Buenos días.
Hay días en los que te levantas lleno de preguntas que aparecen como
por arte de magia, interrogantes que cuestionan nuestras pautas de conducta,
nuestros ideales de pensamiento y que nos llevan a pensar que podemos estar
equivocados, y que nuestras certezas no se encuentran al lado de la verdad.
¿Cuál es el mecanismo que me lleva a afirmar que mis ideas sobre cómo
entender la vida es verdadera y fiable? Podría ser una de ellas, a la que
tendría que añadir; ¿Cómo se lo que digo saber? ¿Puedo estar seguro de algo? ¿Qué
significa saber algo? Estas preguntas van a definir la forma por la que recibo
mis ideas y mis valores.
Tener la certeza clara y manifiesta de algo es suficiente fundamento
para que sea verdadera en dos casos principalmente: la evidencia que observan
nuestros sentidos y la evidencia que aceptamos a partir del testimonio de
otros; o sea, resumiendo, de la experiencia directa y la creencia.
Parece bastante claro que aceptar algo como cierto a partir de la
experiencia directa depende del correcto funcionamiento de nuestros cinco
sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Y por eso puedo cometer errores al
aceptar algo como verdadero o falso si tengo algún defecto físico como, por
ejemplo; una mala vista o poco olfato.
El conocimiento basado en mi experiencia es fundamental, pero
difícilmente mi conocimiento va a terminar ahí. La mayor parte de lo que se lo
acepto basándome en el testimonio de una persona que tenga autoridad en esa
cuestión, es lo que se denomina: la creencia. Cuando acepto algo como cierto, basándome
en un testimonio, va a depender de la fiabilidad de quien lo afirma y de mi buen
juicio al reconocer la veracidad del testimonio. La mayoría de nosotros
confiamos, por ejemplo, en que la fórmula H2O del agua no es falsa.
Por supuesto, puede pasar, que acepte un testimonio de buena fe y que
después descubra que quien lo dijo estaba mal informado, equivocado o era
malintencionado. También puedo tener deficiencias intelectuales por muchas
razones: mis neuronas no funcionan ya como antes; me he vuelto perezoso
intelectualmente; saco conclusiones precipitadas; o me estoy agarrando a
patrones de pensamiento que me hacen confundir los hechos.
Es fácil pensar que mis dudas e incertidumbres son problemas modernos,
pero siempre han estado ahí, son parte de la condición humana. Solo basta
recordar cuando Poncio Pilato preguntó, en un momento de desorientación:
"¿Qué es la verdad?"
En alguna ocasión nos habrá pasado de que nuestra referencia intelectual
ha estado equivocada pues se basaba en una información errónea o en personas
cuya autoridad sobre el tema era poco fiable. Por eso es necesario cuestionar
nuestras creencias y reexaminar sus fundamentos.
Nuestra honestidad intelectual nos pide que de vez en cuando
reconsideremos los fundamentos de nuestras ideas, no con desconfianza ni
recelo, sino con la confianza de estar buscando la evidencia de ellas.
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