Hay en nuestra sociedad una idea que defiende
que poseer más cosas es siempre mejor que tener menos. Aceptamos esta idea
cuando nos damos cuenta de que nunca tenemos suficiente, siempre queremos
mejorar nuestra situación con la posesión de más cosas, queremos más de todo,
de bienes, de servicios y de experiencias.
La consecuencia inmediata de esta mentalidad
es que se empieza por confundir los deseos y las necesidades, teniendo como
objetivo principal y final la obtención de los deseos en vez de las necesidades.
A continuación, se llega a un momento en el que los deseos se transforman en
necesidades y los consideramos tan importantes o más que las necesidades. Se ha
perdido el concepto de suficiente porque pensamos que siempre vamos a mejorar
alcanzando algo más, gozando de algo más.
Tenemos la suerte de que este proceso no es
inevitable, en realidad si hacemos un esfuerzo sí que podemos tener claro lo
que nos basta. En verdad, es bastante sencillo, nos basta con conseguir al menos
lo suficiente que se necesita para vivir. O sea, en vez de pretender tener cada
vez más recursos para alcanzar más deseos, se trata de querer tener lo que sea
suficiente para llevar una vida digna y conformarse con eso.
Aunque nos pueda parecer una utopía es una
opción bastante realista, simplemente porque es posible, ya que lo que
pretendemos es alcanzar unas necesidades que son limitadas con unos recursos
que también lo son. Y esto, si se hace bien, es lo más razonable y adecuado.

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