si en el trascurso de vuestras vidas, esa frase llegara a ser la más pura manifestación de un conservadurismo y dogmatismo religioso.
¿Qué ha pasado? Según mi punto de vista, varias cosas. En el trascurso de mi vida he visto como hemos sufrido una bonanza económica, tecnológica y de medios materiales sin precedentes en la historia. Ahora  bien, ¿Qué le ocurre a una persona media, como yo, cuando las circunstancias de la vida le permiten tener resueltas sus necesidades más inmediatas? pues que comienza a pensar que todo lo que tiene no se lo debe a nadie más que a sí mismo, se alegra y se felicita por su suerte, inteligencia, laboriosidad o lo que sea importante para él, fantasea acerca de que tal “status quo” se mantendrá indefinidamente.
Por el contrario, cuando esta misma persona la alcanzan dificultades en la vida, lo primero que se pregunta es “¿Por qué a mí?“, como si el solo hecho de ser uno tuviera aparejada alguna garantía de eterna felicidad, luego busca a todos los medios que le permitan sortear las dificultades, y finalmente como último recurso se vuelve a hacia su mala suerte o busca consuelo en Dios.
Lo que ocurre hoy en día en España, son manifestaciones a nivel político del mismo fenómeno que nos afecta a todos cuando vemos que nos está yendo bien: nos imaginamos que nosotros mismos somos una especie de pequeño dios, cuya voluntad suprema reina sobre todo lo que ve, y nos molesta que otro nos diga “no debes hacer esto".
Esta abundancia en que vivimos se parece mucho a la condición de quien tiene la mente embotada por el alcohol, una verdadera “borrachera de cosas“: el juicio se nos nubla y, salvo por un “sano entusiasmo", nos parece que todo es norma. Sin embargo, lo cierto es que en ese momento es cuando corremos más peligro, pues no atendemos a las señales de advertencia de los riesgos para nosotros mismos o para otros, o, si las vemos, nos encontramos incapaces de actuar en consecuencia.
Lo mismo ocurre con muchas de las leyes que se han aprobado o que se están preparando. Sabemos que el aborto no esta bien y sin embargo parece que nuestra loca carrera por asegurarnos el sexo sin consecuencias no se detendrá.
Sabemos que el matrimonio de los padres es lo mejor para los hijos, pero eso no será una razón suficiente para dar a las parejas unidas en matrimonio una ayuda, no sea que las otras parejas digan “¡nos discriminan!".
Sabemos que el divorcio esta perjudicando a las mujeres: pero ¡que gran absurdo! Apoyar que los hombres abandonen a la mujer de su juventud se ha convertido en una bandera de lucha feminista.
En medio de estas leyes y de cómo esta la política, a veces me desanimo y parece que intento convencer con razones a un niño que sólo sabe lo que quiere y que lo quiere ahora, pero conviene que pensemos que es precisamente cuando un amigo ha bebido demasiado y se niega a entregar las llaves de su coche, es en ese momento cuando más nos necesita. No dejamos que simplemente vaya y haga lo que su estupidez le dice, sino que le insistimos que escuche a la razón, no sea que nosotros también seamos cómplices en el trágico accidente provocado por su alcohol.
Por eso es que guardar silencio y esperar inactivos a que nuestra democracia vaya empeorando las cosas, no es una opción.
Tampoco nos podemos olvidar que digo todo esto, no para bloquear leyes absurdas o que considero malas e injustas, ni para ganar elecciones, ni para poner a mis conocidos en los cargos políticos, sino para hacer que las personas piensen y razonen, que vean que es lo que esta bien y lo que esta mal, y que el día que, por ejemplo, se vayan reduciendo los motivos legales para todo aborto, aún seguirán existiendo abortos clandestinos e hijos no deseados, y hacia esas personas es donde debe estar mi última preocupación.
Voy a seguir repitiendo, como se hacia en mi juventud, que es deber del Estado proteger a la familia y preservar el matrimonio, pero teniendo claro que, ahora, hay que hacerlo de una forma nueva y creativa, que sea inteligible a una sociedad que cree que todo está bien, que el progreso es inevitable, que el próximo gobierno solucionará todos sus problemas, y que, por lo mismo, no necesita saber ni de principios ni razones.

