¡Buenos días!
En nuestro entorno está aumentando la cantidad de personas que se consideran desafortunadas y es curioso porque esto está sucediendo en lugares donde el paro disminuye y las desigualdades sociales también lo hacen, pero a la vez han aumentado los suicidios, la soledad y la desconfianza entre las personas.
Y esto no es bueno, no está bien que exista una desconexión entre el bienestar social y el bienestar personal. Y eso se debe, a diferentes factores, pero insisto, no es positivo este deterioro doloroso de la relación entre el entorno social y el personal.
Una cosa pienso yo que es el bienestar personal y otra cosa es la insatisfacción. Cada vez hay más personas que se encuentran en un entorno económicamente seguro y a la vez insatisfechos con su vida, y tendríamos que saber que quieren decir al sentirse insatisfechos. Sufrimiento social e insatisfacción no son lo mismo. Hay personas que tienen cero de sufrimiento social y un descontento infinito.
Ante este problema tenemos una corriente, podría decir que “conservadora” que encuentra en la defensa de los valores tradicionales una solución, nos indica que hacer un esfuerzo y recuperar todo lo que se perdió a partir de los años 60 del pasado siglo lo solucionaría. Algo de razón hay, pues en países donde la tradición sigue fuerte no tienen este problema tan agudizado. Habrían sido el individualismo y una cultura enfocada en exceso en la satisfacción personal las que han causado el sufrimiento y la insatisfacción en estos países.
Creo de todas formas que esta corriente comete un error al confundir unos síntomas con una enfermedad o sea las consecuencias con las causas. La enfermedad no es el individualismo, el olvido de los valores comunitarios o del sentido de arraigo. La enfermedad es no haber sabido, es más, no saber todavía ni ver ni entender la naturaleza de ese vacío interior que causa insatisfacción. No se puede llenar ese vacío con una relación de pareja, o con el éxito pero tampoco con los valores de la tradición, con un arraigo a unas ideas que hemos convertido en un fin en sí mismo o con una religiosidad que pretenda hacer desaparecer la tristeza y el interrogante sobre el sentido de la vida.
El vacío en el interior del hombre, su insatisfacción, es una característica de la condición humana. Ese vacío no es sinónimo de la nada, es esa relación con lo que no podemos comprender y que nos hace ser lo que somos, es la marca de lo divino. Cualquier solución que no alimente esa insatisfacción y esa pregunta no dará en el blanco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario