miércoles, 17 de diciembre de 2025

Buenos días. Respeto.

     Buenos días. 



Hay palabras que nos parecen sencillas, breves, cotidianas y sin embargo tan frágiles y silenciosas que en ellas se juega una parte de nuestras relaciones. Una de ellas es respeto, y es que respetar es, antes que nada, recordar a quién o qué tenemos delante.

Estamos ante una palabra que nos hace reconocer el valor, la consideración y la dignidad que merece alguien o algo y nos lleva a demostrarlo con nuestra forma de comportarnos. El respeto es por lo que reconocemos en cada persona el lugar que le corresponde, su dignidad, el lugar y la influencia que está ejerciendo en nosotros.

Pero, antes de seguir, quiero aclarar qué implicaciones tiene el respeto para las cosas que, en principio, no están representadas en todo lo anterior. Hablamos por ejemplo de respetar la Naturaleza, respetar los libros, las posesiones ajenas, respetar las reglas del juego, etc. Sin duda, estamos utilizando la palabra con otro matiz. Al decir “respetar la Naturaleza”, por ejemplo, realmente estamos expresando la necesidad de cuidar la Naturaleza, de usar la Naturaleza de acuerdo con el fin por la cual ha sido creada. Al hablar de “respetar las reglas del juego” estamos diciendo que hay que obedecerlas para que puedan cumplir con su función.

El respeto para las cosas sólo tiene sentido si nos damos cuenta de que las cosas están al servicio del hombre, y que el hombre no hace más que administrar bienes que nos han sido regalados. Por eso “respetar la Naturaleza” tiene sentido si entendemos que los motivos para hacerlo son que la Naturaleza es un regalo; que los hombres pueden disfrutar de ella, y, en que usándola podemos darnos cuenta de la suerte que tenemos. Nunca podemos considerar el respeto para las cosas como una finalidad en sí.

Podemos, por lo tanto, ver que cada hombre tiene el derecho de ser tratado y querido por los demás por lo que es. Es decir, por ser igual a nosotros y poseer nuestra misma dignidad. Por otra parte, cada uno posee una condición y unas circunstancias peculiares y esto hará que los respetemos de un modo diferente.

Respetamos a quien amamos o lo debemos de hacer, antes que nada, por recordar quién es esa persona para nosotros. No se trata de alguien que pasa por la calle. Es nuestra compañía que elegimos para compartir cada día. Por eso el respeto que le debemos no es un trato ético, es un acto de delicadeza espiritual.

En fin, una palabra que nos daría para muchas paginas pues no tengo duda de que estamos hablando del principio clave para una convivencia fructífera. Por eso es tan importante entre una pareja, con los miembros de nuestra familia, con los compañeros de trabajo o entre amigos y conocidos.

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