Feliz Día.

jueves, 24 de octubre de 2019

Jueves 24 de octubre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Buenos Días: se nos presenta este jueves con muy buena cara, el sol nos esta alumbrando desde las 08:20 horas y parece que lo hará sin interrupción hasta las 19:10 horas, en el día que celebramos a san Antonio María Claret,
Todas las personas que conozco desean ser felices. No recuerdo a nadie que cuando hace algo o deja de hacerlo, su motivo sea buscar su dolor o su infelicidad. No. Todos cuando hacemos algo, cuando pensamos o hablamos, lo hacemos porque queremos poseer aquello que, considerándolo bueno, nos hará felices. Muchas de las cosas que anhelamos, cuando las tenemos, se convierten para nosotros en la representación de una felicidad, aquí y ahora, cuya verdadera identidad puede que desconozcamos, o que nos resulte difícil de ver en ese momento. Pero es el fin por el actuamos. ¡Queremos ser felices, vivir bien!
A todos nos habrá pasado, a lo largo de nuestra vida, que el disfrute de las cosas naturales, ya sean necesarias o superfluas que nos hacen felices, no nos duran todo lo que en el fondo desearíamos: nada dura tanto como para que descasemos de la búsqueda de la felicidad indefinidamente.
Las cosas se acaban, y las relaciones afectivas, por buenas y nobles que sean, flaquean, se enfrían y, alguna que otra, se pierde para siempre. La salud, el descanso, la diversión y el entretenimiento, en esta vida, llevan la marca de la eventualidad. Es un hecho constatado por todos, a veces con lágrimas en el alma, que no alcanzamos en el curso de nuestra vida diaria nada que nos haga, absolutamente, feliz.
Y, es entonces, cuando en la soledad de algunas noches nos hacemos la pregunta: ¿existe acaso algo, vive alguien –esa fiesta que no acabe nunca- en cuya posesión el hombre pueda plenamente descansar? Algo, alguien, que venga a colmar la búsqueda natural que todos sentimos de una felicidad auténtica, inmutable, para siempre…
Dos posibles respuestas encuentro: o existe algo y en algún lugar, que se pueda presentar como garantía de esa deseada felicidad, o estamos condenados desde nuestro nacimiento a la infelicidad, es decir, a estar siempre insatisfechos; por tanto, o a llevar una existencia absurda o, en el mejor de los casos, a entregarnos a todo lo que de inmediato y placentero encontremos, sabiendo que la duración de esa felicidad será tanta como duren, y mientras duren, esos efímeros bienes.
Con todo, creo que esta opción con la que topamos, y que consiste en tener que elegir entre una vida sin sentido, una existencia absurda que muchas veces termina en el suicidio, o entregarse a la satisfacción inmediata de las necesidades básicas, no puede ignorar una tercera vía, aquella que pasa por reconocer, aun en nuestra frágil modestia, que debe haber alguna realidad más allá del sabido alcance de nuestros sentidos, pero capaz de otorgarnos ese sentido de plenitud que buscamos.
En fin, la solución tal vez este en el fondo de nuestra alma.

Feliz Día.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Miércoles 23 de octubre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 


