Buenos días.
Hay palabras que nos parecen sencillas, breves, cotidianas y sin
embargo tan frágiles y silenciosas que en ellas se juega una parte de nuestras
relaciones. Una de ellas es respeto, y es que respetar es, antes que nada,
recordar a quién o qué tenemos delante.
Estamos ante una palabra que nos hace reconocer el valor, la
consideración y la dignidad que merece alguien o algo y nos lleva a demostrarlo
con nuestra forma de comportarnos. El respeto es por lo que reconocemos en cada
persona el lugar que le corresponde, su dignidad, el lugar y la influencia que está
ejerciendo en nosotros.
Pero, antes de seguir, quiero aclarar qué implicaciones tiene el
respeto para las cosas que, en principio, no están representadas en todo lo
anterior. Hablamos por ejemplo de respetar la Naturaleza, respetar los libros,
las posesiones ajenas, respetar las reglas del juego, etc. Sin duda, estamos
utilizando la palabra con otro matiz. Al decir “respetar la Naturaleza”, por
ejemplo, realmente estamos expresando la necesidad de cuidar la Naturaleza, de
usar la Naturaleza de acuerdo con el fin por la cual ha sido creada. Al hablar
de “respetar las reglas del juego” estamos diciendo que hay que obedecerlas
para que puedan cumplir con su función.
El respeto para las cosas sólo tiene sentido si nos damos cuenta de que
las cosas están al servicio del hombre, y que el hombre no hace más que
administrar bienes que nos han sido regalados. Por eso “respetar la Naturaleza”
tiene sentido si entendemos que los motivos para hacerlo son que la Naturaleza
es un regalo; que los hombres pueden disfrutar de ella, y, en que usándola podemos
darnos cuenta de la suerte que tenemos. Nunca podemos considerar el respeto
para las cosas como una finalidad en sí.
Podemos, por lo tanto, ver que cada hombre tiene el derecho de ser
tratado y querido por los demás por lo que es. Es decir, por ser igual a
nosotros y poseer nuestra misma dignidad. Por otra parte, cada uno posee una
condición y unas circunstancias peculiares y esto hará que los respetemos de un
modo diferente.
Respetamos a quien amamos o lo debemos de hacer, antes que nada, por
recordar quién es esa persona para nosotros. No se trata de alguien que pasa
por la calle. Es nuestra compañía que elegimos para compartir cada día. Por eso
el respeto que le debemos no es un trato ético, es un acto de delicadeza
espiritual.
En fin, una palabra que nos daría para muchas paginas pues no tengo
duda de que estamos hablando del principio clave para una convivencia
fructífera. Por eso es tan importante entre una pareja, con los miembros de
nuestra familia, con los compañeros de trabajo o entre amigos y conocidos.
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