miércoles, 24 de diciembre de 2025

¡Buenos días! ¡Esta noche es Noche Buena!

     Hoy es Noche Buena, y en cada lugar nos llega con sus tradiciones y celebraciones, sin embargo detrás de cada celebración, a menudo olvidamos este mensaje: la Navidad no es sólo una fecha, sino que se trata de un nacimiento que posee el poder de transformar nuestra vida, día tras día. 


 

     Lo que vamos a celebrar esta noche no es solo un hecho histórico, sino un recordatorio personal y permanente. Pues sí, permanente.

    Estamos acostumbrados a calcular el tiempo en ciclos: unos días para conmemorar, unos meses para trabajar, unas semanas para descansar. Sin embargo, al limitar la Navidad a está noche o a mañana, podemos caer en el error de convertir su mensaje en un sentimiento efímero. Si yo dejo que la Navidad se quede en los villancicos, las luces, los belenes, las felicitaciones, los regalos… lo que estoy haciendo es reducirla a una tradición más, y no a una revolución que es al final lo que es.  

    Por eso, pasado mañana, cuando empecemos a centrarnos en la Noche Vieja y a despedir el año, deberíamos hacer algo diferente. Permitamos que estos sentimientos que ahora nos inundan, de esperanza y amor, viajen con nosotros durante todo el año. Vivamos con la seguridad de que el mensaje de esta noche no tiene fecha de caducidad, sino que va a permanecer como esa luz que nos ilumina cada día. 

    Si lo pensamos un poco nos daremos cuenta de que el verdadero mensaje de la Navidad no se acaba; se vive, se comparte y por eso tiene el poder de transformar a las personas. Y ese es el regalo más grande que podemos dar al mundo.


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