Una temperatura ya claramente por debajo de los veinte grados es con la que me he encontrado esta mañana en mí balcón, para ser exacto ve visto los 14,5 grados. Pero como todos los días el sol se encargara de subirla, aunque lo hará a partir de las 08:19 horas hasta las 19:11 horas. Por cierto, hoy celebramos a san Juan de Capistrano.
Ayer volvió a suceder, esta vez en nuestra vecina Denia, una mujer apareció muerta con signos de violencia, fue asesinada por su expareja, y deja a una niña huérfana. Como tantas veces hemos visto, el pueblo, el barrio, los ayuntamientos las asociaciones, todos se manifiestan en contra de la violencia machista, el ayuntamiento declara dos días de luto. Lamentable, muy lamentable; rechazable, rechazable en extremo.
Los políticos hacen declaraciones y unos exigen medidas más contundentes, otros después de lamentar y condenar el caso, expresan su intención de poner todos los medios a su alcance para erradicar esta situación social; las leyes y otros medios, con los que se pretende hacer frente, son ya muchos, pero se estudiará poner otros y mejorar los existentes.
Todo lo anterior es necesario, pero, a todas luces, como estamos comprobando insuficiente. Según mí opinión la situación seguirá, no lo duden. Las leyes son necesarias; otras medidas, además de las jurídicas, convenientes. Pero la situación no cambiará, estén seguros.
Las leyes y otras medidas, por muy adecuadas que aparezcan y lo sean, nunca son suficientes. Más todavía en el presente caso, en el que entra en juego un móvil pasional importantísimo, anterior a las leyes y más allá de la coacción jurídica, se necesita algo más profundo y de mayor virtualidad: la fuerza de una conciencia formada en auténticos valores.
Nos tenemos que dar cuenta que hace falta, una formación en valores, que no esté distorsionada por la ideología o debilitada por la condescendencia a la debilidad de las personas; armas en mano de los políticos para halagar a las masas y conseguir sus votos. Eso sí, todo revestido con la hermosa teoría de ampliar derechos; como si los derechos se sacaran de la manga a discreción. Derechos, que, por falsos, dan lugar a falsos valores y aun contravalores. Hace falta formación en los valores, qué duda cabe, pero los que exige la recta razón humana, no los que inventa la voluntad arrastrada por la flaqueza o el egoísmo humano.
Hace falta que se reconozca la persona humana en toda su dimensión, muy menguada cuando no se reconoce su trascendencia. Hace falta que se ponga en valor la sexualidad, sin recortes ni tergiversaciones; no solo como simple gozo fisiológico, sino, además y sobre todo, como donación amorosa; en su sentido profundamente humano. Tenemos necesidad de que el matrimonio sea evaluado en el recto sentido. Tenemos mucha necesidad de la familia. De la familia nacida del amor y vivida en el amor que se proyecta en la transmisión generosa y responsable de la vida.
Sin poner todo esto en valor, las demás medidas han de resultar insuficientes en extremo. Se puede seguir legislando, ayudar de mil maneras, y harán bien; pero el mal seguirá y aun se podrá agravar. Estamos viendo que ya no se queda en lo que se llama “violencia de género”, sino que se va extendiendo a padres, hijos y familia.
Desgraciadamente, los caminos que se están siguiendo y que se concretan con las últimas sus leyes y con la educación que se intentan impartir son muy diversos a los valores que acabo de proponer.
La persona no se reconoce como “cosa sagrada”, como decía Seneca, sino que, de hecho, se considera como algo manipulable, hasta en su sentido biológico. La prueba más evidente son las leyes del aborto y, en camino, de la eutanasia. Por más que se defiendan como reconocimiento de derechos y se presenten con eufemismos o significado equívoco: “salud sexual y reproductiva”, “interrupción voluntaria del embarazo”, “muerte digna”. Todo con el objetivo de lograr su aprobación social.
Las leyes del divorcio, tampoco ayudan, máxime en la forma legal que rige hoy, no solo no defienden el matrimonio, sino que resulta ser un atentado al mismo. Algunos han dicho que se puede hablar de una especie de poligamia en continuidad. La creciente cantidad de separaciones son la mejor prueba. Por otra parte, tampoco favorece, sino todo lo contrario, considerar matrimonio cualquier unión.
 En fin, muchos otros motivos quedan por nombrar y tratar; sexualidad, educación sexual y de quien debe encargarse de hacerlo, pero esto ya será otro día.

Feliz Día.

martes, 22 de octubre de 2019

Dimarts 22 d'octubre del 2019.

"Una cosa morta pot anar amb el corrent, però només un ser viu pot anar en contra seu." (G. K. Chesterton).

