sábado, 6 de diciembre de 2025

Día 146, del viaje a la maratón de Valencia. ¿O no? La verdad es que no.

 Día 146, del viaje a la maratón de Valencia. ¿O no? La verdad es que no.

¡Buenos días! 



Por lo general, las personas que se encuentran a nuestro alrededor y porque no, la mayoría de las personas son buenas, sinceras, comprometidas y poseen muchas virtudes. Y dicho esto, ¿por qué lo digo?, pues porque soy de la opinión que tenemos que ser más y tener una visión más profunda.

Cumplimos las leyes, somos justos con todos y, de hecho, nos mostramos educados con los extraños, entonces, ¿qué le falta a esto? Por muy buena persona que sea, ¿falta algo aún? ¿Por qué?

Resulta que se puede ser integro moralmente, completamente justo y generoso, y a pesar de eso continuar siendo odioso, vengativo y violento, porque todo esto se puede hacer aun siendo justo. Lo hemos visto en las declaraciones de vecinos y amigos de personas que acaban de realizar actos horribles, los consideraban buenas personas incapaces de un acto así.

Siendo estrictamente justo puedes odiar a alguien que te odia, puedes vengarte cuando te hacen daño y puedes aplicar la pena capital. Ojo por ojo. Pero, al hacer eso, sigues haciendo lo que es natural. Es natural amar a quien te ama, como es natural odiar a quien te odia. Sin embargo sabemos que debemos exigirnos más que eso. Tenemos que elevar el nivel.

Sabemos que deberíamos amar a los que nos odian, a alabar a los que nos insultan, a no buscar nunca venganza y perdonar a los que nos matan. Pero amigos míos, hay que reconocer que no es un camino fácil. La mayoría de nuestros instintos naturales se resisten a todo lo anterior.

¿Cómo reaccionamos automáticamente cuando nos hacen daño? Nos sentimos vengativos. ¿Cómo es nuestra reacción natural cuando nos enteramos de que han matado a un loco asesino? ¿Cuál es nuestra reacción natural cuando ejecutan a un asesino impenitente? Nos sentimos aliviados de que hayan muerto; y no podemos evitar esa reacción. Tenemos la sensación de que se ha hecho justicia. Algo se ha puesto en su lugar en el mundo. Nuestra indignación moral se ha apaciguado. Hay un final justo.

¿O no? La verdad es que no. Lo que sentimos más bien es una liberación emocional, aunque puede ser incluso sana psicológicamente, estamos llamados por nuestras creencias y por todo lo que hay de más elevado en nuestro interior a algo más, a un camino más allá de sentir la liberación emocional, a saber, el camino menos transitado hacia una compasión amplia, la comprensión y el perdón.

Para sopesar esto, puede servirnos una pequeña reflexión sobre la pena de muerte. Curiosamente, podemos decir que no es mala. De hecho, en estricta justicia puede aplicarse. Lo que yo digo es simplemente que no debemos hacerlo porque nuestra forma de ver la vida nos dice otra cosa, a saber, a perdonar a los asesinos.

Es más fácil decirlo que hacerlo. Cuando oímos hablar de un horrible asesinato, nuestros pensamientos y sentimientos no se dirigen naturalmente hacia la comprensión y la empatía por el tirador. No nos angustiamos por lo que debe haber sufrido el asesino para ser capaz de a hacer algo así. No sentimos compasión de forma natural por aquellos que, debido a una salud mental frágil o quebrantada, podrían hacer algo así. Más bien nuestras emociones nos llevan naturalmente por la senda más transitada, diciéndonos que se trata de un ser humano terrible que merece morir. La empatía y el perdón no son lo primero que se nos pone delante en estas situaciones. Lo hacen los sentimientos de odio y venganza.

Sin embargo, debemos darnos cuenta que ese es el camino de nuestras emociones, el camino más recorrido. Es comprensible. ¿Quién quiere sentir compasión por un asesino, un maltratador, un matón?

Pero eso son sólo nuestras emociones desahogandose. Algo más dentro de nosotros nos llama siempre a ser algo más, es decir, a la empatía y la comprensión a las que nuestra creencia nos invita. Amad a los que os odian. Bendecid a los que os maldicen. Perdonad a los que os asesinan.

Además, tal virtud no es algo que alcancemos de una vez por todas. No. Esto no funciona así: unos días caminamos sobre el agua y otros nos hundimos como una piedra.

Por eso, muchas veces nos vamos a encontrar en un momento en el que debemos elegir. Una opción más natural que nos lleva hacia el odio, la venganza y el sentimiento de ser una víctima; y otra, la opción más antinatural, menos utilizada, la que me lleva hacia la compasión, la empatía y el perdón.

¿Cuál elegir? A veces una, a veces la otra; aunque debemos saber cuál es la que deberíamos de seguir.

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