Buenos días.
Tal vez, solo tal vez, lo que empieza hoy es la búsqueda. Después de
terminar el domingo la maratón de Valencia y de haber cumplido ya prácticamente
con todos los proyectos que tenía por delante, ha llegado el momento de la
búsqueda.
Una búsqueda que me va a llevar no un tiempo determinado como podría
ser hasta fin de año para empezar el año nuevo con proyectos e ilusiones nuevas,
si no una búsqueda que durará hasta encontrar algún objetivo que cumplir, una
meta de alcanzar, o un proyecto que me llene de ilusión.
Una búsqueda que se irá entrelazando entre charlas, videos, visitas de
webs llenas de proyectos interesantes, y entre desilusiones por lo que se va a
quedar solo en proyectos improbables. Una búsqueda en la que la ilusión se va a
encontrar en el centro. Una exploración en la que, por más que vuelvan una y
otra vez los fantasmas que me atormentan por culpa de la edad pueda mirar con
esperanza unos objetivos que deben de ser los mejores; una esperanza que se
niega a rendirse. Es ahora el momento de buscar, por más que me duelan las
piernas por culpa de los 42195 metros y por más que los agoreros me inviten al escepticismo.
Empieza ahora el tiempo de los vividores que me hablan de lo que han
descubierto viviendo. De los que muestran, de los que cuentan, pero sobre todo
en cómo lo viven y que me dicen que merece la pena arriesgarse.
Junto con todo lo anterior, experimento una sensación agridulce al ver a
muchas personas que encuentran sus sueños inalcanzables, desearían poder realizarlos,
pero el tipo de vida en el que se encuentran sumidos les impide poder
hacerlo. Miran hoy con ojos de nostalgia las ilusiones de su juventud,
pero no son capaces de cogerlas porque les parecen que son de otra época, de
otro tiempo en el que las cosas eran, si no más fáciles, más naturales.
Siendo cierto que nunca fue sencillo cumplir nuestras ilusiones y que hacerlo
siempre implicó una lucha contracorriente, no podemos negar que la sociedad que
estamos construyendo (o que se construye a ritmo vertiginoso a nuestras
espaldas) no propicia esos proyectos e ilusiones tan personales y sencillos.
Por eso, necesitamos estar dispuestos a luchar y a creer que nuestros
proyectos e ilusiones no se corresponden con la nostalgia de otro tiempo. Sino
que se trata de una ilusión y de una esperanza, que ninguna nueva cultura es
capaz de contener, y mucho menos la nuestra. Y, a la vez de tratar de
ser críticos con todo aquello a lo que nos hemos acomodado y amoldado, y
que impide que seamos aquellos aventureros que nos imaginábamos de jóvenes
cuando pensábamos en el futuro.
Tal vez, solo tal vez, el último proyecto aún está pendiente. Y será
tan profundo, tan verdadero, tan liberador, que sabre, al fin, que todos los
anteriores han valido la pena.

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