No se si tindrem la sort de poder veure el sol en este 22 d'octubre que celebrem a sant Joan Pau II, un sol que com tots els dies ho intentarà, hui des de les 08:17 hores fins a les 19:13 hores.
Durant el cap de setmana he pogut escoltar en diverses ocasions una crítica que bé es podria confondre amb una animadversió i rancor cap a l'Església, davant de les quals se sentit tristesa i pena, unes paraules que no he rebatut per haver sigut pronunciades en un indret i lloc que no es mereixien ser contestades. Dir i pensar que l'Església és la culpable de la majoria dels problemes de la nostra societat i que el millor que podria fer és desaparéixer, són paraules que, segons el meu paréixer, deurien vindre de persones que reflectixen un nivell cultural baix, que no és este cas, però el que si transmeten és un odi que no es compagina amb la tolerància, i ni tan sols amb el respecte a la cultura i a la democràcia.
I clar, després d'uns dies, un no pot per menys de preguntar-se: per què eixe odi a Déu i a l'Església Catòlica? La meua resposta quasi segur estarà plena d'imprecisions i no es deuria prendre molt en compte, perquè és només una reflexió en veu alta.
Del que ningú dubta és que l'Església Catòlica, en l'actualitat esta en contra de les ideologies de moda, i que esta podria ser una raó més que suficient per a odiar-la. L'Església s'enfronta a la dictadura del relativisme, amb la seua no distinció entre Veritat i Mentida, entre Bé i Mal i la seua negació de la Llei Natural, a la que reduïxen a un vestigi ideològic i a una relíquia del passat. Estes ideologies de moda defenen a més la cultura de la mort, el que molesta especialment de l'Església és la seua enèrgica defensa de la vida, de la família i de la llibertat religiosa.
La imatge de l'Església que s'oferix en la majoria de la premsa no podria ser més tètrica, arribant fins i tot la caricaturització i a la manipulació més delirant. Però junt amb la història dels seus escàndols i de les seues traïcions, hi ha una història silenciosa i plena d'honestedat de gents amb fe les vides de la quals estan repletes de fets que han contribuït a millorar la nostra societat a través dels segles, històries que són oblidades o manipulades.
Han canviat molt les coses, els pensadors medievals deien; “contra el fet no valen arguments”, ací i ara al contrari és la realitat la que ha d'acomodar-se a totes les ideologies relativistes, encara que siga faltant a totes les normes del sentit comú. Hi ha un interés a mantindre sempre viu un atac contra a l'Església, tot el món s'està acostumant a utilitzar-la com un sac de boxa a què pegar sempre. Doncs bé, no passa res, l'Església continuara oposant-se a moltes coses, però perquè desitja protegir i millorar a la societat en general, perquè vol conduir la gent a la plenitud de la vida, la salut i a una prosperitat sostenible.
Siguem francs, els atacs a l'Església són una realitat que no acabarà mai, almenys en esta vida terrena, perquè vivim en un món que s'indigna per la mort d'un animal, però que ignora amb indiferència l'assassinat de monges a Àfrica, un món que defén amb fanatisme els capritxos de les minories ideològiques, però que mira a un altre costat quan es tracta de defendre el dret a viure dels xiquets avortats… en fi, vivim en un món a què, nosaltres els cristians estem cridats a renovar-lo i que per tant sempre tindrem problemes.
Així que no ens queda més remei que rellegir i recordar més sovint la bella i antiga Carta a Diogneto (segle II) doncs no han canviat molt les coses des de llavors.

Feliç Dia.

Martes 22 de octubre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton).

