miércoles, 31 de diciembre de 2025

¡Buenas días! Despedimos 2025.

         ¡Muy buenos días!


        Terminamos esta noche un año y empezamos otro, esta vez nos toca despedir el 2025 y empezar el 2026, hemos comenzado ya muchos y siempre los miramos con esperanza, pero la esperanza no es sinónimo de optimismo ni de sueños a tontas y a locas. 

        Existen algunas definiciones de lo que significa la esperanza, el cristianismo tiene una, pero hay otra que también me gusta, la pronuncio Václav Havel en una conferencia en 1995 y que es bastante utilizada, de ahí que nos va a resultar familiar: “La esperanza no es la creencia de que algo saldrá bien, sino la certeza de que las cosas, independientemente de cómo salgan, tienen un sentido”.

        Nos pasamos la vida esperando. Incluso aun cuando no nos damos cuenta. A veces somos conscientes de lo que esperamos, otras no tanto. Esperamos, esperamos…Somos como viajeros esperando la llegada del tren. 

        Intuimos que falta algo en nuestra vida, que ésta está incompleta, que hay algo en nuestro interior que nos dice que no podemos quedarnos quietos, que debemos seguir moviéndonos hacia algo más alto, más lejos, más grande.

        Esperamos entre dudas, entre deseos, entre sueños. Esperamos que lo que sea llegue dispuesto a encajar todas las piezas de nuestra vida, tal y como nos gustaría. 

        Todos esperamos. ¿Y sabes qué? Cuando miro al año que acaba de finalizar, entiendo que valía la pena, tenía sentido porque, efectivamente, había algo que esperar. 


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