No se si vamos a tener la suerte de poder ver el sol en este 22 de octubre que celebramos a san Juan Pablo II, un sol que como todos los días lo intentará, hoy desde las 08:17 horas hasta las 19:13 horas.
Durante el fin de semana he podido escuchar en varias ocasiones una crítica que bien se podría confundir con una animadversión y rencor hacia la Iglesia, ante las cuales he sentido tristeza y pena, unas palabras que no he rebatido por haber sido pronunciadas en un sitio y lugar que no se merecían ser contestadas. Decir y pensar que la Iglesia es la culpable de la mayoría de los problemas de nuestra sociedad y que lo mejor que podría hacer es desaparecer, son palabras que, según mi parecer, deberían de venir de personas que reflejan un nivel cultural bajo, que no es este caso, pero lo que si trasmiten es un odio que no se compagina con la tolerancia, y ni siquiera con el respeto a la cultura y a la democracia.
Y claro, después de unos días, uno no puede por menos de preguntarse: ¿por qué ese odio a Dios y a la Iglesia Católica? Mi respuesta casi seguro estará llena de imprecisiones y no se debería de tomar muy en cuenta, pues es solo una reflexión en voz alta.
De lo que nadie duda es que la Iglesia Católica, en la actualidad esta en contra de las ideologías de moda, y que esta podría ser una razón más que suficiente para odiarla. La Iglesia se enfrenta a la dictadura del relativismo, con su no distinción entre Verdad y Mentira, entre Bien y Mal y su negación de la Ley Natural, a la que reducen a un vestigio ideológico y a una reliquia del pasado. Estas ideologías de moda defienden además la cultura de la muerte, lo que molesta especialmente de la Iglesia es su enérgica defensa de la vida, de la familia y de la libertad religiosa.
La imagen de la Iglesia que se ofrece en la mayoría de la prensa no podría ser más tétrica, llegando incluso hasta la caricaturización y a la manipulación más delirante. Pero junto a la historia de sus escándalos y de sus traiciones, existe una historia silenciosa y llena de honestidad de gentes con fe cuyas vidas están repletas de hechos que han contribuido a mejorar nuestra sociedad a través de los siglos, historias que son olvidadas o manipuladas.
Han cambiado mucho las cosas, los pensadores medievales decían; “contra el hecho no valen argumentos”, aquí y ahora por el contrario es la realidad la que tiene que acomodarse a todas las ideologías relativistas, aunque sea faltando a todas las normas del sentido común. Existe un interés en mantener siempre vivo un ataque contra al Iglesia, todo el mundo se está acostumbrando a utilizarla como un saco de boxeo al que pegar siempre. Pues bien, no pasa nada, la Iglesia continuara oponiéndose a muchas cosas, pero porque desea proteger y mejorar a la sociedad en general, porque quiere conducir a la gente a la plenitud de la vida, la salud y a una prosperidad sostenible.
Seamos francos, los ataques a la Iglesia son una realidad que no terminará nunca, al menos en esta vida terrena, pues vivimos en un mundo que se indigna por la muerte de un animal, pero que ignora con indiferencia el asesinato de monjas en África, un mundo que defiende con fanatismo los caprichos de las minorías ideológicas, pero que mira a otro lado cuando se trata de defender el derecho a vivir de los niños abortados… en fin, vivimos en un mundo al que, nosotros los cristianos estamos llamados a renovarlo y que por lo tanto siempre vamos a estar rodeados de problemas.
Así que no nos queda más remedio que releer y recordar más a menudo la hermosa y antigua Carta a Diogneto (siglo II), pues no han cambiado mucho las cosas desde entonces. 

Feliz Día.

lunes, 21 de octubre de 2019

Lunes 21 de octubre de 2019.

"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton). 

Parece que el sol esta intentando alumbrarnos desde las 08:16 horas y parece que aunque lo intente hasta las 19:14 horas no lo va a conseguir. Celebramos hoy a san Viator.
Me he dado cuenta en estos días que una persona que amonesta y da lecciones, es poco atractiva, y es que en el ambiente actual se nota a veces una cierta resignación y poco animo para educar. En el momento que me doy cuenta de la dificultad o la inutilidad practica de defender mis ideas, me freno. Se que mi postura ante muchos temas me traerá, resentimientos, insultos e incomprensiones, y, hago un cálculo y me acomodo.  
Parece ser que al vivir en una sociedad tan interesada, he llegado a la conclusión que lo inútil no sirve. Aquí lo que no tenga una posibilidad de victoria o de un beneficio contante y sonante ya no merece la pena. Todo queda entonces a merced de un cálculo de posibilidades. Por eso, poco a poco, me voy encogiendo y acobardando.
Me gusta recordarme, que mi conciencia nunca se a de rendir a la ley, que utilizar los posibles recursos que nos ofrece nuestro régimen jurídico contra resoluciones judiciales no es desacato, sino que es el ejercicio de mis derechos fundamentales. Vivir en un Estado de Derecho implica no renunciar a los recursos legales que nos ofrece ese mismo Estado de Derecho, ya se que me diréis que en muchas ocasiones esos recursos no van a servir para nada y que vamos a perder el tiempo. ¿Para nada? ¿Vamos a perder el tiempo?
Se esta utilizando de un modo muy limitado y parcial la expresión “saber perder”, la utilizamos solamente cuando perdemos inesperadamente y ponemos buena cara, lo cual es digno de elogio, faltaría más. Pero todavía es más noble saber perder desde el comienzo, por principio. Ir al encuentro, al lance, a la discusión o incluso a los tribunales aceptando que te van a pasar por encima como un rodillo, pero ir porque no te vas a esconder debajo de tus cálculos. La mayoría de nosotros no esperamos a perder, sino que nos sacudimos el problema y evitamos la discusión nosotros mismos por miedo, pereza o vergüenza.
Hacemos un calculo de la gente que nos rodea y evaluamos, si no vemos posibilidades de defender nuestras ideas sin que nos menosprecien evitamos algunos temas, olvidando que hay victorias morales y que si perdemos sin amilanarnos saldremos, en lo personal, en el carácter y en la conciencia, ganando.
A medio y a largo plazo sería un error abrazar todo lo políticamente correcto, puesto que lo políticamente correcto no se limita, solo, por ejemplo, a una manipulación externa de nuestras creencias religiosas, sino que nos exige que nos convirtamos a esas ideas individualistas y relativistas. Debemos aceptar y legitimar, por ejemplo: las nuevas formas de familia; todas las orientaciones sexuales y todas las relaciones sexuales; los medios de control de los nacimientos, incluido el aborto; la eutanasia, al menos en forma pasiva; el relativismo religioso según el cual ninguna religión puede considerarse depositaria exclusiva de la verdad. No deberíamos renunciar al debate moral.  Allí donde la gran mayoría de las personas han renunciado a la defensa de sus ideas y han aceptado someterse a estas exigencias, como en el norte de Europa, han desaparecido o están en vías de extinción todos los referentes morales, y los han llevado a tener las sociedades con el porcentaje más alto de suicidios y de violencia contra las mujeres de Europa.
Y esto también es una constatación de hecho, fruto de un enfoque práctico, nada teórico.

Feliz Día. 

viernes, 18 de octubre de 2019

Viernes 18 de octubre de 2019.
"Una cosa muerta puede ir con la corriente, pero sólo un ser vivo puede ir en su contra." (G. K. Chesterton).

Hace horas que ha salido el sol, para ser un poco más preciso lo ha hecho a las 08:13 horas y nos acompañará hasta las 19:18 horas, en este viernes que celebramos a san Lucas.
Después de leer y ver la información que se esta dando sobre lo que esta sucediendo en Cataluña estoy llegando a la conclusión que hay muchas personas que no han entendido lo que significa la democracia, ni lo que representa vivir en democracia. Una parte importante de todo lo que esta sucediendo se debe, según mi modesta opinión, a una manipulación de la palabra democracia, no del sistema político democrático.
Me atrevería a decir que se ha corrompido el lenguaje en lo que se refiere a la palabra democracia, no se ha mostrado a una gran parte de nuestra juventud un significado claro, no se les ha dicho que la “democracia” es en realidad el nombre de sistema político, incluso de un sistema de votación, cuya conexión con lo que se les ha enseñado es muy remota. Tampoco se les ha planteado la pregunta acerca de si “el comportamiento democrático” significa el comportamiento que gusta a los demócratas o el que salvaguarda la democracia, pues si lo hubieran hecho hubieran llegado a la conclusión de que ambas cosas no coinciden necesariamente y posiblemente no tendríamos los problemas que ahora tenemos.
¿Qué se ha hecho? Se ha utilizado la palabra “democracia” puramente como un conjuro, como un eslogan publicitario para vender lo que interesa. Se ha utilizado el ideal político de que los hombres debieran ser tratados de forma igualitaria para trasformarlo poco a poco en la creencia de que todos los hombres “son” iguales. Se ha colocado en el pensamiento de muchas personas el más vil de todos los pensamientos humanos, lo han aceptado, sin vergüenza y con una sensación agradable de consentimiento solo porqué esta protegido por la palabra mágica, “democracia”.
El sentimiento al que me refiero es, naturalmente, aquel que induce a un hombre a decir “soy tan bueno como tú”. El primer y más evidente problema de ese sentimiento es inducirle colocar en el centro de su vida una sólida y clamorosa falsedad. No quiero decir simplemente que la afirmación “soy tan bueno como tú” sea falsa de hecho, que su bondad, honestidad y sentido común sean distintos de los demás como que seamos iguales en estatura o peso. Quiero decir que ni él mismo la cree. Nadie que dice “soy tan bueno como tú” se lo cree. Si lo hiciera, no lo diría. Una persona trabajadora no se lo dice nunca a una holgazana, ni un buen estudiante a un mal estudiante.
Tendríamos que saber que fuera del campo estrictamente político, la declaración de igualdad la hacen exclusivamente los que se consideran a sí mismos inferiores de algún modo. Esa afirmación expresa, precisamente, la dolorosa, hiriente y atormentada conciencia de una inferioridad que se niega a aceptar el que la padece. Por lo mismo, siente resentimiento ante cualquier género de superioridad de los demás, la desacredita y desea su aniquilación. Sospecha, incluso, que las meras diferencias son exigencia de superioridad. Nadie debe ser diferente de él ni por su voz, vestidos, modales… Si los demás fueran como deben ser, serían como yo. No tienen derecho a ser diferentes. Es antidemocrático.
Este fenómeno no es nuevo en absoluto. Los humanos lo hemos conocido desde hace siglos bajo el nombre de envidia. Lo habíamos considerado siempre el más odioso y ridículo de los vicios. Quienes eran conscientes de sentirla lo hacían con vergüenza. Quienes no lo eran la detestaban en los demás. La novedad de la situación actual consiste en la posibilidad de homologarla, convertirla en una actitud respetable e, incluso, encomiable gracias al uso hipnotizador de la palabra “democrático”.
Pero esto no es todo. Bajo este mismo influjo, las personas que se aproximan o podrían aproximarse a una superación de esos inconvenientes retroceden de hecho ante esa posibilidad por temor a ser antidemocráticos. Personas que desearían realmente ser honestas y que podría serlo rehúsan, pues hacerlo los podría hacer diferentes, y dificultar su integración en la sociedad.
Si volvemos a mirar las declaraciones de los que se están enfrentando estos días, no solo en las calles, veremos que todos se consideran “demócratas”, por lo tanto tiene la razón de su parte, su verdad es la verdad, y los demás son antidemócratas, por eso es indispensable “pensar” la democracia, plantearse a que tiene que aplicarse. Si no se hace esto, se toma el nombre de “democracia” en vano o en falso, que lo que nos esta sucediendo.
No se puede pretender que lo que está bien y lo que está mal lo determinan las mayorías a través de unas leyes aprobadas, pues no habría forma de determinar que mayoría esta por encima de otra, si la de una comunidad de vecinos, un ayuntamiento, una comunidad autónoma o una nación. Sería el consenso de cada mayoría la que determinaría la moral. Por lo tanto ya no cabría hablar de principios inmutables ni de ley natural. El bien y el mal dependerían de la mayoría que gobernara en cada momento y en cada lugar. Y, esto es peligrosísimo. Si así fuera, lo que hicieron los nazis con los judíos sería perfectamente moral (habría sido bueno), porque la mayoría de los alemanes votaron a Hitler y aceptaron y respaldaron las leyes nacionalsocialistas de discriminación de los judíos que terminaron con el Holocausto.
Mirad: las mayorías, en lo que a moral se refiere, nunca han tenido la razón. La moral siempre ha sido asunto de personas especialmente virtuosas: han sido esos pocos los que nos han enseñado a los que no lo somos la diferencia entre el bien y el mal.
Si el parlamento dictamina que matar indiscriminadamente a los niños no nacidos está bien o que matar a los enfermos y a los viejos es bueno y lo hace con el respaldo de la mayoría de los ciudadanos, eso no significa que el aborto o la eutanasia sean moralmente aceptables. El aborto y la eutanasia, para un católico como yo, siempre serán crímenes moralmente reprobables, por muy legalmente que sean perpetrados y por mucha gente que piense lo contrario que yo.
No hay una moral universal. Ni tiene por qué haberla. En un país democrático deben convivir pacíficamente y respetarse las distintas concepciones del mundo y del hombre sin que nadie pretenda imponer sus principios a nadie.

Feliz Día.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Dimecres 16 d'octubre del 2019.

"Una cosa morta pot anar amb la corrent, però només un ser viu pot anar en contra seua." (G. K. Chesterton). 

Bon Dia: per fi veig una temperatura en el balcó clarament per davall dels vint graus, per a ser exactes 17,5 graus. Amanecerá a les 08:11 hores i fosquejarà a les 19:21 hores, en este dimecres que celebrem a santa Margarita Maria d'Alacoque.
Mirant les notícies de tot el que esta succeint a Catalunya me n'he adonat que no he sentit ni llegit que algú es penedira de quelcom, ningú es penedix de res, Com és possible? Com pot ser que no trobem a algú que es penedisca de res del que ha fet després de l'embolic que hi ha a Catalunya? De res, res?
Si partim dels fets que estem veient nos en adonem que l'hem pifiat abundantment, què passa pel cap dels responsables polítics que afirmen que no es penedixen de res? No es penedixen del dany causat als que representen? No tenen en les seues decisions, com el comú dels mortals, una llista més o menys llarga de decisions i accions que van dur a terme i que van resultar nefastes?
Deuen ser pel que s'ha vist una “raça superior”, almenys ho són si els compare amb mi. És veritat que he pogut parlar amb persones que partidàries de l'independentisme català admeten que s'algú s'equivoque ho va fer des del cor i que es té bona intenció. Val, almenys ho reconeixen, però és suficient? Fer les coses des del cor disculpa qualsevol error comés? La intenció compta, sí. Açò és de primer de Filosofia. Però ho és tot?
Hi ha gent que amb el seu cor com única guia i banderer amb la bondat intrínseca de la seua persona es va ficant en conflictes per la vida i no sols es ferix a si mateix, sinó a molta gent pel camí. I no, viure així no pot ser bo i no crec que estiga justificat. Quan fem les coses amb la millor de les nostres intencions i així i tot la caguem és molt més productiu, i més madur, assumir-ho i aprendre dels errors. Açò ho veiem en les nostres relacions personals: el problema no és tindre moltes o poques nóvies, el problema és acumular ruptures sense saber per què no han funcionat, sense assumir responsabilitats, sense aprendre dels errors perquè no torne a passar amb la següent.
Un altre punt interessant que s'obvia moltes vegades, quan es diu: “ho vaig fer amb bona intenció, era el que sentia llavors” és que el ser humà no és sempre bo. Segons este mode de pensar pareixeria que totes les fallades comeses en la nostra vida tenen una intenció positiva darrere, però sent, açò és absència de coneixement propi i alié. Només cal obrir els ulls per a comprovar que, de tant en tant, o ben sovint, a les persones ens donen “ramalades de malícia”. I no em referisc necessàriament a maldats grosses, a guerres, a corrupcions, a infidelitats… La malícia està també en l'afany per criticar, en la deslleialtat en les nostres relacions, en les contestacions bordes,  en les travetes perquè l'altre no brille més que u, en les enveges…
El problema comú és que no ens agrada reconéixer-nos com els roïns de la “peli”. Cada un tenim la imatge construïda de nosaltres mateixos en què som prou encantadors generalment, provoquem rialles fàcilment amb el nostre intel·ligent humor, rebem felicitacions per èxits laborals, ens preocupem desinteressadament pel món, ajudem a persones majors a creuar el carrer i no vivim d'esquena al que succeïx lluny de les nostres fronteres.
I potser tot això siga veritat. Però no tota la veritat. Perquè la realitat és que a vegades també som dèbils, poc atents, poc afectuosos, ens mirem el melic amb contemplacions, ens enfadem si algú ens emprenya un pla, encara que haja sigut sense voler i amb tota la seua bona intenció, jutgem amb una facilitat esbalaïdora, i ni mengem sa, ni fem esport tots els dies.
Per descomptat, la solució no és flagel·lar-se ni quedar-se ancorat en el passat ni llepar-se les cicatrius, sinó tindre un penediment real, que propicie un efecte positiu en el present. Com deia  el savi Rafiki: “El passat pot doldre, però pots fugir d'ell o aprendre”.
És normal que després d'un error, un projecte fallit, un fracàs, una equivocació, hi haja una ferida, però ignorant-la no estàs deixant que es cure i tampoc estàs fent res perquè millore perquè no estàs assumint la part de responsabilitat que et pertany.
Ja es que algun estarà pensant, amb molt de sentit: Però com pots jutjar correctament el passat des del present sense ser injust? La resposta, tal vegada, este en no ser nosaltres els jutges de la nostra pròpia causa.

Feliç Dia.